Un hombre que miente sobre un detalle puede estar diciendo la verdad sobre el fondo o puede estar inventando todo. Eso, hermanos, no lo sabemos. Solo sabemos lo que dijo. Segundo, esto es lo que una informante dice que escuchó y entregó al FBI. No es una acusación formal del FBI contra Rivera.
No es una imputación de un fiscal. No es una sentencia de ningún tribunal. Es el testimonio de una informante recogido en un documento dentro de una investigación más amplia. Y tercero, hermanos, lo más importante de todo y lo que más cuidado exige. Según la propia investigación de Univisión, la informante Gloria reveló que hasta diciembre de 2019 el FBI consideraba a Norberto Rivera como uno de los objetivos de la investigación por lavado de dinero hasta diciembre de 2019.
Eso es lo que se documentó, lo que ocurrió después de esa fecha, si la investigación continuó, si se cerró, si Rivera fue descartado como objetivo o si siguió siéndolo, eso no está confirmado públicamente y yo no se lo voy a inventar, hermanos. No les voy a decir que el FBI investiga hoy a nadie. Eso sería mentir y yo a ustedes no les miento.
Lo que les estoy contando es exactamente lo que la investigación de Univisión documentó. Hasta ahí llega lo que sabemos. ni una palabra más, ni una palabra menos. ¿Y qué dijo Rivera de todo esto? Porque la honestidad, hermanos, exige escuchar también su versión con la misma atención con que escuchamos la acusación. Primero, hubo silencio, un largo silencio.
Según el reportaje, desde noviembre de 2021, una reportera de Univisión había entregado en la casa de Rivera, en la Ciudad de México, una carta. una carta que solicitaba una entrevista y que mencionaba claramente los videos encubiertos y la existencia de la investigación. Rivera no respondió esa carta durante meses.
El silencio, hermanos, otra vez el silencio. Después, cuando la investigación se hizo pública y ya no se podía ignorar, Rivera sí habló y expresó extrañeza. dijo que no sabía nada de esas negociaciones y sus palabras textuales a Univisión, hermanos, fueron estas [resoplido] y se las leo completas, enteras, porque él tiene exactamente el mismo derecho a que se escuche su defensa que la informante a que se escuche su acusación.
Dijo Rivera, “No tengo noticias de ese grupo guerrillero que quiere lavar dinero. No sé de qué se trata. No entiendo qué es lo que él quiere lavar. Adelante con la investigación. Yo no tengo nada que ver con él. Hace tiempo que no nos vemos. Esa es la defensa de Rivera, hermanos. niega conocer las negociaciones, niega a tener que ver con Peiro.
Dice que hace tiempo que no se ven y dice incluso, adelante con la investigación como quien no teme nada, como quien no tiene nada que esconder. Y aquí estamos, hermanos, en este punto exacto. Por un lado, una informante del FBI que entregó un documento diciendo que un empresario investigado por lavado de dinero presumía de Rivera como su jefe.
Por otro lado, un cardenal que lo niega todo y que dice, “Adelante con la investigación.” ¿Quién dice la verdad? Yo no lo sé, hermanos, y se los digo mirándolos a los ojos. No soy juez, no soy fiscal, no tengo el expediente del FBI sobre mi mesa, no me corresponde a mí dictar sentencia, ni a ustedes tampoco, pero lo que sí sé es que estas preguntas existen, que están documentadas por un medio serio y reconocido, que llevan años sin una respuesta definitiva y que el hombre del que se habla no es un sacerdote cualquiera de un pueblo perdido, es el
que durante 22 años gobernó la arquidiócesis más grande del mundo entero. Por eso, hermanos, hay que conocer quién es Norberto Rivera, porque esta grabación no cae en el vacío, no cae sobre un desconocido, cae sobre un hombre que ya cargaba desde mucho antes de esta grabación con un expediente largo, un expediente que pocos en la Iglesia Mexicana han querido mirar de frente.
