Esa información es relevante porque muestra que Corea estaba compitiendo de tú a tú con el equipo anfitrión y entonces llegó el momento que cambió todo, el momento que partió el corazón de toda una nación. Minuto 50 del partido. México salió con mucha más intensidad en la segunda mitad y apenas 5 minutos después del descanso se produjo la jugada fatal.
Un balón largo llegó al área coreana. El portero Kim Seungu decidió salir a atraparlo, pero al hacerlo se encontró con su propio defensor Lii Huk. En el camino, el codo de Kim impactó contra la cabeza de Lee, el balón se le escapó de las manos y cayó directamente a los pies de Luis Romo, quien solo tuvo que empujarla a la red vacía para anotar su quinto gol internacional en su aparición número 64 con la selección mexicana.

Fue un gol regalado, un error garrafal, una pesadilla hecha realidad para los coreanos. Ahora, permítanme describir lo que pasó en Seú en ese instante, porque ahí es donde esta historia se vuelve verdaderamente humana y conmovedora. En la plaza Huan Juamon, en el corazón [carraspeo] de la capital coreana, se había instalado una pantalla gigante y un escenario para que la gente pudiera ver el partido juntos.
Desde temprano por la mañana, a pesar de que era un día laboral y escolar, los coreanos comenzaron a llegar. A las 9 de la mañana, la policía estimaba 2,300 personas. Para las 10, cuando arrancó el partido, ya eran 20,000. Todos vestidos de rojo, con las camisetas de la selección, las bandanas rojas de los diablos rojos, que es como se llama la hinchada oficial de Corea del Sur, los cuernos de de plástico, las bufandas, los globos, los bastones de animación. El calor era brutal.
32ºC bajo un sol inclemente, sin sombra en la explanada. La gente se abanicaba con pañuelos, llevaba ventiladores portátiles, gorras, sombrillas, pero nadie se iba, nadie. Cuando Kim Sungu dejó caer ese balón y Romo lo empujó a la red, un gemido colectivo recorrió toda la plaza. Los periodistas presentes describieron cómo miles de personas se llevaron las manos a la cabeza al mismo tiempo.
Algunos gritaron, “¡Hazlo bien!” En coreano! Otros simplemente se quedaron en silencio con la mirada perdida en la pantalla, sin poder creer lo que acababan de ver. un error propio. No fue una gran jugada de México, no fue un golazo imposible de defender, fue un regalo. Y eso duele más que cualquier otra cosa porque te deja con la sensación de eso no debió pasar.
Pero aquí es donde los aficionados coreanos mostraron algo verdaderamente admirable. Después de ese momento de dolor, después de esos segundos de silencio y frustración, la plaza comenzó a llenarse nuevamente de cánticos. La gente empezó a gritar Dejan Ming Guk, que es el nombre oficial de Corea del Sur y el grito de guerra de su afición.
Y luego vino algo todavía más emotivo. Comenzaron a corear chana, que en coreano significa está bien o no pasa nada. Imagínense eso. 20,000 personas bajo un sol de 32º que acaban de ver a su equipo recibir un gol absurdo y en lugar de enojarse, en lugar de insultar, le gritan a sus jugadores al otro lado del mundo que está bien, que no pasa nada, que sigan adelante.
Eso es lo que el fútbol puede sacar de lo mejor de la gente. El entrenador Hong Munbo tomó una decisión polémica poco después del gol. Sacó a Son Hun Min, la estrella del equipo, el capitán. El jugador más emblemático del fútbol coreano antes de que se cumpliera la hora de juego. Lo reemplazó con Juan Ji Chan del Wolverhampton de la Premier League inglesa.
Esta sustitución generó mucha discusión. Son no había tenido un buen partido. El periódico británico de Guardian fue particularmente duro en su análisis, escribiendo que Son solo tiene 33 años, pero parece mayor, incapaz de lidiar con la trampa del fuera de juego de México y sin poder sacar el balón de entre sus pies cuando se le presentó una oportunidad.
