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Así Paga condena “El Coqueto”: Sin poder Caminar y Sin Visitas en 14 Años

 

¿Cuál es tu nombre completo? César Armando Librado. Legorreta. ¿Cómo te dicen? Coqueto. Durante años, César Armando Librado Legorreta, llevó una vida que parecía completamente normal. Era conductor de microbús, padre de familia y un vecino más en el Valle de México. Nadie imaginaba que detrás de esa rutina cotidiana  se ocultaba una de las historias, criminales más impactantes del país.

 Hoy conocido como El Coqueto, ya no recorre las calles ni decide cómo vivir  sus días. cumple una condena de casi 300 años en el penal de máxima seguridad de Tepachico, donde pasa sus días bajo estrictas medidas de control y vigilancia, lejos de la vida que alguna vez conoció. Hoy vamos a contarte cómo son sus días, qué come, con quién convive, si tiene visitas, si tiene actividades, cómo es la rutina dentro de ese módulo de alta peligrosidad donde lo tienen encerrado, ¿qué pasa con su familia? ¿Qué dijo él mismo cuando

rompió el silencio en 2024? Y algo sobre su cuerpo que cambió todo desde aquella noche de 2012 y que define su realidad física hasta hoy. Hoy vamos a recorrer la historia de César Armando Librado Legorreta, conocido como El Coqueto. Veremos quién era antes de convertirse en uno de los criminales más conocidos de México, qué hizo para terminar condenado a pasar el resto de su vida en prisión y sobre todo, ¿cómo es su realidad actual tras más de una década tras las rejas? Quédate hasta el final porque vamos a revelar un detalle sobre

el estado físico de el coqueto que muy poca gente conoce, algo que no está escrito en ninguna sentencia, pero que es parte de la condena que carga en el cuerpo cada día. Y antes de comenzar, si aún no te has suscrito al canal, te invitamos a hacerlo. Activa también las notificaciones para no perderte los próximos videos.

 Aquí repasamos la historia de famosos narcotraficantes, políticos, influencers y otras figuras públicas para descubrir cómo cambiaron sus vidas después de llegar a prisión. Para entender quién es César Armando Librado Legorreta, hay que conocer de dónde viene. Nació el 16 de junio de 1982 en Tenango del Valle, Estado de México.

 Hoy tiene 43 años. Creció en el área metropolitana del Valle de México. Formó no una sino dos familias en paralelo. Tuvo un hijo con una mujer llamada Mónica y vivía con otra América, con quien también tenía un hijo. En Tultitlán, en su vida cotidiana, era el chóer de siempre. Un hombre que madrugaba para tomar su microbús hacía su ruta, regresaba y volvía a hacer lo mismo al día siguiente.

 Trabajaba en la ruta 2 del transporte público, la que conecta el metro Chapultepec en la ciudad de México con Valle Dorado, en el municipio de Tlanepantla, Estado de México. También operó en la ruta 27. Esos recorridos los conocía de memoria. Sabía cuáles tramos eran más solitarios en la madrugada, cuáles zonas tenían menos iluminación, dónde podía desviar el microbús sin que nadie lo viera fácilmente.

Ese conocimiento del territorio fue parte de lo que le permitió hacer lo que hizo. Durante tanto tiempo, su microbús tenía matrícula Cetx 12 TL06. Era una unidad blanca con verde ordinaria, como miles que circulan en esa zona. En el espejo delantero tenía pegada una calcomanía con la palabra el coqueto.

 No fue un apodo que los medios inventaron ni un nombre que él mismo eligió como identidad criminal. Era literalmente el letrero decorativo que tenía en su propio vehículo, de esos que los chóeres del transporte público en México usan para personalizar sus unidades. Ese letrero accidental terminó siendo el nombre con el que lo conoce todo México.

 A simple vista, la vida de un conductor de microbús en el Valle de México no tiene nada de extraordinario. Son jornadas largas, muchas veces comenzando antes del amanecer y terminando entrada la noche. Miles de pasajeros suben y bajan cada semana sin recordar siquiera el rostro de quien conduce. Es un trabajo agotador, rutinario y en muchos casos invisible.

Las rutas que conectan la Ciudad de México con los municipios del Estado de México forman parte de la vida diaria de millones de personas. Estudiantes, trabajadores, comerciantes y empleados dependen de ellas para llegar a sus destinos. La confianza en el conductor es parte natural de ese sistema. Una vez que alguien se sube a la unidad, asume que llegará a donde necesita ir.

 Para quienes utilizaban esas rutas de  forma habitual, César Armando era simplemente uno más entre cientos de conductores. Su presencia no generaba sospechas, no tenía antecedentes conocidos por quienes convivían con él y tampoco proyectaba una imagen que llamara especialmente la atención. Esa normalidad fue precisamente una de sus mayores ventajas, mientras su rutina parecía idéntica a la de cualquier otro trabajador del transporte público.

 Nadie imaginaba que detrás de esa apariencia se estaba desarrollando una historia que años después ocuparía titulares en todo el país. En esa ruta, de noche y madrugada, esperaba el momento adecuado. Cuando el microbús quedaba casi vacío y había una mujer sola a bordo, actuaba. Simulaba una falla mecánica,  bajaba a los demás pasajeros, le ofrecía ella llevarla hasta su destino si esperaba, mientras arreglaba la unidad.

Antes de llegar a donde ella quería ir, desviaba la ruta. Lo que ocurría  después, él mismo lo describió con frialdad total cuando lo capturaron, sin alterarse sin una lágrima,  con los ojos fijos en un punto de la pared. Sus víctimas tenían entre 16 y 35 años.

  Tenían nombres, tenían familias, tenían vidas. Y hay algo sobre la primera de sus víctimas que nadie esperaba. Sobrevivió y su decisión en ese momento fue lo que años después permitió identificar a El Coqueto. Eso te lo cuento ahora. Los crímenes del coqueto comenzaron antes de lo que muchos creen. No en 2011, sino en 2010. En junio de ese año, atacó a una joven de 19 años en Tlalnepantla.

 La atacó gravemente y la dejó creyendo que no había sobrevivido. Pero ella sobrevivió. fingió estar muerta hasta que él se alejó. Después se puso a salvo y denunció. Esa denuncia no generó una captura inmediata, pero quedó en el expediente y la descripción que ella dio del agresor fue una pieza clave cuando las investigaciones se intensificaron meses después.

 El coqueto nunca supo que esa primera víctima estaba viva y eso con el tiempo lo delató. A medida que comenzaron a conocerse los casos, muchas mujeres modificaron sus hábitos cotidianos. Algunas dejaron de utilizar ciertas rutas durante la noche. Otras preferían esperar más tiempo para viajar acompañadas. El miedo empezó a extenderse mucho antes de que existiera un responsable identificado.

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