Norberto Rivera Carrera nació en 1942 en un pueblo del estado de Durango en el norte de México, la purísima municipio de Tepeguanes. un origen humilde, rural, como el de tantos sacerdotes mexicanos de su generación, como el mío. Hermanos, se los digo para que entiendan algo. Rivera y yo venimos del mismo tipo de México, del México de los pueblos pequeños, donde las campanas de la iglesia marcan las horas del día.
del México, donde un niño pobre que siente la llamada de Dios, ve en el sacerdocio el único camino para salir y para servir. Él y yo empezamos de algún modo en el mismo lugar, pero los caminos de Rivera y los de un cura de pueblo como yo se separaron muy pronto, porque Rivera subió, subió rápido y subió alto. En 1985 fue nombrado obispo de Tehuacán.
En 1996 dio el gran salto de su vida arzobispo primado de México, la ciudad de México, el cargo eclesiástico más poderoso de todo el país, la cabeza de la Iglesia Católica en una de las naciones más católicas del planeta. Y ahí se quedó, hermanos, 22 años, de 1996 a 2018, más de dos décadas gobernando la Arquidiócesis más grande del mundo en número de fieles, hasta que en febrero de 2018, habiendo pasado ya la edad del retiro obligatorio, dejó el cargo.
Desde entonces es cardenal emérito retirado. Y esto, hermanos, es importante que lo subrayen. Rivera ya no es un cardenal en activo, es un emérito. Pero como vamos a ver, su influencia no se jubiló con él. El 6 de junio, hace apenas unos días, Rivera cumplió 84 años, un hombre mayor, en el último tramo de su vida.
Y sin embargo, hermanos, con un expediente que sigue sin cerrarse, porque hay deudas que la edad no salda, hay cuentas que ni los 84 años borran. Voy a contarles algunos de los episodios que componen ese expediente. No todos, algunos, los que están documentados por la prensa mexicana. e internacional y los voy a contar con cuidado, distinguiendo siempre lo que está probado de lo que está acusado.
El primero, hermanos, toca algo sagrado para todo mexicano y para todo latinoamericano. La Virgen de Guadalupe, la morenita, la madre de México, nuestra madre. Según lo documentado por la prensa mexicana, en un contrato firmado en el año 2002, se cedieron los derechos de autor de la imagen de la Virgen de Guadalupe a una empresa estadounidense por una cantidad que se cifró en 12,illones y medio de dólares.
Déjenme respirar un momento al decir esto, hermanos, porque para nosotros los mexicanos, la Virgen de Guadalupe no es un activo comercial, no es una marca registrada, no es un logo, es nuestra madre. Es la que se le apareció a un indio pobre, a Juan Diego, en el cerro del Tepellac, para decirle que él valía, que su pueblo valía, en un tiempo en que a los indios los trataban como si no fueran nada.
La Virgen de Guadalupe es el corazón de la fe mexicana. es lo que une a un país entero, del más rico al más pobre. Que la imagen de esa Virgen se tratara como un derecho de autor que se cede a una empresa por dinero, hermanos, es algo que a millones de mexicanos nos duele en lo más hondo del alma. Y ese episodio, según lo documentado, está en el expediente de Norberto Rivera.
El segundo episodio es todavía más grave y tiene que ver con un nombre que ensombre la historia reciente de la Iglesia en toda América Latina, Marcial Maciel, el fundador de los legionarios de Cristo, uno de los mayores responsables de daño denunciado en la historia de la Iglesia latinoamericana.
Un hombre que durante décadas fue protegido, encubierto, defendido por muchos, mientras se acumulaban en su contra las denuncias más graves que puedan imaginarse. Y Norberto Rivera, según lo documentado, fue de los que salieron en defensa de Maciel cuando las denuncias en su contra ya eran graves y ya eran públicas. Hay analistas citados por medios internacionales que van más lejos, que señalan que Maciel fue una figura clave en la red de relaciones de Rivera, que a través de los legionarios Rivera quedó conectado con las grandes fortunas de
México. Quiero ser muy claro aquí, hermanos, para no faltar a la verdad. No estoy diciendo que Rivera cometiera los actos de Maciel, no los mezclo. Estoy diciendo lo que está documentado, que defendió a Maciel cuando ya debió haberlo denunciado. Y eso, hermanos, para un pastor ya es una falta grave. Porque el pastor que defiende al lobo está abandonando a las ovejas.
