Un día llegó una señora muy grave muriéndose, la piel literalmente pegada al hueso, flaquitica, la traía entre varias personas. Me dijo, “Padre, me quiero confesar con usted.” Y le dije, “Perfecto.” Dijo, “Pero sí me puedo confesar.” Di, “¿Por qué no?” Dijo, “Porque yo soy una bruja.” Pues claro que sí. Bienvenidos, amigos y hermanos, a este canal de evangelización.
Hoy es un video diferente, es un video paranormal. ¿Han escuchado ustedes las cosas paranormales en los sacerdotes también? Pues fíjese lo que le ha pasado al padre Luis Toro, las experiencias que ha tenido que vivir directamente con el directamente con el enemigo y cómo ha tenido que expulsar demonios de otras personas porque hacen, porque escogen el camino mal.
Vamos a escuchar este video, vamos a compartir, vamos a a meditar esto porque está muy bueno en esta entrevista y lo queremos compartir con todos ustedes. Es un video paranormal, así que no se lo pierdan, suscríbete y comparte porque compartir es evangelizar. Padre, eh, ¿cómo inicia su llamado vocacional? Eh, ¿a qué edad? Eh, ¿dónde estaba? ¿Cómo fue ese proceso de el hacia la vida consagrada? Pues eh fue como a los 17, 18, no, los 18 años.
Sí, a los 18 años cuando terminaba yo el bafiderato, eh el señor pues me me cuestionó para ir al seminario por medio de un profesor. Siempre pues nuestro padre, que fue el primer seminario que yo tuve, enseñaron a amar a Dios, a servir a él, a querer ser santo, a buscar la santidad. Una de las cosas que nuestro padre nos daba como como eh meta seguir la santidad.
de que teníamos que buscar el estar con Dios y que podamos nosotros tener esa cercanía del Señor y llegar a la vida eterna. Y esa era nuestra meta y ese era nuestro deseo, solamente que no sabíamos cómo hacerlo, ¿no? Y ya al llegar a los 18 años, pues eh me encontré con un profesor que había ido al seminario, yo era letra y entonces él eh me comenzó a hablar de de del seminario.
Entonces le decía, “No, pues yo de verdad que yo no quiero ni ir a estudiar a la universidad porque me dijo que país se acaba como la universidad. Yo lo que quiero ser santo.” Dije, “No, pero es que precisamente allá le enseñan a usted cómo hacer las cosas.” Hay dos grupos allá en el seminario. El grupo bueno que lo enseña a hacer cosas buenas y a llevar a la santidad y el grupo malo que si usted quiere dejar por ahí, pues van también a la perdición.
Pero está de todo. Y entonces eh solamente necesita escoger entre el bien y el mal, que en todas partes donde vaya lo habrá, pero nadie lo va a obligar. Usted es libre de hacer el bien o de hacer el mal. Entonces yo le dije, “Yo no puedo ni sé cómo hacerlo. Di no, yo lo enseño, yo le digo cómo. Yo voy a hablo en el seminario y y entonces pues si queda pues lo mandamos para allá.
” Le dio pues si usted habla y tiene contacto, pues hagamos la diligencia. Y así lo hizo. Y precisamente pues yo soy del campo y como yo estaba en el campo bien lejos de la ciudad. ¿De qué parte? De Venezuela, padre. Yo soy de un pueblito que se llama Puerto Nuevo. Eso es el límite de el Táchira con Barinas, la frontera, precisamente en la frontera, el otro el río está allí.
Y yo nací al otro lado del río, pero viví a este lado del río, o sea, al otro lado del río de Barinas, a este lado de Táchira. Y yo nací al otro lado, pero me registraron a este lado, de modo que parezco como como tachirense, pero realmente nací en estos varinas. Entonces ahí en ese en ese monte estaba yo y era imposible de que me fueran a buscar.
Él me llevó al seminario para que conociera allá. Habló con los padres y da y dijeron que bueno, no fuéramos y nos fuimos. Pero un día llegaron a buscarme y yo le había dicho a Dios que que bueno, si quiere que yo vaya al seminario, pues que me busquen. Y un día llegaron a buscarme, pero fue muy curioso y la muestra de la llamada de Dios porque yo no teníamos luz, no teníamos nada de distracción.
El juego de nosotros era con el barro cuando llovía y en el río y eso y ese día había llovido y estaba jugando con el barro yo solo a la orilla de la carretera cuando un carro pasó de largo y después frenó abajo, regresó la señora lloviendo, se bajó con un paragua y dice, “Joven, usted por casualidad no sabe dónde vive Luis Toro” dije, “Ese soy yo.
Usted sí, pues venimos a buscarlo para el seminario.” Entonces me acordé que yo le había dicho a Dios, “Señor, si quiere que vaya al seminario, pues mándeme a buscar.” Y ahí Dios estaba cumpliendo lo que yo le había dicho en mi oración. Y ahí le dije, “Bueno, pues ya le tocó el corazón.” Sí, me impactó, pero totalmente eh me tumbó el caballo, diríamos, ¿no? Deje, “No, aquí no hay otra explicación.
Ahora pues vaya hable con papá y arréglese ustedes lo que puedan.” Pero ya Dios me muestra desde que sí. Y ese era el trato que yo había hecho con Dios y se cumplió. pues me voy a seminar. Ellos hicieron todo lo posible y aunque papá se negó y puso en contra y eso, me fui al seminario y ahí pues me preparé ya. Y en el seminario, ¿cómo fue ese proceso? ¿Hubo alguna dificultad? ¿A veces hay piedras en el camino? ¿Hay pruebas? Pues en el seminario fue muy difícil para mí. Fue muy difícil.
