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“JUANITO PISTOLAS”: La historia del adolescente reclutado por el cártel

Imagina a un adolescente con cara de niño, chaleco táctico y un arma de guerra entre las manos y de fondo un rap que repite su apodo como si fuera un título honorífico. Juanito pistolas no es un personaje protagonista de la última serie de Netflix, no es un actor, es un menor al servicio de un cartel en la vida real, o al menos lo era.

Recuerda que detrás de cada caso hay víctimas culpables y secretos. Recuerda que esto es Crónicas del Crimen. Y si te gusta este tipo de historia, solo tienes que suscribirte, dejar tu like, dejar un comentario con tu opinión o proponiendo un tema y seguir mi contenido. Al adolescente de apenas 13  años que traemos en el caso de hoy, el público lo conoció de una forma muy concreta, en fotos y en canciones.

En redes empezó a circular una imagen de un chico con rasgos todavía infantiles, a veces incluso vestido con ropa táctica, posando con armas de guerra como si fuera un soldado profesional. No tenía aspecto de capo veterano, sino de alumno de secundaria disfrazado de militar, pero en su caso no era un disfraz.

Su apodo era Juanito Pistolas y según la información oficial formaba parte de la tropa del infierno, el brazo armado del cártel del noreste.  En la zona fronteriza de Nuevo Laredo, muchos lo conocían así como el niño sicario que se movía con gente mucho mayor que él en una guerra que no había empezado ni siquiera cuando él nació.

Su condición de ser tan pequeño hizo que las imágenes no quedaran en meras anécdotas fotográficas. En internet empezó a sonar un rap donde se mencionaba su apodo y su supuesto papel dentro del grupo. Por supuesto, pueden buscar y deleitarse con las letras de esas canciones. Sin embargo, lo importante es la idea.

Las canciones lo representan como alguien que aún siendo muy joven ya estaba trabajando para el cártel, como si la edad fuera una anécdota y no una línea roja. Para muchos escuchar a Juanito Pistola se convirtió en un personaje más dentro de su universo de corridos y narcorraap que glorifican este tipo de vida armada. La historia real, sin embargo, fue mucho  más corta de lo que esa música sugería.

Con 16 años, este adolescente murió en un enfrentamiento armado en Nuevo Laredo, Tamaulipas,  durante un choque entre fuerzas de seguridad y la tropa del infierno. Poco después se supo que formaba parte del grupo de sicarios de esa organización y fue en ese momento donde su anonimato terminó  por desaparecer por completo y convertirse así en noticia nacional.

En cuestión de horas, las fotos del joven, tanto con chaleco táctico como con ropa de rap, empezaron a compartirse como si se tratara de la despedida de una pequeña leyenda del crimen organizado, un menor convertido en símbolo, más por la forma en que murió y por la canción que lo nombraba que por lo que realmente sabemos de su vida.

Y ahí precisamente aparece el giro que vamos a explorar en este vídeo. Detrás de ese apodo y de esa melodía pegadiza, no había un villano de película, sino un chico que el sistema dejó a merced de un cártel desde muy temprano. Con esto no estamos diciendo ni justificando que el muchacho  puede haber sido mala o buena persona con tan solo 13 años.

A veces la realidad es que no importa la edad de los criminales, a veces son simplemente irrecuperables para la sociedad, pero siempre parece que el estado podría haber hecho algo más. Para entender por qué un chico como Juanito Pistolas terminó en esa foto con chaleco táctico y un arma en la mano, hay que mirar primero al grupo en el que estaba metido, no tanto a él como individuo, sino a la maquinaria que lo rodeaba.

En la frontera de Tamaulipas opera desde hace años un cártel que se disputa rutas, territorios y ciudades completas, el cártel del noreste. Dentro de esa organización existe un brazo armado que se ha hecho tristemente famoso. La tropa del infierno. No es un nombre poético, es un mensaje. Es la unidad que el cártel envía a los enfrentamientos más duros a patrullar en convoyes, a marcar presencia con camionetas, chalecos,  fusiles y vídeos que circulan después como propaganda.

En esa tropa, los soldados no siempre son adultos. Distintos reportes han documentado como adolescentes y jóvenes muy pobres de la región son reclutados para tareas que sobre el papel empiezan abajo. Vigilar calles como alcones, avisar por radio si vienen militares o policías, conducir incluso vehículos, acompañar a grupos más grandes.

Poco a poco el escalón  sube. Del radio alarma de vigilar a participar en acciones armadas. El patrón tristemente se repite una y otra vez. Chicos que no llegan a los 20 años, sino oportunidades reales de estudio o trabajo que encuentran en el cártel una mezcla de sueldo rápido, sensación de pertenencia y una identidad que la calle les niega.

El uniforme, el arma y el apodo funcionan como un traje nuevo. De repente, donde antes había un menor anónimo con carencias económicas y afectivas, ahora hay alguien importante dentro de ese mundo. Es ahí donde aparece la idea más dura de este fenómeno. Una  generación desechable. Jóvenes reclutados muy temprano, exhibidos en fotos y vídeos para demostrar poder, usados como carne de cañón en los enfrentamientos y muchas veces muertos antes de cumplir los 20.

Su vida útil para el cártel es corta, su muerte un mensaje más en la guerra contra el estado y contra otros grupos. Juanito Pistola forma parte de esa generación. No es un caso aislado, no es una excepción monstruosa. De hecho, aquí en el canal te invito a que eches un vistazo porque tenemos un par de vídeos relacionados con esto.

Por supuesto, te los dejaré al final.  Esta realidad es el rostro concreto de una estrategia que lleva años funcionando y en medio de esa maquinaria encargada de reclutar a menores, siempre aparece uno que es el más fuerte, el más temido y siempre viene acompañado de una imagen. Cuando uno intenta seguir la pista de Juanito Pistolas hacia atrás, se encuentra con algo muy revelador.

No hay una gran historia de origen, no hay un expediente público que cuente paso a paso cómo entró al cártel. De hecho, ni siquiera sabemos su nombre real completo ni su familia. Lo que hay  son fragmentos y lo que se repiten esos fragmentos es que siendo todavía un niño alrededor de los 13 años ya se le ubicaba cerca del cártel del noreste y de su brazo armado, la tropa del infierno.

A esa edad en la que muchos están empezando la secundaria, él ya parecía ligado a un grupo que vive de la violencia. No sabemos si fue por familia, por barrio, por necesidad económica o por una mezcla de todo. Lo que  sí está claro es que su adolescencia se desarrolló en un contexto donde la presencia del cártel era dominante.

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