El pastor que protege al que hace daño está traicionando a los que sufren el daño. Y hay más, hermanos. Lo digo con dolor, no con saña. En 2017, según lo documentado, dos exacerdotes presentaron una denuncia formal ante las autoridades de México. Acusaban a Rivera de haber encubierto a 15 sacerdotes señalados por daño grave a menores. 15.
Y aquí, hermanos, mantengo la separación que les prometí. Esto es un caso completamente distinto del de la grabación del FBI. No tiene nada que ver entre sí. No los junto. Pero ambos, el del FBI y el del encubrimiento, están en el expediente del mismo hombre. El patrón del encubrimiento, hermanos, es siempre el mismo en todas partes del mundo. Y yo lo conozco.
Lo vi en mi propia escala, en mis años de ministerio. Y volveré a eso antes de terminar esta noche. Un sacerdote causa daño. En lugar de denunciarlo, de apartarlo, de proteger a las posibles víctimas, la institución lo traslada, lo manda calladito a otra parroquia donde sigue en contacto con más personas vulnerables.
Y el silencio se mantiene por el prestigio de la institución, por no escandalizar a los fieles, por mil razones que suenan prudentes y que en el fondo son una sola cosa, traición a los más débiles. Está también el caso de Plaza Mariana, un proyecto inmobiliario junto a la Basílica de Guadalupe en un terreno que según lo documentado, fue facilitado en 2003 por quien gobernaba la Ciudad de México.
Un proyecto que, según las acusaciones de los comerciantes históricos de la zona, terminó en negocios millonarios y en el desplazamiento de los locatarios de toda la vida. Y está, hermanos, el contraste que para mí es el más revelador de todos, el que más me dice sobre quién fue Rivera como pastor. Mientras el Papa Francisco predicaba por todo el mundo la sencillez, la Iglesia pobre para los pobres, la austeridad, el desprendimiento, Rivera era señalado por todo lo contrario, por un estilo de vida opulento, por viajar en jets privados,
por una forma de vivir el sacerdocio que no se parecía en nada, pero en nada, a la del cura que camina 2s horas a visitar a un enfermo porque no tiene coche. Y esto, hermanos, no es interpretación mía, no es chisme, es que el propio Papa Francisco se lo dijo casi a la cara. En la Catedral de México el 13 de febrero de 2016 ante todos los obispos mexicanos reunidos, Francisco pronunció unas palabras que muchísimos entendieron como un mensaje directísimo.
Dijo, y son palabras textuales del Papa: “No pierdan tiempo en cosas secundarias, en habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía. vanos proyectos de carrera, vacíos planes de hegemonía, el Papa. en la catedral ante los obispos de México.
Cualquiera que conociera la situación de la Iglesia Mexicana entendió perfectamente de quién, entre otros estaba hablando el Santo Padre. Y aquí, hermanos, está el dato que nos devuelve al presente, que nos saca del pasado y nos pone otra vez en el ahora, donde de verdad está la noticia. Todo esto que les he contado, la grabación del FBI, la sesión de los derechos de la Virgen, la defensa de Maciel, las denuncias de encubrimiento, los negocios, los jets privados, todo esto se fue acumulando a lo largo de los años y Rivera lleva desde 2018 6 años como
cardenal emérito, 6 años retirado, 6 años en los que nadie, hermanos, absolutamente nadie, le ha pedido cuentas formalmente por nada de esto. Francisco lo criticó públicamente con dureza, en su propia catedral, pero no actuó canónicamente contra él. No abrió un proceso formal. No resolvió su carta de renuncia de una manera que implicara consecuencias reales.
Dejó el expediente abierto, dejó la carta sin tramitar del todo y murió. Y ahora ese expediente, hermanos, y esa carta de renuncia que sigue sin respuesta definitiva están sobre la mesa de otro papa, de un papa distinto, de León 14. ¿Por qué les insisto tanto, hermanos, en que esto es un asunto del presente y no del pasado? ¿Por qué no es simplemente un reportaje viejo que desempolvamos? Porque hay cuatro cosas, cuatro cosas concretas, actuales, de estos días, que hacen que el expediente de Norberto Rivera esté hoy más vivo que nunca. Escúchenlas bien
una por una. La primera, la carta de renuncia sigue ahí sin resolver del todo sobre la mesa de León 14. Y esto, hermanos, no es un detalle menor. Cuando un papa recibe la renuncia de un obispo, puede simplemente aceptarla en silencio, como un trámite, y que el obispo se vaya a su retiro tranquilo o puede hacer algo más.
