Antes de morir, Fernando Almada reveló la impactante verdad sobre Mario Almada
Esta es la historia de dos hermanos que conquistaron el cine mexicano filmando más de 450 películas juntos. Pero uno de ellos desapareció completamente del medio mientras el otro se convertía en leyenda. Y la verdad impactante es esta. Sin Fernando Almada, Mario Almada nunca habría existido.
Mario Almada murió en 2016 como una celebridad con homenajes nacionales y millones de mexicanos llorando su partida. Pero cuando llegó ese momento, su hermano Fernando, quien lo había creado como actor, no dijo una sola palabra. Llevaba 13 años viviendo en el anonimato, rechazando entrevistas, negándose a hablar del cine. Y esa decisión revela mucho más de lo que imaginamos sobre quiénes fueron realmente estos dos iconos del cine mexicano. Comencemos por el principio.
Mario Almada Otero nació el 7 de enero de 1922. Fernando Almada Otero llegó 7 años después, el 26 de febrero de 1929. Ambos nacieron oficialmente en Huatabampo, Sonora. Aunque Mario reveló más tarde algo interesante. Nací en el DF, pero me registraron en Sonora. Eran dos de siete hermanos. Su padre, Ricardo Almada, era dueño del cabaret señorial en la zona rosa de la Ciudad de México, donde se presentaban figuras internacionales como Samy Davis Jor y Nat King Cole.
Y aquí hay un dato que pocos conocen. Eran primos de María Félix. Sus padres eran primos hermanos. Pero a pesar de estos orígenes urbanos y relativamente privilegiados, los hermanos Almada pasaron décadas en el campo. Mario se dedicó a la agricultura durante 30 o 40 años en Sonora. Cultivaba verduras, trigo, linaza, ajonjolí, tomate y chiles.
Esta experiencia campirana les dio algo invaluable. Sabían montar a caballo, manejar rifles, tirar el látigo. Eran hombres del campo de verdad, no actores fingiendo serlo. Y esa autenticidad se notaría después en cada película que hicieron. Aquí es donde empieza la verdad que pocos conocen. Fernando fue el primero.
Mientras Mario seguía en el campo trabajando como agricultor y eventualmente administrando el cabaret de su padre, Fernando tomó la decisión de ser actor. Se inscribió en la escuela de actuación de la Anda. Tomó clases de canto con la maestra Consuelo de Guzmán, donde fue compañero de un joven que después se convertiría en una leyenda mundial. Plácido Domingo.
La maestra le aconsejó dedicarse a la ópera. Fernando eligió el cine. En 1959, Fernando Almada debutó como protagonista en Milagros de San Martín de Porres. Mario todavía no pisaba un set como actor profesional. Fernando ya estaba construyendo una carrera. Durante los siguientes 6 años, Fernando trabajó constantemente, escribía argumentos, producía, actuaba.
Y en algún momento de ese proceso miró a su hermano mayor y vio algo que nadie más había visto, potencial cinematográfico. Fernando estaba produciendo y actuando en una película llamada Los jinetes de la bruja. El actor Bruno Rey iba a interpretar uno de los papeles principales, pero Bruno tuvo un accidente automovilístico grave.
Mario lo recordaba así. se volteó en un carro y casi se cercenó el brazo. No había dinero para contratar un reemplazo. La producción estaba en riesgo. Fernando y el director miraron a Mario, quien estaba ahí simplemente como productor, y le dijeron, “Oye, Mario, pues hazlo tú. Son más tres días, no está difícil.
” Mario, a sus 43 años, sin ninguna aspiración de ser actor, aceptó. La hice de maloso, matando títeres del Recordaba después del rodaje, un editor le dijo algo que cambiaría su vida. Oye, Mario, qué bien funciona tu voz y qué buena facha tienes. Síguele, la vas a hacer. Y así nació el actor Mario Almada.
No por ambición, no por sueños de fama, sino porque su hermano menor lo convenció de tomar un papel cuando faltaba un actor. Esta es la verdad impactante que muchos no conocen. Fernando creó a Mario Almada 3 años después, en 1968, vino todo por nada. Y aquí Fernando vuelve a ser la figura clave. La empresa productora no tenía dinero para comprar un guion.
Fernando explicó como la empresa no tenía mucho dinero, no tenía dinero para comprar un argumento. Así que me senté a escribirlo y surgió todo por nada. Fernando escribió el argumento. Fernando y Mario la protagonizaron. La película ganó ocho diosas de plata. Mario ganó el premio a revelación del año. Ven el patrón. Fernando escribió. Fernando produjo.