Ciertamente que sí. Fueron muchas pruebas, no una fueron muchas. Este, pero sí le decía al señor que me ayudara a superar las pruebas. Eh, lo miraba muy largo, lo miraba muy difícil, muy duro. ¿Por qué? Porque para mí, y lo cuento pues como la experiencia que yo viví, otros tendrán esa experiencia, pero la experiencia mía, mis padres me habían dado una fe muy grande, una confianza en Dios, eh una rectitud moral que nos habían enseñado y al llegar al seminario me encuentro con jóvenes que pues no tenían esa rectitud y no
buscaban a Dios con sincero corazón, sino que estando los formadores eran una cosa y cuando no estaban los formadores era otra y eso a mí me chocaba y dice, “No, pues en qué mundo estoy.” Pero este yo decía, “Señor, ayúdeme para yo en medio de todo eso seguir adelante.” Y ellos me decían, pues no, o usted pasa a ser uno de los nuestros o se tiene que ir, pero no vamos a permitir que usted siga así porque usted es un estorbo para nosotros.
Usted nos lleva la contraria en todo. Usted no no se une a nosotros cuando estamos haciendo lo que a nosotros nos gusta. diferencia. Yo respeto, respétenme ustedes a mí, yo lo respeto a ustedes. Pero no, no era así. Entonces yo sufría mucho pidiéndole al Señor, Señor, pero ¿por qué esto? Yo quiero servirte, pero esto no me ayudan.
Y todo lo que yo buscaba, si era oración, tenía que hacerlo escondidas. Si era leer la palabra de Dios, tenía que hacerla escondida porque para ellos era algo como más bien les daba rabia, a pesar de que no les hacía estorbo a ellos ni les hacía daño, pero se burlaban y querían estorbarme y me malponían, iban y hablaban mal.
solamente que gracias a Dios, por ejemplo, hubo un padre que le agradezco mucho porque él era el encargado de en la noche cuando ya nos íbamos a dormir, él era el encargado de velar por nosotros y cuando le decían en las horas de estudio de la noche, yo no estudiaba, sino me iba a hacer oración, miren que todo no está en el cuarto, ¿dónde estará? Y entonces pensaba que se estaba escapando del seminario.
Estaba escapando del seminario, pues no me encontraban, me buscaban por todos lados, no me encontraban porque yo buscaba un lugar que nadie me encontrara, sabía que nadie viviera allá, que era en el en el santísimo. Está el santísimo y luego estaba el altar y en medio del santísimo y el altar yo me postraba a orar para que no me vieran.
Entonces decía mi oración postrado y si llegaban en la capilla no iban a ir hasta el altar a ver si yo estaba ahí. iba a tener la idea y entonces ahí yo me quedaba postrado orando y ellos me buscaban por todos lados decía que yo me escapaba del seminario y y cuando ya terminaba la hora, ya tenía que ir a dormir, pues yo llegaba con cuidado, me metía al cuarto, pero el formador que era el director espiritual, a lo mejor, no sé, a lo mejor él sí me había vigado, no sé, había descubierto que yo estaba ahí porque él no fue problema de ninguna clase, pero los
muchachos siempre tenían eso. me decía, “Sí, en los estudios usted va a salir mal porque usted se la pasa haciendo quién sabe qué cosa y no está estudiando la hora que tiene que estudiar.” Entonces yo le decía, pues no se preocupe por mí, preocúpese por usted y y listo. Y entonces si usted sale mejor que yo, pues bueno, tenga razón, pero vamos a la hora de las notas a ver quién sale mejor.
¿Cuántos años pasó en el seminario? Como 9 años o 10 más o menos. Sí. ¿Y cuál era su materia predilecta? mi materia predilecta como tal, pues la verdad que que no como materia, como materia me gustaban los temas, sí, pero no tenía la dicha de que los profesores, por ejemplo, me hicieran enamorar de esa de esa de esos temas.
Ajá. Que, por ejemplo, eran los sacramentos que yo anhelaba mucho ya en la teología, ¿ya? Pero tuve la dicha o la desdicha, no sé, de tener un profesor que era medio protestante y decía que eso era invento de los hombres, que eso no inventa Dios, que eso no existía en la Biblia, que eso era mentira.
Y entonces me obligaba a mí a por mi cuenta a buscar para encontrar donde decía la Biblia que sí era así. Ahí fue, digamos, eh el camino que usted encontró para conocer y profundizar en el conocimiento de la Biblia. Ahí en ese momento no lo entendía así. Ahí en ese momento me decepcionaba, pero ahora mirando hacia atrás es exactamente como usted lo ha dicho. Claro que sí.
Que eh tenía que pasar por ahí como para que despertar en mí el deseo de búsqueda, ¿no? Y de encontrar una respuesta si mi profesor no me la daba. Padre, ya en sus primeros años de sacerdocio, ¿qué experiencia tiene? ¿Qué recuerda? Uy, miles de experiencias. Eh, este cuando yo me ordené, bueno, la primera experiencia me mandaron a a la grita porque la primera parroquia que me mandaron duré no más 6 meses porque el padre me puso dos condiciones que no acepté.
Uno, la misa tenía que durar máximo 25 minutos y dos confesando una persona no podía durar más de 2 minutos. Entonces le dije, pues se equivoca, busqué otro. Y sí, buscó otro y me sacaron de ahí, me mandaron para para la grita y llegué a la grita ya con la fe y con el deseo de vivir mi sacerdocio, pero sin la experiencia. Y recuerdo que que bueno allá la experiencia es que era un pueblo muy creyente, pero como era muy creyente había mucha brujería, o sea, la contraposición, el peso, ¿no? Eh, el tenía que trabajar bastante y trabajaba con con brujería.