En la plaza de Juan Juamon la reacción fue mixta. Algunos entendieron el cambio táctico, otros sintieron que era demasiado pronto para retirar a tu mejor jugador cuando necesitabas un gol. Corea intentó reaccionar en los últimos minutos. Chogesun conectó un cabezazo potente que iba directo a la portería, pero Raúl Rangel, el portero de México, nacido precisamente en Guadalajara, realizó una tajada espectacular y cuando el rebote le quedó a Jun Yun, Rangel tuvo la fuerza abdominal para girar su cuerpo y atrapar el segundo disparo. Fue una
doble atajada monumental que básicamente selló el partido en Wan Huamon. Cuando ese cabezazo de Cho fue detenido, la gente golpeó el suelo con los bastones de animación gritando de frustración, porque sabían que esa había sido la última oportunidad real. El pitazo final confirmó el 1 a0 a favor de México.
Y aquí viene algo que me parece profundamente revelador sobre la cultura coreana y su relación con el fútbol. Cuando el árbitro marcó el final, los 20,000 aficionados en Wangamon no se fueron enojados. No hubo violencia, no hubo disturbios, no hubo vandalismo. Lo que hubo fue un aplauso largo y sentido dirigido a los jugadores que estaban a más de 12,000 km de distancia.
Un aplauso de reconocimiento, de agradecimiento por el esfuerzo. Y después la gente empezó a decir entre sí, fue una lástima, pero la pasamos bien animando. Asibo giman gemi sosta, que es exactamente eso en coreano. Fue una pena, pero fue divertido. Vamos a escuchar algunas de las voces que los periodistas recogieron ese día en la plaza, porque realmente pintan un cuadro muy claro del sentir popular coreano.
Un joven de 24 años llamado Lee Jong Gon, vestido completamente de rojo, dijo a los reporteros, “Hubo varias oportunidades de ataque, así que es una lástima que no hayamos podido meter gol.” Pero el partido fue entretenido de ver. Su amiga Kan John, también de 24 años, añadió algo muy interesante. Yo esperaba que nos metieran más goles, así que el hecho de que fuera solo uno me dio algo de alivio. Fíjense en eso.
La expectativa de algunos aficionados coreanos era que la derrota podría ser peor. Así que el 0 a1 fue recibido casi como un resultado aceptable. Esto nos habla de un realismo muy particular entre la afición coreana que reconocía la fuerza de México como local y la dificultad del partido. Hubo también una pareja que llegó desde Eun Pongu, un distrito en el norte de Seú.
El hombre J. Minsu de 30 años y la mujer Kim Jyin, de 34 contaron que habían llegado preparados para la batalla contra el calor. Trajimos agua, parasoles, gorras y ventiladores de mano porque dijeron que iba a subir a 32 ºC. Ojalá nuestra selección llegue a los 16avos de final. Estoy segura de que pueden ganar. A pesar de la derrota, mantenían la fe.
Un padre llamado Kim Daun, de 45 años, que había viajado desde Janju, una ciudad a las afueras de Seú, llegó con su hijo Kim Do Eon, de 10 años. El niño dijo con entusiasmo, “El partido contra Chequia fue muy divertido porque ganamos. Espero que hoy los jugadores de Corea se esfuercen y ganen.
Lamentablemente no se pudo cumplir su deseo, pero la imagen de un padre levantándose temprano y viajando con su hijo para vivir juntos la emoción del mundial es algo universal que trasciende cualquier resultado. Y hubo un detalle encantador que no puedo dejar de mencionar. En la plaza también había turistas extranjeros.
Dos jóvenes holandesas, Katy de 22 años y Ela de 23, contaron que habían viajado desde los Países Bajos específicamente para vivir la experiencia del mundial en Corea. Eran fans del K-pop y los dramas coreanos y querían experimentar cómo los coreanos viven el fútbol. Se compraron camisetas de los diablos rojos y diademas y dijeron señalando su ropa, “Estos son los souvenirs que compramos aquí.
Hoy somos Diablos Rojas y vamos a animar a Corea. Hay algo hermoso en eso, en cómo el deporte y la cultura popular pueden conectar a personas de mundos completamente diferentes. También estaba presente un mexicano llamado José Adán, de 26 años, que estudia en Corea del Sur. Dijo que había ido a animar a México, pero que estaba feliz de poder compartir ese momento en lo que él llamó el corazón de Seú con los aficionados coreanos que aman el fútbol.
