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¿Qué SECRETOS OCULTOS hay bajo la Catedral Metropolitana de la CDMX?

31 misterios y secretos de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. ¿Por qué se dice, según una vieja leyenda, que bajo los cimientos de la catedral hay un demonio encerrado en un cofre que dos frailes habrían liberado por accidente tras la inundación de 1629? ¿Qué fue lo que hizo que un gobernador de la Ciudad de México llegara a apuntar los cañones contra la catedral en plena Semana Santa de 1855 dispuesto a destruirla? En pleno corazón de la ciudad de México, frente al Zócalo y a unos pasos de los

restos del templo mayor, se levanta uno de los edificios más importantes de América, la Catedral Metropolitana. A simple vista aparece solo una enorme iglesia colonial con torres, campanas, retablos dorados y una fachada monumental. Pero bajo sus piedras hay algo mucho más complejo, capas de historia mexica, virreinal, republicana y moderna, acumuladas durante casi 500 años.

 Más que un templo, la catedral es un archivo de piedra donde se puede leer la historia de la ciudad. En este video exploraremos varios de estos secretos y misterios de la historia de la catedral más importante de México. Antes de meternos a fondo, no olvides suscribirte a nuestro canal y activar las notificaciones para mantenerte al día con nuestras actualizaciones.

¿De dónde salieron realmente las piedras con las que se levantó la primera catedral de México? La primera catedral metropolitana de la ciudad de México no siempre fue un edificio monumental. Antes de la catedral actual existió una iglesia mayor, más sencilla, mandada a construir por el conquistador Hernán Cortés hacia 1524, apenas unos años después de la caída de Tenositlan, la capital del Imperio Mehica.

Según las crónicas sobre su origen, esa primera construcción se levantó con piedras tomadas de templos indígenas destruidos, lo que explica por qué su historia está tan ligada al antiguo centro ceremonial Mexica. Esta primera iglesia fue construida entre 1524 y 1532 y en 1530 recibió rango de catedral por disposición del rey Carlos V y del Papa Clemente VI.

 Era un templo de tres naves ubicado en la zona donde después se desarrollaría el gran conjunto. Con el crecimiento de la capital de la Nueva España, aquel edificio pronto resultó insuficiente, oscuro y húmedo. Por eso fue sustituido por la catedral actual, cuya construcción formal comenzó en 1573 y cuyo exterior se concluyó en 1813. La catedral fue construida sobre el templo mayor, o eso es un mito que todos repiten.

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 Aunque muchas veces se ha repetido, la catedral metropolitana no fue construida exactamente sobre el templo mayor, sino frente a él, junto al antiguo recinto sagrado de México, Tenostitlán. La catedral actual se levantó en la explanada del viejo centro ceremonial Mica, en un espacio cargado de poder político y religioso desde antes de la llegada de los españoles.

 Allí, donde antes se articulaba la vida ritual de la capital Mexica, comenzó a organizarse el nuevo centro espiritual de la Nuova España. La ubicación no fue casual. La ciudad colonial fue trazada alrededor de una plaza central y la iglesia principal ocupó un lugar dominante en ese nuevo orden urbano, el templo del sol Tonatiu, hallado bajo el sagrario en 1975 a 1976.

Bajo el sagrario metropolitano anexo a la catedral se conserva uno de los hallazgos arqueológicos más fascinantes del conjunto, los restos del llamado templo del sol dedicado a Tonatiu, la deidad solar mexica. Estos vestigios salieron a la luz durante el desarrollo de unos trabajos de recimentación realizados entre 1975 y 1976, cuando se buscaba atender los problemas estructurales del edificio colonial.

En el sótano del sagrario existen ventanas arqueológicas que permiten observar tramos del costado norte de este antiguo templo. Allí se identificaron muros en talud, distintas tapas constructivas y materiales como tesontle, andeita, lodo y estuco. Uno de los elementos más llamativos es una lápida de andeita rosa con la representación de un disco solar, aún con restos de pigmento.

 Un detalle de la antigua ciudad sagrada Mexica bajo la arquitectura católica y colonial. Ofrendas mexicas descubiertas debajo de la catedral. Entre 1991 y 93, durante trabajos de nivelación y corrección geométrica de la catedral y del sagrario metropolitano, aparecieron evidencias del pasado prehispánico bajo el conjunto religioso.

 Los arqueólogos encontraron estructuras y ofrendas mexicas, entre ellas la llamada ofrenda 2 de la lumbrera 11, fechada en la cuarta etapa constructiva del templo mayor entre los años 1469 y 1481 después de Cristo. El depósito incluía una variedad de materiales, semillas de algodón, malacates, espinas de maguei, pequeñas navajas de obsidiana, restos de fauna y vasijas de cerámica.

 También se encontró un sosopastly de madera, una herramienta vinculada con el tejido. Por eso, la ofrenda ha sido interpretada como un depósito relacionado con labores productivas, especialmente la agricultura y el sector textil. Cinco esculturas mexicas halladas en una fosa a un costado del templo. A un costado de la catedral metropolitana también fueron encontradas cinco esculturas mexicas dentro de una fosa.

 Tres de las esculturas son fragmentos y se cree que pudieron estar empotradas en el edificio del templo mayor de Tenoschitlán. Entre estas figuras se encontró un clavo arquitectónico en forma de cráneo, una cabeza de serpiente que mantiene parte de su pigmentación roja, así como restos de una pierna con la rodilla adornada por el mascarón de una especie de monstruo y una pantorrilla con plumas de águila, elementos que podrían pertenecer a la representación de una deidad mexica que se cree podía ser cuatlique, la diosa de la tierra, la fertilidad, la

vida y la muerte. Estos descubrimientos muestran que el centro histórico de la Ciudad de México funciona como una superposición de épocas. No se trata de un lugar donde una ciudad desapareció por completo para dar paso a otra, sino de un espacio donde los restos de la capital Mexica siguen emergiendo bajo calles, templos y edificios coloniales.

Piedras prehispánicas reutilizadas, cabezas de serpiente del Cuatepantle como columnas. Varias piezas provenientes de templos indígenas destruidos fueron incorporadas a la construcción de la catedral. Entre ellas se mencionan cabezas de serpiente del Cuatepantley, la barda que delimitaba el patio del templo mayor, que fueron reutilizadas como vasas y columnas.

 Este detalle tiene una enorme carga histórica y simbólica. En términos prácticos, los constructores aprovecharon materiales disponibles, resistentes y cercanos. Pero en términos simbólicos, el gesto era mucho más profundo. Elementos asociados al espacio sagrado Beshica fueron integrados en una iglesia católica. El cronista Fraide Diego de Durán llegó a expresar preocupación por estas reliquias paganas, temendo que los indígenas pudieran seguir reconociéndolas y venerándolas en secreto.

 Casi 250 años de construcción, 1573 a 1813, un compendio de cinco estilos. La catedral metropolitana actual no fue construida en una sola época. Sus obras comenzaron formalmente en 1573 y el exterior se concluyó en 1813. Es decir, el edificio tardó casi 250 años en completarse. Por eso, más que responder a un solo estilo arquitectónico, la catedral funciona como un compendio de los lenguajes artísticos que dominaron durante distintos momentos del birreinato.

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