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UNA BRUJA Pidió CONFESARSE con el PADRE LUIS TORO

Un día llegó una señora muy grave muriéndose, la piel literalmente pegada al hueso, flaquitica, la traía entre varias personas. Me dijo, “Padre, me quiero confesar con usted.” Y le dije, “Perfecto.” Dijo, “Pero sí me puedo confesar.” Di, “¿Por qué no?” Dijo, “Porque yo soy una bruja.” Pues claro que sí. Bienvenidos, amigos y hermanos, a este canal de evangelización.

Hoy es un video diferente, es un video paranormal. ¿Han escuchado ustedes las cosas paranormales en los sacerdotes también? Pues fíjese lo que le ha pasado al padre Luis Toro, las experiencias que ha tenido que vivir directamente con el directamente con el enemigo y cómo ha tenido que expulsar demonios de otras personas porque hacen, porque escogen el camino mal.

Vamos a escuchar este video, vamos a compartir, vamos a a meditar esto porque está muy bueno en esta entrevista y lo queremos compartir con todos ustedes. Es un video paranormal, así que no se lo pierdan, suscríbete y comparte porque compartir es evangelizar. Padre, eh, ¿cómo inicia su llamado vocacional? Eh, ¿a qué edad? Eh, ¿dónde estaba? ¿Cómo fue ese proceso de el hacia la vida consagrada? Pues eh fue como a los 17, 18, no, los 18 años.

Sí, a los 18 años cuando terminaba yo el bafiderato, eh el señor pues me me cuestionó para ir al seminario por medio de un profesor. Siempre pues nuestro padre, que fue el primer seminario que yo tuve, enseñaron a amar a Dios, a servir a él, a querer ser santo, a buscar la santidad. Una de las cosas que nuestro padre nos daba como como eh meta seguir la santidad.

de que teníamos que buscar el estar con Dios y que podamos nosotros tener esa cercanía del Señor y llegar a la vida eterna. Y esa era nuestra meta y ese era nuestro deseo, solamente que no sabíamos cómo hacerlo, ¿no? Y ya al llegar a los 18 años, pues eh me encontré con un profesor que había ido al seminario, yo era letra y entonces él eh me comenzó a hablar de de del seminario.

Entonces le decía, “No, pues yo de verdad que yo no quiero ni ir a estudiar a la universidad porque me dijo que país se acaba como la universidad. Yo lo que quiero ser santo.” Dije, “No, pero es que precisamente allá le enseñan a usted cómo hacer las cosas.” Hay dos grupos allá en el seminario. El grupo bueno que lo enseña a hacer cosas buenas y a llevar a la santidad y el grupo malo que si usted quiere dejar por ahí, pues van también a la perdición.

Pero está de todo. Y entonces eh solamente necesita escoger entre el bien y el mal, que en todas partes donde vaya lo habrá, pero nadie lo va a obligar. Usted es libre de hacer el bien o de hacer el mal. Entonces yo le dije, “Yo no puedo ni sé cómo hacerlo. Di no, yo lo enseño, yo le digo cómo. Yo voy a hablo en el seminario y y entonces pues si queda pues lo mandamos para allá.

” Le dio pues si usted habla y tiene contacto, pues hagamos la diligencia. Y así lo hizo. Y precisamente pues yo soy del campo y como yo estaba en el campo bien lejos de la ciudad. ¿De qué parte? De Venezuela, padre. Yo soy de un pueblito que se llama Puerto Nuevo. Eso es el límite de el Táchira con Barinas, la frontera, precisamente en la frontera, el otro el río está allí.

Y yo nací al otro lado del río, pero viví a este lado del río, o sea, al otro lado del río de Barinas, a este lado de Táchira. Y yo nací al otro lado, pero me registraron a este lado, de modo que parezco como como tachirense, pero realmente nací en estos varinas. Entonces ahí en ese en ese monte estaba yo y era imposible de que me fueran a buscar.

