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La OSCURA VERDAD de Luis Miguel: Fama, Engaños y Misterio

 

Hay historias donde el brillo es tan fuerte que te ciega. Detrás de algunos ídolos, detrás de la fama y el éxito, hay secretos demasiado oscuros. Y si hablamos de oscuridad, pocas vidas en la música tienen un contraste tan brutal como la de Luis Miguel. Un niño que cantaba como un adulto, un adolescente que conquistó México y todo un continente, un hombre que cargó con un secreto tan pesado que casi lo termina destruyendo porque antes de ser el sol, antes de los Gramis, antes de ser amado por todos, era un hombre completamente

roto. Sí, me gusta. Disfruto la soledad. Es creo que es importante para para poder para poder estar más concentrado en todos los sentidos. Hoy vamos a hablar de todo. Los discos, las mujeres, el dinero, pero también la parte de su vida que no aparece en los show, sino la historia de un hombre que tuvo que sobrevivir a su propio origen y que tuvo que lidiar contra sus propios demonios.

Y cuando escuches todo lo que tenemos para contarte, te vas a quedar con el culo para el norte. ¿Estás listo? Porque lo que viene no es un chisme, no es una teoría, es la verdadera historia del sol contada desde la sombra. Todo empezó el 19 de abril de 1970 en San Juan, Puerto Rico. Un día común para el resto del mundo, pero no para la música latina.

 Una pareja daría luz a un bebé que se convertiría en una leyenda viva. Su nombre completo era Luis Miguel Gallego Basteri. Sus padres ya vienen con el ADN del espectáculo en la sangre. Su madre, Marcela Basteri, una actriz y modelo que tenía esa vibra dulce que te baja un cambio, apenas entra a una habitación.

 y su padre era Luis Gallego Sánchez, Luisito Rey, un cantante que nunca terminó de despegar, pero que vivía con la convicción absoluta de que la fama era un derecho, no un mérito, además de tener dos hermanos menores llamados Alejandro y Sergio Basteri. En su casa siempre habían risas, fotos familiares, un clima cálido, esa sensación de estar en un lugar que te pertenece.

 Marcela, sobre todo, lo mira como si fuera lo más valioso que le pasó en la vida y Mickey, como le decían, crece ahí entre brazos que lo contienen y un hogar que, al menos en la superficie parece estable. Lo nadie sabía es que ese mundo perfecto tenía fecha de vencimiento desde el día 1. A los 7 años, Mickey empieza a mostrar algo distinto, una intuición musical que no se aprende en ningún lado.

 Es un talento 100% natural. Y acá hay un detalle importante, nadie lo empuja todavía. No hay presión, no hay explotación, no hay escenarios, solo había una chispa, ese momento que divide la vida entre antes y después, aunque él no lo sepa. Luis Miguel iba a tener un talento tan grande que iba a llamar la atención de la persona menos indicada.

Ese fue el inicio de todo. Ahora tenemos que hablar más a fondo del otro protagonista en esta historia, del hombre conocido como Luisito Rey. A simple vista, Luisito tenía todo para ser un artista respetado, voz, presencia, carisma. Incluso llegó a tener un pequeño éxito en Argentina, una canción que le dio fama momentánea y lo hizo sentir que estaba a nada de convertirse en un icono.

 Pero después de ese chispazo vino el silencio. Las discográficas dejaron de llamarlo. Las oportunidades se fueron cerrando y su gusto por el alcohol y las vitaminas de la calle empezaron a arrastrarlo hacia un lugar oscuro. Bebía hasta desmayarse y tenía varios episodios de sobredosis que lo llevaron al hospital.

 El hombre tenía talento, sí, pero tenía otra cosa más fuerte todavía. Una ambición desmedida, casi desesperada. Pero nada le impidió hacer lo que quisiera con su hijo y obligarlo a tener una carrera de una forma u otra. Cuando vio a su hijo cantar por primera vez, algo dentro de él hizo click. Luisito lo vio como un proyecto a largo plazo.

 A partir de ese momento, la relación padre e hijo dejó de ser una relación humana y pasó a convertirse en una sociedad unilateral. Luisito era el jefe, el arquitecto, el dueño del plan y Mickey el instrumento. Lo trágico es que en esa mezcla explosiva entre frustración, orgullo y necesidad, Luisito empezó a convertirse en algo peor, un hombre dispuesto a sacrificarlo todo por un éxito prestado.

Sacrificar su rol como padre, su salud mental de su familia, todo. Luisito era tan inestable como un cartucho de explosivos. podía pasar del entusiasmo exagerado al enojo más feroz en cuestión de segundos y el consumo de las vitaminas de la calle solo empeoraban las cosas. Lo más perturbador es que justificaba todas sus acciones.

 Decía que era por el bien de su hijo, que era su destino y su oportunidad para sacarlos de la pobreza. Pero por más que lo repita una y otra vez, la realidad era otra. Luisito Rey quería triunfar a través de él. El tipo llevó a Luis Miguel al estrellato, pero al mismo tiempo la sombra que iba a marcarlo para siempre.

Hay momentos en la vida que no parecen importantes hasta que con el tiempo entendés que fueron el inicio de algo mágico. Y en la historia de Luis Miguel ese momento no vino en un estudio ni en un casting. Ocurrió en una catedral por pura casualidad. Se dice que un día en Cádiz, España, un coro infantil se encontraba a punto de cantar, pero pasó algo inesperado.

 Un niño decidió faltar y era una voz muy importante. La directora, desesperada, mira alrededor buscando un reemplazo y ahí está Mickey, un chico tímido, retraído, sin ganas de meterse al escenario, pero su familia lo anima a intentarlo. Y es acá donde todo cambió. Cuando abre la boca para cantar pasa algo que nadie vio venir.

 Tenía una potencia casi exagerada para su edad. La familia queda helada, no porque cante bien, sino porque canta demasiado bien al nivel de muchos artistas profesionales. Ese momento fue una epifanía, un descubrimiento, un flechazo musical, pero no para él, sino para todos los que lo escuchaban. El pequeño Luis todavía no era consciente de nada, pero ya estaba marcado.

 Quién sabe lo que hubiera pasado si ese niño del coro no hubiera faltado ese día. Como dicen, todo ocurre por alguna razón y esa casualidad cambió la música latina para siempre. En la historia de Luis Miguel hay tres movimientos que su padre realizó casi en cadena. Tres pasos que combinados armaron la maquinaria que lo transformaría en fenómeno y al mismo tiempo en prisionero.

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