Fernando actuó. Y Mario recibió el reconocimiento como revelación. No estoy diciendo que Mario no tuviera talento. Lo tenía. Su presencia en pantalla era innegable. Su voz profunda, su rostro curtido, su autenticidad como hombre del campo. Todo eso estaba ahí. Pero sin Fernando, nada de eso habría llegado a una pantalla de cine.
Durante las siguientes tres décadas, los hermanos Almada fueron imparables. Según Mario, hicieron juntas unas 80 o 90 más o menos películas. Otras fuentes hablan de más de 100 producciones compartidas. Crearon un género propio, el chili western, también llamado cine de caballitos o chilaquile western. Era el western americano mezclado con la realidad del norte de México.
Historias de justicieros, venganzas, héroes ambiguos con códigos de honor propios. Fundaron Producciones Almada. Filmaron clásicos como El Tunco Maclovio en 1970, donde Mario ganó otra diosa de plata como mejor actor coprotagónico. La banda del carro rojo en 1978 con los Tigres del Norte. Pistoleros famosos en 1981, la camioneta gris en 1990.
Fernando trabajaba más detrás de cámaras, produciendo, escribiendo, dirigiendo. En 1978 dirigió su única película como director, El hechizo del pantano, basada en un cuento Nawatle, filmada en Belice, Guatemala y Tuxtepec, Oaxaca. Mario se convirtió en la cara visible, el héroe, el justiciero, el Chuck Norris mexicano.
Sus películas se vendían por su nombre, pero Fernando seguía siendo el cerebro creativo. Con el tiempo empezaron a verse diferencias entre como cada hermano veía el cine. Fernando dijo en 1989, “Fuimos los reyes del Chili Western porque no éramos ajenos a la actividad del campo. Al contrario, me aburre el cine intelectual y en general a la gente no le gusta, por eso no lo va a ver.
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Los realizadores jóvenes deben filmar pensando en poner de relieve la realidad de la vida, no de los libros. No deben pensar en hacer una película para apantallar al titular de Im Cine, sino en llegar al público. Mario lo expresaba más simple. Hice películas de acción porque nadie más las hacía. Si son buenas o malas, a la gente le gustan y yo lo estoy disfrutando.
Fernando era más filosófico, más reflexivo sobre el arte y el propósito del cine. Mario era más pragmático, más enfocado en el entretenimiento puro y tal vez esa diferencia de visión fue una de las razones de lo que vendría después. Producciones Almada quebró. Las fuentes verificadas confirman que la empresa que fundaron juntos cerró por falta de ganancias.
No tenemos todos los detalles de lo que pasó internamente. No hay entrevistas donde revelen conflictos o peleas, pero el hecho está ahí. La empresa que construyeron juntos fracasó económicamente. Después de eso, aunque siguieron colaborando en películas, cada uno tomó caminos más independientes.
Mario siguió actuando sin parar, ahora con diferentes productores. Fernando también continuó, pero algo había cambiado. Alrededor del año 2003, Fernando Almada hizo algo que nadie esperaba, desapareció, se retiró completamente del cine, se mudó a Hermosillo, Sonora. Dejó de dar entrevistas, dejó de aparecer en eventos, dejó de actuar.
Su última película fue la viuda de Chihuahua en 2003. Tenía 74 años. Todavía tenía años de trabajo por delante si hubiera querido, pero eligió retirarse en completo anonimato. Mario habló de esto en una entrevista años después. Vive en Hermosillo y no quiere saber nada del cine. Nos han querido volver a juntar, pero él dice que ya no puede.
No puede o no quiere. Hay una gran diferencia entre ambas cosas. Mientras tanto, Mario siguió trabajando. En 2010, a sus 88 años, actuó en el infierno de Luis Estrada, una película importante del nuevo cine mexicano. En julio de 2016, a sus 94 años, filmó El Centenario, su última película: Dos Hermanos, Dos decisiones completamente opuestas sobre cómo terminar sus carreras.

Fernando eligió el silencio y el anonimato. Mario eligió trabajar hasta el último aliento. 4 de octubre de 2016. Mario Almada murió mientras dormía en su casa de Cuernavaca. Tenía 94 años. Su hijo Marcos dijo, “Él ya dijo, yo ya me quiero ir.” y parece que lo deseó y se fue. Se fue dormido, tranquilamente, se fue apagando.
La noticia sacudió a México. Los Tigres del Norte publicaron, “Eternamente estarás en nuestros corazones, Mario Almada, querido amigo e icono de nuestro cine mexicano. Artistas, políticos, cineastas, todos rindieron homenaje. Los medios cubrieron su muerte como el final de una era. Fernando, silencio absoluto. Fernando Almada, el hermano que lo había creado como actor, el hermano con quien había filmado 90 películas, el hermano con quien había conquistado el cine mexicano, no dijo una palabra públicamente. Llevaba 13 años retirado.
