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La Organización Criminal que se DEVORÓ a sí misma (Archivos Reales)

¿Por qué le decían a él el hombre lo de dónde salió eso? Porque era el que mandaba.  Era cierto que hasta los Rodríguez le tenía. Sí, no, misteriosamente no. Eso dice la novela, el cartel de los apos una mentira. Ese Arela sí es cochino. Ay, mira, eso sí es cochino. Es más, bebé lo  de mi intención de someterme voluntariamente a la justicia y acogerme a los beneficios.

13 de noviembre de 1998, cárcel la modelo, Bogotá, pabellón de máxima seguridad. Un hombre en silla de ruedas avanza por el corredor. Se llama José Manuel Herrera. le dicen el inválido, aunque algunos afirman que su apodo real era el entenado. Lo que sí es cierto es que era paraplégéjico y nadie lo requisa con demasiado cuidado.

Después de todo, ¿qué puede hacer un hombre que no puede caminar? Orlando Ennao Montoya, el hombre más poderoso del narcotráfico colombiano en ese momento, lo ve acercarse, lo conoce bien. Compartieron Zelda, compartieron negocios y compartieron enemigos. Pero hace apenas 8 días, hombres de ENA, bajo las órdenes de Wilber Varela asesinaron en la cancha de fútbol de la cárcel de Palmira a Elmer Pacho Herrera, medio hermano de José Manuel.

José Manuel no viene a conversar, lleva un arma escondida en un compartimiento de su silla de ruedas. Seis disparos retumban. Orlando Enao Montoya cae muerto. El jefe del cartel del norte del Valle, el hombre que articuló la organización de narcotráfico más productiva en la historia de Colombia, acaba de ser ejecutado por un hombre que no podía caminar.

Lo que nadie sabía en ese momento era que la muerte de Enao iba a desatar algo mucho peor que una venganza. iba a encender una guerra de todos contra todos que duraría más de una década, dejaría miles de  muertos y terminaría destruyendo por completo a una organización que en su mejor momento  llegó a exportar cantidades absurdas de cocaína al mundo.

Para contar esta historia hay que conocer a sus protagonistas y no eran empresarios disfrazados de mafiosos. Eran ante todo hombres con pasados violentos y exmiembros de la policía que aprendieron a traficar cocaína. Orlando Enao Montoya, el hombre del overall, fue el eje alrededor del cual giró todo.

Expicía, después sicario desde muy joven. Junto a Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño,  conformaron un dúo temible en sus años mozos. No, Orlando y yo empezamos juntos. Él y yo empezamos juntos hace muchos años. Y siempre estuvimos juntos hasta que él murió.  Iván Urdinola Grajales, nacido en Cartago, pero criado en el Dobio.

Fue uno de los narcotraficantes más brutales de la región. Lo apodaban el enano o el rey de la amapola. Su matrimonio con Lorena Enao lo convirtió en cuñado de Orlando Enao y esa conexión familiar fue clave para mantener la unidad del cartel. Era tan poderoso don Iván Ordinola que era amigo de Pablo Escobar, era amigo de los Rodríguez Orejuela, amigo del señor Hermer Herrera, alias Pacho Herrera y amigo de José Santa Cruz Londoño y de los hermanos Castaño Gin.

Efraín Hernández, alias Don Efra, llegó a ser el segundo al mando del cartel y quizás el más elegante de todos. Era el socio clave de Orlando Enao en la cúpula de la organización. El hombre de confianza para los grandes negocios, exesposo de la modelo Sandra Murcia, poseía una fortuna inmensa y llevaba una vida que contrastaba con la brutalidad del mundo que habitaba.

Yo manejaba muchas toneladas, donro manejaba mucha toneladas. Muchas toneladas es cuántos en una noche, por ejemplo, sacar aviones repletos de ¿cuántas toneladas? En una noche sacar 8 o 10 toneladas. Wilver Varela, alias Jabón. Se dice que fue exsargento de la Policía Nacional, aunque algunos aseguran que esto es solo un mito creado.

Empezó trabajando con los Rodríguez Orejuela y después se convirtió en el cobrador y secuestrador personal de Orlando Enao. Su trabajo era simple y aterrador: secuestrar, torturar, expropiar y asesinar a narcotraficantes que no pagaban sus deudas. Ese oficio le permitió acumular una fortuna inmensa y un poder militar que nadie más tenía.

Alio, Alirio Rob, Diego Montoya Sánchez, alias Don Diego, creció a la sombra de Iván Urdinola. Tenía mucho dinero y mucho poder militar y terminó librando una de las guerras más brutales dentro del cartel del norte del Valle. Juan Carlos Ramírez Abadía,  alias Chupeta, inicialmente miembro del cartel de Cali y posteriormente de los del norte del Valle, era quizás el más astuto en los negocios.

Se había sometido a múltiples cirugías plásticas para cambiar su rostro y sus huellas dactilares. Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, compañero de aventuras de Orlando desde los primeros años, fue el narcotraficante con mayor centralidad en toda la red. Según un análisis de la Universidad del Valle, Rasguño ocupaba el primer lugar en centralidad por intermediación, un indicador que mide cuántas conexiones pasan a través de una persona.

En este punto clave estuvo por encima de Pacho Herrera, Diego Montoya y el propio Varela. Esto se debía a que jugaba en todos los bandos. Cuando las facciones se dividieron, Rasguño mantenía contactos con ambos lados. El día que pueda ser libre, nunca, nunca. Me alejaré de las dos. Víctor Patiño Fomeque, alias el químico, también expicía, inicialmente miembro del cartel de Cali y posteriormente de los del norte del Valle.

Tenía una gran influencia en el puerto de Buenaventura, que era la puerta de salida de la cocaína hacia el Pacífico. Eso lo hacía indispensable para todos. Lorena Enao Montoya, la viuda de la mafia, fue la única mujer en la cúpula del cartel y quizás la más subestimada de todos. Hermana de Orlando Enao y esposa de Iván Urdinola.

Su posición en el centro de esas dos familias la convertía en un nodo de poder que nadie podía ignorar. Henry Loaisa Ceballos, alias el Alacrán, era el hombre al que le encargaban lo que nadie más quería hacer. Llegó desde el cartel de Cali, donde controlaba el aparato militar, y cruzó al norte del valle como socio directo de Orlando Enao e Iván Urdinola.

Fundó grupos paramilitares en la región y junto a ellos sembró el terror en Trujillo, Río Frío y Bolívar durante años. Se presume que fue uno de los primeros en Colombia en usar motosierra para descuartizar a sus víctimas. El coronel Danilo González fue quizás el personaje más perturbador de toda esta historia.

Oficial brillante condecorado por el Congreso y por la propia DEA por su papel en la cacería de Pablo Escobar. Era al mismo tiempo informante y operador de los carteles a los que supuestamente perseguía. Trabajó para los Rodríguez Orejuela, para Orlando Enao, para Jabón y para los paramilitares de Carlos Castaño.  Y luego estaban los transportistas, hombres como Jorge Elierasprilla, alias  el negro.

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