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La Última Frase de Jesús en la Cruz que Tradujeron al Revés

Hay una frase, una sola frase pronunciada según los evangelios en el momento más extremo que un ser humano puede atravesar, el instante entre la vida y la muerte colgado de una cruz bajo un sol de mediodía que ya empezaba a declinar hacia el oeste de Jerusalén. Una frase que lleva 2,000 años siendo repetida en iglesias, en catedrales, en homilías dominicales, en canciones litúrgicas, en pinturas que decoran los muros de medio planeta.

Una frase que todo el mundo cree entender, una frase que si te digo ahora mismo que fue traducida al revés, probablemente tu primer impulso será el de rechazar esa idea. Es normal, es comprensible. Llevas toda la vida escuchándola de una manera determinada y cambiarla no es solo una cuestión filológica, no es solo un debate académico sobre vocablos arameos o sobre variantes textuales en papiros del siglo segundo.

Cambiarla lo cambia todo. Cambia la teología, cambia la interpretación del sufrimiento de Jesús en la cruz. Cambia la relación entre ese hombre y lo que él llamaba su padre. Y cambia, si me lo permites, algo mucho más profundo. Cambia la imagen que durante 20 siglos hemos tenido de un Dios que en el momento culminante de la historia de Occidente aparece en los textos como alguien que abandona a su propio hijo.

Así que quiero que te quedes, que escuches con atención, que reserves el juicio hasta el final, porque lo que voy a contarte esta noche no es especulación, es filología. Es historia, son manuscritos, son voces de académicos, de teólogos, de lingüistas, de rabinos que llevan décadas diciendo en voz baja lo que yo voy a decirte en voz alta.

Antes de continuar, quiero pedirte algo. Si estás aquí, si has llegado hasta este vídeo, es porque eres el tipo de persona que no se conforma con la primera respuesta. El tipo de persona que necesita ir más lejos, que necesita ver los papeles, que necesita escuchar a las voces, que la historia oficial no siempre amplifica.

Ese tipo de persona es exactamente a quien le hablo. Y si eres uno de ellos, te pido que te suscribas al canal ahora mismo, que actives la campanita, que dejes un like, no porque las plataformas funcionen así, aunque también, sino porque ese gesto me dice que hay alguien al otro lado dispuesto a acompañarme en esta clase de viajes.

Y yo necesito saber que no viajo solo. La frase en cuestión está en el evangelio de Marcos. capítulo 15, versículo 34. Y está en el Evangelio de Mateo, capítulo 27, versículo 46. En ambos casos, el texto griego del Nuevo Testamento transcribe lo que Jesús pronunció en su idioma y lo que el texto griego dice transliterado es esto.

E eli eloy lema sabtani. En Marcos y en Mateo con una variación menor en la primera palabra el lema sabtani. dos siglos de copistas, dos tradiciones textuales ligeramente distintas, pero el núcleo idéntico Lema Sabachtani y la traducción que el propio texto griego del Nuevo Testamento ofrece inmediatamente después de la frase aramea es esta: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Eso es lo que ha circulado durante 20 siglos. Eso es lo que se predica.

Eso es lo que se canta. Eso es lo que los fieles escuchan el viernes santo mientras contemplan a un Cristo con la cabeza caída y el cuerpo vencido. Un hombre que clama el abandono de Dios. Un hijo que siente que su padre lo ha dejado solo en el instante más terrible. Es una imagen poderosa. Es qué duda cabe una imagen de una intensidad emocional descomunal.

Pero hay un problema, un problema que los especialistas conocen desde hace décadas. y que, sin embargo, pocas veces llega al gran público con la claridad que merece. El problema es este. La palabra que fue traducida como abandonado no significa eso o no solo eso o no principalmente eso. Y la diferencia entre las distintas posibilidades de traducción no es menor, no es cosmética, no es un matiz de diccionario, es un abismo.

Permíteme que te lo explique con calma, porque aquí es donde muchos divulgadores cometen el error de precipitarse, de elegir la versión más dramática o la más sensacionalista. Y yo no quiero hacer eso. Quiero hacer lo contrario, ir despacio, ir a los textos, escuchar a quienes los han estudiado durante décadas. La frase Eloi, eloy lema.

Sabachtani es arameo, arameo del siglo iero, que es la lengua que Jesús hablaba en su vida cotidiana, aunque también conocía hebreo y probablemente tenía algún manejo del griego coiné, que era la lengua franca del Mediterráneo oriental en aquella época. Ahora bien, la palabra sabahtani deriva de una raíz aramea, la raíz shabac, que es precisamente el nudo del problema, porque esa raíz Shabac tiene en arameo y también en hebreo tardío al menos dos campos semánticos perfectamente documentados.

El primero, sí, puede significar abandonar en el sentido de dejar, de soltar, de desamparar. El segundo, que está igualmente documentado en los textos de la época, significa reservar, guardar, confiar en custodia, dejar en depósito, perdonar en el sentido de liberar. Y aquí es donde la cosa se pone interesante de verdad, porque si aplicamos ese segundo campo semántico, la frase no dice, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” La frase dice algo radicalmente distinto.

Dice aproximadamente, “Dios mío, Dios mío, ¿para qué me has reservado?” O en otra versión igualmente válida filológicamente, “Dios mío, Dios mío, ¿para qué me has guardado?” O incluso, Dios mío, Dios mío, cuánto tiempo aún me reservas. Sé que en este punto tu mente probablemente está haciendo lo que hace la mente humana cuando recibe información que contradice algo que creía firmemente.

Está buscando razones para rechazarla. Es normal, es sano incluso. Pero antes de rechazar, escúchame un poco más, porque lo que acabo de describirte no es una teoría marginal, no es la ocurrencia de un teólogo heterodoxo que busca titular en los periódicos. Es una discusión que existe en la literatura académica especializada desde hace más de un siglo y que en las últimas décadas ha ganado peso y solidez, precisamente gracias al trabajo sobre los manuscritos del Mar Muerto descubiertos en Cumbrán entre 1947 y los años 60 del siglo pasado. Estos

manuscritos escritos en hebreo y arameo en torno a los siglos segundo y primero antes de Cristo y hasta el siglo primero de la era común, nos han dado una imagen mucho más precisa del arameo y el hebreo que se hablaban y escribían en el tiempo de Jesús. Y lo que esos textos muestran, lo que los especialistas en lenguas semíticas del periodo del segundo templo han podido verificar gracias a Kumbran, es que la raíz Shabac tenía efectivamente ese doble campo semántico que descrito, que el uso de Shabacar, de guardar, de confiar en custodia

estaba vivo y activo en el arameo del siglo iero. Lo que he rastreado hasta aquí, la doble semántica de Shaba. Las dos líneas textuales en Marcos y Mateo, el contexto lingüístico revelado por Kumbran, la tradición de dos siglos que eligió la versión del abandono, es solo una parte de un cuadro mucho más amplio.

Reuní ese cuadro completo con las fuentes primarias, el contexto histórico y las discusiones académicas que casi nunca llegan al gran público en un archivo que llamé el archivo prohibido. El enlace está en la descripción del vídeo, pero quédate porque lo que viene ahora te va a demostrar que esta no es una discusión nueva, sino una que ha sido enterrada de manera sistemática y las razones de ese entierro son en sí mismas parte del misterio.

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