Posted in

Los Arellano Félix: la Historia del Poderoso Cartel de Tijuana

Tijuana le pertenece a la familia Arellano Félix, no se te olvide. En la historia del narcotráfico, pocos nombres resuenan con la misma mezcla de poder, riqueza y brutalidad que el de los Arellano  Félix. Desde la cuna del narco en Sinaloa, esta familia de siete hermanos y cuatro hermanas vio nacer un imperio que se extendería hasta la frontera más codiciada, Tijuana.

Este clan no solo traficaba, transformó una ciudad vibrante en su feudo personal, una zona de guerra donde la cocaína fluía tan libremente como la sangre. Pero detrás del imperio operaba un dúo mortal,  la combinación perfecta de estrategia y salvajismo, Benjamín, la mente maestra, el cerebro financiero que corrompía hasta las más altas esferas.

 y Ramón, el ejecutor, un gigante violento cuyo nombre era sinónimo de terror. Juntos construyeron una de las organizaciones criminales más temidas del planeta y dejaron una estela de violencia que redefinió las reglas del juego. Vamos a adentrarnos en la historia del cártel de Tijuana, una historia de lealtad familiar y traiciones sangrientas, de fiestas extravagantes y masacres despiadadas.

Perdón, hermano. Un accidente. Perdón, gey. Chingaste a tu madre. Para entender la leyenda de los Arellano Félix, tenemos que viajar a su origen en los años 50 y 60 en Culiacán, Sinaloa. Pero esta no es la típica historia de narcos recurren al crimen para salir de la pobreza. La numerosa familia Arellano Félix, con 11 hijos, siete hombres y cuatro mujeres, creció en una casa de clase media.

 Podrían haber elegido ir a la universidad, pero eligieron otro camino. En los 70, los hermanos mayores empezaron a coquetear con la ilegalidad,  no con grandes cargamentos, sino con contrabando a pequeña escala. Cruzaban a Estados Unidos para traer electrónicos y ropa que vendían en Culiacán y Guadalajara. Era un negocio modesto, pero les enseñó las primeras lecciones sobre rutas, corrupción y la rentabilidad  de eludir la ley.

 De todos los hermanos, Benjamín Arellano Félix, nacido en 1952, demostró tener una visión que iba más allá. Era inteligente, carismático y hábil para los negocios. A diferencia de otros, Benjamín era un estratega calculador. Entendía que el verdadero poder no estaba en la violencia, sino en el dinero y la influencia.

 A mediados de los 80 se instaló en Guadalajara el epicentro del narco, donde conoció a figuras que cambiarían su destino. Fue introducido en el círculo de Javier Caropayán, un lugar teniente del capo supremo de la época. Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, líder del cártel de Guadalajara. Bajo la tutela de Félix Gallardo, Benjamín  aprendió el verdadero negocio.

 Dejó el contrabando y se sumergió en el tráfico a gran escala de marihuana y cocaína. Vio como Félix Gallardo controlaba un conglomerado, asignaba territorios y usaba la corrupción para crear una red de protección casi impenetrable.  Benjamín absorbió cada lección. Para construir un imperio se necesitaba estructura, disciplina y sobre todo una plaza estratégica.

 Y él ya tenía una en mente, Tijuana. No te preocupes, carnal, me voy a encargar. Mientras Benjamín era el cerebro, su hermano menor Ramón, nacido en 1964, se convirtió en su complemento perfecto, el brazo ejecutor. Ramón era todo lo que Benjamín no era. Impulsivo, extravagante y extremadamente violento.

 Su sola presencia inspiraba miedo. No le interesaban las finanzas. Su talento era la intimidación y la guerra. Se convirtió en el guardián de Benjamín. Su verdugo personal, el hombre encargado de eliminar enemigos y disciplinar traidores. Esta dualidad, la del estratega y el guerrero, catapultaría al cártel de Tijuana. La cima Tijuana se queda igual.

Quiénes forman parte de los Arellano Félix? Este es el árbol genealógico de la familia al frente del Cártel de Tijuana 🔴

La van a seguir operando los arellanos Félix. El punto de inflexión llegó en 1989. Miguel Ángel Félix Gallardo fue arrestado por su implicación en el asesinato de la gente de la DEA, Enrique Kiki Camarena. Su captura provocó un terremoto. El cártel de Guadalajara, la primera gran federación de narcos, se desintegró.

 Antes de caer, Félix Gallardo convocó una reunión en Acapulco y como un emperador repartiendo su reino, asignó las plazas. A los hermanos Arellano Félix les concedió el corredor de Tijuana, la joya de la corona. La puerta de entrada al mercado de drogas más lucrativo del mundo, California. Pero no la recibieron sin condiciones.

Debían compartir el control con su antiguo mentor, Javier Caropayán. La ambición de los arellanos, sin embargo, no conocía la lealtad. Benjamín y Ramón no pensaban compartir  nada. En un movimiento audaz que marcaría su estilo, ordenaron el asesinato de Caro Payán. Su muerte fue una declaración de intenciones. Tijuana les pertenecía.

La guerra por el control de la frontera había comenzado. Con Tijuana bajo su control, Benjamín Arellano Félix se dispuso a construir una corporación multinacional del crimen. Su visión iba más allá de solo cruzar droga. quería controlar cada aspecto del negocio, importación, distribución y lavado de dinero.

 El negocio principal era la cocaína. La organización estableció rutas directas con los cárteles de Colombia y Perú, importando toneladas de polvo blanco, pero su verdadera innovación estaba bajo tierra. fueron pioneros en la construcción de sofisticados túneles transfronterizos que conectaban almacenes en Tijuana con casas en San Diego.

 Estos pasadizos, equipados con ventilación y rieles, permitían mover cantidades masivas de droga y dinero sin ser detectados. Una vez en Estados Unidos su red de distribución se extendía por California y Nevada. Pero Benjamín, el cerebro financiero, sabía que el dinero sucio no valía nada si no podía gastarse. Por ello, tejió una compleja red de lavado de activos.

  Y para esta tarea crucial, Benjamín no confiaba en cualquiera. Contaba con una figura clave que operaba desde las sombras, su propia hermana, Enedina Arellano Félix. Con su formación como contadora, Enedina era la arquitecta silenciosa detrás de la estructura financiera del cártel, encargada de blanquear las ganancias millonarias usando casas de cambio, empresas de bienes raíces y negocios fachada.

Mientras Benjamín diseñaba la estrategia, Enedina se aseguraba de que cada dólar sucio encontrara un camino limpio. En su apogeo durante los 90 se estima que el cártel de Tijuana generaba más de 500 millones de dólares al año, superando el presupuesto de la propia Procuraduría General de la República de México.

Read More