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OBED VARGAS: La JOYA OCULTA de MEXICO para el MUNDIAL

Javier Aguirre llevó al mundial a un muchacho que puertas adentro considera su as bajo la manga. Su nombre es Obet Vargas. Debutó a los 15 años en la MLS, le ganó una final a Lionel Messi y cuando enfrentó al Atlético de Madrid en el Mundial de Clubes, dejó tan impresionado al Cholo Simeone que meses después terminó fichándolo.

Pero lo que pocos saben es que detrás de ese futbolista hay una historia increíble. Es hijo de padre mexicano y madre española. Nació en Canadá. Representó a Estados Unidos en categorías juveniles y hoy disputa un mundial con la selección mexicana. Esta es la increíble historia de Obet Vargas, el joven que desafió fronteras, rompió todos los pronósticos y convirtió su talento en un boleto al mundial.

Y te aseguramos que lo que estás por conocer te dejará impactado. Para entender cómo llego a representar al tri en el mundial en casa, hay que viajar hasta en Choraje, en Alaska, uno de los lugares más improbables del planeta para que se forjara un futbolista mexicano. Allí, un matrimonio de raíces michoacanas se aferró a lo único que los mantenía atados a su tierra.

El español dentro de casa, la comida, las costumbres y por encima de todo el fútbol. El padre, que lleva el mismo nombre que su hijo, había pasado por las inferiores de los entonces monarcas Morelia antes de emigrar al norte, persiguiendo una vida mejor. Fue él quien le puso a Obed el primer balón en los pies. Lo que no sabía es que estaba moldeando sin proponérselo a un futuro internacional.

Desde muy pequeño, Obed mostró algo que no se enseña, una obsesión competitiva que asustaba. conquistó [resoplido] torneos estatales con el cookinlet. Viajó a Arizona a medirse contra las mejores academias del país y siendo apenas un morro, se plantó frente a canteras del peso del Barcelona y del Real Madrid sin temblarle el pulso.

En 2016 disputó el torneo Vila de Peralada en España, midiéndose con la élite formativa del viejo continente. Y un año después [música] en la IR Cap de Dallas protagonizó una de esas escenas que el destino guarda con ironía. Formando parte de una academia mexicana, derrotó nada menos que al Atlético de Madrid, el mismo club que casi una década más tarde escribiría su cheque más importante, pero ningún torneo infantil podía prepararlo para lo que vendría después.

A los 13 años recibió la llamada que parte una vida en dos. El Seattle Sounders, una de las instituciones más serias del fútbol estadounidense, lo quería en su academia. A los 14 ya se había mudado a Washington, lejos del calor de su familia, para perseguir el sueño con todo lo que eso implicaba en sacrificio y soledad.

En la cantera de Seattle pulió lo que ya traía de fábrica. [resoplido] No era el más rápido ni el más vistoso, era el que entendía el partido antes de que el partido ocurriera. [música] En 2021, con apenas 15 años, Brian Smetó una decisión valiente y lo lanzó al ruedo de la MLS frente al Austin FC. El niño no solo aguantó, jugó con una personalidad que no correspondía a su credencial, compartió cancha con figuras consagradas como Raúl Ruis Díaz y ayudó a su equipo a sumar de a tres.

Aquella tarde se convirtió en uno de los futbolistas más jóvenes en debutar en la historia de la liga. Esa primera temporada acumuló 13 partidos, fue titular en la mayoría y rebasó los 850 minutos. El mensaje quedó claro desde el primer día. Este chico venía a quedarse. Con 16 años recién cumplidos.

disputó siete de los ocho partidos de eliminación directa que llevaron a Seattel hasta la final de la CONCACAF Champions League. Y en esa final, contra los Pumas, el fútbol le tendió una de esas trampas que definen carreras. Joao Paulo, pieza clave del medio campo, cayó lesionado de gravedad. De pronto, [música] un adolescente tuvo que cargar sobre sus hombros el peso de un partido continental. No tembló.

Jugó 61 minutos de enorme nivel, ordenó el medio campo como un veterano y vio como su equipo se imponía por tres goles a cer. Seattel se coronó campeón y se convirtió en el primer club de la MLS en lograrlo bajo el nuevo formato del torneo. Él en el camino se transformó en el jugador más joven en disputar una final de esa competencia con un club [música] de la liga.

A esa edad ya levantaba títulos internacionales y aparecía en todas las listas de los mejores jóvenes de la liga hasta ser elegido la gran figura del célebre ranking de talento U22 y rebasar los 100 partidos profesionales antes siquiera de cumplir los 20. Pero lo que de verdad lo convertiría en un hombre imposible de ignorar, todavía estaba por escribirse y tendría que ver con algo mucho más profundo que el fútbol, con dos banderas tirando de él al mismo tiempo.

La disputa Estados Unidos o México. Aquí es donde la historia se vuelve un campo de batalla porque Obed Vargas no era solo una joya del fútbol estadounidense, era una joya que dos federaciones se disputaban a muerte. Formado en Estados Unidos, había vestido los colores de las barras y las estrellas.

porque así lo permite esa federación. Participo las categorías sub15, sub17 y sub20 y dentro de su país lo trataban como a una de las mayores promesas de toda una generación. En 2023 fue parte de la selección estadounidense que disputó el Mundial Sub20 en Argentina, un torneo donde llegó hasta los cuartos de final y cayó frente a Uruguay, el equipo que terminaría levantando el trofeo.

Para Estados Unidos, el futuro del medio campo tenía nombre y apellido y ese nombre era el de Obet Vargas. Pero detrás de aquella carrera ascendente se escondía algo que ninguna estadística podía medir. En casa, en aquella casa de Alaska donde se hablaba español y se veían los partidos del tri, Obet jamás había dejado de sentirse mexicano.

Había crecido viendo los mundiales de 2014 y 2018 desde su sala, sufriendo y soñando con la camiseta verde como cualquier niño de Guadalajara o de Monterrey. Y cuando llegó el momento de elegir, cuando dos países pusieron sobre la mesa todos sus argumentos para convencerlo, él escuchó otra voz, la [resoplido] de la sangre, la de la herencia, la de unos padres que habían emigrado al frío para que sus hijos tuvieran más, pero que nunca olvidaron de dónde venían.

En 2024 tomó la decisión que cambiaría su destino internacional para siempre. La FIFA autorizó su cambio de federación y Obed Vargas se declaró sin medias tintas orgullosamente mexicano. Fue una decisión del corazón, confesó. En la maquinaria del Tri, Javier Aguirre y su cuerpo técnico movieron las piezas necesarias para sumarlo al proyecto Rumbo al mundial.

Y el destino, otra vez burlón, quiso que su estreno con México fuera nada menos que contra Estados Unidos, el país que lo había formado y que ahora lo veía marcharse. Aquel de octubre en el estadio Acren de Guadalajara entró en los minutos finales y vivió desde dentro la victoria mexicana por dos goles a cero. Se convirtió además en el primer futbolista nacido en Alaska en defender la camiseta del tricolor.

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