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HURACÁN RAMÍREZ: El Secreto Más Cruel de la Lucha Libre Mexicana

Se quitó la máscara él solo. Nadie se la arrancó en una pelea. Nadie lo venció. Nadie ganó esa apuesta. Un día, Daniel García Arteaga caminó hasta el encordado, se plantó frente al público y se arrancó la máscara de Huracán Ramírez con sus propias manos. Y lo primero que vio cuando descubrió su rostro fue a una niña llorando, llorando sin consuelo, porque su héroe acababa de dejar de existir.

 Eso ocurrió en Tijuana y ese instante partió la historia de la lucha libre mexicana en dos antes y después de esa noche. Pero para entender por qué un hombre que portó esa máscara durante más de 30 años decidió quitársela é mismo, necesitas escuchar la historia completa. No la versión bonita de los homenajes. La otra, la que tiene traición, injusticia, un acuerdo de palabra que nunca se respetó y una pregunta que México nunca quiso responder.

 Si tú le das vida a un personaje, si tú lo conviertes en leyenda con tu cuerpo y tu sangre durante 36 años, ¿de quién es realmente esa leyenda? Hay cuatro cosas en esta historia que una vez que las escuches no vas a poder sacarte de la cabeza. La primera te va a indignar. La segunda te va a hacer cuestionar todo lo que creías saber sobre la lucha libre mexicana. La tercera, no la vas a creer.

Y la cuarta explica por qué Huracán Ramírez es quizás el caso más injusto en la historia del espectáculo en México. Pero antes de contarte la primera, necesitas entender algo que cambia por completo el significado de esa máscara. Porque Huracán Ramírez no nació como nacen los luchadores. No comenzó en un gimnasio sucio ni soñando con la Arena México.

 Huracán Ramírez nació en un set de filmación. nació como ficción, como un personaje inventado para una película y eso lo cambia absolutamente todo. Si quieres entender qué fue lo que realmente le arrebataron al hombre detrás de la máscara, quédate unos minutos conmigo, porque lo que vamos a descubrir no es la versión que cuentan en los tributos ni en las ceremonias bonitas.

 Es la versión que duele, la que la familia dueña del personaje no quiere que se cuente completa. Si alguna vez te has preguntado qué hay detrás de los héroes que admiramos, dale like ahora mismo. No al final ahora, porque lo que estás a punto de escuchar merece llegar a más personas, merece que se sepa. Merece que no se olvide.

 ¿Qué habrías hecho tú en su lugar si después de 36 años usando un nombre te dicen que ese nombre nunca fue tuyo? que la máscara que te hizo famoso pertenece a una familia de productores de cine, que todo lo que construiste se sostenía sobre un trato de palabra que nadie firmó. ¿Te habrías quedado callado? ¿Habrías peleado en los tribunales? ¿O habrías hecho lo que hizo Daniel García Arteaga, que fue algo que nadie esperaba y que nadie puede olvidar? Y cuando termine este video vas a entender a este hombre mejor de lo que

la lucha libre mexicana jamás lo entendió. Vamos al principio. 9 de abril de 1926, calle de Alfarería número 53, colonia Morelos, en el corazón del barrio Bravo de Tepito, Ciudad de México. Ahí nació Daniel García Arteaga, quinto de seis hermanos, hijo de Juan García y Encarnación Arteaga. de García, una familia humilde en un barrio duro, una infancia precaria.

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 Pero Daniel siempre dijo que fue una infancia llena de satisfacciones. Tepito, si no conoces Tepito, te lo explico rápido. Era y sigue siendo el barrio más bravo de la Ciudad de México. Un barrio que en los años 30 y 40 era famoso por producir boxeadores, peleadores callejeros y artistas marciales. Un barrio donde la calle te enseñaba a pelear antes de que cualquier gimnasio te abriera las puertas.

 La familia de la madre de Daniel, Encarnación Arteaga, ya tenía una larga tradición en la lucha amater. Y en ese barrio, en esa casa de Tepito, tres de los hermanos mayores de Daniel ya eran luchadores profesionales. Arturo peleaba como la Pantera Roja y después cambió su nombre a el catarático. Rodolfo era conocido como Rudy García y Guillermo combatía como el demonio rojo.

tres hermanos luchadores, tres hermanos que ya se ganaban la vida subidos a un ring, mientras Daniel todavía era un niño flaco que los observaba desde abajo. Pero eso viene después. Recuerda este detalle, porque a Daniel el más chico, la familia no lo dejaba luchar. La razón era demasiado delgado, demasiado flaco.

 A diferencia de sus hermanos, que con la edad desarrollaron cuerpos grandes y fuertes como los de boxeadores, Daniel era pequeño, ligero, diferente. Sus padres y sus propios hermanos intentaron disuadirlo. Le decían que era muy delgado para el ring, que estudiara, que hiciera otra cosa, que la lucha no era para él. Así que Daniel, en lugar de pelear contra su familia, hizo algo que dice mucho de quién era este hombre.

 se fue a practicar lucha libre a escondidas sin que nadie en su casa lo supiera. Aprendió con un profesor llamado Chico Veloz, que fue el único que aceptó entrenarlo cuando otro entrenador, Chico Hernández, se negó a prepararlo. Y mientras su familia creía que se dedicaba al boxeo, que también practicó y donde, según algunos cronistas, llegó a conquistar los guantes de oro en la arena Coliseo, Daniel se preparaba en secreto para el ring.

 También viajó a Cuba para entrenar todo a escondidas. En 1941, con apenas 15 años, debutó como luchador, pero no como Daniel García. Debutó enmascarado bajo el nombre del buitre blanco. Usó máscara para que su familia no lo reconociera. Imagínate eso. Un chamaco de 15 años subiéndose a un ring escondidas de su propia familia con una máscara puesta para que sus propios hermanos, que también luchaban, no supieran que era él peleando ahí arriba. Debutó como rudo, como villano.

Fue la única vez en toda su carrera que fue rudo. Después siempre sería técnico, siempre el bueno. Esa fue la primera máscara de Daniel García Arteaga, no sería la última. Y aquí hay un dato que mucha gente no conoce. Daniel también viajó a Estados Unidos en su juventud. Estudió allá, aprendió inglés, ganó un concurso de patinaje.

 Practicó hockey sobre hielo durante varios años. Practicó gimnasia. Esa elasticidad, esa agilidad que después lo haría famoso en el ring y que la gente no podía creer, no salió de la nada. Salió de años de practicar deportes que no tenían nada que ver con la lucha libre. Su estilo era tan distinto, tan acrobático, tan ligero, que los fanáticos al principio decían que no sabía luchar, que solo sabía saltar.

 Y Daniel, para demostrar que podían decir lo que quisieran, adoptó también un estilo de lucha en el suelo, técnico clásico, para probar que sí sabía luchar, que simplemente elegía pelear diferente. Pero eso no fue lo más impresionante. Ahora vamos a 1952, Ciudad de México. El cine mexicano vivía su época dorada. Las salas estaban llenas todos los días.

 Pedro Infante, María Félix, Tintán. Y en ese contexto, un productor llamado José de Jesús Rodríguez Ruelas, mejor conocido como Joselito Rodríguez, hermano del famoso cineasta Ismael Rodríguez, junto con su hijo Juan Rodríguez Más tuvieron una idea, hacer una película sobre un luchador enmascarado, un personaje inventado, ficticio que no existía en ningún ring del país.

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