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La Triste Historia de Cesar Evora | La Mujer que Lo dejó en la calle

¿Qué tal, amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Herbrí. Acomódense bien porque hoy vamos a hablar de un actor que durante décadas fue sinónimo de porte, elegancia, voz profunda y presencia de telenovela. César Ébora. 26 de mayo del 80. Y lo veo corporizado y me grita, “Frena.

” Yo no lo pensé dos veces. Toqué el freno, pisé el freno a fondo. Aquel camión empezó a invadir mi carril, no me había visto. Pero no se vayan con la finta, porque esta no es solamente la historia del galán maduro, del señor de mirada intensa y voz inconfundible, que muchas señoras recordarán suspirando frente a la televisión.

No, amigos, detrás de esa imagen impecable también hay una vida de carencias, decisiones duras, ambición artística, pleitos con pesos pesados del medio y una carrera que no se construyó con pura sonrisa bonita. Y me dice el señor, “¿Y usted qué tiene que decir?” Azcárraga. El señor Azcarraga dijo, “Mira, te confieso algo.

Yo no me acuerdo que fue lo que le dije al señor Escarrey. Lo único que yo veía detrás de mí eran mis dos hijos.” César Ébora no nació en una cuna de oro, ni llegó a México con alfombra roja esperándolo. Viene de Cuba, de una historia marcada por esfuerzo, por ganas de salir adelante y por una industria donde no basta con tener presencia.

Hay que aguantar vara, saber moverse y no dejarse aplastar por productores, egos y compañeros que también quieren quedarse con el reflector. Muchas veces pensé que pasado contigo. Y amigos, vaya que Ébora supo quedarse. Primero se hizo notar por ese físico de galán serio, luego por esa voz grave que parecía hecha para regañar, conquistar o sentenciar a media telenovela.

y con el tiempo terminó convertido en uno de esos actores que podían aparecer en pantalla y cambiarle el peso a una escena. Sí, Andrés, lo sé. Pero claro, también tuvo sus sombras, pleitos, diferencias con figuras fuertes, momentos donde su carácter salió a relucir y una vida personal que aunque siempre intentó mantener discreta, también tuvo sus propios capítulos de amor, rupturas y decisiones que dieron de qué hablar.

Así que hoy vamos a meternos en la vida de César Ébora sin ponerle moñito de homenaje ni barniz de santo. Vamos a hablar del actor, del migrante, del galán, del hombre de carácter y del personaje que logró conquistar la televisión mexicana sin dejar de cargar ese aire cubano que lo hizo distinto desde el principio. Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha.

Exactamente igual. La única diferencia que salgo en la televisión, nada más. Nada más. No, eso no me hace mejor que nadie. Entonces, yo creo que no sé, no sé, de verdad que no sé, no sé si es mi personalidad, mi mi actitud con el público, mis personajes. Y amigos, para entender bien a César Ébora hay que empezar en La Habana, Cuba, donde nació el 4 de noviembre de 1959 con el nombre de César Ébora Díaz.

Y aunque después muchos lo conocimos como ese galán elegante, de voz profunda y porte impecable, su infancia no fue precisamente de postal bonita ni de niño consentido entre algodones. Cristina, su papá, Tony Díaz, era un poeta y escritor reconocido. Su mamá, María, trabajaba como secretaria. O sea, venía de una casa donde había cultura, sí, pero también había conflictos, porque el matrimonio de sus padres era bastante inestable, de esos donde el ambiente familiar pesa más que cualquier apellido. La relación terminó reventando

cuando César tenía apenas 8 años y ahí vino el primer golpe fuerte. Su padre agarró sus cosas, se fue a Europa y dejó a la familia prácticamente abandonada. Mi padre después se casa en ya creo que por tercera o cuarta vez, ya no sé cuántos números tenía ni cuántas veces se ha casado al final, pero tengo dos medias hermanas inglesas, dos, una es cantante de ópera, así sin mucha explicación bonita, se fue y ya.

Y entonces, amigos, como pasa tantas veces en las familias rotas, alguien más tuvo que ocupar el lugar del padre ausente. En el caso de César, esa figura fue su abuelo paterno, un hombre bastante peculiar que trabajaba como guía de barcos en la bahía. Pero eso no era lo más raro. Lo más curioso es que el señor también aseguraba ser medium y decía que podía hablar con los muertos.

Sí, amigos, así como lo oyen. Y aunque suena a cosa de novela o de película sobrenatural, ese detalle, según la propia historia de César, más adelante tendría un peso muy fuerte en su vida. En las afueras de la ciudad, mi abuelo trabajaba en la bahía de La Habana, en el puerto, era práctico del puerto.

Es el que entraba y sacaba los barcos de La Habana en la bahía y entonces buscó una casa de donde él Pero no nos adelantemos porque antes de los reflectores, antes de las telenovelas y antes de esa voz que terminó conquistando México, César creció en un barrio bravo de La Habana, cerca de zonas conflictivas como el moro y ahí la vida no le regaló nada.

No era de esos barrios donde uno podía andar distraído creyéndose galán de telenovela. Ahí había que aprender a defenderse, a caminar con cuidado y a no dejar que los demás te vieran débil. En estos momentos le está hablando al hombre. El propio César ha contado que de niño tenía que pelear casi diario en la escuela primaria para marcar territorio y evitar que lo molestaran.

O sea, antes de enfrentar villanos en la pantalla ya estaba enfrentando chamacos bravos en el patio de la escuela. Y no crean que era puro arranque de coraje. Su conocimiento de judo lo ayudó a defenderse y a ganarse cierto respeto. Porque en la calle, amigos, a veces la educación no basta.

También hay que saber pararse derecho. Tampoco te importa ocasionarle un problema serio de salud a tu mamá. Y lo más interesante es que aunque creció rodeado de vagancia, pandillas y tentaciones bastante fáciles, César no se dejó arrastrar por ese ambiente. No porque fuera santo, ni porque viviera en una burbuja, sino porque tenía muy claro que no quería defraudar a su mamá ni a sus abuelos.

En una casa marcada por el abandono del padre, él entendió desde muy joven que alguien tenía que mantenerse firme. Así se fue formando César Ébora. No como un galán fabricado por Televisa, sino como un muchacho cubano criado entre ausencia, barrio bravo, peleas escolares, disciplina y una familia que lo obligó a madurar antes de tiempo.

Por eso, quizá después, cuando llegó a la pantalla no parecía un actor vacío. Traía presencia, sí, pero también traía calle, carácter y una mirada de quien aprendió temprano que la vida no siempre te trata con delicadeza. Y Alberto de la Cerna, de haber fabricado pruebas. Y miren, amigos, aunque hoy todos ubicamos a César Ébora como actor, de joven, él no estaba pensando precisamente en cámaras, telenovelas ni galanes sufridos.

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