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EL CABRITO ARELLANO: CONFESÓ LO QUE LE HIZO A SU PROPIA SOBRINA

 

Tres títulos de liga, tres mundiales con la selección, 409 partidos con Rayados y ese mismo hombre destrozándole la vida a su propia sobrina de tan solo 16 años. Prófugo de la justicia mexicana desde hace 6 años, desaparecido hasta hoy. Te lo advierto, no fue casualidad. Fue la caída pública más oscura de toda la historia.

 Hoy vas a saber la asquerosa verdad sobre lo que le hizo a su propia sobrina y la macabra razón por la que esa niña esperó 3 años para contarlo. Aún más oscuro, ¿no? Los seis días exactos sobre el penal del topo chico. ¿Y por qué la asquerosa jueza lo dejó libre? Y lo más asqueroso de toda esta historia, la división familiar más brutal del fútbol mexicano.

 El propio hermano denunciándolo, la propia esposa defendiendo a Arellano. Quédate hasta el final. Pero antes debe saber cómo llegó al cuarto donde le destrozó la vida oficialmente a la sobrina de 16 años. Y antes de llegar a ese cuarto, tienes que entender algo, porque lo que ocurrió sobre la casa de la colonia Cumbres Soro no empezó ese día, empezó mucho antes, sobre un barrio humilde de la ciudad de Monterrey, donde nadie tenía pesos, donde un niño flaco corría descalzo detrás de una pelota de ule mientras el sol de mayo le quemaba la espalda. Ese

niño se llamaba José de Jesús Arellano Alcoser. Nació el 8 de mayo del año 1973. La ciudad lo recibió con los regalos de siempre del norte mexicano. Calor seco, cerros pelones, eh, no y un estadio sobre el horizonte que parecía imposible para un niño como él. La familia Arellano vivía apretada sobre una casa pequeña, padre trabajador, madre de tiempo completo en la cocina y varios hermanos compartiendo cuarto.

 El mayor sería el primero en marcar la vida del cabrito. El menor de los hermanos hombres marcaría su muerte civil 39 años después. Pero falta mucho para esa noche. Por ahora hay que volver al patio. Porque sobre ese patio Jesús aprendió lo único que sabía hacer mejor que el resto del mundo. Correr. El niño corría más rápido que cualquier otro, más rápido que los primos, más rápido que los vecinos, más rápido que los muchachos mayores del barrio, que le sacaban dos cabezas de estatura.

 Lo llamaron cabrito desde pequeño por una razón sencilla. Pegaba brincos como cabra montés sobre las piedras del cerro de Monterrey y nadie le ganaba sobre la línea recta. El apodo se le pegó como segunda piel y lo acompañaría hasta el día de la audiencia más oscura de su vida.

 ¿Te acuerdas del año 92 del fútbol mexicano? La época dorada de los rayados todavía no llegaba. El equipo era de medio camino. Caminaba por la Liga Mexicana sin gloria reciente, sin proyecto deportivo concreto y sin esperanza real de campeonato. Y entonces apareció el muchacho que cambiaría todo el norte regio montano. Jesús entró a las fuerzas básicas del club de fútbol Monterrey con apenas 19 años de edad.

Llegó con el pantalón roto, llegó con tenis prestados, llegó con la velocidad que nadie sobre la ciudad había visto antes. Los entrenadores se voltearon a verlo el primer día de práctica. El muchacho de Monterrey corría sobre la banda derecha como si la cancha le perteneciera. Regateaba al lateral, regateaba al volante, regateaba al portero y mandaba el balón al fondo de la red.

 Lo apuntaron sobre la lista del primer equipo esa misma semana. y empezó la cuenta regresiva hacia la gloria. El 5 de febrero del 94, Jesús Arellano hizo su debut profesional. El partido fue contra el Puebla. El marcador terminó 1 a un, pero ese empate insignificante sobre los libros de la Liga Mexicana esconde algo brutal.

 Ese empate fue el primer paso del séptimo mexicano de toda la historia en disputar tres copas del mundo seguidas con la selección mexicana y nadie sobre el estadio lo sabía. Su talento explotó tan rápido que dos años después ya estaba sobre la convocatoria del entrenador Manuel La Puente para los Juegos Olímpicos de Atlanta del año 96.

Tenía 23 años, 5 meses sobre la primera división. y ya cargaba la camiseta del tricolor sobre los hombros más jóvenes del torneo. El mundo del fútbol mexicano empezaba a voltear hacia Monterrey. El cabrito hacía cosas sobre la banda que ningún otro mexicano de los últimos años podía hacer.

 velocidad pura, regate seco, centro medido al milímetro y una mentalidad de ganador que pocas veces se ha visto sobre el norte regio montano. Pero el verdadero estallido del cabrito arellano sobre el fútbol internacional llegaría exactamente 2 años después. sobre la ciudad de Burdeos, sobre el mundial de Francia del 98, sobre el partido más recordado del tricolor, sobre los últimos 50 años seguidos del fútbol mexicano.

 ¿Recuerdas ese sábado de junio del 98? Tenías la televisión encendida sobre la sala de tu casa. La voz de Hugo Sánchez relataba desde los micrófonos de Televisa y México estaba perdiendo 2 a0 contra Bélgica. El partido se acababa. La esperanza se acaba, la Copa del Mundo se acababa para los aficionados mexicanos y entonces apareció el cabrito arellano sobre la cancha del parque Lescure de la ciudad francesa.

 El número 14 de la selección mexicana entró por el costado derecho. Era el cambio de lujo, el cambio que nadie esperaba, el cambio que cambiaría la historia del tricolor sobre el Mundial 98. Te voy a decir exactamente cómo sucedió, porque pocos espectadores recuerdan los detalles, casi todos recuerdan el gol final, casi nadie recuerda quién lo armó y la verdad es que sin el cabrito arellano ese gol jamás habría existido sobre los archivos oficiales de la FIFA.

 Vamos paso a paso sobre la jugada. El partido iba sobre el minuto 62 cuando Jesús recibió la pelota sobre la línea central. Disputa con un belga pierna sobre pierna y el cabrito ganó la pelota limpia. Se la pasó a Cuautemoc Blanco. Le indicó con la mano dónde quería el regreso y Cuautemok le devolvió la pelota sobre la banda derecha. Los caminos estaban cerrados.

Tres belgas marcaban al cabrito sobre el costado y entonces hizo lo único que un genio del balonpié regio montano podía hacer sobre esa situación. Abrió la pelota hacia el otro extremo de la cancha. Ramón Ramírez recibió el pase imparable. El siete del tricolor rompió la banda izquierda, mandó un centro pasado hacia el área belga y Cuautemoc Blanco se arrojó hacia adelante con la pierna izquierda, con la pierna mala, con la pierna del cuu casi nadie había visto antes.

 El número 11 del tricolor acarició el balón sobre el aire. La cuautemiña histórica del mundial 98 2 a dos sobre burdeos del año 98 y sobre las salas de México. La voz inconfundible de Hugo Sánchez rompió el silencio doloroso. Gu, gu de México. Pero te lo advierto, sin el cabrito arellano sobre esa jugada exacta de la banda derecha del estadio francés, Cuutemoc Blanco jamás habría podido hacer la cuautemiña sobre la pierna izquierda.

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