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La ESTAFA del ALBUM de la COPA DEL MUNDO es más TURBIO de lo que parece 

 

Quiero que piensen en un recuerdo específico, el sobre entre los dedos, el ruido al abrirlo, la ilusión de que esta vez te toca el que te faltaba, la cara de tu amigo cuando tenía el mismo cromo repetido tres veces y vos le ofrecías dos de los tuyos por uno solo de los que necesitabas. Eso era completar un álbum.

No había matemática, no había especulación, no había mercado secundario, era fútbol puro con pegamento en los dedos y un álbum que avanzaba página por página. Eso se terminó. Hoy completar el álbum del Mundial 2026 puede costarte más de $10,000. Un solo cromo, uno solo, se vendió en su $13,000. Y cuando les digo que hay una colección paralela de más de 11,000 cromos distintos para este mundial, no estoy exagerando, eso existe.

 Y Panini nunca lo anunció en ningún aviso publicitario. Pero hay algo más turbio que los precios. Hay una razón muy específica por la que este álbum, justo este, el de 2026, es el más grande, el más caro y el más imposible de completar que Panini lanzó en toda su historia. Una razón que no tiene nada que ver con el fútbol y que vamos a revelar al final de este video.

 Primero necesito contarles cómo llegamos acá. Corso Duomo, centro de Modena, Italia, principios de los años 50. Dos hermanos, Giuseppe y Benito Panini, tienen un kiosco de diarios. venden revistas, periódicos, lo que llegue. No son editores, no son creativos, son distribuidores, mueven papel. En ese momento el mercado de figuritas en Italia lo controlaban otras empresas BAB, Lampo, Nanina, todas vendían las estampitas sueltas una por una sin sobre, sin sorpresa.

 Del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, era Tops quien dominaba con tarjetas coleccionables de béisbol, también sueltas, también predecibles. Los hermanos Panini, como cualquier kiosquero, vendían también esas figuritas y muy rápido se dieron cuenta de algo. eran lo más pedido del mostrador, mucho más que las revistas.

Entonces decidieron dar el salto y fabricar las propias. Y acá viene el primer fracaso épico de esta historia. El primer producto que Juspe quiso lanzar al mercado fueron tarjetas de flores. Sí, flores, no jugadores, no fútbol, no deporte, flores decorativas. Como era de esperarse, el proyecto murió antes de nacer y las figuritas quedaron guardadas en algún rincón del depósito.

Pero pocos años después, en 1960, llegó el golpe de suerte que cambiaría todo. La empresa Nanina tenía un lote de figuritas que no había podido vender estampitas del Campeonato Italiano de Fútbol. Las estaba liquidando casi a precio cero. Los hermanos Panini las compraron. Y acá está la decisión que lo cambió todo.

 En vez de vender las figuritas sueltas como hacía todo el mundo, las juntaron de a dos, las metieron en un sobre y no le dijeron al comprador qué había dentro. El factor sorpresa, el azar. Una cosa así parece obvia en retrospectiva, pero nadie lo había hecho antes y el resultado fue inmediato. Agotaron el lote completo y vendieron 3 millones de sobres en el primer año.

 En el segundo año 29 m000ones. En 1961, Giuseppe fundó formalmente Panini. Ese mismo año lanzaron su primer álbum propio, El Calciator, 1961 a62, con los jugadores de la serie A italiana. Si hoy buscan ese álbum en el mercado de reventa, el precio ronda entre 4,000 y $6,000. El crecimiento no paró. Para sostener la producción, Humberto Panini, uno de los hermanos que se sumó más tarde, inventó en 1963 la máquina Fifimatic, un aparato que mezclaba automáticamente las figuritas para evitar que todos los sobres trajeran los mismos cromos y las

empaquetaba a escala industrial. Antes ese proceso se hacía a mano con palas y mantequeras de queso. En serio, la Fifiimatic existe todavía. Hoy en la fábrica de Modena produce cerca de 11,000000es de sobres por día, pero en los años 60 con toda esa capacidad productiva, Panini seguía siendo una empresa italiana para un mercado italiano.

 El álbum del calcio era popular, pero nunca iba a cruzar el océano. Para convertirse en lo que llegaron a ser, necesitaban algo que el mundo entero mirara al mismo tiempo. Necesitaban el mundial. 1970, México organiza la Copa del Mundo por primera vez. Es el primer mundial que se transmite en color por televisión.

 Pele está en su último torneo. El mundo entero va a mirar. Panini va a la FIFA y cierra un acuerdo para ser el proveedor oficial del álbum de figuritas del torneo. El acuerdo les permitía usar toda la simbología oficial, mascota, estadios, nombre y logo de la FIFA. Para los escudos y jugadores de cada selección tenían que negociar por separado con cada federación.

 Panini hizo la tarea, cerró todos los acuerdos y el primer álbum oficial de figuritas de un mundial vio la luz. Ese álbum tenía 50 páginas y 288 figuritas. Era pequeño, muchas fotos en blanco y negro y había que pegarlas con pegamento porque las autoadhesivas llegaron recién en el álbum de Alemania 1974. Hoy ese álbum de México 1970 es una de las colecciones más cotizadas de la historia.

 En 2017 se vendió un ejemplar completo firmado dos veces por Pelé, una en la portada y otra en su propia figurita por 10,450 libras en su basta. A partir de ahí, el modelo se replicó en cada mundial y con cada edición el álbum creció. Más páginas, más selecciones, más jugadores por equipo. En España 1982 aparecieron por primera vez las insignias brillantes, esas que todos guardaban con más cuidado que las demás.

En cada edición algo nuevo que hacía más deseable completarlo. Panini no se quedó en el mundial con la misma lógica. Fue expandiéndose por todos los torneos que el mercado le permitía en 1977. entraron al fútbol inglés en 1980 a la Eurocopa, después la Champions, la Copa América, la Copa Libertadores, la Liga española.

 En 2009, cuando se metieron en NBA y NFL en Estados Unidos, tenían presencia en prácticamente cada deporte importante del planeta. Los números lo dicen todo. En 2014, el año del Mundial de Brasil facturaron 758,000000. En Rusia 2018,140,0000. En Qatar 2022, según datos de la propia empresa obtenidos por The Athletic, las ventas netas del mundial solas llegaron a 720 millones y el total de la compañía superó los 2,000 millones dó.

 Eso es lo que construyeron en 56 años y eso es exactamente lo que están a punto de perder. Pero eso lo vamos a contar al final porque antes hay que entender el mecanismo. Porque para que un negocio así funcione a esa escala no alcanza con que la gente quiera el álbum. Tiene que haber una trampa matemática que haga que nunca pares de comprar sobres.

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