Hombre más rico de Cali mandaba cocaína. Era el más fuerte, el más poderoso. En el brutal universo del narcotráfico colombiano, un mundo regido por una violencia desmedida, un hombre rompió todos los moldes. Un capo abiertamente gay que no solo se abrió paso en la cúpula del crimen organizado, sino que se convirtió en uno de los cuatro líderes del todopoderoso cartel de Cali.
Esta es la historia de cómo un hombre considerado vulnerable por sus enemigos amasó una fortuna legendaria, modernizó el negocio del lavado de dinero y se atrevió a declararle la guerra a la leyenda del terror, Pablo Escobar. Su vida es un relato de poder, estrategia, traición y un final violento. Mi nombre es Pacho Herrera.
Elmer Francisco Herrera Buitrago nació el 24 de agosto de 1951 en Palmira, Valle del Cauca, en un entorno humilde. Desde joven, su ambición superaba con creces las oportunidades que le ofrecía su entorno. Estudió mantenimiento técnico y a principios de los años 70, con 22 años emigró a Nueva York en busca del sueño americano.
consiguió un trabajo legal como mecánico en la NEMA Corporation, una empresa de piezas de aviación. Pero el sueldo de la hora no era suficiente. Empezó a contrabandear calculadoras y relojes electrónicos a Colombia, pero rápidamente encontró un negocio mucho más lucrativo. Su hermano Ramiro le propuso una idea que cambiaría su vida, lavar dinero.
En 5 años utilizando métodos ingeniosos como ocultar billetes en ollas a presión, electrodomésticos y maletas de doble fondo. Herrera logró enviar ilegalmente a Colombia cerca de 100 millones de dólares. Su habilidad para mover dinero sucio lo convirtió en una figura clave, apoyándose en estructuras familiares como el clan Ramírez para blanquear capitales.
Inevitablemente, su éxito en el lavado lo llevó a la distribución de cocaína y fue arrestado por cargos de venta de drogas en 1978. Cumplió una condena de un año en una prisión de Nueva York, un periodo que, lejos de detenerlo, le sirvió para forjar nuevas alianzas y afianzar su reputación en el bajo mundo.
Al salir, su nombre ya era sinónimo de eficiencia y audacia en el manejo de las finanzas del narcotráfico, un capital invaluable que le abriría las puertas del negocio a su regreso a Colombia. Mientras Herrera construía su imperio financiero en Nueva York, en Cali se gestaba el futuro cartel más poderoso del mundo.

A principios de los 70, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela junto a José Santa Cruz Londoño, alias Chepe, crearon una banda criminal llamada Los Chemas. Este grupo que en sus inicios se dedicaba al secuestro, la extorsión y la piratería terrestre, fue el embrión del cártel de Cali. Pronto pasaron de estos delitos al narcotráfico, viendo una oportunidad en la creciente demanda de Estados Unidos.
La reputación de Herrera, como un genio financiero y logístico, forjada en las calles y prisiones de Nueva York, llegó a oídos de los capos emergentes de Cali. Fue José Chepe Santa Cruz, quien también tenía operaciones en Nueva York, el que reconoció el valor de Herrera. Hacia 1983, Chepe organizó la reunión y presentó a Pacho a los hermanos Rodríguez Orejuela, quienes buscaban expandir su dominio.
Vieron en Herrera no a un simple traficante, sino al socio perfecto, el hombre que podía garantizar que las ganancias de la droga llegaran seguras desde Estados Unidos y además abrir nuevas rutas. Y si te gustan las historias de la mafia, únete a nuestro cartel, dale like y suscríbete. Seguimos. En este mundo no había lugar para un hombre como yo.
Lo que hacía aún más singular su ascenso era su homosexualidad, la cual nunca ocultó en un ambiente criminal extremadamente machista y homofóbico. Su propia familia lo repudió por ello. Pero para los líderes de Cali, el pragmatismo estaba por encima de los prejuicios. Los hermanos Rodríguez Orejuela y Santa Cruz eran ante todo empresarios.
La capacidad de Pacho para lavar dinero y su visión para la logística eran tan extraordinarias que su valor como socio eclipsaba cualquier consideración sobre su vida personal. Su aceptación fue una decisión de negocios. Su talento para generar ganancias era su mayor protección y su pasaporte a la cúpula del poder.
Así, Herrera se convirtió en el cuarto hombre de la cúpula, el más joven de ellos, encargado de las operaciones de lavado de dinero y de controlar las rutas de tráfico a través de México. Su visión para los negocios era innegable. Mientras el cartel de Medellín inundaba Miami de cocaína de forma violenta y caótica, Pacho Herrera se apoderó de Nueva York con un estilo más sofisticado y empresarial.
Este estilo se reflejaba en la imagen que proyectaba. Se decía que él y su círculo cercano paseaban por Cali en motocicletas Harley Davidson marcando una presencia distintiva. Además de los negocios, Herrera tenía una profunda pasión por el fútbol, una afición que lo acompañaría hasta sus últimos días. fue pionero en la alianza con los carteles mexicanos, estableciendo una relación crucial con Amado Carrillo Fuentes, el señor de los cielos, líder del cartel de Juárez.
Esta sociedad revolucionó el narcotráfico utilizando una flota de aviones, incluidos Boein 727 para transportar toneladas de cocaína, convirtiendo a ambos carteles en una superpotencia criminal. Cuando don Miguel y don Gilberto le dicen al patrón, mira Pablo, ¿qué es lo que necesita? El patrón sabía que lo estaban grabando en ese momento y el patrón como era frentero, le dijo, “Amigo, necesito que por favor me entreguen a Pacho Herrera.
” La competencia por el control de las rutas y una profunda diferencia de estilos encendieron la mecha de la guerra más sangrienta entre carteles en la historia de Colombia. Aunque los Rodríguez Orejuela preferían la infiltración y el soborno, Pacho Herrera compartía con Pablo Escobar un instinto más agresivo.
La tensión estalló por una disputa de lealtades y traiciones. Se dice que el origen del odio personal provino de un lío de faldas. Mientras uno de los hombres de confianza de Escobar, el negro Pavón, estaba preso en Nueva York, le pidió a un socio de Herrera de apellido Piña, que le llevara dinero a su esposa en Colombia. Piña no solo entregó el dinero, sino que también sedujo a la mujer.
Al enterarse, Escobar exigió a los de Cali que le entregaran a Piña, pero estos se negaron desatando la furia del patrón. Y allí el cartel de Cali coloca un carro bomba en el edificio Mónaco. La respuesta de Pacho fue directa y brutal. El 13 de enero de 1988 ordenó la detonación de un carro bomba con 80 kg de dinamita frente al edificio Mónaco en Medellín, la residencia de Escobar y su familia.