Pero llegó el padre Luis Toro. Llegó el padre Luis Toro y entonces los padres tenían miedo a hablar de de la brujería porque era la mata de la brujería y le tenían como cosas a los protest a los a los brujos para que no le hicieran daño. Y bueno, yo la experiencia fue que un día fue muy duro porque llegó una una muchachita como de 15 años eh diciéndome que había ido al brujo, papá y mamá lo había llevado al brujo y el brujo le había dado algo y se había quedado dormida y cuando ella despertó pues la había la había violado. Y después llegó
la mamá y dijo, “No, que mire que mi hija tenía un tenía un espíritu y le llevé al brujo para que le sacara el espíritu. Le hizo un despojo, pero él me dijo que para hacer el despojo tenía que acostarme con él y terminé acostándome con él.” Y después llegó el el el papá de la niña Mary, que mi hija tenía un espíritu y tuve que llevarla un brujo para que hiciera un despojo.
Este le hice un despojo a mi mujer y yo dije, “Uy, también creé que le hizo el despojo a él también.” Pero bueno, ahí me molesté y comencé a agarrarla contra los brujos y todos los días le hablaba en contra de los brujos hasta que un día llegó una señora muy grave muriéndose, la piel literalmente pegada al hueso, flaquitica, la traía entre varias personas.
Me dijo, “Padre, me quiero confesar con usted.” Y le dije, “Perfecto.” Dijo, “Pero sí me puedo confesar.” Di, “¿Por qué no?” Dijo, “Porque yo soy una bruja. Yo le dije, “Pues claro que sí.” Digo, “Mire, usted me ve como estoy enferma.” Sí. Pues mire, yo soy una bruja, es que nos reunimos todos los brujos de aquí de la grita y nos dio mucha rabia por el trabajo que usted está haciendo en contra de nosotros.
y nos fuimos a hacerle una brujería allá a la montaña de sorte y en contra es una montaña como espiritual de ellos el espíritu y eso. Y allá pues bajó un espíritu y lo mandamos, le dimos la orden que se le metiera a usted para que le hiciera daño porque queríamos destruirlo y dijo con ese señor yo no me puedo meter, pero yo de aquí no me voy.
Y se me metió a mí y mire cómo estoy, me estoy muriendo. y me han llevado a todas partes los brujos, me han hecho tod las sesiones espiritistas y no el espíritu no se ha querido ir. Entonces los brujos todos pues coincidimos en que tenía que venir a usted para que usted hiciera oración por mí. ¿Será que usted hace oración por mí? ¿Me confies? Claro que sí, ¿cómo no? Claro, yo estaba recién ordenado y me puse, la confesé y cuando le puse la mano encima para darle la solución, la mujer comenó comenzó a botar humo por la cabeza.
Humo, como cuando hay un perol caliente y usted le echa agua. Oh, humo. Y el olor era horrible, ¿no? Como dicen, azufre. Era era algo muy a cacho. Ajá. Cacho. Bueno, eso y yo me asusté mucho. Me asusté mucho, pero seguí orando porque no era mi experiencia. Estoy joven, recién ordenado. Y seguí orando, seguí orando y cuando le di la solución, la mujer cayó al suelo.
Después seguí orando, se recuperó y me dijo que que se sentía mejor y que está y se sentía contenta. Me dijo, “Gracias, padre, me siento muy aliviada, me siento mejor.” Y se fue. Después no supe qué pasó con ella. No supe, pero esa experiencia me marcó. le marcó porque nunca había visto algo externo de de lo de lo espiritual, ¿no? Porque una se exteriorizó lo espiritual dañino que tenía ella y cómo Dios la estaba liberando a través del sacramento de la confesión.
Y ahí aprendí lo que me habían dicho en el seminario, que el mejor exorcismo era el sacramento de la confesión. O sea, usted estaba en ese momento eh haciendo expulsar los demonios. Exactamente. Y eso me me aferró más a amar el sacramento de la confesión. Y y bueno, otro día, por ejemplo, ahí mismo, este estaba confesando toda la Semana Santa, yo confesaba de 7 de la mañana a 3 de la mañana del otro día y eran cantidad de gente que iba a confesarse y un día estaba confesando y eh allá el confesionario es encerrado,
uno no ve la persona. Entonces llegó un hombre a confesarse. di llega un hombre porque fue lo que yo pensé y con voz de hombre me dice, “Vengo a darle la orden que no confiese más.” Y a mí me dio risa porque quién me está dando las órdenes de que lo confiese más. Entonces le dije, “Pero, ¿quién es usted que viene a darme órdenes a mí? Yo no sigo órdenes de nadie.
Yo estoy aquí confesando y estoy sirviéndole a Dios y estoy haciendo el ejercicio. Que le doy una orden y tienen que cumplirlo. Si no, yo lo mato. Ah, me va a matar a mí. Yo no me muero el día en que en que usted quiera, yo me muero el día que Dios me llamar. Me dijo, escúcheme bien. Si usted sigue confesando, ahorita vienen unos jóvenes a confesarse.
Ahorita vienen, si usted los confiesa, los mato a ellos. Entonces le dije, pues el que venga a confesar, yo lo confieso. Le doy la orden de que no confiese más. Le dije, “Pase enfrente, salga de ahí, pase en frente, yo quiero ver quién es usted.” Y salió de ahí, pasó en frente y era una muchacha como de 17 años, pero hablaba con un hombre así y los ojos rojos y le brotaban los ojos como un perro rabioso de y no y era la primera vez que tenía la experiencia es que tenía ese encuentro.
