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La Vida en la Cárcel del Monstruo de Ecatepec: Así Paga Sus Crímenes | Juan Carlos Hernandez Bejar

 

Tuvo cuatro hijos, una casa donde vendía ropa, celulares y perfumes y una rutina tan común que sus vecinos lo describían como un padre de familia tranquilo. [música] Nada hacía pensar que terminaría acumulando cientos de años de condena y convirtiéndose en uno de los casos criminales más impactantes de México.

¿Cómo pasó de llevar una vida aparentemente normal en Ecatepec a pasar el resto de sus días tras las rejas? Esa es la historia real de Juan Carlos Hernández Behar, el hombre que el país conocería como el monstruo de Catepec. Hoy vamos a repasar quién es, qué hizo durante 6 años sin que nadie en su colonia lo notara y sobre todo lo que muy pocos medios cuentan con [] detalle.

 ¿Cómo es su vida real dentro del penal donde está encerrado desde 2018? [música] Quédate hasta el final porque vas a descubrir qué le pasa a su salud mental dentro de esa celda y por qué incluso su propia pareja, presa en el mismo penal, le da una instrucción que parece sacada de una pesadilla. Suscríbete y activa [música] la campana porque aquí no nos quedamos en el crimen ni en los titulares.

 Te mostramos lo que ocurre después, cómo viven, cómo sobreviven y cómo pasan sus días en prisión. Las personas que alguna vez tuvieron dinero, poder, fama o influencia y lo perdieron todo para entender cómo terminó en el fondo de una celda de aislamiento en el Estado de México, hay que regresar a su origen.

 Juan Carlos Hernández Bejar nació en 1985 en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Años más tarde, en los expedientes psiquiátricos que se le hicieron tras su detención, los especialistas señalarían que su infancia fue uno de los puntos centrales para entender lo que después se convirtió en una serie de crímenes contra mujeres.

 No fue una infancia cualquiera y eso quedó documentado desde el primer momento en que la fiscalía mexiquense [música] empezó a armar su perfil. Según el perfil psicológico elaborado por especialistas y retomado por distintos medios mexicanos, Juan Carlos sufrió un traumatismo cráneoencefálico severo cuando [música] era niño.

 A eso se suma que, de acuerdo con las mismas evaluaciones, fue víctima de maltrato físico durante su infancia dentro de su propio hogar. Los especialistas que lo entrevistaron después de su arresto coincidieron en que esos antecedentes dejaron huellas neurológicas medibles, no solo emocionales. Esa combinación, según el análisis criminal que se hizo público en 2018, sería clave para entender el odio hacia las mujeres que él mismo reconocería abiertamente en sus declaraciones ministeriales.

Lo que ocurrió después en su cerebro, según los reportes médicos [música] del penal, es un dato poco conocido que sigue teniendo consecuencias hasta hoy. [música] Quédate hasta el final porque más adelante veremos qué encontraron los especialistas y cómo eso se relaciona con su comportamiento actual dentro de prisión.

 A esos antecedentes de infancia se suma otro dato que él mismo confirmó ante las autoridades. Durante su juventud consumió cocaína de forma constante. [música] Los especialistas en perfilación criminal que revisaron su caso lo incluyeron como un factor más dentro de un cuadro ya complicado por el golpe en la cabeza y el maltrato vivido en casa.

Ninguno de estos elementos, aclaran los propios expertos [música] consultados por la prensa mexicana en su momento, sirve como justificación de lo que hizo después. Simplemente forman parte del expediente que la fiscalía utilizó para definir si era o no responsable penalmente de sus actos. Antes de convertirse en el hombre que México conocería como el monstruo de Ecepec, Juan Carlos pasó 3 años en la milicia.

Ahí, según relató él mismo, lo apodaban El terror verde, un nombre que después pediría expresamente que se usara en los medios en lugar de monstruo. De acuerdo con su propio relato a los investigadores, durante esos años en operativos militares sus superiores permitían cierto grado de abuso de poder hacia las mujeres con las que se topaban, algo que él recordaría después como parte de su formación.

 Al salir de la milicia, Juan Carlos volvió a la vida civil sin ningún antecedente penal que hiciera sospechar a nadie de lo que vendría después. En 2008, conoció a la mujer que se convertiría en su pareja y, según las propias autoridades, en su cómplice, Patricia Martínez Bernal, [música] originaria también de Lázaro Cárdenas.

 Ella trabajaba entonces como mesera en un restaurante del Estado de México y él era un cliente frecuente que solía presumir dinero y gastar fuerte en el lugar. Algo que llamó la atención de Patricia desde el principio, lo que Juan Carlos le confesó a Patricia apenas iniciada la relación habría sido suficiente para que la mayoría de las personas se alejara de inmediato.

 Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Ella decidió quedarse y las razones detrás de esa decisión son uno de los aspectos más inquietantes de todo este caso. Juan Carlos le dijo a Patricia que se dedicaba a matar por encargo para la mafia local, [música] una historia que las propias autoridades consideran probablemente falsa, inventada para impresionarla.

 En lugar de alejarse, Patricia formalizó la relación y se mudó con él a una vecindad en Ecatepec, Estado de México, uno de los municipios con más feminicidios registrados en todo el país. Con el tiempo tuvieron cuatro hijos. Para sostener a la familia, la pareja vendía ropa, celulares y perfumes, [música] y también recolectaba aluminio para revenderlo en centros de reciclaje.

 Una rutina que para sus vecinos representaba, según declaraciones recogidas por la prensa local, una familia normal, de acuerdo con cifras del observatorio ciudadano nacional del feminicidio. Solo entre 2014 y 2017 se documentaron 1420 asesinatos de mujeres en todo el Estado de México.

 Una de las cifras más altas del país en ese periodo. Ecatepec, el municipio donde Juan Carlos y Patricia vivían, era de forma constante uno de los puntos más señalados dentro de esa estadística. El caso de la pareja no surgió en el vacío. Se gestó dentro de una de las zonas con mayor violencia contra las mujeres registrada en México durante esos años.

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