No dio entrevistas, no apareció en el funeral, no hubo declaraciones. Ese silencio dice más que 1000 palabras. Fernando Almada murió el 30 de octubre de 2023. Tenía 94 años. Su cuerpo fue cremado ese mismo día en una funeraria de Tlalpan. No hubo grandes ceremonias, no hubo cobertura mediática masiva, fue discreto como había sido su retiro.
Pensemos en esto por un momento. Mario murió a los 94 años en octubre de 2016. Fernando murió a los 94 años en octubre de 2023. 7 años de diferencia. 7 años. El mismo número de años que lo separaba en edad. Mario nació en 1922. Fernando en 1929. Es casi poético, como si sus destinos estuvieran entrelazados desde el principio hasta el final.
Entonces, ¿cuál es la verdad impactante que Fernando reveló sobre Mario? No fue algo que dijera en una entrevista. No fue una confesión dramática. No fue un secreto oscuro. La verdad se reveló en sus acciones, en sus decisiones, en su silencio. La verdad es esta. Primero, que Fernando creó a Mario Almada como actor.
Sin Fernando, Mario habría sido agricultor, dueño de cabaré, productor quizás, pero no el icono del cine de acción mexicano. Fernando lo descubrió, lo impulsó, escribió para él, produjo con él. Segundo, que a pesar de ese papel fundamental, Fernando eligió el anonimato cuando podría haber seguido cosechando fama. Eso nos dice que para él el cine era trabajo, no identidad.
Era un medio de vida, no una definición de quién era. Tercero, que la fama y el reconocimiento no eran lo que Fernando buscaba. Si lo hubieran sido, habría seguido hasta el final como Mario. Habría dado entrevistas, habría aceptado homenajes, pero no lo hizo. Y cuarto, tal vez la más impactante, que dos hermanos que compartieron tanto, que trabajaron juntos durante décadas, que construyeron un legado cinematográfico juntos, podían tener visiones completamente diferentes sobre lo que significaba el éxito y cómo vivir los
últimos años de sus vidas. Mario dijo una vez, “El secreto es no sufrir mucho en la vida, un poco de me importa poco y cuidarse bien. Uno es quien siempre debe cuidarse.” Fernando demostró que el secreto también podía ser saber cuando alejarse, saber cuando el trabajo está hecho, saber que la vida es más grande que las películas.
Hoy Mario Almada es recordado como leyenda. Tiene una estrella en el paseo de las luminarias. Es el Chuck Norris mexicano. Hay memes, homenajes, documentales. Fernando es el hermano olvidado para muchos, pero sin él nada de lo que conocemos de Mario Almada habría existido. Juntos filmaron más de 300 películas para Mario y más de 150 para Fernando.
En conjunto participaron en más de 450 producciones, definieron el western mexicano, crearon el narcine, mantuvieron viva la industria cinematográfica durante décadas de crisis. El cineasta Salvador Garcini dijo, “Los Almadas son una institución cinematográfica mexicana que merece respeto. Lo importante de ellos es que logran hacer del cine una industria.
El mérito de los Almada es que tuvieron cines con público, un cine vendible y rentable. Son un icono del cine mexicano, casi a la altura de Pedro Infante, Tin Tan, Pedro Armendaris y Jorge Negrete. Y tenía razón. La verdad impactante sobre Mario Almada no es un escándalo, no es una revelación oscura, no es un secreto vergonzoso.

La verdad es que detrás del icono estaba un hermano menor que lo creó, lo impulsó, escribió para él y luego eligió desaparecer mientras su creación se convertía en leyenda. Fernando Almada no necesitaba decir nada antes de morir. Ya lo había dicho todo con su vida. Había demostrado que se puede ser fundamental sin ser famoso, que se puede crear algo más grande que uno mismo y luego alejarse, que el éxito no se mide solo en reconocimientos y homenajes, sino también en saber cuando el trabajo está completo. Mario vivió para el cine hasta
su último día. Fernando vivió con el cine hasta que decidió que era suficiente. Dos hermanos, dos verdades, dos maneras de entender la vida y el arte. Y ambas son igual de válidas, ambas son igual de respetables, porque al final la verdad más impactante de todas esa, no existe una sola manera correcta de vivir una vida extraordinaria.
Los hermanos Almada nos dieron décadas de entretenimiento, crearon un género cinematográfico y cada uno eligió su propio final para su historia. Mario eligió ser recordado, Fernando eligió ser olvidado y ambos murieron a los 94 años en octubre, habiendo vivido exactamente como quisieron. Esa es la verdad. Impactante en su simplicidad, poderosa en su honestidad. Y ahora tú la conoces. Oh.