Esto nos conecta con uno de los aspectos más bonitos de toda esta historia y es la relación entre las aficiones de México y Corea del Sur. Pero a eso voy a volver en un momento. Ahora quiero hablarles de lo que dijeron los medios de comunicación coreanos, porque ahí la reacción fue mucho más analítica y en algunos casos bastante crítica.
El canal KBS, uno de los principales de Corea del Sur, tituló su reportaje posterior al partido de una manera muy directa: Tres derrotas consecutivas ante México. La historia cruel del Mundial finalmente no se pudo romper. Y es que este dato es fundamental para entender la dimensión de la frustración coreana.
Corea del Sur se ha enfrentado a México tres veces en la historia de los mundiales y las tres veces ha perdido. En Rusia 2018 cayeron 1 a dos y ahora en 2026 fue 0 a 1. Los medios coreanos hablan de una maldición centroamericana o un gafe contra las elecciones de Centro y Sudamérica que la selección no ha podido superar.
Es como si México fuera una especie de bestia negra para el fútbol coreano en el escenario mundialista. Y este partido no hizo sino confirmar esa tendencia dolorosa. El diario deportivo Chosun fue especialmente duro con el gol. Tituló prácticamente un autogol. El lamentable error de Kim Sungu, quien había sido como un muro.
Ese titular captura perfectamente la paradoja de la situación. Kim Sungu había sido brillante durante el torneo realizando atajadas importantes contra Chequia. Incluso en este mismo partido contra México, más adelante hizo una gran parada a Raúl Jiménez a corta distancia. Pero nadie va a recordar esas buenas intervenciones.
Lo que queda grabado en la memoria es ese momento espantoso en el que se le escapó el balón de las manos. El sitio deportivo EMC Sports de Corea describió la escena del gol con lujo de detalle. Kim salió a buscar un balón aéreo, colisionó con su propio defensor Ley Huk. El codo del portero golpeó la cabeza del defensa, el balón se escapó y cayó mansamente a los pies de Romo.
Un error de comunicación entre compañeros, una falta de coordinación que en el más alto nivel del fútbol simplemente no puede ocurrir y sin embargo ocurrió. Ahora, algo muy importante que hay que entender es la reacción del propio Kim Sungu. Según reportes de medios coreanos, el portero estaba visiblemente destrozado después del partido.
El canal de YouTube, que cubrió la reacción de los jugadores, tituló su video con una cita directa de Kim, Lo siento mucho, acompañada de la palabra lágrimas. Algunos medios reportaron que Kim explicó que había recibido instrucciones específicas del cuerpo técnico sobre cómo manejar los balones aéreos, lo que añadió otra capa de complejidad a la discusión.
La pregunta que muchos se hacían era, ¿fue un error individual del portero o hubo una responsabilidad compartida con el cuerpo técnico? El entrenador Hong Miumbo, por su parte, fue diplomático, pero también algo enigmático en su conferencia de prensa. Dijo, “Los jugadores hicieron bien lo que preparamos. Sin embargo, la forma en que encajamos el gol fue desafortunada.
El resultado de hoy es decepcionante. El error que cometimos fue desafortunado, pero no debemos desanimarnos porque nos prepararemos mejor para el próximo partido. Noten como Hong no señala directamente a Kim Sungu, no lo culpa públicamente. Habla del error como algo colectivo del equipo. Eso es muy propio de la cultura coreana, donde la responsabilidad se comparte y donde señalar públicamente a un individuo como el culpable de una derrota se considera inapropiado.
Pero en las redes sociales coreanas la cosa fue diferente. Ahí la gente sí fue directa. Los comentarios en los portales de noticias y en plataformas como Neighbor y Down estaban divididos. Algunos defendían a Kim Sungu diciendo que había sido un accidente, que cualquier portero puede cometer un error así. Otros eran más duros y argumentaban que un portero internacional, con su experiencia no puede cometer ese tipo de errores en un mundial.