Sí. No, los pelos me pusieron de punta y eso el cuerpo se me debilitó, pero siempre yo oraba para mantener la fuerza y me puse una vez, busqué a Dios espiritualmente y me viene la fuerza y me dice, “La orden es que no confiese más.” Y le dice, le dije, “Yo confieso al que llegue.” Entonces solamente recibía y recibe orden del Señor.
Ajá. y dijo, “Los mato.” Saló y se fue. En ese momento me llaman, “Mire, llegaron unos jóvenes que se quieren confesar.” Dije, “Ah, bárbaro, me dijo que venía unos jóvenes a confesarse.” Y sí, aquí están los jóvenes. Me fui. Y entonces los jóvenes llorando, “No, pero es que no podemos confesarnos porque eh si nos si nos confesamos nos van a matar.
” Si le si lo van a matar, si usted no se confiesa, pero si lo va si ustedes se confiesan, nadie los va a matar. Entonces será padre, pero tenemos mucho miedo porque nosotros estábamos jugando la hijja. No sé si aquí juegan la o conoce lo que es la wijja, algo un juego diabólico. Y y los jóvenes pues quedamos los espíritus nos hicieron daño.
Hay unos que están endemoniados. Ah, bueno, yo le dije, “No, venga, lo confeso.” Cuando yo senté al primero a confesar, escuché un grito allá en la puerta de la iglesia, “No los confesar.” Y era otra vez la muchacha, pero como había mucha gente, la agarraron allá en la puerta y no la dejan ver. Y yo me puse y lo confesé y confesé eran como ocho jóvenes.
Cuando confesé el último, entonces allá la mujer se les escapó a los que estaban agrandela que vengan. Y la mujer se me vino como una fiera. Voló. Había como en la iglesia para pasar al altar una, ¿cómo se llama eso? este eh cabilla o algo así para que la gente no pase. Sí. Ah, rejas. Rejas. La rej. Y la mujer voló las rejas.
Y cuando voló las rejas, yo dije, “E, papá, la cosa está brava.” Y se me viene encima. Cuando yo vi que se me venía encima, cerré los ojos, puse las manos hacia delante y puse la mente con Dios y le dije, “Señor, yo en ti confío, yo te sirvo a ti y Satanás no puede hacerme daño.
” A pesar que mi cuerpo temblaba, mi espíritu estaba firme y seguí orando y yo dije, “¿Qué pasaría con la mujer?” dejó los gritos y todo. Abrí un ojito así y la mujer estaba agachada bajo mis manos y seguí orando. Seguí orando y dije, “Ah, entonces está sometido.” No, era la primera vez. Y yo sabía que tenía el poder, pero no lo había experimentado todavía.
Y cuando ya vi que la mujer estaba doblegada allí, seguí orando y cuando sentí la fuerza de Dios más le dije, “En el nombre de Jesucristo y por el poder que me dio el día de la ordenación, te ordeno, Satanás, sal de ella.” Y la mujer cayó, pum, de platanazo al suelo. Uy, quedó inconsciente, quedó liberada. Seguí haciendo oración.
Seguí haciendo oración y dije, “Ah, bueno, está bien.” Se paró y hablaba como una muchacha. “Padre, no me dea, tengo mucho miedo. Conféseme.” Ya era ella. Ya era ella. La confeséa y salí. Sentí que se me dijo Jesús, que una fuerza salió de mí. Me sentí como si hubiese trabajado toda una semana sin comer. Un desaliento tan bravo.
Me fui al santísimo, oré, agarré un poquito de fuerza y dije, “Ya voy, voy a tomarme un agüita en la cocina.” Y salí, me fui para la cocina. Y cuando iba llegando a la cocina venían con otra mujer endemoniada, otra muchacha. Oh, pero que ese pueblo era tremendo, padre. Sí, era muy cristiano. Muy cristiano, pero por el otro lado estaba la parte diabólica, ¿eh? Y entonces, bueno, venía la otra que estaban jugando y la hija varios y venía la otra eh endemoniada.
Y entonces resulta que nos encontramos en la en la curva, ella va y yo voy y nos encontramos cara a cara. Cuando yo la miro y ella me mira, cayó el sol. Entonces hice oración por ella y y cuando revolvió en sí se confesó también. Bueno, fui a la cocina, llegué allá a la cocina, este, me tomé me tomé una agüita y dije, “Bueno, está bien.
” Cuando fui otra vez, iba hacia el santísimo, llegaron, “Padre que que hay otra muchacha que está que está endemoniada para que la atienda.” Y le llévemela arriba ya no en la iglesia porque hay mucha gente. Llévemela arriba al segundo piso. Ya tenemos la capillita del santísimo. Llévamela para allá. La llevaron para allá. Y yo llegué a la puerta y la mujer estaba como se como una era como una culebra así y la mujer quería salirse y yo ciérrame la puerta.
Pero el santísimo estaba a un lado y le tenía miedo al santísimo y al otro lado donde yo estaba, pues entonces me tenía miedo a mí. Entonces la fui arrinconando. Estaba acorralada, acorralada. Y comenzó a suplicarme, “No, no me atormentes, no me atormentes, pero con voz de hombre, no me atormentes, no me atormente.” Y me puse en oración hasta que le di la orden, quedó desmayada también y y listo. Va.
Entonces, este ahí ya me quedé en el santísimo un rato y dije, “Ay, Señor, ayúdame, no puedo más, me estoy muriendo.” Bueno, bajé. Cuando bajé, este, iban subiendo por la escalera a otra mujer, pero la llevaban entre varias mujeres porque no podía ver a los hombres, era un espíritu que odiaba a los hombres.
