Posted in

Secretos en el Paraíso Tropical: La Trágica Historia de Amor de John y Ann

El caso de John Bender no comenzó con un disparo, sino con un silencio ensordecedor, el de una mente brillante que nunca encontró un lugar en el mundo. Pero para entender por qué aquella noche de enero de 2010, la policía costosarricense encontró un cadáver en una cama manchada de sangre, un arma en la mano equivocada y una viuda demacrada que apenas podía sostenerse en pie.

 Hay que retroceder décadas y cruzar fronteras. John William Bender nació el 18 de enero de 1966 en Pittsburg, Pennyvania. Su padre era abogado del departamento de justicia, su madre profesora de derecho. Ambos le dieron a él y a su hermano una educación privilegiada. Pero John no era un niño común.

 Aprendió a leer solo en secreto, porque no quería que sus padres dejaran de contarle cuentos por las noches. Antes de entrar a la escuela, ya calculaba mentalmente el total de las compras del supermercado y señalaba qué productos salían más rentables. En clase resolvía problemas complejos, sin lápiz ni papel, pero también era un chico solitario sin amigos, que prohibió a sus padres organizar fiestas de cumpleaños.

Sus compañeros lo encontraban extraño, demasiado sabio para su edad y le tenían manía. En la secundaria ya asistía a conferencias en la Universidad de Pennsylvania y lo consideraban un futuro físico nuclear. Pero al asociar esa carrera con el desarrollo de armas, cambió de rumbo y se matriculó en la escuela de negocios Warton.

 En la universidad descubrió los casinos. Su memoria prodigiosa y su capacidad de cálculo le permitían predecir combinaciones ganadoras en pocas rondas. Pronto fue vetado de muchos establecimientos. También lo llamaron de agencias de modelaje. Era alto, atlético, de mirada profunda y cabello oscuro.

 Posó varios años, pero odiaba la fama. Lo suyo eran los números. Un amigo lo llevó a la bolsa de Philadelphia y allí encontró su verdadero oficio. Desarrolló un método propio para operar con opciones y a los 25 años ganaba decenas de millones. En Wall Street se hizo famoso. A los 30 gestionaba fondos millonarios y su fortuna personal alcanzaba los 200 millones de dólares.

Pero John era bipolar. Se lo diagnosticaron de adolescente y con el tiempo sumó tendencias obsesivocompulsivas. Jamás aceptó tomar la medicación. Sus cambios de humor eran bruscos. De la euforia a la furia, de la furia al llanto. A mediados de los años 90 compró una casa en el campo, adoptó una docena de animales y se retruyó.

 Cuando le preguntaban por qué quería tanto a sus mascotas, respondía, “Porque no hablan ni me molestan.” En 1998, en un evento social, conoció a Ann Patton. Ella era modelo brasileña, hija única de un banquero, delicada y hermosa, pero también reservada y amante del silencio. Había llegado a Estados Unidos siendo adolescente y triunfó rápido.

 Lo que no sabía John en ese primer encuentro era que H, al igual que él, padecía trastorno bipolar. Se lo diagnosticaron en el instituto. A diferencia de él, ella sí tomaba la medicación, aunque solía excederse en las dosis. Esa noche, John la vio sentada sola, con las manos temblorosas y la mirada perdida. Se acercó, le ofreció agua.

 Ella, avergonzada, le explicó que había tomado mucho litio y que los temblores eran un efecto secundario. Se enamoraron al instante. A la semana, él le propuso matrimonio. Ella aceptó. Más tarde diría que ambos vieron en el otro espejo de sí mismos. Se casaron en 1999. Parecían la pareja perfecta, pero al año siguiente, John sufrió un derrame cerebral.

 Se recuperó bien, pero la experiencia lo cambió. Decidió abandonar las finanzas y buscar un lugar apartado donde vivir. Encontraron un terreno en las montañas de Costa Rica. Casi 2000 hectáreas a 685 m de altura, cerca del Pacífico, rodeados de selva, cascadas y animales exóticos. No había carreteras, solo caminos de tierra que las lluvias borraban.

 Pagaron millones de dólares por el terreno y en el año 2000 comenzaron una construcción faraónica que duró 4 años. La llamaron Boracayán por una planta tropical poco común. Era un complejo de cuatro edificios con piscina, estanque artificial, helipuerto y una torre cónica de cuatro pisos y más de 4600 m² sin paredes sólidas, solo ventanales y mallas contra insectos.

Allí crearon una reserva natural privada y un santuario para animales heridos. Contrataron guardias armados para frenar a los cazadores furtivos. Veterinarios y cuidadores atendían monos, loros y perezosos que deambulaban libres por la casa. El cuarto piso era el dormitorio principal, a 700 m de altura con vistas al océano y las montañas.

 An decía que se sentía flotando entre las nubes. En toda la propiedad había más de 400 lámparas Tiffany que coleccionaban obsesivamente. En el tercer piso, John mantenía una oficina desde donde seguía operando en bolsa vía satélite. Preferían comunicarse por correo electrónico, incluso con familiares. Pero no todo era paz.

 Muchos costarricenses resentían a esos extranjeros adinerados que llegaban a comprar tierras y cambiar el paisaje. Los más peligrosos eran los cazadores furtivos, expulsados de sus cotos ilegales. En la primavera de 2004, menos de un año después de mudarse, un grupo de hombres armados bloqueó su todoterreno en la carretera.

 Dijeron ser policías, pero no tenían identificación. Secuestraron a John durante unas horas y luego lo dejaron con una citación judicial. Todo fue una emboscada de un excio que lo acusaba de evadir impuestos mediante empresas fantasma. No del todo falso. John había usado testaferros para proteger su fortuna.

 La pareja huyó a Canadá varios meses. An empeoró. Ataques de pánico, depresión, episodios bipolares graves. Cuando regresaron, John blindó la propiedad con seguridad privada y armas propias. Pero Han siguió deteriorándose hasta sufrir una psicosis bipolar que la llevó al hospital con apenas 40 kg. Al borde de la muerte, John se culpaba.

 En 2005, un intruso armado irrumpió en el santuario e hirió a un guardia. An tuvo una crisis devastadora. Volvieron a huir 4 meses en Australia, luego Nueva Zelanda. En 2006 regresaron y recibieron a un equipo de biólogos que descubrió varias especies nuevas de plantas en sus tierras. Una fue bautizada en honor a ellos.

Read More