Hubo quienes pidieron que Jo Hongu, otro portero disponible en la plantilla, fuera titular para el siguiente partido contra Sudáfrica. La discusión sobre Son Hung Min también fue intensa. Muchos comentaristas coreanos expresaron preocupación por el estado físico y futbolístico de su estrella. A sus 33 años, después de una larga temporada con el Tottenham en la Premier League, Son parecía un paso más lento que de costumbre.
Su incapacidad para superar la trampa del fuera de juego mexicana fue evidente y la decisión de Hong de sustituirlo antes de la hora generó un debate enorme. Algunos lo vieron como un movimiento necesario, otros como una falta de respeto hacia el capitán. En los foros coreanos la pregunta que muchos se hacían era, ¿es este el principio del fin de la era Sonuming en la selección? Ahora, permítanme llevarlos a un análisis más amplio de lo que representó esta derrota en el contexto de la historia del fútbol coreano, porque esta no fue una derrota
cualquiera. Esta derrota tocó fibras muy profundas en la identidad futbolística de Corea del Sur. Corea del Sur nunca ha ganado dos partidos consecutivos en la fase de grupos de un mundial. Nunca. en toda su historia mundialista y nunca ha ganado el segundo partido de grupo en ninguno de sus mundiales.
Es una estadística increíble y frustrante. Ganaron el primero contra Chequia con una remontada brillante, lo que generó una ola de optimismo enorme, pero luego, fiel a su historial, no pudieron ganar el segundo. Es como si hubiera un techo invisible que la selección coreana no logra romper.
El periodista Ross Davis, que ha cubierto la K League durante años, había dicho antes del partido que el encuentro sería prácticamente 5050 y tenía razón en cierto sentido, porque Corea no fue inferior a México durante parte del encuentro. Controlaron la posesión, manejaron el balón con criterio y no permitieron que México los dominara.
El problema fue ese único error, ese momento de 3 segundos que cambió todo. Hablemos ahora de un aspecto que me parece fascinante y que revela mucho sobre la sociedad coreana moderna, la reacción de la gente común que fue a la plaza Huanamun a pesar de las dificultades. El partido era a las 10 de la mañana de un jueves, día laboral, día escolar.
Y aún así 20,000 personas se congregaron en la plaza. Muchas de ellas pidieron un día de vacaciones en su trabajo, específicamente para poder ir a ver el partido. Estudiantes faltaron a la escuela. Una madre llamada Kim John W, de 35 años llevó a su hijo Lee Sun Yu de 11 años, para quien había tramitado un permiso de experiencia educativa en la escuela, que es una figura que existe en el sistema educativo coreano, donde se puede justificar una ausencia si el alumno va a participar en una actividad formativa fuera del aula. Un estudiante
de preparatoria de 17 años al que solo identificaron con el apellido Lee fue más honesto y directo. Cuando le preguntaron cómo justificó su ausencia, respondió con una sonrisa. Dije que estaba enfermo. Un pequeño acto de rebeldía adolescente en nombre del amor por el fútbol que seguramente muchos de ustedes pueden entender.
La logística del evento fue impresionante. Las autoridades de Seú dividieron el área en ocho zonas de animación cerca del edificio Kate y alrededor de la estatua del rey Sejón el Grande. La policía metropolitana de Seú desplegó 23 unidades de policía antidisturbios, aproximadamente 1380 oficiales, para manejar la multitud.
Los policías se colocaron en filas con 2 m de separación entre ellos para evitar que los flujos de personas que caminaban en direcciones opuestas chocaran entre sí. Incluso desplegaron una unidad de los almacenes Shinsegae de Miondón, un área comercial cercana para manejar la afluencia de personas. El calor fue un factor significativo.
Con temperaturas bordeando los 32 gr y sin sombra disponible en la explanada de la plaza, la situación era realmente difícil. De hecho, una persona se desmayó durante la transmisión y fue atendida por los servicios de emergencia antes de ser entregada a un acompañante. Afortunadamente, no fue nada grave, pero esto nos da una idea de las condiciones extremas en las que los aficionados coreanos eligieron estar voluntariamente para apoyar a su equipo.
