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CARLOS VELA: CONFESÓ LLORANDO POR QUÉ ODIA A MÉXICO Y A LOS MEXICANOS

CARLOS VELA: CONFESÓ LLORANDO POR QUÉ ODIA A MÉXICO Y A LOS MEXICANOS

confesó que odia a México, el mejor delantero mexicano de su generación, el primer goleador mexicano en la historia del Arsenal, campeón goleador de la Major League Soccer y jugador más valioso de toda la liga. Y ese mismo hombre, destrozado y enfadado, confesando por qué odia a México con su propia casa quemada hasta los cimientos y destrozando a 14 mujeres dentro de una habitación de hotel.

Hoy vas a saber la oscura verdad de por qué Carlos Vela rechazó al TRI durante 14 años. Y aún peor, ¿por qué odia a México y a los mexicanos? La respuesta va a ser que se te revuelva el estómago. Aún peor, la carta que envió al presidente de la Federación Mexicana de Fútbol antes del Mundial de Brasil y lo más oscuro de toda la historia, lo que la esposa Sayó a Cañivano, rescató de la mansión de Malibú antes de que el fuego la devorara.

Su nombre es Carlos Vela Garrido. El barrio de Cancún lo conocía como el bombi. Y la asquerosa verdad sobre por qué Carlos Vela jamás se va a poner la camiseta de la selección la han ocultado hasta hoy. Pero antes de llegar a esa habitación de hotel donde 14 mujeres entraron pasada la 1 de la madrugada y donde cuatro compañeros del tri abandonaron a Carlos Vela para siempre.

Hay algo que tienes que entender, porque Carlos Vela no odió a México porque él quisiera. Le obligaron a hacerlo y todo empezó en Cancún, en la pobreza absoluta de elegido del Bonfil, donde la única tradición que la familia Vela había sostenido durante tres generaciones era la frustración masculina de no llegar al fútbol profesional.

El padre Enrique Vela, tenía 32 años cuando nació Carlos. Había probado suerte en las inferiores del Atlante, había probado suerte en las inferiores del América y había firmado cero contratos profesionales en toda su vida. Bebía cerveza desde las 10 de la mañana frente al televisor de 14 pulgadas de la sala, mientras la esposa Lucy Garrido vendía tacos en el crucero del barrio para alimentar a los dos hijos.

El primer hijo se llamaba Alejandro. Tenía 2 años más que Carlos. era el favorito del padre, el que entrenaba todas las tardes en el patio trasero de la casa, el que prometía ser el primer vela en llegar al profesionalismo. Carlos era el segundón, el que sobraba hasta una tarde de noviembre de 1998. Esa tarde, un casatalentos del Club Deportivo Guadalajara llegó al barrio buscando a Alejandro.

vio jugar a los dos hermanos durante una hora y al terminar la tarde caminó hacia el padre Enrique sentado en una banca de cemento. Le dijo seis palabras exactas. Las seis palabras decían, “Este niño se va a Guadalajara.” La frase no era para Alejandro, la frase era para Carlos y el padre Enrique, ese mismo hombre que durante 10 años seguidos había entrenado a Alejandro en el patio trasero de la casa, firmó esa misma tarde el contrato del hijo equivocado. Guarda esa imagen.

dos hermanos, un casatalentos, un padre obligado a elegir, porque 14 años después esa misma elección iba a explotar de la manera más oscura imaginable. La noche siguiente, antes de la despedida hacia Guadalajara, el hermano mayor Alejandro le pidió a Carlos una sola cosa dentro del cuarto compartido. Cuatro palabras exactas.

Las cuatro palabras decían, “Nunca olvides el barrio.” El niño Carlos, de 9 años, le prometió al hermano que jamás iba a olvidar esa promesa. Las cuatro palabras pronunciadas dentro del cuarto compartido de la casa de elegido del Bonfil esa madrugada son la primera pieza de toda esta historia. Vamos a volver a esas cuatro palabras.

¿Te has preguntado alguna vez qué siente un hermano mayor cuando ve al padre firmar el papel del hermano menor por encima del suyo? Lo que Alejandro sintió esa madrugada. El padre Enrique jamás se lo preguntó y Carlos tampoco. Pero el hermano mayor Alejandro Vela jamás aceptó esa elección. Durante los siguientes 14 meses, mientras Carlos Vela entrenaba en las fuerzas básicas del Guadalajara a 1600 km de distancia, el hermano mayor dejó de hablarle al padre.

Dejó de entrenar en el patio trasero, dejó de jugar fútbol. Empezó a beber alcohol a los 12 años de edad. Empezó a juntarse con malas compañías de elegido del Bonfield. Y a los 14 años, Alejandro Vela ya tenía una causa abierta en el Ministerio Público del Estado de Quintan Ro por consumo de sustancias prohibidas. La madre Lucy Garrido lloraba todas las noches dentro de la cocina de la casa.

El padre Enrique se encerraba dentro del cuarto principal bebiendo cerveza hasta el amanecer. Y Carlos Vela dentro de las concentraciones cerradas del Guadalajara no se enteraba de nada porque los entrenadores de las fuerzas básicas tenían instrucciones precisas, cortar todo contacto telefónico entre el joven Carlos y la familia de elegido del Bonfield, 14 meses sin escuchar la voz de la madre, sin saber que el hermano mayor estaba cayendo en lo más bajo, sin un solo audio de Cancún dentro de los oídos del joven Carlos. ¿Te has

preguntado alguna vez qué siente un niño de 9 años cuando el club que lo cría decide que la familia que lo crió ya no le sirve? A los 15 años, Carlos Vela ya jugaba en las Fuerzas Básicas del Guadalajara. A los 16, el Tri Sub17 lo convocó para el mundial juvenil del Perú 2005.

Y dentro de esa concentración de 14 semanas, Carlos Vela conoció a los cuatro jóvenes que iban a marcar para siempre su vida profesional. Javier Hernández Balcázar, 15 años. Apodo Chicharito. Guillermo Ochoa, 19 años. Portero titular del América. Giovanni dos Santos, 15 años. Promesa del Barcelona. Y Efraín Juárez, 17 años. Defensa central.

Los cinco jóvenes ganaron el Mundial Sub17 del Perú frente a Brasil. Carlos Vela marcó cinco goles en seis partidos. fue elegido botín de oro del torneo y esa noche dentro del vestidor del estadio en Lima, los cinco jóvenes firmaron una camiseta blanca del tri usada esa misma tarde. Cinco firmas con tinta negra, cinco hermanos del fútbol mexicano.

Una promesa silenciosa de llegar juntos al Mundial Mayor de Sudáfrica 5 años después. La camiseta blanca firmada terminó dentro de la mochila negra del delantero Carlos Vela esa misma madrugada. Guarda esa camiseta. Cinco firmas. Una promesa, porque 5 años después esa camiseta iba a aparecer dentro de la habitación 417 de un hotel del norte de Monterrey, justo antes de que los cuatro compañeros abandonaran al quinto para siempre.

A los 16 años, el Celta de Vigo compró a Carlos Vela al Guadalajara por $,400,000. El delantero voló a España con una mochila negra, una camiseta blanca firmada y un teléfono celular que su madre le había regalado en el aeropuerto. A los 18 años, después de tres sesiones por equipos pequeños de España e Inglaterra, el Arsenal de Arsener lo firmó por la primera plantilla.

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