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Rafael Caro Quintero: De tener a México en Sus Manos a Perderlo TODO

Hay un hombre de 72 años encerrado en una prisión federal de Estados Unidos que hace 40 años era el narcotraficante más poderoso de Sintem México. No uno de los más poderosos, el más poderoso. El hombre que junto con Miguel Ángel Félix Gallardo, el padrino que ya cubrimos en este canal y Ernesto Fonseca Carrillo, don Neto, fundó el cártel de Guadalajara.

La organización criminal que inventó el narcotráfico mexicano moderno, el cártel del que nacieron todos los cárteles que se existen hoy, el Sinaloa, el del Golfo, el de Tijuana, el de Juárez, todos salieron de ahí, de esa mesa, de esos tres hombres. Y el 27 de febrero de 2025 ese hombre, Rafael C.

Quintero, el narco de narcos, el hombre que tuvo a México en sus manos durante la década de los 80. Aterrizó en el aeropuerto JGFK de Nueva York, esposado, encadenado y custodiado por agentes federales americanos. Lo bajaron de un avión de la DEA, lo subieron a un vehículo blindado, lo llevaron a la corte federal del distrito este de Nueva York en Brooklyn y al día siguiente lo presentaron ante un magistrado en una sala abarrotada con más de 100 agentes de la DEA que habían esperado 40 años para ver este momento.

100 agentes de la DEA, no 10, no 20, 100, sentados en las bancas del público de una corte federal de Brooklyn como si fuera una ceremonia de clausura. Porque para la DEA, la extradición de Caro Quintero no es un caso judicial más. Es el cierre de una herida que lleva abierta 40 años. Es la justicia tardía, imperfecta, pero justicia al fin por el asesinato de uno de los suyos, el agente especial Enrique Kiki, Camarena Salazar, secuestrado, torturado durante 30 horas y asesinado por el cártel de Guadalajara en febrero de 1985

y cuando los alguaciles federales llevaron a Caro Quintero a la mesa de la defensa, lo hicieron esposado con unas esposas específicas, no con esposas estándar del sistema penitenciario federal, con las esposas que Kiki Camarena aportaba el día que fue secuestrado. Las mismas esposas, guardadas durante 40 años como reliquia sagrada en alguna bóveda de la DEA, sacadas de su caja para este momento preciso, puestas en las muñecas del hombre, que ordenó el secuestro y el asesinato de la gente que las portaba.

La DEA esperó 40 años para ponerle las esposas de Kiki Camarena a Rafael Caro Quintero y el 27 de febrero de 2025 finalmente lo hizo. Su nombre completo es Rafael Caro Quintero. Nació el 3 de octubre de 1952 en Badirahuato, el mismo municipio de la Sierra Madre Occidental que produjo al Chapo Guzmán, al Mayo Zambada y a prácticamente todos los grandes capos de la historia del narcotráfico mexicano.

Badirahuato es a los narcotraficantes mexicanos. Lo que Corleone es a la mafia siciliana, el pueblo originario, la cuna, el lugar donde todo empezó. Karo introcreció en la pobreza de la sierra sinalo esa pobreza de rancho sin electricidad, de caminos de terracería, de familias que sobreviven cultivando maíz y frijol en parcelas de tierra seca, donde nada crece lo suficiente como para salir de la miseria.

Y como tantos otros jóvenes de Badirahuato que vieron en la Mapola y en la marihuana la única salida de la pobreza, Caro Quintero empezó a cultivar drogas siendo adolescente. Pero a diferencia de los cultivadores comunes que vivían y morían en la sierra sin que nadie supiera sus nombres, Caro Quintero tenía algo que lo distinguía, una ambición sin límites y una inteligencia criminal que le permitía ver oportunidades donde otros solo veían riesgos.

En los años 70, cuando la marihuana mexicana era la principal droga de exportación hacia Estados Unidos, Caro Quintero se convirtió en el mayor productor de marihuana de México, no uno de los mayores. El mayor controlaba plantaciones de marihuana de miles de hectáreas en Chihuahua, Sonora y Sinaloa. plantaciones tan grandes que se podían ver desde aviones y que requerían cientos de trabajadores para cultivar, cosechar y empacar la hierba que se enviaba por toneladas al mercado americano.

