No hay más. Se murió. Punto. Y entonces sí, yo sí pasé ciclos, pues primero de tristeza. Yo me di cuenta que no que no era mi vocación, que no era lo mío, ¿no? Que no era por ahí mi camino. Amigos, hoy hablaremos de un hombre que entró a un seminario para ser sacerdote. Lo dejó porque las mujeres lo atraían demasiado.
Vendió autos, abrió una tienda de muebles, colocó seguros de vida y un día fue a ver una obra de teatro que lo cambió todo. Pero también se habla de un romance con Ernesto Alonso. Años después era el galán más codiciado de Televisa. Producía telenovelas con su propia empresa. Vivía el matrimonio más admirado de la televisión mexicana y le gritaba una propuesta de matrimonio a su novia de coche a coche en el periférico, pero también fue vetado por la televisora más poderosa del país.
Protagonizó un escándalo de infidelidad que nunca se aclaró del todo. Ocultó la muerte de su esposa durante 3 días y apareció en un video de ebriedad que desató rumores de ruina y alcoholismo. Humberto Zurita es todo eso junto y hoy te lo contamos completo. Solo uno. Bueno, no, en verdad tengo muchos, pero hay uno que me que me preocupa en especial.
Pero antes de comenzar con este video, me gustaría recordarte que si aún no estás suscrito al canal, que ahora es momento de hacerlo, ya que eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido. Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha. Comencemos por decir que Humberto Zurita nació en Torreón, Coahuila, el 2 de septiembre de 1954, siendo el cuarto de 10 hermanos dentro del matrimonio formado por Armando Zurita y Guadalupe Moreno.
O sea, amigos, no venía precisamente de una familia chiquita ni silenciosa. Creció en una casa numerosa, de esas donde todo se comparte, donde hay que hacerse escuchar y donde la vida familiar se vuelve una escuela de carácter desde temprano. Pero lo curioso de Humberto es que su primer gran camino no apuntaba ni al teatro, ni a la televisión, ni al cine. No, señor.
En su juventud ingresó a un seminario con la firme intención de convertirse en sacerdote. Y no era una ocurrencia pasajera. Él realmente creía tener una vocación ligada al servicio, a proteger, a querer y a acompañar a su gente. Traía esa idea de entregarse a una vida espiritual, de ayudar desde la fe, de vivir para algo más grande que él mismo.
La el primero, segundo y tercero secundaria lo hice en un seminario, primero con los misioneros del Espíritu Santo. Pero ya dentro del seminario, la realidad empezó a moverle el tapete. Pasó alrededor de 3es años ahí hasta que poco a poco se dio cuenta de que la vocación no era tan firme como había pensado.
Y aquí viene lo sabroso del asunto, porque uno de los puntos que más le pesó fue el famoso voto de castidad. Humberto se sentía fuertemente atraído por las mujeres y esa parte humana, terrenal, muy de carne y hueso, chocaba con la vida que estaba intentando llevar. Le gustaban tanto las mujeres que en vez de decir buenos días, decía, “¿Quién está soltera?” Así que el futuro sacerdote empezó a entender que quizá Dios lo quería por otro lado o que de plano su camino no era el altar, sino los escenarios.
Yo me di cuenta que no que no era mi vocación, que no era lo mío, ¿no? Que no era por ahí mi camino. Pero amigos, con el perdón de Humberto Zurita, aquí les tengo que decir esto. ¿A poco ustedes creen que para ser sacerdote no te tienen que gustar las mujeres? Claro que no. A los sacerdotes también les gustan las mujeres.
Por eso se tiene que hacer los votos de castidad. Es decir, es un sacrificio a Dios. Sacrificas el gusto de estar con mujeres. Es un compromiso que tú haces con Dios, donde te vas a abstener de tener relaciones sexuales. También tienes que sacrificar el deseo de ser rico. Tienes que hacer votos de pobreza. De eso se trata el sacrificio, de dejar algo que te gusta por servir a Dios.
¿Qué es sacrificio? Por ejemplo, mientras tus amigos están de fiesta, tú estás estudiando. En otras palabras, renunciar a algo valioso no porque no te guste, sino porque quieres alcanzar algo que consideras más importante. Si renuncias a algo que no te gusta, entonces no es sacrificio. Bueno, ya dicho esto, volvemos al tema.