Entonces, la llegada entre varias mujeres y yo venía bajando la escalera y iba subiendo y cuando íbamos subiendo p nos volv nos encontramos cara a cara y la mujer quedó desmayada. Oré por ella, y me fui al cuarto y me encerré para tomar fuerza porque quedé débil, débil, débil, como usted no tiene idea.
Y qué pasa? Me puse a orar en el cuarto como se estuviese luchando físicamente. Sí, muy grande. Y me puse a orar, orar, ¿verdad? Después que salí, ya tomé bastante fuerza y agarré fuercita, ya salí, me fui a la cocina a tomarme y me dice la me dice la señora, “Mire, padre, la secretaria que usted le toca celebrar la misa porque otro padre está encerrado.
” ¿Y eso por qué no? Porque hay unos jóvenes que están por ahí endemoniados y él con eso no trabaja y está está trancado con candado. Y el padre se había encerrado con candoo por dentro y mandó a la secretaria que le echaran candado por fuera y él se metió allá y bueno, entonces a mí me tocó que hacer todo.
Le cuento que cuando Pero no eran los mismos jóvenes, eran otros jóvenes. Es que eran muchos jóvenes que estaban jugando la hija. la hijja, pero ya los que yo los atendí porque el padre se había escondido, eran los mismos que estaban buscando el padre, mientras yo atendía uno, a otro llevab al otro padre y el otro padre se escondió y no sabía que yo los estaba atendiendo, pues.
Y cuando yo terminé de confesar, póngale usted 9 de la noche, me quise ir a dormir, qué sueño ni que nada, me el cuerpo me temblaba así solito, me temblaba el cuerpo y el sueño nada y y como que una debilidad tan grande esa noche me tocó que pasar de rodillas en vigilia, en oración toda la noche sin dormir ni siquiera una hora.
Y yo dije, “Mañana tengo que trabajar porque era por Semana Santa. Mañana tengo que trabajar todo el día. ¿Qué voy a hacer?” Pero no sentía fuerza. La única fuerza era orar, orar, orar, orar, orar, orar. Cuando, bueno, llamaron para el desayuno en la mañana, yo dije, “Uy, hoy voy a andar dormido todo el día.” Le confieso que pasé todo el día trabajando y no sentí sueño ni un momento con una fuerza y creí como si hubiese dormido la de la mejor manera.
Y una experiencia que yo nunca había tenido. Primera la experiencia que pasé toda la noche orando. No, nunca había pasado una noche orando. Siempre pues unas horas una hora, 2 horas, 3 horas, 4 horas, lo que sea, pero pasar una noche dormido, este, orando, nunca había pasado así. Y esa fue una de las experiencias más hermosas que me llevé allá en la grita.
unas experiencias bien eh significativas y místicas, aterradoras también en sus primeros días de sacerdote. Y esas experiencias, padre, le dieron usted fortaleza para adentrarse en la en el estudio de la Biblia, en la apologética. Esa experiencia me dieron la fortaleza para enfrentar al en lo que sea. Yo no le tengo miedo a nadie.
ni al O sea, espiritualmente y hablando, corporalmente y hablando. Yo veo desde pequeñito me metían miedo con la policía y la guardia y yo veo la la autoridad y yo tiemblo de de humanamente así, ¿no? Pero espiritualmente no le tengo miedo. Incluso he sido capellán y eso y me enfrento y eso, ¿no? Pero humanamente sí, pero espiritualmente no le tengo miedo a nadie.
Eso me ayudó a enfrentar las situaciones en la vida, aunque esté Satanás de por medio no le tengo miedo. Pero la parte ya de enfrentarme a los protestantes ha sido por ver cómo los protestantes estaban llevándose a la gente y nadie hacía nada. A mí me me atormentaba saber que el pueblo se estaba metiendo a protestante y que nadie hacía nada.
Por ejemplo, mi eh en mi diócesis un yo creo que un 90 95% era católico. Yo yo creo que 95% era católico. Habría un 5% protestante. Y entonces pues mi obispo no le importaba que los protestantes hicieran este su trabajo y verad, porque un 95% tenemos bastante gente y ellos tienen poquito y muy conformistas de locura, pues también, pero a mí sí me atormentaba porque yo vivía en la frontera con Barinas y en la frontera con Barinas ya era otra diócesis distinta, llanera y había un 60% de de protestantes.
y y un 40% de de católicos más o menos. Entonces ya sabía que la cosa era era dura y yo quería trabajar para que el Táchira no fuera como harina y entonces no el obispo y los otros no me apoyaban y de allí mi obispo por cosas de la vida me mandó de misionero a la diócesis de Barinas y al llegar allá me encuentro con la realidad que la gente eran la mayoría protestante y luego muchos se estaban metiendo de la Iglesia Católica protestante lleno de tormento.
Y entonces fue cuando me había obligado a a prepararme para darle una respuesta a la gente de cómo mantener su fe y también de mostrarle a los protestantes que estaban engañados. ¿Cómo es su disciplina para llegar a ese conocimiento que usted expresa en esas eh digamos en esos debates con los protestantes? El conocimiento tan eh bien marcado de la Biblia de A usted no le echan cuento.
Usted usted usted usted desarma los los cuchillos de de cartón. [risas] Yo digo que es un milagro, es un don de Dios, es una gracia de Dios, es algo que no puedo explicar. Lo único que yo he hecho humanamente, yo creo, yo digo que yo he hecho lo humano y Dios lo posible y Dios hace lo imposible, él ha actuado y admiro lo que él hace en mí, lo agradezco siempre y pero lo que yo humanamente he hecho es que h cuando estaba en el seminario leí la Biblia muchas veces. Sí, la leí.