Puede acompañar esa decisión de otras medidas. El Papa actual tiene esa decisión pendiente sobre su escritorio todavía sin tomar. La segunda, hermanos, y esta es de lo más reciente. En abril de este año 2026, hace apenas dos meses, León X firmó un nuevo protocolo de rendición de cuentas para obispos señalados por encubrimiento. Un protocolo nuevo, fresco, recién salido, que establece cómo deben responder los obispos acusados de haber tapado el daño a menores.
Y la pregunta que México entero se hace, hermanos, es inevitable, es lógica, es justa. Se aplica ese protocolo nuevo a los casos del pasado? ¿Se aplica a un cardenal emérito? ¿Se aplica en concreto a Norberto Rivera? La tercera, como ya hemos contado en este canal, León XIV está renovando un tercio del episcopado mexicano, 33 diócesis en proceso de cambio, nombramientos nuevos, una generación nueva de pastores entrando.
Y en medio de esa gran renovación, la influencia de los hombres del pasado, de los que mandaron durante décadas como Rivera, sigue presente, sigue pesando entre bambalinas. La pregunta, hermanos, ¿Aprovechará el Papa esta renovación histórica para cerrar de una vez esa etapa o la dejará pasar? Y la cuarta, hermanos, la más delicada de todas.
León XIV es americano, nació en Chicago. El FBI es una agencia de su propio país de nacimiento, una institución cuyo funcionamiento él conoce, al menos infinitamente mejor que cualquier papa europeo de la historia. ¿Puede un papa estadounidense mirar tranquilamente para otro lado cuando aparece una investigación en la que una informante del FBI señaló a un cardenal de habla hispana? No estoy diciendo que vaya a actuar solo por eso.
Estoy diciendo que estamos ante un papa que entiende perfectamente el peso que tiene, que aparezca el nombre del FBI en un expediente eclesiástico. Cuatro razones, hermanos. Cuatro razones por las que este expediente no es historia muerta, sino una decisión viva, pendiente sobre la mesa. Ahora, y la pregunta que México lleva años haciéndose, hermanos, la que está en el aire en cada parroquia, en cada sobremesa de domingo, en cada conversación de los católicos mexicanos que aman su iglesia y que sufren por ella. Es una pregunta muy simple. Rivera
lleva 6 años como emérito sin que nadie le haya pedido cuentas. Francisco no actuó. ¿Actuará León 14? No lo sé, hermanos. Nadie lo sabe todavía. Y quiero ser muy honesto con ustedes sobre las dificultades reales que tiene esta decisión, porque no les voy a vender una solución fácil, ni les voy a prometer un final que no me corresponde prometer.
Rivera es un hombre de 84 años, un emérito retirado. Actuar canónicamente contra un cardenal anciano y ya retirado es jurídicamente complejo. La grabación del FBI viene de una investigación de otro país que, hasta donde se sabe públicamente no produjo cargos formales contra él. Los casos de encubrimiento están en disputa legal.
Nada de esto, hermanos, se resuelve con la firma de un solo papel. Pero hay algo que sí es simple, hermanos, y se los digo con toda la fuerza de mi corazón de cura viejo. La justicia, aunque sea difícil, aunque llegue tarde, aunque sea incómoda para los poderosos, sigue siendo justicia. Y cuando una institución decide no actuar simplemente porque actuar es complicado, esa institución está eligiendo, está tomando una decisión.
Porque el silencio, hermanos, también es una decisión. No hacer nada es hacer algo. Es elegir el lado de la comodidad. León XIV prometió que en su iglesia nadie estaría por encima de la rendición de cuentas. Pues bien, ahora tiene sobre la mesa precisamente el caso que pone esa promesa a prueba, no el caso fácil, el difícil, el del cardenal poderoso, anciano, con décadas de influencia y de relaciones que llegan muy alto y muy lejos.