Él me llevó al seminario para que conociera allá. Habló con los padres y da y dijeron que bueno, no fuéramos y nos fuimos. Pero un día llegaron a buscarme y yo le había dicho a Dios que que bueno, si quiere que yo vaya al seminario, pues que me busquen. Y un día llegaron a buscarme, pero fue muy curioso y la muestra de la llamada de Dios porque yo no teníamos luz, no teníamos nada de distracción.

El juego de nosotros era con el barro cuando llovía y en el río y eso y ese día había llovido y estaba jugando con el barro yo solo a la orilla de la carretera cuando un carro pasó de largo y después frenó abajo, regresó la señora lloviendo, se bajó con un paragua y dice, “Joven, usted por casualidad no sabe dónde vive Luis Toro” dije, “Ese soy yo.

Usted sí, pues venimos a buscarlo para el seminario.” Entonces me acordé que yo le había dicho a Dios, “Señor, si quiere que vaya al seminario, pues mándeme a buscar.” Y ahí Dios estaba cumpliendo lo que yo le había dicho en mi oración. Y ahí le dije, “Bueno, pues ya le tocó el corazón.” Sí, me impactó, pero totalmente eh me tumbó el caballo, diríamos, ¿no? Deje, “No, aquí no hay otra explicación.

Ahora pues vaya hable con papá y arréglese ustedes lo que puedan.” Pero ya Dios me muestra desde que sí. Y ese era el trato que yo había hecho con Dios y se cumplió. pues me voy a seminar. Ellos hicieron todo lo posible y aunque papá se negó y puso en contra y eso, me fui al seminario y ahí pues me preparé ya. Y en el seminario, ¿cómo fue ese proceso? ¿Hubo alguna dificultad? ¿A veces hay piedras en el camino? ¿Hay pruebas? Pues en el seminario fue muy difícil para mí. Fue muy difícil.

Ciertamente que sí. Fueron muchas pruebas, no una fueron muchas. Este, pero sí le decía al señor que me ayudara a superar las pruebas. Eh, lo miraba muy largo, lo miraba muy difícil, muy duro. ¿Por qué? Porque para mí, y lo cuento pues como la experiencia que yo viví, otros tendrán esa experiencia, pero la experiencia mía, mis padres me habían dado una fe muy grande, una confianza en Dios, eh una rectitud moral que nos habían enseñado y al llegar al seminario me encuentro con jóvenes que pues no tenían esa rectitud y no

buscaban a Dios con sincero corazón, sino que estando los formadores eran una cosa y cuando no estaban los formadores era otra y eso a mí me chocaba y dice, “No, pues en qué mundo estoy.” Pero este yo decía, “Señor, ayúdeme para yo en medio de todo eso seguir adelante.” Y ellos me decían, pues no, o usted pasa a ser uno de los nuestros o se tiene que ir, pero no vamos a permitir que usted siga así porque usted es un estorbo para nosotros.

Usted nos lleva la contraria en todo. Usted no no se une a nosotros cuando estamos haciendo lo que a nosotros nos gusta. diferencia. Yo respeto, respétenme ustedes a mí, yo lo respeto a ustedes. Pero no, no era así. Entonces yo sufría mucho pidiéndole al Señor, Señor, pero ¿por qué esto? Yo quiero servirte, pero esto no me ayudan.

Y todo lo que yo buscaba, si era oración, tenía que hacerlo escondidas. Si era leer la palabra de Dios, tenía que hacerla escondida porque para ellos era algo como más bien les daba rabia, a pesar de que no les hacía estorbo a ellos ni les hacía daño, pero se burlaban y querían estorbarme y me malponían, iban y hablaban mal.

solamente que gracias a Dios, por ejemplo, hubo un padre que le agradezco mucho porque él era el encargado de en la noche cuando ya nos íbamos a dormir, él era el encargado de velar por nosotros y cuando le decían en las horas de estudio de la noche, yo no estudiaba, sino me iba a hacer oración, miren que todo no está en el cuarto, ¿dónde estará? Y entonces pensaba que se estaba escapando del seminario.

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