Yo tenía una hora fija para leer las escrituras. Yo Eva, trueno, relámpagué y lo leías de rodillas para no quedarme dormido y no entendía nada, pero la leía y así lo hice todo el tiempo. Y entonces este no sabía por qué, pero ya después que me dice sacerdote este quise aprender la apologética. Entonces comencé usando un método que el padre Flayano Matul me dijo, el método de aprenderme una cita por día.
agarraba un papel y colocaba por un lado lo que decía la cita y por otro lado dónde aparecía, en qué libro y lo cargaba en el bolsillo y todo el día andaba repitiendo la cita y aprendiéndome la cita. Al otro día repetía las anteriores y y la nueva y así me iba aprendiendo primero un tema, el primer tema que me aprendí fue el de la Virgen María y después que me aprendí a ese tema, las citas que yo quería, las más esenciales, me fui buscando otro tema.
Y así iba aprendiendo los temas, se me olvidaba y volvía otra vez a repasarlo y se me olvidaba y volvía otra vez a repasarlo. Y luego cuando tenía la oportunidad que algún protestante me llegaba, porque ya era inevitable que me llegara, pues estaba en tierra de misión donde eran los protestantes, pues ahí me iba puliendo con ellos y ya Dios me iba dando la gracia.
Ahora, eh, yo hacía eso, leer la Biblia, aprender una cita, pero luego le dedicaba tiempo a la oración. ¿Por qué? Porque me di cuenta que hacía un esquema, por ejemplo, para ir a dar una enseñanza. un esquema y cuando iba a desarrollar el esquema le costaba mucho, tenía que estar leyendo y tenía que esto y me costaba demasiado y había por otro lado como otro esquema en la mente, ¿no? Aquí que me iba llegando.
O seguía el que yo había hecho o seguía el que me llegaba a la mente. ¿Cuál seguía? Y entonces yo decía, ¿cuál seguir? Al comienzo luché entre cuál seguir y seguía el de aquí, pero entonces peleaba con el otro y el tiempo luchaba para ver cómo desarrollar lo que estaba aquí fielmente y no quedaba satisfecho.
Hasta que un día renuncié a esto y dejé que que que Dios me iluminara y la gente pues le gustó más y yo quedé más satisfecho y dije, “Ah, no, pero es que Dios me está diciendo que trabaje así.” boté los esquemas y dije, pues ahora le doy cabida al Espíritu Santo. Entonces, antes de cualquier cosa, lo que hago es ponerme a orar y decirle el Espíritu Santo, yo no sé que voy a hablar.
Tú sabes lo que el pueblo necesita y tú eres el que me puede iluminar. Me pongo en tus manos. Ilumíname, inspírame, recuérdame las citas y haz que las palabras que voy a decir tengan empuje, fuerza para que golpee la mente y el corazón del ser humano. Convierta lo que tú quieras. Yo simplemente hago lo que puedo, lo que no puedo te lo dejo a ti y le dedico más tiempo a la oración que a otra cosa.
Entonces, cuando voy el espíritu se encarga de recordarme la cita y de iluminarme las ideas y y es algo fantástico, maravilloso. El primero que queda admirado soy yo. Y por eso los protestantes quedan perdidos porque ellos dicen, “Voy a enfrentarme con el toro y voy a ver cómo es que el toro desarrolla este esquema y ta ta ta.
” Y resulta que yo no desarrollo esquema, yo voy a lo que el Espíritu Santo meere. A ver, ¿cómo hace usted para mantener la calma? Lo he visto en esas en esos debates que le insultan, insultan a la iglesia, a todos nuestros hermanos y usted mantiene la calma. ¿Cómo qué hace? Porque yo creo en la palabra de Dios y dice Apocalipsis capítulo 12 versículo 9, dice que el este fue el Satanás o la antigua serpiente fue pulsada del cielo a la tierra para engañar al mundo entero.
Y dice, “Y sus ángeles fueron expulsados con él para engañar al mundo.” Entonces, cuando un protestante va o viene a hablar conmigo, yo estoy convencido que no es él solo, que trae el respaldo de Satanás. Y por eso entonces yo hago la oración pidiéndole al Espíritu Santo que me dé la fuerza, que me dé la paciencia, porque ya tengo la experiencia de enfrentar al en un poseído, pero también tengo la experiencia de enfrentar al en un protestante.
Y cuando termino de de atender a un a un poseído o termino de de atender a un protestante, siento lo mismo. Padre, en esos momentos de de debate, eh, ¿ha sentido usted algún en algún momento que más que ganar un debate toca el corazón de esa persona? Sí, sí, muchos, muchos. He tenido, varios.
El que sí, el que más me impactó fue una vez que fui a una comunidad y fui a dar una enseñanza y entonces los protestantes no me conocían, los pastores no me conocían y peleaban entre ellos que querían hablar conmigo y vinieron de varios grupos y vi a una comunidad y a otra, pero no podía, no había luz para grabarlos y tal, pero llegué a un lugar donde sí había luz y podía grabarlo.
Entonces llegué allí y un pastor me había invitado o me había retado que quería hablar conmigo y yo fui y cuando llegué llegó otro pastor que no era el que me había invitado, no que yo quiero hablar con ustedes di el otro, no fui el primero que le pónganse de acuerdo y llegó otro pastor y dijo, no va a debatir es conmigo.
No pu de acuerdo yo debato con ustedes si quiere uno por uno, pero primero debato con el que me invitó y después con el otro y después con el otro. Entonces quedamos así. Dije, “Tengo toda la tarde, no tengo problema.” Y de comandada de misión, “No tengo problema.” Aceptaron. Comencé con el que me había invitado y le dije, “Pues yo no voy a poner a más nadie a leer.
