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Así vive Nicolas Maduro en la cárcel y como está destruyendo su salud mental

 

Imagínate tenerlo todo. No hablamos de tener una buena casa o un buen carro. Hablamos de controlar un país entero, de tener el poder de decidir quién entra  a la cárcel y quién no, quién come y quién no, quién puede hablar y quién se queda en silencio para siempre. Imagínate tener acceso a petrodólares, a  cuentas en el extranjero, a jets privados, a guardaespaldas las 24 horas, a médicos personales,  a chefs que preparan lo que pidas a cualquier hora.

 Imagínate ser tan poderoso que hasta los presidentes de otros países te llaman para pedirte  favores, que los generales de tu ejército te deben su carrera y su libertad, que los jueces de tu país fallan según lo que tú necesitas que fallen. Imagínate llevar más de una década en ese lugar y haber llegado a creer con toda la certeza del mundo que eso no puede terminar, que el poder que tienes es tan profundo, tan estructural,  tan incrustado en cada institución del país, que ninguna fuerza exterior podría removerte de ahí.  Ahora

imagínate despertar un día y que todo eso haya desaparecido. Imagínate que ahora estás en una celda de 2 m por 3 sin ventana al exterior, con una sola bombilla encendida en el techo todo el día y toda la noche. Porque en ese lugar no existe la diferencia entre el día y la noche, solo existe la luz artificial y el concreto.

 Pasando frío, el frío húmedo y constante de Brooklyn en invierno que se filtra por las paredes de hormigón con una paciencia que no tiene apuro, comiendo lo que te dan, sin que nadie te consulte y sin que nadie espere tu aprobación, sin poder ver a tu esposa, aunque esté en el mismo edificio, sin poder hablar con tus aliados, sin poder dar una orden que alguien obedezca, sin  poder encender o apagar esa luz, sin poder decidir a qué hora comer, a qué hora salir.

a qué hora volver sin poder controlar absolutamente nada. Solo tú, esas cuatro paredes de concreto, el peso de los grilletes en las muñecas y en los tobillos cada vez que te mueves y la certeza aplastante de que nadie va a venir a rescatarte. Esa es la vida de Nicolás Maduro hoy. Y lo que te estás a punto de escuchar sobre lo que le está pasando dentro de esa cárcel va a cambiar la forma en que entiendes esta historia.

 En este video vamos a entrar paso a paso dentro de la celda de Nicolás Maduro en el MDC Brooklyn. Vamos a conocer cómo son sus días, qué come, cómo lo tratan, qué puede y qué no puede hacer, cómo lo vigilan las 24 horas. ¿Qué significa llevar grilletes  en manos y pies cada vez que sales al pasillo? ¿Cómo es el frío que no se va nunca? ¿Cómo es la comida que le meten por una ranura? ¿Qué presos famosos  están en ese mismo edificio y lo que eso implica para él? Pero lo más importante, lo que tienes que quedarte a  escuchar

hasta el final de este video, son los rumores y testimonios que están comenzando a circular sobre sobre el estado mental de Maduro. que hay personas dentro de esa prisión que están escuchando cosas por las noches que no tienen explicación fácil, cosas que pintan un cuadro muy diferente al del hombre que se presentaba ante el mundo como el líder irreemplazable de la Revolución Bolivariana,  cosas que cuando las escuches van a hacerte entender que la verdadera historia de la caída de Maduro no es la captura, es lo que está ocurriendo

después. Y si te gusta conocer la vida real de los criminales más  famosos del mundo dentro de la prisión, suscríbete ahora al  canal. Aquí contamos lo que los medios convencionales no se atreven a decir. Para entender lo que está viviendo hoy, hay que entender primero desde qué altura cayó, porque la distancia entre lo que fue y lo que es ahora es tan brutal que sin ese contexto, el encierro parece solo una inconveniencia.

 No lo es. Y para entender por qué no lo es, hay que entender quién construyó ese poder, cómo lo construyó y sobre qué base se sostuvo durante más de una década. Nicolás Maduro Moros no nació en el poder ni en la riqueza. Nació el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, en el barrio Popular de El Valle.

 En una familia de clase trabajadora. Estudió en escuelas públicas, nunca terminó una carrera universitaria formal y su primer trabajo conocido fue como conductor de autobús del metro de Caracas a finales de los años 80. Era un joven con ideas políticas de izquierda radical, miembro activo del Sindicato de Trabajadores del Metro, que se fue acercando poco a poco a los círculos del movimiento bolivariano que crecía alrededor de Hugo Chávez en los años  90.

 Era leal, disciplinado y, sobre todo, dispuesto a hacer lo que le pidieran sin hacer demasiadas preguntas. Esas cualidades en el mundo del poder chavista resultaron ser exactamente lo que se necesitaba para ascender. Fue la relación con Chávez lo que lo transformó todo. Maduro fue diputado de la Asamblea Nacional, presidente de ese cuerpo legislativo, canciller durante años clave en los que Venezuela construyó alianzas  con Cuba, Rusia, Irán y China y finalmente el heredero designado por Chávez en su lecho de muerte en 2013.

Chávez lo señaló públicamente en un video grabado cuando ya estaba gravemente enfermo de cáncer. Dijo que si él no podía continuar, el pueblo debía votar por Nicolás Maduro. Esa bendición, pues se pone por el certificado de legitimidad que Maduro necesitaba porque sin Chávez nadie lo habría elegido espontáneamente como líder  de nada.

 ganó las elecciones presidenciales de abril de 2013 por un margen de apenas el 1,5% en medio de denuncias de irregularidades que nunca fueron investigadas  de manera independiente. La oposición liderada por Enrique Capriles rechazó los resultados. El Consejo Nacional Electoral, controlado por el chavismo, validó la victoria sin permitir una auditoría completa.

 Maduro asumió la presidencia con menos legitimidad popular que cualquier gobernante venezolano en décadas. Y desde ese momento, en lugar de construir consenso, construyó control, porque era lo único que sabía hacer y lo único que tenía para mantenerse. Durante más de una década, Maduro gobernó Venezuela con una mezcla calculada de represión, manipulación electoral, control de las fuerzas armadas y alianzas con grupos criminales y carteles de narcotráfico que le garantizaban recursos y lealtad.

Bajo su gobierno, más de 7 millones de venezolanos abandonaron el país en lo que se convirtió en la mayor crisis migratoria de la historia de América Latina. La economía colapsó a niveles que borraron los ahorros de varias generaciones.  La inflación llegó a cifras que superaban el 1ón% en algunos  periodos.

 Los hospitales quedaron sin medicamentos básicos, sin equipos,  sin capacidad de atender emergencias. La gente buscaba comida en la basura, los servicios públicos colapsaron. Y mientras eso ocurría, Maduro y su círculo más cercano acumulaban fortunas de origen inexplicable. Controlaban  el tráfico de drogas a través de instituciones del Estado y ordenaban la detención, tortura y desaparición de opositores, periodistas y activistas.

 La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo acusó formalmente de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a Estados Unidos,  uso de armas de fuego en crímenes violentos y posesión de armamento de uso militar. La acusación describe una organización criminal que usó el aparato del Estado venezolano, sus fuerzas armadas, su inteligencia y sus instituciones  como infraestructura para el narcotráfico a escala industrial.

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