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LUIS ROMO: La DURA HISTORIA del MVP del TRI frente a COREA

LUIS ROMO: La DURA HISTORIA del MVP del TRI frente a COREA

Luis Romo fue la figura del partido frente a Corea del Sur, autor del único tanto en un encuentro muy cerrado y táctico. Aprovechó un error del arquero coreano al minuto 50 para darle a México el liderato del grupo y convertirlo en el primer clasificado a la siguiente ronda del mundial, pero ese logro tiene un sabor especial para Romo.

Días antes de ese partido realizó unas declaraciones que la afición tomó de muy mala manera. Su nombre se convirtió en tendencia en redes sociales y fue duramente criticado por aficionados de todo el país. Esta es la historia oculta de Luis Romo, un niño que parecía destinado a pasar su vida frente al mar, un futbolista rechazado, descartado e ignorado que tuvo que esperar años para que alguien creyera en él.

y lo que estás por conocer te dejará impactado. Para entender como Luis Romo se convirtió en héroe frente a Corea del Sur, primero hay que alejarse del estadio, del mundial y de los reflectores. Hay que viajar hasta Los Mochis en el municipio de Aome, Sinaloa, una tierra de calor, de béisbol y de mar.

Ahí creció en una casa de apenas dos habitaciones, compartiendo cuarto con sus tres hermanos. Era el menor de cuatro. Su padre se levantaba antes del amanecer para salir a sacar hostiones en la bahía de Topolobampo a 15 minutos de su casa. Su madre se quedaba cociendo, confeccionando vestidos y prendas para sacar adelante a la familia.

No sobraba nada, pero tampoco faltaba lo más importante. El fútbol entró en su vida casi por casualidad y entró de la mano de alguien que cambiaría su destino para siempre. Ese alguien fue su hermano mayor, Darío. Darío era amigo de Javier Chuletita Orozco y jugaba bajo las órdenes del padre del exfutbolista. Luis lo veía, lo imitaba, lo seguía a todas partes y a los 4 años ya pateaba un balón como si supiera que ahí estaba su futuro.

Sus hermanas lo acompañaban a los entrenamientos. Sus padres, a pesar de las dificultades económicas, hicieron todo lo posible por apoyar a sus hijos. Nadie en esa casa imaginaba hasta dónde llegaría aquel niño. Empezó jugando de delantero, pero pronto mostró algo que lo definiría toda su carrera. Versatilidad. Podía jugar [carraspeo] en cualquier posición.

Era útil en varias posiciones, inteligente, ordenado. Don Chuleta Orozco lo notó de inmediato y movió sus contactos para llevarlo a una prueba con Cruz Azul. Con apenas 12 años, Luis Romo entró a las fuerzas básicas cementeras. Parecía el inicio de un sueño. Y aquí es donde la historia da su primer giro cruel. Porque Cruz Azul lo descartó.

Le dieron las gracias. Le dijeron que no encajaba, que no era suficiente, que mejor volviera a casa. Según sus propias palabras, llegó a pensar que abandonaría el fútbol para siempre y regresaría al mar, a la pesca, a la vida que parecía estar esperándolo. Era el final antes de empezar.

Pero una vez más apareció Darío y una vez más su hermano le abrió una puerta. Le consiguió una oportunidad en las fuerzas básicas del Querétaro, en la sub 15 de los Gallos Blancos, sin [carraspeo] promesas, solo con la paciencia de quien sabe que el destino a veces tarda en cumplirse. Finalmente, en enero de 2018 tuvo su primer partido oficial con el primer equipo en la Copa MX ante Morelia.

Y el 20 de julio de ese mismo año llegó el gran día. su debut en Liga MX en la primera jornada de la apertura 2018 frente al Atlas. Tenía 23 años, una edad tardísima para un futbolista de élite, mientras la mayoría de las grandes promesas ya estaban consolidadas, él apenas empezaba y para colmo debutó jugando de defensa central, demostrando una vez más esa polivalencia que lo acompañaría toda su vida.

Aquel debut terminó en empate sin goles, nada espectacular, pero lo que vino después sí lo fue, porque ese mismo torneo, en apenas la tercera jornada, Luis Romo se vistió de verdugo y le marcó un doblete nada menos que a Cruz Azul. Sí, al mismo club que años atrás lo había descartado, lo había mandado de regreso a casa, le había dicho que no servía.

El destino tiene esas ironías y Romo se encargó de cobrarlas dentro de la cancha. A partir de ahí, no soltó la titularidad, se ganó la confianza del técnico, se convirtió en pieza fija y terminó portando incluso el gafete de capitán en Querétaro. Su crecimiento fue tan evidente que volvió a poner los ojos de Cruz Azul sobre él y entonces ocurrió algo que parecía imposible.

En 2020, Cruz Azul decidió repatriarlo. El mismo club que lo había rechazado de niño, ahora lo quería de vuelta como hombre. Y lo que pasó en esa segunda etapa cambiaría su carrera para siempre. Porque con la camiseta celeste, Luis Romo no solo se consolidó, hizo historia. Fue pieza fundamental del equipo que rompió una de las sequías de títulos más dolorosas del fútbol mexicano, levantando el campeonato del Guardianes 2021.

Y por si fuera poco, anotó en la final ante Santos Laguna y fue reconocido como uno de los mejores jugadores del torneo. El niño descartado se había convertido en campeón y en referente. Mientras tanto, su éxito profesional transformó la vida de los suyos. Gracias a él, sus padres dejaron de trabajar.

El pescador y la costurera por fin pudieron descansar. Romo nunca lo ha ocultado. Su familia es el motor de absolutamente todo. Conoció a su esposa siendo apenas un adolescente en la preparatoria y desde los 15 años caminan juntos. Fue padre muy joven, rondando los 20 y siempre ha dicho lo mismo, que sin ese amor, sin ese soporte, jamás habría llegado a ningún lado.

Pero ni el título, ni la consagración, ni el dinero eran todavía el sueño más grande de su vida. Ese sueño seguía pendiente y para cumplirlo tendría que dar un paso que muy pocos entendieron. Consagración en Liga MX y llegada al Tri. Después de su gran etapa con Cruz Azul, Romo dio el salto a Rayados de Monterrey, donde pasó 2 años, entre 2022 y 2024, sumando partidos, goles y experiencia en uno de los clubes más exigentes del país.

Más tarde regresó brevemente a la máquina. Su carrera estaba sólida, estable, respetada. Para muchos futbolistas eso habría sido suficiente. Para él no. Aquel paso por Monterrey terminó de moldear al jugador que hoy conocemos. En un plantel lleno de estrellas y bajo una presión constante por ganar, Romo aprendió a competir en lo más alto, a sostener el nivel torneo tras torneo, adaptarse distintas posiciones según lo que el equipo necesitara.

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