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El “HERMANO” que Fidel Castro encerró 30 AÑOS | La historia OCULTA de Mario Chanes

🤝 El “HERMANO” que Fidel Castro encerró 30 AÑOS | La historia OCULTA de Mario Chanes 🤫

Te voy a presentar al amigo más íntimo de Fidel Castro. Juntos formaron células clandestinas contra Batista. Fueron a la misma casa. Compartieron el mismo frente, hablaron de los mismos planes. Este hombre iba en el tercer auto en el cuartel Moncada, justo detrás del auto de Fidel. Bajo el fuego cruzado se aferró detrás de una trinchera herido en pleno combate.

 Se embarcó en el yate Granma. Sobrevivió a alegría de Pío. Dirigió grupos de sabotaje clandestino en La Habana. ¿Qué dijo Fidel sobre este hombre? Era como un hermano para mí. Lo dijo el propio Fidel, un hermano. Y a este hermano, Fidel Castro lo pudrió en una prisión durante 30 años. 30 años. 3 años más que Nelson Mandela.

 Durante esos 10950 días de infierno, el régimen intentó quebrarlo de todas las formas posibles, pero hubo una noche en particular, una medianoche de octubre de 1984. Esa noche, la dirección de la prisión le dio la peor noticia que puede recibir un padre y junto con la noticia le ofrecieron un trato.

 Si aceptaba, podía salir por esa puerta. Si se negaba, perdería para siempre la oportunidad más importante de su vida. El hombre no dijo una sola palabra. Dio media vuelta y tomó una decisión que el propio Fidel no esperaba. ¿Qué pasó exactamente esa noche? Y cuál fue el verdadero delito de este hombre para que su propio amigo lo sepultara en vida.

 Los medios estatales cubanos prohibieron su nombre, cortaron su rostro de las fotografías y el mundo, que tanto lloró por Mandela, decidió mirar hacia otro lado. El final de esta historia te va a incomodar y debe incomodarte, porque este no es solo el relato de un hombre, es el documento de con qué velocidad una revolución empezó a escupir en su propia cara.

 Quédate conmigo. Esto es Cuba oculta. Empezamos. Mario Chanes de armas no era el tipo de hombre que el régimen inmortalizó en bronce. Si piensas en los hombres que construyeron el 26 de julio, te imaginas figuras con barba y boina, nombres grabados en granito. Pero Chanes era otra cosa. Era un hombre de barrio, de fábrica, de gente que madruga.

 Nació el 25 de octubre de 1927 en Marianao, uno de los barrios más obreros de La Habana. Aprendió a pelear desde abajo, desde las asambleas de trabajadores cerveceros en La Polar y Puentes Grandes, donde se convirtió en líder sindical regional. Cuando Batista tiró por la borda la Constitución de 1940 el 10 de marzo de 1952.

Para Chanes, eso no fue una noticia política, fue una traición personal. Elecciones limpias, prensa libre, sindicatos independientes, cosas simples, cosas que Batista borró de un plumazo. Un amigo común, el fotógrafo Fernando Chenard Piña, lo llevó a una casa en Prado 109, en el corazón de la Habana. Allí había reuniones.

 Allí había un abogado joven, verborrágico, que parecía haber nacido para convencer a la gente de que lo imposible era posible. Se llamaba Fidel Castro Ruth. Hay cosas que unen a los hombres de maneras que ninguna palabra describe del todo. La conspiración es una de ellas. Cuando dos personas hablan en voz baja de derrocar a un dictador, algo ocurre que se parece a la hermandad.

 Chanes lo diría con esas palabras exactas. Décadas más tarde, en una entrevista al El Nuevo Gerald. Para mí, Fidel Castro era algo más que un camarada y un amigo. Era como un hermano. La palabra hermano definirá el peso de la traición en esta historia. El 26 de julio de 1953, antes de que amaneciera sobre Santiago de Cuba, Chanes subió al tercer auto de la columna, justo detrás del auto de Fidel.

 160 hombres, la mayoría obreros y estudiantes sin experiencia militar real, se lanzaron contra el cuartel Moncada. Fue una carnicería. Los soldados de Batista respondieron con una potencia de fuego devastadora. Chanes logró cubrirse acerrado al guardafango derecho de un vehículo con la mano izquierda herida. Y fue ahí cuando escuchó la voz de Fidel a sus espaldas.

Retirada huyeron a los montes cercanos a Santiago. Y fue allí donde ocurrió la primera grieta. Fidel propuso que cinco de ellos se entregaran al arzobispo Pérez Serantes, dando instrucciones falsas sobre su propia huida. La lógica, salvar a Fidel era salvar la revolución. Chan se opuso.

 Yo no fui a pelear para rendirme, pero al final cedió. Esa cesión importa. Revela algo sobre la arquitectura del poder que Fidel llevaba adentro desde siempre. La capacidad de hacer que los demás le sacrificaran su dignidad, convenciéndolos de que era por el bien común. Los juzgaron en Tribunal Militar. Fidel recibió 15 años.

 Chanes, 10. Los encerraron en el presidio modelo de la isla de Pinos, ese panóptico circular donde el ojo del estado miraba en todas direcciones sin que nadie pudiera esconderse. 22 meses después, en mayo de 1955, una amnistía general los liberó. El mundo todavía no sabía lo que se venía. Después de la amnistía, Chanes fue a Miami. Lavó platos en un restaurante.

Llegó la llamada de México. Fidel organizaba una expedición. Chanes no lo pensó dos veces. El 2 de diciembre de 1956, el gran ma tocó la costa de las coloradas con 82 hombres en una embarcación diseñada para 12. Tres días después, en Alegría de Pío, el ejército de Batista los emboscó. La columna se dispersó en pánico.

 Chanes sobrevivió, llegó a La Habana y asumió la jefatura de los grupos de sabotaje clandestinos en la capital. En octubre de 1958 lo capturaron, lo golpearon, lo encerraron. El 1 de enero de 1959, cuando Batista huyó a Santo Domingo, sus compañeros rompieron las rejas y lo sacaron a la calle. La revolución había triunfado.

 Chanes había estado en todas partes. En Prado 109, en el tercer auto del Moncada, en la cubierta del Granma, en los sótanos de la inteligencia naval. había pagado cada cuota que le habían pedido y ahora, por fin, el país que él había soñado iba a existir. O eso pensaba. El quiebre definitivo no ocurrió en un campo de batalla, sino en los pasillos del nuevo poder.

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