Y aquí viene algo que me conmovió profundamente cuando lo leí en los reportajes de los medios coreanos. Después de que terminó el partido y la gente comenzó a retirarse, quedaron restos de basura en la plaza, como es normal cuando se concentra tanta gente. Pero muchos ciudadanos coreanos se quedaron a limpiar voluntariamente, sin que nadie se los pidiera.
Sacaron bolsas grandes y comenzaron a recoger la basura que otros habían dejado. Los medios coreanos destacaron esto como un ejemplo de conciencia ciudadana que brilla y la verdad es que tiene razón. Es un gesto que habla de una sociedad que se respeta a sí misma y que cuida sus espacios públicos. Entre las personas que se quedaron a limpiar estaba el comediante Kim Yaebu, de 48 años, que es una figura pública en Corea.
Mientras recogía basura, dijo a los reporteros, “Tengo la cabeza un poco aturdida por la derrota contra México, pero todos vinimos juntos y animamos con todas nuestras fuerzas, así que no tengo arrepentimientos ni lamentos.” Esa frase captura perfectamente el sentimiento general. Dolor por la derrota, pero satisfacción por la experiencia compartida.
Ahora quiero dedicar un buen rato a hablar sobre algo que ha sido una de las historias más hermosas de este mundial 2026 y que esta derrota no solo no destruyó, sino que en cierto sentido, fortaleció. Me refiero a la increíble amistad entre los aficionados mexicanos y los coreanos. Esta historia tiene sus raíces en el Mundial de Rusia 2018.
En aquel torneo, México necesitaba que Corea del Sur le ganara a Alemania para asegurar su clasificación a octavos de final. Parecía una misión imposible. Corea del Sur, que ya estaba eliminada contra la entonces campeona del mundo, pero los coreanos hicieron lo impensable y derrotaron a Alemania 2 a0.

Cuando el marcador se confirmó, los aficionados mexicanos en Rusia enloquecieron de alegría. Los videos de mexicanos abrazando a coreanos, cargándolos en hombros, cantándoles serenatas, se volvieron virales en todo el mundo. Desde entonces existe un vínculo especial, casi fraternal, entre ambas aficiones.
En este mundial 2026, con ambos equipos en el mismo grupo y con México como anfitrión, esa amistad floreció de maneras extraordinarias. Desde la llegada de los aficionados coreanos a México, los mexicanos los recibieron con los brazos abiertos. Había videos en redes sociales de mexicanos en Guadalajara que veían a un coreano caminando por la calle y lo adoptaban instantáneamente, invitándolo a comer tacos, a tomar cervezas, a bailar.
Un video particularmente viral mostraba a un grupo de mexicanos que vieron a un aficionado coreano solo en las calles de Guadalajara y literalmente lo adoptaron para la noche llevándolo de fiesta. En el primer partido de Corea contra Chequia, algo sorprendente ocurrió. Una cantidad enorme de aficionados mexicanos se presentó al estadio vistiendo camisetas de Corea del Sur y cargando banderas con el taiguk, el símbolo nacional coreano.
Corearon los cánticos de los diablos rojos, celebraron los goles coreanos como si fueran propios y al final del partido, cuando Corea remontó para ganar 2 a 1, los mexicanos festejaron incluso más que los propios coreanos. Según testigos presenciales, un creador de contenido coreano que estaba en el estadio publicó un video con el título Nos convertimos en hermanos de México.
La reacción loca en el estadio durante el partido contra Chequia. En el video se le veía completamente asombrado por la cantidad de mexicanos con uniformes coreanos que había desde antes de entrar al recinto. Un aficionado coreano describió la experiencia en Instagram. Desde que entré al estadio estaba asombrado porque había muchísimos mexicanos con uniformes de Corea y banderas TGUC.
Fue raro y divertido al mismo tiempo que animaran con todo el corazón por Corea y cuando ganamos, los coreanos celebraban menos que los mexicanos. También mencionó un cartel que vio entre los mexicanos que decía, “Coreanos, ustedes son hermanos de México.” Ahora, todo esto hace que la derrota de Corea ante México tenga un matiz emocional muy particular, porque los coreanos no podían enojarse verdaderamente con México.