Agarre, pastor, usted la Biblia al otro, al último. Agarre usted la Biblia y comience a leer. Busca la cita que yo le doy, lo que dice el pastor, sea usted.” Y así lo hicimos. Él comenzó a buscar la cita de lo que decía el pastor y a leer y después buscó la cita de lo que yo decía y debatí. Ya terminé con este, agarré con el otro y seguí debatiendo y cuando terminé con este le dije, “Ahora voy con usted.
” Me dijo, “Ya vamos.” La palabra de Dios me ha golpeado muy duro. Ahora veo que estoy equivocado y Dios me ha mostrado que estoy equivocado y no puedo refutar la palabra de Dios. Yo amo la verdad y no puedo estar en contra de la verdad y acabo de ver la verdad. Yo no puedo estar en contra.
Y se puso a llorar y dijo, “No, esto es imposible. jamás había visto yo esto. Y ese día el pastor se convirtió y fue una experiencia muy maravillosa. ¿Qué le diría usted a a nuestros hermanos, a la filigresía de a veces de creerse el sabelo todo, de interpretar personalmente la Biblia? Decirle que es un es una falsedad, es un engaño de Satanás.
Dice San Pedro, segunda de Pedro 1:20, nadie y si usted llama nadie, usted tampoco nadie puede interpretar las Escrituras por su propia cuenta. Y y luego dice el por qué segunda de Timoteo, segunda de Pedro 3:16, porque hay en ellas cosas difíciles que los ignorantes y los poco firmes en la fe tuerce, como las demás escrituras para su propia condenación.
Entonces este si San Pedro lo aclara, lo explica es porque hay algo de verdad. Y si creemos en la palabra de Dios, pues tenemos que tener en cuenta eso. Jesucristo, nuestro Señor, dejó su palabra y nosotros no vamos a llevar la palabra de más nadie, ni mi mensaje, ni el mensaje de Petro Nilo.
Vamos a llevar el mensaje de Jesucristo. Y el mensaje de Jesucristo es claro y ese mensaje no se puede distorsionar, no se puede cambiar. Y para que no se cambiara ese mensaje, Jesucristo dejó la iglesia. Y como Jesucristo dejó la iglesia para que no se distorsionara ese mensaje, entonces yo tengo que estar en la iglesia de Jesucristo, dejarme guiar por esa iglesia a sabiendas de que hay personas que van a venir distorsionando el evangelio eh a su manera, lo que ellos piensan o lo que piensa fulano o sutano. Y esa es una tentación.
Por eso nosotros tenemos que amar nuestra fe y defender nuestra fe. ¿Quién defiende la fe? Aquel que la conoce y sabe que es un tesoro. ¿Quién no defiende la fe y se queda callado? Dice, “Eso es lo mismo. Soy católico que soy protestante. Aquel que no conoce la fe ni tampoco sabe cuánto vale. Pero la fe que Jesucristo nos ha dejado es una fe que nos lleva a la salvación.
” que dice Primera de Corintios, capítulo 15, versículo 1 en adelante. San Pablo le dice que tenemos que permanecer en el evangelio, creer lo que se nos ha enseñado y no creer otra cosa, porque o si no vamos a perder la salvación por haber creído en cosas que no son. Entonces, tenemos el peligro y la tentación de creer cosas que no son.
La única garantía para que nosotros tengamos seguridad de estar en la verdad es la iglesia. La garantía no es la Biblia, que yo traigo la Biblia, traigo la verdad, no. La garantía es estar en la iglesia de Cristo. Primera de Primera de Timoteo 3:15. Si me demoro para que sepa cómo portarse en la iglesia del Dios vivo, columna y base de la verdad.
La única garantía para que nosotros estemos en la verdad es la iglesia. Y y dice el mismo Jesucristo en Juan 8:31 en adelante, “Si perseveran en mi palabra, si perseveran significa que él dejó su palabra y esa palabra no puede cambiar y tenemos que perseverar en ella sin salirnos de allí.
Si perseveran en mi palabra, serán verdaderos discípulos míos. Conocerán la verdad y la verdad los hará libre. Pero si no persevero en la palabra y comienzo a interpretarla como a mí me dé la gana, entonces ya no seré discípulo de Cristo, ya no estaré en la verdad, sino en la mentira. Por eso yo trabajo con la palabra de Dios, evangelizando, defendiendo la fe, que es un gran tesoro que llevamos en vasija de barro.
El tesoro del que dice San Pablo, que que por cierto a veces se escuchaba algunos sacerdotes decir que el tesoro era ser sacerdote, no. El tesoro que dice San Pablo es el evangelio de Jesucristo, la fe que Jesucristo nos ha dejado. Es un tesoro y nosotros la llevamos en vasija de barro.
Entonces, si es un gran tesoro, yo debo cuidarlo, yo debo defenderlo. Con razón San Juan Pablo Segund decía el Redentor del Hombre, en la carta del Redentor del Hombre, cuatro deberes para con la fe tiene el cristiano. Primero, conocerla. Segundo, vivirla. Tercero, eh, darla a conocer. Y cuarto, defender, defenderla. Y si yo no la defiendo, es porque no sé el tesoro que tengo en mano.
Y esa fe es motivo de salvación para mí y es motivo de salvación para los demás. Primera de Timoteo, capítulo 4, versículo 16. Si perseveras en la doctrina y así la enseña, eh, te salvarás tú mismo y salvarás a todos aquellos que te escuchan. En este tiempo donde hay eh muchas corrientes filosóficas, muchas penetraciones culturales a través de las tecnologías, también hay mucha gente comprometida con la iglesia, pero también hay mucha gente confundida con todo ello.
