Posted in

11 Estudiantes Desaparecieron en las Grutas de Cacahuamilpa en 2012 — 9 Años Después, Hallaron Algo

11 Estudiantes Desaparecieron en las Grutas de Cacahuamilpa en 2012 — 9 Años Después, Hallaron Algo

El 20 de noviembre de 2012, 11 estudiantes de preparatoria ingresaron a las grutas de cacahuamilpa, Guerrero. Nunca salieron. Las autoridades cerraron el caso tras meses de búsqueda infructuosa, sin dejar rastros, los jóvenes se desvanecieron en las profundidades calcáas. Pero algo nuevo fue descubierto 9 años después.

El 20 de noviembre de 2012, 11 estudiantes de preparatoria ingresaron a las grutas de cacahuamilpa. Guerrero, nunca salieron. Las autoridades cerraron el caso tras meses de búsqueda infructuosa, sin dejar rastros, los jóvenes se desvanecieron en las profundidades calcárias, pero algo nuevo fue descubierto 9 años después.

Introducción, parte dos. 300 palabras. El aire fresco de noviembre cortaba las mejillas mientras el autobús escolar serpenteaba por las carreteras montañosas de Guerrero. Dentro del vehículo, 11 estudiantes de la preparatoria técnica Benito Juárez reían y cantaban ajenos al destino que les esperaba en las entrañas de la Tierra.

Era el día de la Revolución Mexicana y habían conseguido permiso especial para una excursión a las famosas grutas de Cacahuamilpa. Sebastián Morales, de 17 años, miraba por la ventana empañada mientras sus compañeros bromeaban sobre fantasmas y leyendas. Como líder estudiantil, había organizado este viaje con la entusiasta profesora de historia, Esperanza Villanueva.

“Mira nada más que paisaje”, murmuró a su novia Paloma, quien dormitaba en su hombro. El grupo estaba conformado por Sebastián, Paloma Herrera, Diego Vázquez, Jimena Ruiz, Carlos Mendoza, Sofía Delgado, Alejandro Torres, Valentina Cruz, Emilio Sánchez, Renata Jiménez y Joaquín Restrepo, todos estudiantes destacados, hijos de familias trabajadoras de Taxco, con sueños tan brillantes como la plata que caracterizaba a su pueblo natal.

Las grutas de cacahuamilpa se alzaban majestuosas ante ellos como una catedral natural formadas a lo largo de millones de años. Sus cámaras subterráneas guardaban secretos ancestrales. Los guías turísticos Raúl Contreras y Amelia Estrada recibieron al grupo con sonrisas profesionales, sin imaginar que serían los últimos en verlos con vida.

El sol se ocultaba detrás de las montañas cuando ingresaron por la boca principal de la gruta. Las linternas iluminaban estalactitas milenarias mientras el eco de sus voces se perdía en los túneles. Sebastián grababa con su teléfono documentando lo que creía sería una aventura memorable. No sabía que se convertiría en evidencia de una tragedia.

A las 4:30 pm, según el registro oficial, el grupo se adentró en el sendero turístico. A las 6:15 pm. Cuando deberían haber regresado, solo encontraron silencio. 9 años después, el detective retirado Miguel Ángel Sandoval caminaba por los pasillos de la Procuraduría de Justicia de Guerrero con un expediente gastado bajo el brazo.

Sus 60 años pesaban sobre sus hombros como las piedras de cacahuamilpa, que había explorado durante meses en 2012 y 2013. El caso de los 11 estudiantes desaparecidos había sido el único que nunca pudo resolver, una espina clavada en su conciencia que lo había llevado al retiro anticipado. “¿Vienes a remover heridas viejas, Miguel Ángel?”, le preguntó la fiscal Carmen Orosco desde su oficina.

Era una mujer de mediana edad, con ojos cansados que habían visto demasiadas tragedias sin resolver en el estado más violento de México. “Apareció algo nuevo”, respondió Sandoval colocando una fotografía sobre el escritorio. La imagen mostraba un teléfono celular parcialmente enterrado con la carcasa agrietada pero reconocible.

Un espeleo aficionado lo encontró ayer en una cámara que no está en el circuito turístico. Está a casi 2 km de donde se perdió el rastro del grupo. Carmen examinó la fotografía con Lupa. El teléfono tenía una calcomanía de los Pumas de la UNAM, el equipo favorito de Sebastián Morales. Según el expediente, el joven había enviado su último mensaje de WhatsApp a las 5:47 pm.

Estamos viendo unas formaciones increíbles. Te amo, mamá. ¿Funciona el aparato? Preguntó Carmen. Los técnicos lograron extraer algunos archivos. Hay fotos y videos que nunca habíamos visto. Mira esto. Sandoval conectó su laptop y reprodujo un video granulado. La pantalla mostraba a los 11 estudiantes caminando por un túnel estrecho con las voces en eco.

Se escuchaba claramente a Sebastián decir, “Creo que nos desviamos del grupo principal. ¿Ven esa luz allá adelante? El video se cortaba abruptamente después de 17 segundos. Carmen sintió un escalofrío. Durante la investigación original, los guías turísticos Raúl Contreras y Amelia Estrada habían declarado categóricamente que el grupo nunca se separó de ellos, que salieron juntos de las grutas a las 6:0 pm y que los estudiantes decidieron quedarse explorando por su cuenta en el área de los estacionamientos.

Sus testimonios habían sido inconsistentes desde el principio, pero sin evidencia física el caso se había estancado. Hay más, continuó Sandoval. El geólogo de la Universidad Autónoma de Guerrero, Dr. Fernando Castellanos, analizó el lugar donde apareció el teléfono. Dice que es imposible que haya llegado ahí por accidente. Alguien tuvo que llevarlo.

Los padres de los estudiantes habían formado un colectivo de búsqueda que se reunía cada mes en la plaza central de Taxco. Doña Esperanza Morales, madre de Sebastián, había envejecido 20 años en nueve. Su cabello negro ahora era completamente blanco y sus manos temblaban cuando encendía veladoras frente a las fotografías de los muchachos.

Don Aurelio Herrera, padre de Paloma, había vendido su taller de platería para financiar búsquedas privadas que nunca dieron resultado. Nunca dejamos de buscar, había dicho Esperanza en una entrevista televisiva el año anterior. Mis nietos preguntan por su tío Sebastián. ¿Qué les digo? que se lo tragó la tierra. El padre juventino Maldonado, párroco de la iglesia de Santa Prisca en Taxco, había oficiado 11 misas sin cuerpos, 11 ceremonias de esperanza donde las familias lloraban abrazo tras abrazo.

“La fe mueve montañas”, les decía, pero a veces las montañas también se llevan a nuestros hijos. Sandoval cerró la laptop y miró fijamente a Carmen. Quiero reabrir el caso. Creo que los guías mintieron. Creo que hay alguien más involucrado y creo que esos muchachos no murieron por accidente. Carmen suspiró profundamente.

Read More