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Fernando Soler Se ENFURECIÓ Cuando Supo Que Pedro Infante Sería La Estrella

Fernando Soler Se ENFURECIÓ Cuando Supo Que Pedro Infante Sería La Estrella 

Esta es la historia de como el orgullo herido de un gran actor y el miedo de una estrella en ascenso casi destruyeron una de las películas más importantes del cine mexicano. Fernando Soler y Pedro Infante protagonizaron un enfrentamiento de egos en 1949 que pudo haber cancelado la oveja negra antes de filmarse.

 Lo que parecía una batalla perdida se transformó en una de las relaciones más conmovedoras de la época de oro. Somos rumores VIP y hoy vamos a descubrir la verdad detrás de la tormenta que casi separa a estos dos gigantes del cine nacional. Y como esa misma tormenta forjó un vínculo que terminó con Fernando Soler llorando frente al féretro de Pedro Infante en 1957.

[música] Para entender la magnitud de este conflicto, primero necesitamos conocer a estos dos hombres. Fernando Soler nació el 24 de mayo de 1896 en Saltillo, Coahuila. Su verdadero nombre era Fernando Díaz Pavía, pero adoptó el apellido artístico que lo convertiría en leyenda. Pertenecía a la dinastía actoral más importante de México, los hermanos Soler, Andrés, Domingo, Julián, Mercedes e Irene.

 Seis hermanos que conquistaron el cine, el teatro y la radio. Fernando no era un actor cualquiera. Había estudiado teatro clásico desde niño. Trabajó en compañías profesionales desde la adolescencia y durante la revolución mexicana su familia emigró a California, donde él estudió administración antes de regresar definitivamente al mundo del espectáculo.

 [música] Para 1949, Fernando Soler había actuado en más de 100 películas y dirigido 22. Había trabajado con Luis Buñuel en tres filmes. Era el secretario general fundador de la Anda en 1933 y presidente de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas de 1946 a 1950. Él mismo lo diría años después. Era considerado el mejor actor de habla hispana de su época.

 Su especialidad eran los papeles de padres autoritarios, hombres de poder, figuras imponentes. Era un actor de método que estudiaba sus personajes hasta lograr el dominio absoluto de ellos. un perfeccionista, un profesional consagrado. Ahora hablemos de Pedro Infante. José Pedro Infante Cruz nació el 18 de noviembre de 1917 en Mazatlán, Sinaloa.

 Era el tercero de 15 hermanos, de los cuales solo sobrevivieron nueve. En una familia humilde donde su padre tocaba el contrabajo para sobrevivir. Pedro nunca terminó la primaria, solo llegó hasta cuarto año. No era actor de formación. era carpintero, un trabajador manual que cantaba por afición hasta que la radio lo descubrió.

 Pero para 1949, ese carpintero, sin preparación académica se había convertido en el fenómeno más grande del cine mexicano. En apenas 10 años había filmado más de 30 películas y grabado cientos de canciones. Era el ídolo de México. Las mujeres se desmayaban cuando lo veían. Los hombres querían ser como él. Dos mundos completamente opuestos.

 El actor de teatro clásico versus el carpintero autodidacta, el veterano consagrado versus la estrella joven, la técnica refinada versus el talento natural. Y estos dos titanes estaban a punto de chocar. Ismael Rodríguez era uno de los directores más importantes de la época de oro. Había dirigido a Pedro Infante en varios éxitos y tenía un proyecto ambicioso, una película sobre un padre autoritario y alcohólico que hace sufrir a su familia, especialmente a su hijo bondadoso.

 Un drama familiar con toques de comedia que criticaría el machismo mexicano. El guion de la oveja negra era perfecto y Rodríguez sabía exactamente quién debía interpretarlo. Fernando Soler como el padre déspota, Pedro Infante como el hijo sufrido. Cuando Ismael Rodríguez contactó a Fernando Soler, el veterano actor aceptó con entusiasmo un papel jugoso, dramático, complejo, exactamente lo que él dominaba.

 Fernando asumió naturalmente que él encabezaría el reparto. Era lógico. Era el actor consagrado, el maestro, el que tenía más experiencia. Pedro Infante pensaba Soler, sería el apoyo, el segundo crédito. Pero entonces Fernando Soler recibió los créditos finales. Su nombre aparecería en segundo lugar. Pedro Infante sería la primera estrella, el carpintero antes que el maestro, el joven antes que el veterano.

Fernando Soler se enfureció. No era solo orgullo herido, aunque había mucho de eso. Era la realidad golpeándolo en la cara. [música] Su fuerza para encabezar repartos estaba perdiendo poder. En el teatro seguía siendo el gran actor, pero en el cine los tiempos estaban cambiando. Las nuevas generaciones querían ver a Pedro Infante, a Jorge Negrete, a los galanes jóvenes que cantaban y enamoraban.

 Los papeles de padre autoritario ya no vendían entradas por sí solos. Ismael Rodríguez tuvo que enfrentar a un Fernando Soler visiblemente molesto. Las fuentes históricas documentan que el director tuvo que convencer al actor a regañadientes de aceptar el segundo crédito. Fueron conversaciones difíciles.

 Fernando Soler se sentía relegado, humillado, empujado a un segundo plano por alguien sin formación académica, sin estudios teatrales, sin la técnica que él había perfeccionado durante décadas. Finalmente aceptó, pero aceptó enojado. Y justo cuando Ismael Rodríguez pensaba que lo peor había pasado, llegó el segundo problema. Pedro Infante llegó a una reunión de preproducción días antes de comenzar el rodaje.

 Ismael Rodríguez lo encontró nervioso, inquieto, con una preocupación evidente en el rostro. Y entonces Pedro soltó la bomba. Quería abandonar la película. El director no lo podía creer. Pedro Infante, el ídolo de México, el que había protagonizado éxitos tras éxitos queriendo renunciar. Las palabras exactas de Pedro Infante quedaron documentadas en las memorias de Ismael Rodríguez y son reveladoras.

 Es que trabajar con don Fernando me da mucho miedo. Él es un gran actor y yo soy un simple carpintero sin preparación en actuación. Ahí estaba la verdad. Mientras Fernando Soler se sentía humillado por quedar en segundo lugar, Pedro Infante estaba aterrado de trabajar con él. El carpintero de Mazatlán, el que nunca terminó la primaria, el autodidacta que había aprendido todo frente a las cámaras, iba a compartir escenas con el mejor actor de habla hispana, con un hombre que había estudiado teatro clásico, con alguien que dominaba la técnica actoral

como nadie. Pedro se sentía un impostor y no era para menos. Además del miedo profesional, venía arrastrando problemas físicos. El 22 de mayo de 1949, [música] apenas meses antes, había sufrido un terrible accidente aéreo en Sitácuaro, Michoacán. Sobrevivió de milagro, pero tuvo que operarse y le colocaron una placa de platino en el cráneo. Su audición quedó afectada.

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