¿Cómo te enojas con alguien que te ha tratado como a un hermano? ¿Cómo odias a una afición que celebró tus victorias como si fueran las suyas? Esa dualidad emocional fue evidente en las redes sociales coreanas después del partido. Los comentarios no eran de odio o rencor hacia México, eran de frustración consigo mismos, de rabia por el error propio, pero siempre con un reconocimiento hacia México y su gente.
En la plaza Huanamun después del partido se podían ver escenas de aficionados coreanos y mexicanos posando juntos para fotos, intercambiando bufandas, conversando a través de las barreras del idioma con gestos y sonrisas. El corresponsal de Instagram de Los Ángeles Times publicó un video mostrando cómo el tan esperado enfrentamiento mundialista entre México y Corea del Sur atrajo una multitud masiva y como, a pesar del resultado, la convivencia entre ambas aficiones fue extraordinaria.
En Reddit, el foro de discusión más grande de internet, hubo un hilo que se volvió muy popular con el título: “¿Qué onda con los mexicanos y los coreanos festejando juntos?” Los usuarios explicaban la historia detrás de esta amistad y compartían videos y fotos del mundial 2026, donde se veía a aficionados de ambos países conviviendo.
Un usuario mexicano escribió, “Es que los coreanos nos salvaron en 2018, viejo. Eso no se olvida nunca. Son nuestros hermanos para siempre.” Un usuario coreano respondió, “Y ustedes nos recibieron en su casa como si fuéramos familia. Gracias, México. Vamos a cambiar un poco el enfoque y hablar sobre la reacción internacional ante esta derrota coreana, porque también es muy reveladora.
Los medios japoneses, que siempre tienen un ojo puesto en su vecino y rival futbolístico, cubrieron la derrota con un tono que sorprendió a muchos por lo respetuoso que fue. Según el portal Down, que recopiló las reacciones japonesas, el titular de un medio nipón decía, “Una diferencia de un pelo, los medios japoneses también reconocieron la dolorosa derrota.
Los comentarios de los internautas japoneses, en su mayoría no se burlaron de Corea. En cambio, el sentir predominante era más que el error en el gol, lo que realmente fue una lástima fue que Corea no pudo marcar. Es decir, incluso los japoneses reconocieron que Corea tuvo oportunidades para al menos empatar y que la derrota no reflejaba lo que pasó en la cancha.
El periódico británico de Guardian tituló su crónica: “El error garrafal de Corea del Sur le regala la victoria a México, mientras los coanfitriones del mundial se convierten en los primeros en clasificar.” El corresponsal del Guardian describió el gol como un regalo que México nunca iba a rechazar y señaló que aunque Kim Sungu hizo una gran atajada a Raúl Jiménez más adelante en el partido, nadie va a recordar eso.
ESPN tituló, “México venció a Corea del Sur en el Mundial, pero todavía es un trabajo en progreso.” En su análisis, ESPN señaló que los propios aficionados mexicanos en el estadio habían abucheado durante el primer tiempo, lo que mostraba que México tampoco había jugado un gran partido. La victoria fue más producto de un error del rival que de la brillantez propia.
La cadena Alasira describió la atmósfera en Guadalajara como delirante después del gol y destacó las declaraciones de Aguirre. Fue un partido para olvidar, pero el resultado es uno para recordar. Fue un partido donde el que cometiera un error iba a perder y fueron ellos. Aguirre también expresó su felicidad por el hecho de que la victoria significaba que México seguía jugando en casa.
Nos vamos contentos porque no nos vamos de nuestra querida México. Volvamos ahora a Corea del Sur y analicemos las implicaciones más profundas de esta derrota para la sociedad coreana y su relación con el fútbol. Para entender la reacción hay que entender el contexto político-deportivo que rodea a la selección.
Los últimos años habían sido turbulentos para el fútbol coreano. El nombramiento de Home Mun Boador en 2024 fue extremadamente controversial e impopular entre los aficionados. A pesar de que fue reelegido un año después, el presidente de la Asociación de Fútbol de Corea, Chung Mongu, anunció un mes antes del Mundial que renunciaría después del torneo.
Las amistosas previas al mundial habían arrojado resultados pobres y el ánimo general de los aficionados era, según las palabras del mediocampista Son Won, de los Lion City Sailors de Singapur, nacido en Corea del Sur, bastante negativo. La victoria contra Chequia había levantado enormemente el ánimo. Fue como una inyección de adrenalina colectiva.