Y si la promesa de rendición de cuentas vale de verdad para todos hermanos, vale también para Norberto Rivera. Y si resulta que no vale para él, entonces habrá que preguntarse con tristeza, ¿para quién vale? Hermanos, les voy a contar algo que me costó años poder decir en voz alta, algo de lo que no me siento orgulloso, algo que les cuento no para que me admiren, sino precisamente para todo lo contrario, para que entiendan que el silencio del que estamos hablando esta noche no es solo el silencio de los cardenales poderosos. Es un silencio que también me
alcanzó a mí, a un simple cura de pueblo, a mí. En una de las parroquias rurales donde serví hace ya muchos años había una familia. Llegaban a misa todos los domingos puntuales, bien vestidos. El padre, la madre, los hijos bien peinados. Una familia que cualquiera, viéndola entrar a la iglesia habría señalado como una familia ejemplar.
Generosos en la colecta daban más que nadie. Cuando había que arreglar el techo de la iglesia que se llovía, ahí estaban ellos con su aportación. Cuando había una familia del pueblo en desgracia, ahí estaban ellos para ayudar. Y yo sabía, hermanos, yo sabía de dónde venía ese dinero. Todos sabíamos.
En los pueblos, hermanos, se sabe todo. Se sabe quién trabaja en qué. Se sabe quién tiene tierras y quién no. Y se sabe perfectamente de dónde sale el dinero que no puede salir de ningún trabajo honrado. El dinero que llega demasiado fácil, demasiado rápido, en un pueblo donde todos los demás luchan por cada peso, se sabe. Y no dije nada.
No dije nada, hermanos. Recibí ese dinero en la colecta. Lo metí en la canasta junto al de las viudas y el de los jornaleros. Lo usé para arreglar el techo de la iglesia, para ayudar a los pobres del pueblo. Y me dije a mí mismo, hermanos, exactamente lo que todos nos decíamos para poder dormir tranquilos, que el dinero, una vez en la colecta, se purificaba al hacer el bien, que no era asunto mío de dónde venía, que mi trabajo era pastorear almas, no investigar finanzas, que si yo decía algo, las consecuencias podían ser muy
graves para mí, para la parroquia, para la gente. Y todo eso, hermanos, todo eso que me repetía a mí mismo eran excusas. Excusas buenas, excusas que sonaban a prudencia, a sensatez, a humildad incluso, pero excusas al fin, porque la verdad es mucho más simple y mucho más fea.
La verdad es que el silencio era cómodo y que hablar tenía un precio. Y yo en aquel momento de mi vida no estuve dispuesto a pagar ese precio. Una sola vez, hermanos, una sola vez. En todos esos años me atreví a comentarlo. Con un sacerdote mayor que yo, al que respetaba muchísimo, un hombre que para mí era casi un padre, le conté lo que me pesaba y él me puso la mano en el hombro con una sonrisa buena, amable, y me dijo, “Samuel, eso no es asunto nuestro.
Nosotros administramos los sacramentos, no la conciencia ajena.” Y me callé otra vez durante años más. Les cuento todo esto, hermanos, porque cuando yo leo sobre el cardenal Rivera, sobre las grabaciones, sobre el dinero, sobre los largos años de silencio de toda una institución, no puedo no puedo señalarlo con el dedo limpio.
No tengo la conciencia tan blanca como para tirar la primera piedra. Porque yo, en mi escala minúscula, en mi parroquia perdida en el campo, hice una versión pequeñita de lo mismo. Vi un dinero que no debía estar ahí y callé. La diferencia, hermanos, entre Rivera y yo, si los señalamientos sobre él tuvieran fundamento, no sería una diferencia de naturaleza, sería una diferencia de escala y de poder.
Yo callé sobre la colecta de una familia en un pueblo perdido. Estaríamos hablando en su caso, de callar sobre cantidades y conexiones de una dimensión completamente distinta, pero la raíz, hermanos, la raíz del silencio es exactamente la misma. El silencio es cómodo, hablar cuesta caro y la institución siempre, casi siempre, prefiere protegerse a sí misma antes que proteger la verdad y a los débiles.
