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La venganza de Palacio: Sheinbaum ordena a Harfuch desplegar una ofensiva judicial contra Samuel García y su familia por presunto huachicol fiscal millonario

El panorama político del norte de la República Mexicana se encuentra bajo el epicentro de un sismo institucional de dimensiones mayúsculas, cuyas réplicas amenazan con reconfigurar el mapa geopolítico de cara a las próximas sucesiones estatales. En un giro radical que mezcla la alta estrategia de seguridad del Estado con la descarnada lucha por el control de los bastiones económicos más importantes del país, se ha puesto en marcha desde el Palacio Nacional una ofensiva legal, fiscal y operativa de gran calado. Las directrices emanadas directamente desde el despacho de la presidenta Claudia Sheinbaum han instruido de forma perentoria al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en estrecha coordinación con la Fiscalía General de la República (FGR), para proceder de manera implacable en contra de la estructura corporativa, financiera y familiar que sostiene al gobernador del estado de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda, y a su padre, el reconocido abogado fiscalista Samuel Orlando García Mascorro.

Esta andanada judicial, que se ha traducido en la apertura de al menos 17 carpetas de investigación de carácter penal, no se limita a un simple diferendo político de orden local. Por el contrario, representa un despliegue masivo del aparato de justicia federal diseñado para desmantelar lo que en los círculos de investigación criminal y de análisis mediático e independiente se ha comenzado a denominar el “wachi-despacho”. El núcleo de la controversia radica en las actividades comerciales, de asesoría jurídica y de representación fiscal de la firma legal García Mascorro y Asociados (GMA), un prominente bufete con sede en el municipio de San Pedro Garza García, en el cual el actual mandatario estatal ha participado históricamente y mantiene intereses accionarios y corporativos junto a su progenitor y su hermano.

De acuerdo con los expedientes integrados por la autoridad ministerial y las filtraciones provenientes de fuentes internas del Congreso local, las empresas y sociedades ligadas a la familia García Sepúlveda habrían facturado una suma colosal que supera los 1,700 millones de pesos —una cifra equivalente a más de 90 millones de dólares de los Estados Unidos— durante los primeros años del ejercicio constitucional de la actual administración neoleonesa. La magnitud de estos ingresos ha encendido las alarmas del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), toda vez que resulta extraordinariamente inusual que un despacho especializado en consultoría fiscal, aun poseyendo una trayectoria de varias décadas en el mercado del noreste del país, logre consolidar volúmenes de facturación y utilidades de tal envergadura en un periodo tan sumamente comprimido.

El rastreo meticuloso del flujo de capitales efectuado por los sabuesos de la federación ha determinado una correlación estadística y documental alarmante: se calcula que prácticamente uno de

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