Los analistas elogiaron el estilo de juego atractivo y ofensivo del equipo con Juan Imbeom y el mediocampista del PSG Leang In, destacando como las grandes figuras. Ross Davis dijo que la forma en que Corea reaccionó después de ir perdiendo contra Chequia fue probablemente la parte más impresionante. Steve Han elogió al equipo por jugar fútbol de torneo, siendo capaz de ser más directo, más rápido o más defensivo según lo requería la situación.
Pero Han también había lanzado una advertencia profética antes del partido contra México. Si no ganan el segundo partido, especialmente si pierden y si México domina y es una mala actuación, la narrativa va a cambiar en un segundo. Y eso fue exactamente lo que pasó. La narrativa cambió, no completamente, porque Corea no jugó mal contra México, pero la euforia de la victoria contra Chequia fue reemplazada por una realidad más sobria.
Los cuestionamientos sobre Hong Mi B regresaron, las dudas sobre Song Hung min se intensificaron y la frustración por la maldición mexicana se convirtió en el tema dominante. Sin embargo, y esto es algo que me parece muy importante recalcar, la mayoría de los aficionados coreanos no cayeron en la desesperación. ¿Por qué? porque la matemática estaba de su lado.
A pesar de la derrota, Corea del Sur seguía segunda en el grupo A con tres puntos. México lideraba con seis, inalcanzable. Pero Chequia y Sudáfrica solo tenían un punto cada uno después de empatar uno a uno entre ellas ese mismo día. Esto significaba que Corea necesitaba solamente un empate contra Sudáfrica en su último partido para asegurar la clasificación como segundo del grupo.
La situación era clara. Corea controlaba su propio destino, no dependía de nadie más. Un punto bastaba. El único escenario catastrófico sería perder contra Sudáfrica y que Chequia le ganara a México al mismo tiempo, lo que dejaría a Corea última del grupo con tres puntos detrás de México con seis, Sudáfrica con cuatro y Chequia con cuatro.
Pero ese escenario se sentía improbable. Los analistas coreanos coincidían en que siendo realistas la clasificación estaba prácticamente asegurada. El periodista Federico Odonel del sitio Bola VIP lo resumió perfectamente en su análisis posterior al partido. Corea del Sur no está eliminada del Mundial 2026. De hecho, actualmente está en camino de avanzar de la fase de grupos a la ronda de 32.
Sin embargo, no pueden darse el lujo de dar un paso en falso en la última jornada. Esa certeza matemática fue un bálsamo para los aficionados coreanos. Sí, habían perdido. Sí. El error de Kim Siungu dolía. Sí, la maldición contra México continuaba, pero no estaban fuera del mundial, todavía podían soñar. Y los coreanos, como demostrarían una y otra vez durante este torneo, son extraordinariamente buenos para mantener la fe.
Quiero ahora hacer una reflexión más amplia sobre lo que esta experiencia nos dice sobre la cultura futbolística coreana y cómo ha evolucionado. Corea del Sur fue sede del Mundial 2002 junto con Japón y ese torneo transformó la relación del país con el fútbol de manera permanente. La selección llegó a las semifinales en un logro histórico y las imágenes de millones de coreanos vestidos de rojo en las calles de Seú convirtieron en un icono cultural.
Desde entonces, el fútbol ha ocupado un lugar especial en la identidad nacional coreana. No es simplemente un deporte, es un vehículo de orgullo colectivo, de unión social, de expresión emocional. Los diablos Rojos, la hinchada oficial, fueron fundados en 1997, pero fue en 2002 cuando se convirtieron en un fenómeno de masas.
Su modelo de animación, organizado, apasionado pero pacífico, se convirtió en referencia mundial. Y en este mundial 2026, 24 años después, esa tradición sigue viva. Las 20,000 personas en Wangahamun cantando bajo el sol abrazador, animando a un equipo que estaba perdiendo, negándose a abandonarlo, son la prueba de que el legado de 2002 perdura.
