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MEMO OCHO: TODO lo que NO MOSTRO la TV de su EMOTIVA DESPEDIDA

MEMO OCHO: TODO lo que NO MOSTRO la TV de su EMOTIVA DESPEDIDA

Memo Ochoa acaba de hacer historia, el portero que estuvo en seis citas mundialistas, récord que lo tienen a la par de otras leyendas contemporáneas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Pero en el fútbol hay despedidas que se preparan con discursos, con homenajes ensayados, con flores y pancartas. Y hay despedidas que nadie planeó que ocurren de golpe cuando un estadio entero entiende, sin que nadie lo anuncie, que está presenciando un final.

Eso fue lo que pasó en el minuto 77 de aquella noche frente a República Checa en el estadio Azteca. Pero lo más emocionante no fue solo eso, sino el detrás de todo este momento. Filmaciones únicas que retrataron lo que no se vio en cámara y hace que esta historia sea aún más épica de lo que se vio.

Estas son las imágenes inéditas que recorren el mundo y lo que estás por ver te dejara completamente emocionado. El hombre récord, seis mundiales. Para entender el tamaño de aquella noche, primero hay que entender lo casi imposible que es llegar hasta ahí. Un futbolista promedio sueña con jugar un mundial en toda su vida. Los más afortunados juegan dos, los elegidos tres.

Guillermo Ochoa fue convocado a seis. Seis citas mundialistas repartidas a lo largo de 20 años, desde Alemania 2006 hasta Norteamérica 2026. Ningún otro mexicano lo había logrado jamás. Es una cifra tan extraña que coloca a Ochoa en una cima que comparte apenas con un puñado de futbolistas en toda la historia del planeta.

Pero el récord no llegó de la forma que muchos imaginan. No fue una línea recta de gloria, fue una historia de paciencia infinita, de portazos en la cara y de revanchas que tardaron años en concretarse. Y para contarla bien, hay que empezar por el principio, por el muchacho que se formó en las inferiores del América y que un día de diciembre de 2005 debutó con la selección mayor frente a Hungría.

Una lesión del entonces titular, Oswaldo Sánchez le abrió la puerta. Ochoa la cruzó y ya nunca la soltó del todo. Pero llegar al arco titular de México no significaba ni de lejos llegar al arco titular de México en un mundial. Su primer mundial lo vivió completo desde la banca. [música] En Alemania 2006, Ricardo Labolpe lo llevó como tercer portero, detrás de Oswaldo Sánchez y de Jesús Corona.

Tenía apenas 20 años y no disputó un solo minuto. 4 años después, en Sudáfrica 2010, la historia se repitió. Viajó, entrenó, esperó su oportunidad y volvió a verlo todo desde fuera. [música] Imagina lo que significa eso. Estar en el lugar con el que sueña cualquier futbolista del mundo, ponerse el uniforme, calentar antes de cada partido y nunca, ni una sola vez escuchar tu nombre.

Dos Copas del Mundo en el currículum, cero minutos jugados. Para muchos, esa habría sido razón suficiente para resignarse a ser eterno suplente. Para él fue combustible. Y aquí es donde la historia toma un primer giro inesperado, porque antes incluso de pisar un campo mundialista, Ochoa ya había hecho algo que ningún mexicano había hecho antes.

En 2007, la revista France Football lo incluyó en la lista de 50 candidatos al Balón de Oro. Tenía 22 años, jugaba en la Liga MX. Aún así, terminó en el lugar 30 de la votación por delante de figuras consagradas del fútbol europeo. Fue el primer mexicano en aparecer en esa lista. Una señal temprana lanzada al mundo de que aquel portero estaba destinado a romper barreras que nadie de su país había cruzado.

Sin embargo, el camino estaba a punto de torcerse de la manera más cruel. Y aquí es donde la historia toma un giro que parece sacado de una novela. En 2011, durante la concentración con la selección rumbo a la Copa Oro, Ochoa y otros compañeros dieron positivo por Clembol, una sustancia que terminó en sus cuerpos a través de carne contaminada.

Nadie los responsabilizó del consumo. Era un caso de comida en mal estado, [música] algo completamente fuera de su control, pero el daño ya estaba hecho porque en ese momento Ochoa tenía prácticamente cerrado su fichaje con el Paris Saint Germain. Todo arreglado, según contaría el mismo años después. El club más ambicioso de Francia lo quería en su proyecto y de un solo golpe el escándalo tiró a la basura.

Las negociaciones se bloquearon una tras otra. La etiqueta del dopaje, por injusta que fuera, lo persiguió por toda Europa y cerró cada puerta que se había abierto. El único equipo que mantuvo la palabra fue el modesto [música] Ajaxio de Cócega, cuya directiva le dijo una frase que lo marcaría para siempre, que creía en el pasar a lo que pasara, con Clembbuterol sin Clembbuterol.

Ahí, lejos de los reflectores y ganando una fracción de lo que cobraba en México, empezó de verdad su aventura europea. Lo que pudo ser una presentación de gala en París terminó siendo un comienzo desde abajo, picando piedra. De Cócega pasó a Málaga, después a Granada, luego al estándar de Lieja en Bélgica.

Años de construir, ladrillo a ladrillo, el prestigio que el Clemberol estuvo a punto de arrebatarle para siempre, pero lo mejor todavía estaba por llegar. [música] Llegó en Brasil 2014. Después de ocho largos años de espera, el piojo Herrera le entregó por fin la titularidad en una Copa del Mundo, 8 años, dos mundiales completos en la banca y por fin, a los 28, su momento.

[música] Ochoa lo aprovechó para escribir una de las páginas más recordadas del fútbol mexicano. Tras debutar con la portería en cero ante Camerún, México visitó al anfitrión el 17 de junio en el estadio Castelao de Fortaleza ante más de 60,000 brasileños que esperaban una goleada a favor de los suyos. No la hubo.

Hubo [música] en cambio un muro. Cerca del minuto 26, Dani Alves filtró un centro perfecto al segundo poste. Neymar le ganó el salto a Rafael Márquez y conectó un cabezazo seco, potente, dirigido abajo, que ya todos en el estadio cantaban como gol. Y entonces apareció una mano derecha imposible.

Ochoa se estiró al límite de la física y desvió el balón casi sobre la línea, rozando el poste, arriesgando hasta su propia integridad por la cercanía del palo. La jugada le dio la vuelta al planeta en cuestión de segundos. La prensa internacional la comparó con la legendaria atajada de Gordon Banks a Pelé en México 70, considerada por muchos la mejor de la historia.

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