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¡EL ESCUDO QUE CAMBIÓ DE BANDO! LA TRAICIÓN QUE TERMINÓ CON “EL CHUTA” EN UNA CARRETERA

¡EL ESCUDO QUE CAMBIÓ DE BANDO! LA TRAICIÓN QUE TERMINÓ CON “EL CHUTA” EN UNA CARRETERA

Lo que estás viendo ahora mismo es un cuerpo tirado a un costado de una carretera junto a las letras blancas que le dan la bienvenida a un pueblo. Chay, el fuerte Sinaloa. Madrugada del miércoles 10 de junio de 2026. El hombre que está ahí sin vida, con impactos de bala, es el mismo al que el gobierno de los Estados Unidos acusó de terrorismo apenas 3 meses antes.

El mismo que, según el Departamento de Justicia, le metió ametralladoras a los chapitos durante casi 10 años. el jefe de seguridad de una de las facciones más temidas del cártel de Sinaloa. Y no lo abatió el ejército, no lo capturó la Marina, no cayó en un operativo federal, lo ejecutaron los suyos, lo torturaron, según algunos reportes, y lo dejaron tirado junto al letrero de su propio pueblo como un mensaje.

Su nombre es Jesús Omari Barra Félix, pero todos lo conocían por su alias el Chuta. Vamos a ubicarte exactamente dónde pasó esto, porque importa. Charay es una comunidad del municipio del Fuerte en el norte de Sinaloa, sobre la carretera que conecta los Mochis con Choy, una zona que en el papel es tranquila.

Campos, sierra, pueblos pequeños, en la práctica es territorio en disputa. Es de esos lugares donde la vida transcurre normal de día y se vuelve otra cosa de noche, donde la gente sabe que hay cosas de las que no se habla, donde el silencio no es paz, es prudencia. La madrugada del 10 de junio, automovilistas que pasaban por ahí reportaron a una persona tirada sobre la carretera.

Llamaron a emergencias. Hay versiones que ubican el hallazgo cerca de las 3 de la mañana. Otras lo colocan poco antes, alrededor de las 0 horas50 minutos. La hora exacta varía según la fuente, pero todas coinciden en lo mismo. Fue de madrugada, en plena oscuridad, cuando casi nadie transita a esa vía.

Cuando llegaron las autoridades encontraron el cuerpo de un hombre de aproximadamente 49 años, originario de los Mochí con varios impactos de bala. La Fiscalía General del Estado de Sinaloa acordonó la zona, mandó a los peritos y trasladó el cuerpo a una funeraria en Los Mochí, una funeraria que desde ese momento quedó vigilada.

Y aquí ya hay un primer detalle que los noticieros pasaron de largo, porque ese hombre tirado junto a las letras de Charay no era cualquiera. Eso es lo que los noticieros te dijeron. Te dijeron que apareció un cuerpo en una carretera de Sinaloa. Algunos ni siquiera dieron el nombre. Lo que no te dijeron es quién era realmente el chuta, qué cargaba sobre los hombros y por qué su muerte no es un homicidio más en la cuenta diaria de Sinaloa, sino el cierre de un capítulo en una guerra que lleva casi 2 años desangrando al estado. No te dijeron que este hombre

era prófugo de la justicia de Estados Unidos. ¿No te dijeron que tenía una orden de apreensón federal y que enfrentaba cadena perpetua? Y sobre todo, ¿no te dijeron lo más incómodo de todo, que el hombre encargado de cuidar a otros, el jefe de seguridad, el que ponía a los pistoleros, no fue capaz de cuidarse a sí mismo.

Aquí está la historia completa. Para entender quién fue el chuta, hay que retroceder casi 10 años. Según el expediente que un gran jurado federal armó en Chicago, Jesús Omari Barra Félix operó como jefe de plaza en la zona de Aome, Sinaloa, desde el año 2016 y hasta 2025. Casi una década controlando un territorio clave.

Aome es la puerta del norte de Sinaloa, el corredor que conecta con Sonora, con la frontera, con las rutas que suben hacia Estados Unidos. Quien controla OME controla un pedazo enorme del negocio. Ahí está los Mochí. La segunda ciudad más importante del estado. Ahí están los campos, los caminos de terracería, las brechas que nadie vigila, los puntos ciegos por donde se mueve todo lo que no debe verse.

Es una zona que parece agrícola, tranquila, de gente trabajadora y lo es. Pero por encima de esa vida normal corre otra capa invisible para el que pasa de largo, la capa del control. ¿Quién cobra? ¿Quién pasa? ¿Quién decide? durante casi 10 años, en buena parte de esa zona, esa última palabra la tuvo el Chuta. Pocos lo conocían de cara, casi nadie lo había visto, pero su nombre pesaba.

Y el chuta no solo lo controlaba, lo armaba, lo defendía, lo blindaba, porque el chuta no era un simple operador, era el fundador y jefe de su propia célula armada, un grupo con nombre propio, con identidad, con marca. Las fuerzas especiales de chuta. FCH, las siglas que él mismo le puso a su brazo armado. Piénsalo un segundo.

No le bastaba con ser un operador anónimo dentro de una estructura gigante. Quería su propio sello, su propia tropa, hombres que respondieran a él, que cargaran su nombre, que fueran reconocidos como suyos. Eso te dice algo del personaje. No era un mando intermedio que se escondía detrás de la organización. Era un jefe que construyó su propia maquinaria de violencia y la firmó con su apodo.

Y esas fuerzas especiales tenían una misión muy clara, darle seguridad a los chapitos, los hijos de Joaquín el Chapo Guzmán. El chuta era el escudo, era el muro de pistoleros entre los chapitos y todo lo que los quisiera tocar. Cuando un jefe de esa altura se movía por su territorio, eran los hombres del Chuta los que abrían camino.

Cuando había que defender una posición, eran ellos los que respondían. Esa era la función, esa era la confianza que le tenían. Y por eso lo que pasó después duele tanto en ese mundo. Ojo a este dato porque es la clave de todo lo que vino después. Durante años, el Chuta fue un hombre de los chapitos.

Su seguridad, su gente, sus armas estaban al servicio de esa facción. Pero en septiembre de 2024, el cártel de Sinaloa se rompió por dentro. Estalló la guerra que todos conocemos. Los chapitos contra los mayos, hermano contra hermano, compadre contra compadre, el cártel más poderoso de México volteándose las armas hacia sí mismo.

Y en una guerra así, cada jefe de plaza, cada operador, cada hombre con pistoleros bajo su mando tuvo que tomar una decisión. ¿De qué lado te quedas? El chuta tomó la suya y aquí está el giro que define su final. El hombre que durante años cuidó a los chapitos cambió de bando, se pasó al lado contrario, se alineó con el Chapo Isidro.

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