¿Qué le diría? Yo le diría que lean San Juan, capítulo 14, versículo 6. Ante tanta confusión, ante tanta ideología, ante tantas filosofías, ante tanto relativismo, ante tantas supuestas verdades, Juan 14:6 sale al paso y dice, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre si no es por mí.” Estamos seguros que hay mucha filosofía y ideología y todo eso, pero tenemos la certeza de que el único que es la verdad y nos conduce a la vida eterna y a la salvación es Cristo.
Por ende, debo creerle a Cristo y no a esas personas que vienen con mentalidades paganas, haciéndonos creer a nosotros cosas que no son, opinando en cosas que ni siquiera entienden. Pero Jesús, que es Dios, ya nos dijo cómo transitar por ese camino y cuál era la verdad. Y a esa verdad la iglesia se aferra. Y a esa verdad nosotros debemos aferrarnos, defenderla para que la gente no esté confundida.
Padre, ya finalmente e también hay eh amigos creyentes, otros que son creyones, como usted dice, e que no saben el significado, el contenido, la riqueza que hay en la iglesia fundada por Cristo y que a veces navegan en aguas turbulentas. Sí, eso es un gran problema porque nosotros venimos de una fe que nos dejaron nuestros antepasados, una fe ciega, una fe donde usted no discute, simplemente cree que es la verdadera fe.
Porque si Dios lo dice, yo no tengo por qué estar sometiendo a juicio lo que Dios dice y Dios lo dejó en la iglesia, ya yo tengo que creerlo. Pero entonces este de esa fe pasamos ahora a otra fe que necesita explicación para poder creer. Pues no es la mejor fe porque Jesucristo allá en Juan 20:28 dice este dichoso el que sin ver cree, ¿no? Él le dice en el pasaje de ahí de Tomás, dice el que sin ver cree y eso es para nosotros.
Eh, cuando dice, “Señor mío y Dios mío, usted porque me ha visto ha creído y yo soy que sin ver cree.” Entonces nosotros tenemos ahora ese problema que hay personas que nos preguntan el por qué, nos cuestionan y dice, “Eso no es así. ¿Por qué? Porque y entonces siembran la duda y siembran la confusión y en ese mundo vivimos.
Pero ante ese mundo ya tenemos entonces que asumir la responsabilidad de lo que dice Jesús. Ustedes son la luz del mundo. Y una luz no se mete debajo de una olla debajo de una mesa. Se pone arriba para que alumbre a todos y todo den gloria a Dios. Ustedes son la sal de la tierra. Entonces, tenemos que los católicos comenzar a conocer nuestra fe y a exponerla con plena libertad, no para que la gente le guste.
Ahí hay un gran problema, no para para que unos estén de acuerdo y me aplauden, no. Para que se dé a conocer a sabiendo que Jesús dijo, “Yo no vine a traer la paz, vine a traer la guerra.” Y habrá dos en una familia, cinco de cinco, dos contra tres y tres contra dos, el hijo contra el padre. La hija contra la madre, la suegra contra la nuera, la nuera contra la suegra.
Porque cuando se ponga la fe del Señor, la doctrina del Señor, hay quienes están de acuerdo y hay quienes no están de acuerdo. Y eso no nos debe importar a nosotros. Que estén de acuerdo o no estén de acuerdo, no importa. Lo importante es exponer con claridad la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, que nos hará libre y nos lleva a la salvación.
Esa mentalidad es la que debemos tener comenzando los obispos y los curas y también los laicos. Pero esa mentalidad no existe. Esa la ahora existe la mentalidad relativista y entonces ah, todo es relativo, no hay que ser tan exagerado. Todos, todos tenemos la verdad, nadie tiene la verdad. Este, hay que ser tolerantes, hay que tener amor y no decirle a la gente nada y nos engañamos.
Es una técnica de Satanás. Hay que exponer la verdad con toda claridad, porque el amor sin verdad no es amor. Y la la verdad también debe ir acompañada con el amor. Pero si yo amo a una persona, debo decirle la verdad que lo conduce a la salvación. Y si no le digo la verdad, no lo amo porque entonces no lo estoy encaminando por la salvación.
Y este es el trabajo que Dios nos ha mandado. Dice primera de primera de Timoteo, capítulo 2, versículo 4, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.” Entonces, nuestra tarea como ministro de Dios es que la gente llegue al conocimiento de la verdad para que alcance la salvación.
Pero eso lo hemos perdido como meta. Entonces, estamos como contaminados del mundo. ¿Para dónde va Vicente? para allá, por donde va la gente. Entonces, buscamos es agradar a la gente y no agradar a Dios. Cuando cuando dice Gálatas 1:10, tenemos que elegir a quién queremos agradar, eh, si agradamos a Dios o a los hombres.
Si todavía buscamos agradar a los hombres, dice Pablo, ya no seremos siervos de Cristo. Muchísimas gracias, padre, por esta entrevista a Radio Veraguas, que está celebrando con su participación un aniversario. Gracias, Padre. Bendiciones. Bueno, que el Dios de los cielos, a quien sirvo como sacerdote, les bendiga, les conceda acrescentar en ustedes las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ya que estamos próximo a la Semana Santa, algunas recomendaciones. En la Semana Santa, pues la palabra lo resume todo. Todo cristiano debe vivir una semana que sea santa, no pagana. Y esa semana no puede ser santa si no estoy con Dios, si no estoy en la iglesia de Dios, si no busco los sacramentos de Dios, si no busco la iglesia, si no practico las cosas espirituales, no puedo ser santo.
Y precisamente si por un lado Dios quiere que tengamos una semana santa con él, por otro lado el quiere que tengamos una semana pagana y que nos vayamos con el mundo. La decisión la tomamos cada uno.
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