Posted in

El Auge y la Caída de Acapulco: La Riviera Mexicana que el Mundo Envidió — y que México Destruyó

El Auge y la Caída de Acapulco: La Riviera Mexicana que el Mundo Envidió — y que México Destruyó

La costera Miguel Alemán sigue ahí. Cuatro carriles, palmeras, el mar a un lado. Si llegas de día con el sol pegando en el asfalto, puedes engañarte por unos segundos y creer que nada cambió. Pero hay hoteles con las fachadas comidas por el salitre, ventanas sin vidrio, letreros oxidados que ya no anuncian nada.

Hay lotes donde antes había albercas y ahora hay maleza. Y hay algo más difícil de fotografiar. Un silencio en las aceras que no debería estar ahí. En un lugar donde el ruido fue durante décadas la señal de que todo iba bien. Frente a ti, el Pacífico sigue igual de azul. Ahora imagina la misma bahía, mismo azul, misma curva perfecta del horizonte, pero es 1960.

En las casitas blancas y rosas que trepan el cerro. En el hotel Las Brisas se acaban de hospedar John Lennon y Yoko Ringo Star compuso una canción con ese nombre, Las Brisas, porque después de quedarse ahí no encontró manera mejor de describir lo que sintió. Aba Garner toma el sol en una terraza con alberca privada.

Abajo en la playa de Caleta, un hombre mayor se mueve en el agua con la soltura de alguien que ha nadado toda la vida. Es Johnny Wise Müer, el actor que interpretó a Tarzan 12 veces. [música] decidió morir en Acapulco y lo hizo en 1984 sin querer irse a ningún otro lado. Ese era el puerto, la ria mexicana que envidiaba el mundo entero.

¿Qué pasó entre aquella terraza y este silencio en la costera? En este video vas a descubrir cóco se construyó sobre una mentira que nadie quiso ver durante 40 años. Como la tripulación del Apolo X, los astronautas que fueron a la luna escogieron ese hotel en ese cerro para relajarse antes del lanzamiento. Como María Bonita, la canción más importante de Agustín Lara, nació de una pelea de pareja en una playa de hornos una noche de 1945.

Y cómo, cuando el narco llegó, no llegó a un lugar fuerte. Llegó a un lugar que llevaba décadas fingiendo que las dos ciudades que convivían ahí no eran dos ciudades distintas. También vas a saber qué quedó en pie después del huracán Otis y por qué la recuperación que anuncian los gobiernos dice menos de lo que parece. La carretera lo cambió todo.

El 11 de noviembre de 1927, el presidente Plutarco, Elías Calles, hizo estallar con dinamita la última roca que bloqueaba el camino entre la Ciudad de México y el Pacífico. Fue en el kilómetro 402, cerca de Jaltianguis. Hasta ese momento, Acapulco era un pueblo de pescadores al que llegabas en dos días a caballo.

Después del dinamitazo, llegabas en automóvil y el automóvil trajo gente y la gente trajo dinero y el dinero transformó todo. En 1940, Acapulco tenía menos de 10,000 habitantes. Para 1960 ya eran casi 50,000. La ciudad creció dos veces en una sola década porque todo el mundo quería estar ahí. [música] El hombre que entendió esto antes que nadie fue Miguel Alemán Valdés.

Cuando llegó a la presidencia en 1946, Acapulco era ya una promesa. Alemán la convirtió en un proyecto. Construyó la avenida costera, el aeropuerto internacional, la carretera escénica, la gran vía tropical. Lo hizo a través de la Junta Federal de Mejoras Materiales, pero con algo que conviene no olvidar. Usó también tierras egidales expropiadas, muchas de las cuales terminaron en manos de funcionarios públicos o de sus allegados.

Alemán siguió en el negocio turístico de Acapulco muchos años después de dejar la presidencia. La avenida que lleva su nombre lo dice todo, pero hay que reconocer lo que construyó, porque lo que construyó fue durante tres décadas una de las cosas más espectaculares de América Latina. Es 1945. Agustín Lara y María Félix llevan apenas días de casados.

Se hospedan en el hotel El Papagallo, en Bungalous, frente a la playa de hornos. Una noche tienen una pelea. Él baja solo a la playa mientras ella se arregla para una cena en el restaurante El Mirador, el que está en lo alto del risco donde saltan los clavadistas. Camina por la orilla, el agua templada le llega a los tobillos. Mira las estrellas reflejadas en la bahía y escribe en la cabeza lo que después será la canción más famosa de su vida.

Acuérdate de Acapulco, de aquella noche, María Bonita, María del Alma. Según el escritor Carlos Moncibis, la compuso como gesto de reconciliación. Lo que salió fue un bals que le dio la vuelta al mundo y convirtió a Acapulco en algo más que un destino, en un lugar donde pasan cosas que valen la pena recordar.

Eso era el puerto, un lugar donde pasaban cosas. El hotel Las Brisas abrió en diciembre de 1957 con 80 casitas rosas y blancas trepadas en el cerro sobre la bahía. La idea era sencilla. Cada casita tenía su alberca privada, su jeep rosa para moverse por las pendientes, su terraza con vista al Pacífico. Lo construyó don Juan March.

El concepto era privacidad total. Cada barda separaba una casita de la siguiente. Venías aquí si querías que nadie supiera que estabas aquí. Y vinieron todos. John F. Kennedy y su esposa Jacqueline pasaron su luna de miel en las grisas en 1953. Kennedy salió a pescar en la bahía y capturó un pez vela enorme.

La historia circuló. [música] Después vino Lindon Johnson. Después el príncipe Carlos de Inglaterra. Cada diciembre entre 1958 y 1969 Acapulco era sede de la reseña mundial de los festivales cinematográficos. La crema del cine internacional bajaba del avión en el aeropuerto de Plan de los Amates y se instalaba en las brisas.

Elizabeth Taylor, Mick Jagger, Roman Polanskiy, John Lennon, Joko la tripulación completa del Apolo X se hospedó ahí antes de volar a la luna. Boss Aldrin llegó, descansó, [música] nadó en la alberca privada de su casita y días después pisó la superficie lunar. Existe una carta que envió desde California confirmando que lo hizo.

Frank Sinatra compró una casa en el fraccionamiento residencial Las Brisas. Ringo Star vino, se quedó y le dedicó una canción al hotel. La misma canción que dice con esa cadencia tranquila de los 70 que las brisas lo cargaron como a un pájaro al vuelo. Abajo en la ciudad pasaba lo mismo a otra escala. Cantinflas construyó una mansión en los años 50 y venía tan seguido que los acapulqueños ya lo contaban como vecino.

Read More