Pero hay algo que ha cambiado. La generación que vio el mundial de 2002, siendo niños, ahora son adultos que analizan el fútbol con más sofisticación. Las redes sociales han creado un espacio para el debate inmediato, para la crítica constructiva, para el análisis táctico amateur, pero informado.
Los jóvenes coreanos no solo animan, también discuten formaciones, cuestionan decisiones técnicas, comparan estadísticas. Es una afición que ha madurado enormemente y esa madurez se nota en la forma en que reaccionaron a esta derrota. No fue una reacción ciega de enojo, fue una reacción matizada. El error de Kim fue terrible, pero el equipo jugó bien.
Son debería haber sido sustituido antes. Necesitamos a Likin más involucrado en el juego. La defensa estuvo sólida, excepto por ese momento. Ese tipo de análisis reflexivo, emocional, pero también racional es característico de una afición que ha crecido junto con su selección. Para terminar esta parte del análisis, quiero hablar sobre las relaciones diplomáticas y culturales entre México y Corea del Sur.
porque le dan un contexto fascinante a todo lo que hemos discutido. México y Corea del Surención que se remonta a 1905, cuando los primeros migrantes coreanos llegaron a México. Hoy en día existe una comunidad coreana significativa en México y Corea del Sur es el sexto socio comercial más grande de México a nivel global. En 2012 se comenzaron negociaciones para un tratado de libre comercio que, aunque aún no se ha concluido, refleja la importancia creciente de la relación bilateral.
Hay un pabellón de la amistad donado por el gobierno de Corea del Sur en el jardín de los mayores del parque Chapultepec en la Ciudad de México. Es decir, la amistad entre estos dos países no es solo futbolística, tiene raíces históricas, económicas y culturales profundas. Eso explica en parte por qué incluso después de una derrota dolorosa en la cancha, la convivencia entre las aficiones fue tan positiva.
El fútbol en este caso no dividió, si acaso, reforzó una conexión que ya existía. Y eso, amigos, es algo hermoso y raro en un mundo donde el deporte a veces saca lo peor de la gente. Recapitulando entonces todo lo que hemos cubierto en este programa. La derrota de Corea del Sur 0 a 1 ante México, el 18 de junio de 2026 en Guadalajara.
Fue producto de un error individual del portero Kim Seungu en el minuto 50 que regaló el gol a Luis Romo. La reacción coreana fue una mezcla compleja de frustración por el error, admiración por el rendimiento general del equipo, críticas mesuradas hacia las decisiones tácticas del entrenador Hong Mun B, preocupación por el estado de Son Hung Min, pero también optimismo por el hecho de que la clasificación seguía en sus manos.
En las calles de Seú, 20,000 personas demostraron que el espíritu de los diablos rojos sigue más vivo que nunca, cantando, animando y limpiando después de sí mismos con una dignidad impresionante. Y la amistad entre las aficiones de México y Corea del Sur emergió como una de las historias más hermosas del mundial, sobreviviendo incluso al enfrentamiento directo entre ambas elecciones.
México, por su parte, se convirtió en el primer equipo en clasificar a la ronda de 32 del Mundial 2026. Aseguró el primer lugar del grupo A y ganó el derecho a jugar su siguiente partido en la Ciudad de México, en casa, rodeado de su gente. Para Javier Aguirre y sus jugadores, la misión del grupo estaba cumplida.
Para Corea, la misión continuaba. El siguiente paso era Sudáfrica. Un empate bastaba, la fe seguía intacta. Y como demostraron esas 20,000 personas en Huanamun, bajo un sol de 32 gr, cuando los coreanos creen en algo, ni el calor, ni el trabajo, ni la escuela, ni una derrota dolorosa pueden detenerlos. Esto fue todo por hoy, amigos.
Espero que hayan disfrutado este recorrido profundo por las emociones, las reacciones y las historias detrás de un resultado que fue mucho más que un simple 0 a 1. Porque en el fútbol, como en la vida, lo que importa no es solo el marcador final, lo que importa es cómo te levantas después de caer. Y Corea del Sur una vez más demostró que sabe levantarse con dignidad, con pasión y con la cabeza en alto.
Nos vemos la próxima vez. Un fuerte abrazo a todos. Yeah.