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El Partenón de la infamia: El pacto de sangre, la masacre del río Tula y la sombra del “Negro” Durazo sobre Luis Miguel

Introducción: Cuando el agua devuelve el horror del poder
El 11 de enero de 1982, la quietud del río Tula, en Hidalgo, se rompió de forma definitiva . Un grupo de campesinos que revisaba las parcelas locales descubrió una escena espantosa flotando entre los carrizos de las aguas negras: un cuerpo, luego otro, y otro más . Al terminar la tarde, el recuento oficial sumaba doce hombres jóvenes atados, con evidentes marcas de tortura y el tiro de gracia detrás de la oreja, arrojados desde 70 metros de altura por el drenaje profundo de la capital . Alguien intentó que el subsuelo se los tragara para siempre, pero el agua tiene la mala costumbre de devolver lo que el poder le tira encima .

Meses antes de este macabro hallazgo, a 800 kilómetros de distancia, en una colina imponente sobre la bahía de Zihuatanejo, un niño de apenas 11 años, peinado a la raya y vistiendo un trajecito hecho a la medida, subía a una tarima para cantar . Frente a él, un hombre con uniforme militar y lentes oscuros sonreía desde la mesa de honor . El pequeño cantante era Luis Miguel Gallego Basteri ; el hombre que lo aplaudía y que poco después ordenaría la matanza del río Tula era Arturo Durazo Moreno, alias “El Negro”, el temido jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal . Esta es la crónica periodística de un sistema de terror que unió palacios griegos, esclavitud policial, la desaparición de una madre y el dolor oculto de la mayor estrella musical de América Latina.


El pacto de la colonia Roma: La factura de infancia que pagó México
Para entender cómo un solo hombre acumuló tanto poder absoluto, es necesario retroceder a mediados de la década de 1930, en una banca de madera de la colonia Roma, en la Ciudad de México . Allí se cruzaron las vidas de dos niños totalmente opuestos: uno era Arturo Durazo, hijo de una modesta familia de comerciantes que venía huyendo de la pobreza minera de Cumpas, Sonora ; el otro era José López Portillo y Pacheco, descendiente de un linaje aristocrático y político de gran alcurnia

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