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La Canción Que Raphael Escribió Para Él… Y Que Acabó Siendo Para Todos Los Que No Podían Hablar

La Canción Que Raphael Escribió Para Él… Y Que Acabó Siendo Para Todos Los Que No Podían Hablar

En la España de los años 60 había cosas que no podían decirse. No en voz alta, no en público, no. Si querías conservar tu trabajo, tu familia, tu libertad. Había hombres que vivían con un miedo silencioso cada día, que se levantaban por la mañana sabiendo que [música] tenían que esconder algo, que aprendieron desde pequeños, que ser diferente en [música] aquella España tenía un precio muy alto.

Y en medio de todo eso apareció [música] un cantante, un chico de Linares que cantaba de una manera que nadie había visto [música] antes, con una entrega en el escenario que desconcertaba a los que no lo entendían y que incomodaba a los que creían que sabían exactamente cómo debía comportarse un hombre. Empezaron los rumores, las miradas, los comentarios, las preguntas que nadie hacía en voz alta, pero que todo el mundo susurraba.

Y ese cantante hizo algo que nadie esperaba. En lugar de [música] esconderse, escribió una canción, una canción que hoy todo el mundo conoce, pero cuya historia real [música] casi nadie sabe. Hoy vas a descubrirla. Linares, Jaén. 5 de mayo de 1943. En una familia humilde de un pueblo minero del sur de España [música] nace un niño al que sus padres llaman Miguel Rafael.

Su padre es obrero, trabaja con las manos. [música] Un hombre de los de entonces, de los que no se quejan y no se rinden, de los que saben que la vida es difícil y que hay que ganársela cada día. Su madre, Rafaela, [música] tiene una voz muy bonita, canta en casa mientras hace las faenas y el niño la escucha. Y algo en ese niño se despierta.

Con 9 meses, la familia se traslada a Madrid, a un barrio humilde, a una vida humilde. [música] El niño crece entre calles estrechas y escaleras de vecinos donde todo el mundo se conoce y todo el [música] mundo opina de todo el mundo. A los 3 años, Miguel Rafael ya canta, no como juego, no como imitación. Canta de verdad con una voz que detiene a la gente, que hace que los vecinos abran las puertas para escuchar, que provoca ese silencio especial [música] que solo provocan las voces que tienen algo diferente.

A los 9 años gana el premio a la mejor voz [música] infantil de Europa en el festival de Salzburgo en Austria, 9 años. mejor voz infantil de Europa. Piensa en lo que [música] significa eso. Un niño de un barrio obrero de Madrid, hijo de un trabajador de la construcción, siendo reconocido en Austria como la [música] mejor voz del continente.

Pero volver a casa después de eso no cambia nada. Siguen siendo pobres, siguen viviendo en el mismo piso, siguen comiendo lo que hay, excepto que ahora hay algo más, una certeza, una dirección. Una voz que sabe que tiene que ir a algún sitio. Los escolapios lo descubren. Le ofrecen comida a cambio de que cante en [música] el coro del colegio.

Comida a cambio de cantar. Así empieza la carrera del artista [música] que décadas después venderá más de 70 millones de discos. A los 16 años firma su primer [música] contrato profesional con la discografica Philips. Se le ocurre una idea para su nombre artístico, la Fage de Philips. La misma [música] grafía que la discográfica, una manera de diferenciarse, de ser reconocible en cualquier idioma. Rafael con PS.

Y aquí empieza algo que es importante [música] entender para comprender todo lo que viene después. Rafael desde [música] el primer día es diferente, no diferente en el sentido vago de que todo el mundo es único, diferente de verdad, completamente [música] diferente a todo lo que existía en la España musical de principios de los años 60.

Los artistas [música] de aquella época tenían un molde. Cantaban de cierta manera, se movían de cierta manera, se comportaban de cierta manera sobre el escenario que el público reconocía y esperaba. Rafael no cabe en ese molde. Cuando Rafael canta, actúa, no se [música] limita a estar de pie con un micrófono en la mano. Su cuerpo entero participa.

Sus manos, su cara, sus ojos que se cierran y se abren con la intensidad de quien está [música] viviendo cada nota desde dentro. sus brazos que se extienden como si quisiera abarcar al público [música] entero. Su bosque sube y baja y se quiebra y se recupera con una precisión que no parece humana. No es [música] solo un cantante, es un intérprete total.

Y eso en [música] la España de principios de los 60 desconcertaba a mucha gente porque era demasiado, demasiado expresivo, demasiado apasionado, demasiado todo. Y cuando algo es demasiado en una sociedad que tiene muy claro [música] lo que un hombre debe ser y lo que no debe ser, empiezan las preguntas, las miradas, los comentarios, [música] los rumores.

¿Te suena ese mecanismo? el de señalar lo que no encaja en el molde. En aquella España de Franco, la masculinidad [música] tenía unos límites muy claros y muy estrechos. El hombre bebía vino, comía callos, decía tacos y no mostraba sentimientos en público, no lloraba, no se emocionaba demasiado, no gesticulaba demasiado.

Y si lo hacías, la gente empezaba a preguntarse cosas. Rafael era de Linares, hijo de un obrero, pero encima del escenario era todo lo contrario de ese modelo. Era emoción pura, era entrega absoluta, era un hombre que se permitía sentir en público y mostrarlo sinvergüenza. En 1962, con 19 años, [música] gana el festival de Benidorm. No una vez, tres veces.

se lleva el primer, el segundo [música] y el tercer premio. Eso no había pasado nunca, que un solo artista se llevara los tres primeros puestos del mismo festival. España empieza a fijarse en él y los rumores también empiezan a fijarse en él porque Rafael no cambia, no se adapta al molde, no domestica [música] su manera de actuar para que nadie tenga preguntas.

Sigue siendo exactamente quién es. encima del escenario y fuera de él. Y en la España de aquella época eso tenía consecuencias. Hay que entender lo que significaba en ese momento que alguien señalara un hombre con esos rumores. La homosexualidad no era solo malvista, era ilegal. La ley de vagos y maleantes, promulgada en 1954 [música] incluía explícitamente a los homosexuales entre los perseguidos por el Estado.

Después vendría la ley de peligrosidad social de 1970, [música] que lo señalaba como una amenaza para la sociedad. Podías perder tu trabajo si tu jefe se enteraba. Tu familia podía darte la espalda. Los [música] vecinos podían dejar de hablarte. Podías acabar en la cárcel. En algunos casos, el estado te enviaba a centros de internamiento donde te sometían a tratamientos que hoy reconocemos como tortura, pero que entonces se llamaban terapia.

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