La partida de Julián Figueroa a los 27 años no solo dejó un vacío inmenso en el corazón de sus seres queridos, sino que también desató una tempestad legal y emocional que, años después, continúa sacudiendo los cimientos de una de las familias más queridas del espectáculo en México. Lo que comenzó como un duelo privado se transformó rápidamente en una guerra pública, donde las acusaciones, las traiciones y la lucha por una fortuna incalculable han convertido lo que parecía ser una dinastía perfecta en un escenario de conflicto permanente.
La noche que Julián Figueroa perdió la vida, los informes oficiales señalaron un infarto agudo al miocardio como la causa principal. Sin embargo, los testimonios sobre sus momentos previos arrojan sombras sobre esta versión. Según lo relatado por su viuda, Imelda Tuñón, Julián experimentó episodios aterradores: alucinaciones visuales que él describía como serpientes, acompañadas de una pérdida súbita de memoria a
corto plazo. Médicos especialistas han sugerido que estos síntomas, lejos de ser producto de un trastorno mental repentino, podrían estar vinculados a un síndrome de abstinencia severo.
Lo más inquietante para la opinión pública fue la rapidez con la que se llevaron a cabo los procedimientos posteriores a su fallecimiento. Sin una autopsia formal y con una cremación realizada en cuestión de horas, las respuestas definitivas sobre qué provocó realmente la falla cardíaca en un joven de 27 años se perdieron para siempre. Este vacío informativo se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para las especulaciones y para la posterior batalla por la herencia.
La Guerra por la Custodia y el Poder
Tras la muerte de Julián, la atención se centró en su hijo, José Julián, quien se convirtió en el heredero universal de un patrimonio valorado en millones de dólares, derivado tanto de las propiedades de su padre como de las regalías de su abuelo, el legendario Joan Sebastian. Dado que el menor no podía gestionar tal fortuna, el control recayó inicialmente en la figura del albacea, Marco Chacón, esposo de Maribel Guardia.
Aquí es donde la narrativa de “la abuela protectora” comenzó a fracturarse. Imelda Tuñón, quien inicialmente convivía en la residencia de Maribel, se vio envuelta en un proceso legal desgarrador. En noviembre de 2024, Maribel presentó una demanda solicitando la custodia total de su nieto, acusando a Imelda de ser un entorno poco saludable debido a presuntas adicciones. Durante 38 días, la madre fue privada de todo contacto con su hijo, un periodo que ella misma ha calificado como una de las etapas más oscuras de su vida.
Sin embargo, el giro de tuerca llegó cuando las acusaciones de Maribel fueron puestas a prueba. Imelda se sometió a exámenes toxicológicos rigurosos, los cuales resultaron negativos en todos los rubros, desmintiendo categóricamente las etiquetas que se le habían impuesto ante la opinión pública.
Violencia Vicaria: El Término que Cambió la Narrativa
La lucha de Imelda Tuñón no se limitó a la defensa personal; la joven madre denunció haber sido víctima de violencia vicaria. Este tipo de abuso, que utiliza a los hijos como herramienta para dañar a la madre, se convirtió en el eje central de su lucha jurídica. El 8 de marzo de 2025, durante las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer, Imelda alzó su voz portando el distintivo paliacate naranja, símbolo de esta lucha, denunciando el uso del poder y el influyentismo para separar a un niño de su progenitora.
El sistema judicial finalmente dictaminó a su favor, ordenando el retorno del menor con su madre y, en un acto que dejó a muchos atónitos, imponiendo una orden de restricción contra Maribel Guardia. La mujer que había ostentado la custodia total se encontró, de repente, sin posibilidad de acercarse a su nieto, marcando un cambio radical en la dinámica familiar.

El Elefante en la Habitación: Los 40 Millones
Más allá de los problemas de convivencia y las diferencias generacionales, persiste la cuestión de los intereses económicos. Documentos presentados por la periodista Adis Tuñón, tía de Imelda, revelaron inconsistencias sobre los beneficiarios de las regalías de Joan Sebastian en cortes de Estados Unidos. La aparición del nombre de Marco Chacón en listas donde, según expertos, no debería figurar, alimentó las dudas sobre la verdadera motivación detrás del control de la fortuna.
Aunque la defensa de la familia Figueroa ha desestimado estos documentos calificándolos de errores administrativos, la renuncia de Chacón al cargo de albacea poco después de que la información saliera a la luz dejó interrogantes que, hasta la fecha, no han sido aclarados satisfactoriamente.
Un Legado Fracturado
La historia de esta familia es, en última instancia, un recordatorio de cómo la ambición y la falta de transparencia pueden corroer incluso los vínculos más profundos. Hoy, Maribel Guardia enfrenta múltiples procesos legales, y la reconciliación parece un horizonte lejano. Mientras tanto, el pequeño José Julián crece en medio de una tormenta que no eligió, ajeno a las cifras millonarias que llevan su nombre y a las batallas judiciales que intentan definir su futuro.
La pregunta que queda flotando en el aire es si el amor de abuela fue el motor real de estas acciones o si, como muchos sospechan, la ambición disfrazada de preocupación fue lo que finalmente destruyó el legado de paz que alguna vez se buscó construir. La verdad, aunque dolorosa, es necesaria para que las piezas de esta historia comiencen a encajar, dejando al descubierto que, en el juego de poder y dinero, los que más pierden son siempre los más inocentes.