Por eso yo no hago este video desde una tarima de superioridad moral, hermanos. No vengo a darles lecciones desde arriba. No soy mejor que nadie. Lo hago desde el arrepentimiento, desde la conciencia de un cura viejo que aprendió demasiado tarde, que el silencio que parece prudencia casi siempre, casi siempre termina siendo complicidad.
Y por eso, cuando me pregunto si León XIV debe actuar sobre el expediente de Rivera, mi respuesta no nace del deseo de ver caer a nadie. No me alegra la caída de nadie. Mi respuesta nace del deseo profundo de que la iglesia por una vez rompa el mismo silencio que yo en mi pequeñez ayudé a mantener. Que la iglesia haga lo que yo no tuve el valor de hacer.
Hermanos, antes de la oración sé que muchos de ustedes cargan también silencios. Cosas que vieron y callaron, cosas que hicieron o que dejaron de hacer y de las que hoy se arrepienten. Pesos en la conciencia que llevan años sin saber dónde dejar. Para esos momentos, para esa necesidad de hablar con Dios sobre lo que no nos atrevemos a decirle a nadie más, escribimos junto con las hermanas que me acompañan el libro El escudo de Dios.
Está en el primer enlace de la descripción, ahí debajo. Tiene una oración para cada momento del día, incluida la oración del que necesita perdón por lo que un día cayó. Si sienten que les puede servir, está ahí para ustedes. Mi abuela Consuelo, hermanos, tenía una frase para los asuntos que tardan demasiado en resolverse, para las deudas que quedan colgando años y años, para las cuentas que nadie quiere saldar porque saldar las duele.
Decía, “Mi hijo, la justicia que tarda no deja de ser justicia, pero a veces llega tarde para los que la esperaban. La justicia que tarda no deja de ser justicia, pero a veces llega tarde para los que la esperaban. Piensen en eso un momento conmigo, hermanos. Piensen en las víctimas de los sacerdotes que, según las denuncias, Rivera encubrió.
Algunas de esas personas llevan décadas esperando, décadas esperando que alguien diga su nombre, que alguien reconozca lo que les pasó cuando eran niños o jóvenes y nadie los protegió. Que alguien de la misma institución que les falló tenga por fin el valor de pedirles perdón y de actuar. Y para algunas de ellas, hermanos, para algunas la justicia, si es que llega, va a llegar tarde después de toda una vida cargando un dolor en silencio.
Por eso este video, hermanos, no es un video de venganza. No quiero, de verdad, no quiero que nadie lo entienda así. No me alegra el sufrimiento de un hombre de 84 años, por más graves que sean los señalamientos que pesan sobre él. Yo no juzgo su alma. Eso le toca a Dios que lee los corazones y no a mí, que apenas leo las noticias.
Lo que pido es otra cosa, hermanos, algo más sencillo y más profundo. Pido que la verdad se conozca, que las cuentas se rindan, que las víctimas por fin sean escuchadas, que la Iglesia que yo amo, la iglesia a la que he dedicado toda mi vida, deje de proteger su prestigio a costa de la justicia y que el Papa que tiene el expediente sobre la mesa tenga el valor que sus antecesores no tuvieron.
Ahora les pido que pongan las manos sobre el pecho, que cierren los ojos los que puedan, que se queden un momento en silencio conmigo, pero no el silencio cómplice del que hemos hablado esta noche, el otro silencio, el silencio bueno, el de la oración, el que rompe las cadenas, no el que las esconde. Señor, Dios de la justicia y de la misericordia, tú que ves todo lo que se hace en lo oculto y que un día sacarás todas las cosas a la luz, hoy venimos ante ti con el peso de un expediente que lleva años sin cerrarse y de una verdad
que lleva años sin decirse del todo. Te pedimos primero antes que por nadie, por las víctimas, por las personas heridas por los sacerdotes que, según las denuncias, fueron encubiertos en lugar de ser detenidos. Por los que llevan décadas esperando justicia. Por los que cargan en silencio un dolor que la institución no quiso ver, que prefirió ignorar para no escandalizar.