El rancho más famoso fue el búfalo, una plantación legendaria en el desierto de Chihuahua, que tenía más de 10,000 hectáreas de marihuana cultivada con sistemas de riego dignos de una empresa agroindustrial moderna. Cuando la DEA descubrió el búfalo en 1984 con la ayuda de Kiki Camarena, que fue la gente que proporcionó la inteligencia clave para localizar la plantación, las autoridades mexicanas y americanas destruyeron marihuana con un valor estimado de 2,500 millones dó.

Era la plantación de droga, más grande jamás, descubierta en el hemisferio occidental. Icaro Quintero perdió una fortuna y culpó a Kiki Camarén. Para armar esta investigación cruzamos los expedientes de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York donde Caro Quintero está siendo procesado. Las grabaciones de audio de la tortura de Kiki Camarena que la fiscalía confirmó tener en su poder durante la audiencia del 25 de junio 2025.

Los archivos desclasificados de la DEA sobre la operación leyenda, la investigación más grande en la historia de la agencia, dedicada exclusivamente a resolver el asesinato de Camarena, los registros de sus dos detenciones en México, la documentación de su liberación por amparo en 2013 y los detalles de su extradición en febrero de 2025.

Y lo que encontramos es la historia criminal más larga, más compleja y más cinematográfica del narcotráfico mexicano. Una historia que abarca 40 años, que cruza la frontera entre México y Estados Unidos docenas de veces, que involucra a presidentes, gobernadores, generales, agentes de la CIA y de la DEA, que produjo una de las series de Netflix más vistas de la historia, Narcos, México, y que ahora en 2026 está llegando a su desenlace final en una corte de Brooklyn, donde un juez federal tiene sobre su escritorio la posibilidad de condenar a Rafael Caro

Quintero a la pena de muerte. El 7 de febrero de 1985, Enrique Kiki, Camarena Salazar, agente especial de la DEA asignado a la oficina de Guadalajara, Jalisco, salió de su oficina al mediodía para ir a almorzar con su esposa. Nunca llegó. Un grupo de hombres armados sicarios del cártel de Guadalajara que actuaban bajo las órdenes directas de Rafael Caro Quintero y de Ernesto Fonseca.

Carrillo lo interceptó en la calle, lo subieron a la fuerza a un vehículo y lo llevaron a una casa de seguridad en Guadalajara donde fue sometido a una sesión de tortura que duró más de 30 horas. Train, un día y medio de tortura ininterrumpida diseñada, no para matarlo rápido, sino para extraer cada gramo de información que Camarena tenía sobre las operaciones de la DEA en México, los informantes, las investigaciones en curso, los próximos objetivos, los nombres de los agentes encubiertos, lo torturaron con métodos que los informes forenses

describieron en detalle clínico. Golpes sistemáticos en todo el cuerpo, perforaciones con objetos punzantes, fracturas de cráneo quemaduras. Le inyectaron lidocaína, un anestésico local, no para aliviar su dolor, sino para mantenerlo consciente durante más tiempo, para que no se desmayara por el dolor, para que siguiera sintiendo cada golpe, cada quemadura, cada fractura, para que siguiera hablando.

Y todo fue grabado. La tortura de Kiki Camarena fue grabada en cintas de audio que los torturadores usaban para documentar las respuestas de la gente. cintas, aproximadamente 2 horas de grabación que capturan los sonidos de la tortura de un agente federal americano. Exista hasta hoy. La fiscalía confirmó durante la audiencia del 25 de junio de 2025 en Brooklyn que las tienen en su poder y que serán presentadas como evidencia en el juicio contra Caro Quintero.

40 años después de la tortura, el jurado de Brooklyn va a escuchar los sonidos de lo que le hicieron a Kiki Camarena. Va a escuchar sus gritos, va a escuchar las preguntas de los torturadores. Va a escuchar las respuestas de un hombre que sabía que iba a morir. Camarena murió. Su cuerpo fue encontrado semanas después en un rancho sospechó del estado de Michoacán, envuelto en bolsas de plástico con señales de tortura extrema.

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