Sasha Sokol, nacida en la Ciudad de México el 17 de junio de 1970, fue una de las estrellas más brillantes de la escena musical latinoamericana durante los años 80. Como integrante del grupo Timbiriche, Sasha no solo alcanzó la fama internacional antes de llegar a la secundaria, sino que se convirtió en un ícono para una generación entera. Sin embargo, detrás de las luces de los escenarios, los estadios llenos y el éxito comercial, se ocultaba una realidad oscura y devastadora que la mantendría en un cautiverio emocional y psicológico durante casi cuatro décadas.
El hombre responsable de este tormento era Luis de Llano Macedo, productor ejecutivo de Televisa y una de las figuras más poderosas de la industria del entretenimiento en México. Mientras Sasha apenas contaba con 14 años, De Llano, con 39 años de edad, utilizó su posición de autoridad y control sobre la carrera de la joven para inic
iar lo que él mismo describiría años después, de forma cínica, como un “romance”. Esta relación, sin embargo, no fue un amor entre iguales; fue un caso documentado de
grooming y abuso de poder que dejó cicatrices profundas en la vida de la artista.
Las palabras que destruyeron una infancia
El proceso de manipulación comenzó no con violencia, sino con atención y halagos. Sasha recuerda cómo De Llano le hacía creer que ella era especial, diferente a las demás, vendiéndole la idea de que ser elegida por un hombre admirado por todos era un privilegio. Esta distorsión de la realidad fue tan profunda que Sasha pasó años normalizando la situación, cargando con una culpa que no le pertenecía. Cuando ella intentaba cuestionar la relación, el productor utilizaba frases destructivas: “Eres una niña tan seductora que no pude hacer nada”. A los 14 años, Sasha le creyó, cargando con esa carga emocional durante casi 40 años.
La situación se volvió aún más trágica cuando su familia descubrió lo que ocurría. En un acto de profunda crueldad, su padre adoptivo, Fernando Díez Barroso, terminó por “desadoptarla” ante el escándalo. Sasha, quien apenas tenía 15 años, se encontró sola, sin el apoyo de la figura paterna que la había protegido, fracturando la estabilidad de su hogar y dejando a la joven en medio de los escombros emocionales.
Un abismo de adicciones y pérdidas
La tragedia no terminó con la ruptura de la relación. Después de salir de Timbiriche y tratar de continuar con su carrera como solista, Sasha cayó en un espiral de autodestrucción. Para funcionar en su vida cotidiana, recurrió a la cocaína y sufrió de bulimia, tratando de anestesiar el vacío y el dolor que no podía nombrar. Sasha describió este periodo como una etapa en la que la droga fue solo un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: todo lo que le habían hecho callar.
Entre 1988 y 1993, Sasha vivió una lucha constante por recuperar su salud mental y física, ingresando a centros de rehabilitación en Estados Unidos. Sin embargo, el destino le tenía reservado otro golpe: en 1997, su madre, Magdalena Cuery, falleció. A pesar de haber estado juntas durante todo el proceso de caída y recuperación, madre e hija nunca pudieron tener la conversación sanadora que Sasha necesitaba. Se quedaron con preguntas sin respuesta y una herida que seguiría abierta por otros 25 años más.
El punto de quiebre y la búsqueda de justicia
El silencio de Sasha se rompió finalmente en marzo de 2022, tras una entrevista en el programa de Jordi Rosado donde Luis de Llano minimizó los hechos, mintió sobre la duración de la relación y se burló de la idea de que Sasha hubiera sido una “pobrecita niña”. Al ver la entrevista, Sasha experimentó una claridad absoluta: no estaba ante un error del pasado, sino ante un abusador que seguía mintiendo. Tras nueve horas de reflexión, Sasha decidió alzar la voz.
Publicó un hilo en Twitter el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, narrando con crudeza lo que realmente sucedió. La respuesta fue masiva; su voz dio permiso a miles de mujeres para compartir sus propias historias de abuso. Lo que comenzó como una denuncia pública se convirtió en un proceso legal histórico cuando Sasha presentó una demanda por daño moral.

Un precedente histórico para México
A pesar de que el delito penal había prescrito, el caso civil siguió adelante. En junio de 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictó una sentencia unánime que cambió la jurisprudencia mexicana. El tribunal estableció que en casos de abuso sexual infantil, no debe aplicarse la prescripción para demandas civiles. Esto significa que el derecho a buscar justicia es imprescriptible, reconociendo que el trauma no tiene fecha de caducidad.
Sasha Sokol no solo ganó su batalla legal, sino que demostró una integridad admirable al anunciar que donaría la indemnización económica a Adivac, una organización dedicada a combatir el abuso sexual infantil. Aunque De Llano ha evadido cumplir con la disculpa pública y otras medidas impuestas por la sentencia, el precedente ya está establecido. Gracias a la valentía de Sasha, miles de víctimas en México ahora saben que no están solas, que el sistema legal ha sido reformado y que el silencio de las víctimas ya no protege la impunidad de los poderosos. Hoy, Sasha Sokol continúa su vida como una mujer resiliente, acompañada de su pareja Alejandro Soberón, convirtiendo su dolor en un faro de esperanza y justicia para futuras generaciones.