Que sean escuchados, Señor, que sus nombres dejen de estar enterrados bajo el prestigio de los poderosos. que encuentren antes del final de sus días alguna forma de reparación, de reconocimiento y de paz. Te pedimos por el cardenal Norberto Rivera. Sí, hermanos, también por él, porque somos cristianos y los cristianos rezamos también y sobre todo por aquellos cuyos actos cuestionamos.
Que si hay verdades que él conoce y que ha guardado en silencio, encuentre antes del final de su vida el valor de decirlas. que si es inocente de lo que se le señala, esa inocencia se establezca con claridad y con justicia. y que su alma, Señor, que solo tú juzgas y que ningún video del FBI puede juzgar, encuentre las cuentas claras con que todos, todos, sin excepción, tendremos que presentarnos un día ante ti.
Te pedimos por León 14, por el Papa que tiene sobre su mesa la carta y el expediente. Que no le tiemble la mano, Señor. Que la dificultad de la decisión no se le convierta en excusa para la inacción. Que la promesa que hizo de rendición de cuentas para todos valga de verdad también para los poderosos, para los ancianos, para los que tienen décadas de relaciones y de influencia.
Que sea por fin el Papa que rompa el silencio que sus antecesores mantuvieron. Te pedimos por la Iglesia en México, por mi tierra, Señor, que aunque ahora viva lejos, llevo siempre en el corazón. por esa iglesia de fieles humildes que aman a la Virgen de Guadalupe con un amor que ningún contrato puede comprar ni vender.
Por los millones de mexicanos que ponen su colecta con fe, que rezan con fe, que sostienen la Iglesia entera con su fe sencilla, mientras algunos de los que la gobiernan la usaron para otras cosas. Que esos fieles no pierdan la fe por culpa de los pastores que les fallaron. que sepan distinguir, como me enseñó mi abuela, entre la iglesia que es de Cristo y los hombres que a veces la traicionan.
Y te pedimos por nosotros, Señor, por todos los que en algún momento de nuestra vida vimos algo que estaba mal y callamos. Por los que elegimos la comodidad del silencio antes que el precio de la verdad, por mí, Señor, el primero, que también callé cuando debí hablar. danos el valor que en aquel momento no tuvimos y donde ya es demasiado tarde para hablar, danos al menos el arrepentimiento sincero y el firme propósito de no volver a callar nunca más. Recen conmigo, hermanos.
No por venganza, nunca por venganza, por justicia, por las víctimas, por la verdad, por nosotros. Amén. Hermanos, antes de cerrar, esa carta sigue sobre la mesa de León 14. Ese expediente sigue abierto y la pregunta que México lleva años haciéndose sigue esta noche sin respuesta. ¿Actuará el Papa Nuevo o será solo un hombre más en la larga, larguísima lista de los que prefirieron el silencio cómodo a la verdad incómoda? Yo no lo sé, hermanos, pero les prometo una cosa.
Voy a estar aquí para contárselo. El día que haya una decisión sobre la renuncia de Rivera, el día que el protocolo nuevo de rendición de cuentas se aplique o el día que quede claro que no se va a aplicar, el día que México sepa por fin si la justicia que tanto ha tardado va a llegar, aunque llegue tarde para muchos.
Si este video llegó hasta ustedes, compártanlo con alguien que ame a la Iglesia mexicana y que sufra por ella como sufro yo. Con alguien que crea como creo yo, que los poderosos también deben rendir cuentas con alguien que necesite escuchar que exigir la verdad a la Iglesia no es atacar la fe, sino defenderla de los que la usaron mal.
Y si esta noche sienten que cargan un silencio propio que les pesa en la conciencia, recuerden que en el primer enlace de la descripción tienen el libro El escudo de Dios. Escriban amén en los comentarios si creen como yo, que la verdad, aunque tarde, aunque cueste, aunque incomode a los poderosos, siempre, siempre merece salir a la luz.
Que Dios los bendiga y los proteja siempre. Que las víctimas que llevan tanto tiempo esperando encuentren por fin justicia y que cada uno de nosotros, empezando por este viejo cura que también un día cayó, encuentre el valor de no volver a hacerlo jamás. Los quiero, familia.