También otra cosa que influyo para que Humberto Zurita dejara el seminario católico fue la cuestión económica de su familia. Así es, amigos. Porque para ser sacerdote tampoco es como que vas a ir al seminario a decir, “Hola, vengo a ser sacerdote.” No, amigos, no es así de fácil. Yo estudié en un colegio católico y es muy caro.
Yo agradezco a mis hermanos porque ellos vivían en Estados Unidos y me mandaban dinero. Yo soy el más pequeño de mis hermanos y fui el consentido. Mi educación desde la primaria hasta la universidad fue en colegios salesianos católicos. En estos colegios no andan preguntando si tienes dinero. No, señores, allí te piden uniforme de gala.
Uniforme de educación física, uniforme de diario. También te piden trajes formales para actividades. Te exigen que llegues con los zapatos bien boleados y la colegiatura cuesta un ojo de la cara. Y estoy hablando de un colegio salesiano. Ahora, estudiar en un colegio jesuita es todavía más caro porque ellos usualmente tienen internados.
Entonces ahí la que hace votos de castidad es tu cartera. Por ejemplo, en México una de las universidades más caras es la Ibero y es una universidad jesuita. Entonces, estudiar para sacerdote no es gratis. No, señores. Usualmente los sacerdotes vienen de familias de clase social alta porque un seminario te puede costar hasta $40,000 anuales. Sí, escuchó bien.
Por eso, si la familia no tiene dinero, es muy difícil, a menos que tengas alguna beca. Por eso fue que Zurita finalmente dejó el seminario y ahí, amigos, terminó una vida posible y comenzó otra completamente distinta. Y yo creo que yo una novia seria así, yo creo que la tuve hasta los 19, 20. Después de salir de ese mundo religioso, Humberto se metió al comercio.
Primero empezó comprando y vendiendo autos usados, moviéndose como comerciante. Por eso les digo, la familia de Humberto no era pobre. Imagínate, empieza comprando y vendiendo autos usados, no empezó comprando y vendiendo tamales o buñuelos, no. Él empezó comprando y vendiendo autos usados. Y esta historia la cuenta él para dar lástima.
Mi papá no tenía dinero, así que como pudo. Me compró 10 coches usados y empecé ahí bien pobremente a hacer mi negocio. No podíamos irnos de vacaciones a París, así que nos conformábamos con ir a Las Vegas. Bueno, sigamos con la triste historia de Humberto Zurita. Más adelante abrió una tienda de muebles de acrílico y diseño, algo que muestra que tampoco era un hombre quieto ni conformista.
Si una puerta no era, buscaba otra. Si el seminario no funcionó, se fue al negocio. Que iba a ser una tenía toda la potencialidad, pues, para hacer una carrera sobresaliente. Si había que vender, vendía. Si había que inventarse una manera de salir adelante, la inventaba. Ven, amigos, la vida es fácil. Usted ponga una venta de coches usados.
Si no le funciona, entonces ponga una mueblería. Si usted es pobre es porque quiere. Claro que sí. Todos tenemos un papá millonario que nos da dinero para poner un negocio. Bueno, pero después de tener estos negocios, finalmente se dio cuenta que lo suyo era la actuación. El arte, como suele pasar en estas historias, apareció casi por accidente.
Un amigo lo invitó a ver una obra de teatro y Humberto quedó fascinado. Algo se le encendió por dentro. Tal vez reconoció en el escenario esa misma necesidad de entrega que había buscado en la religión, pero ahora desde otro lugar, no desde el púlpito, sino desde el personaje, no desde la misa, sino desde la escena. Es un muchacho con una extraordinaria figura y además con una madera de actor que así fue como se unió a un grupo amateur en Torreón, donde empezó a participar en montajes como Jesucristo superestrella.
Y mire nada más qué ironía tan bonita. El hombre que había dejado el seminario terminó acercándose al teatro con una obra inspirada en la figura de Cristo, como si la vida le dijera, “No vas a ser sacerdote. Pero esa parte espiritual todavía puede cruzarse contigo, no más que ahora bajo las luces del escenario.
” Su talento empezó a llamar la atención en su ciudad natal. Durante una representación teatral en Torreón, alguien vio algo en él. presencia, voz, fuerza, carácter. Y de ahí surgió la invitación para irse a la ciudad de México, donde el sueño ya no era solo jugar al teatro de forma amateur, sino formarse de verdad.
Yo lo ayudaba a que entrara a la televisión más este más amigos era en la televisión. Ya en la capital, Humberto entró al Centro Universitario de Teatro, el famoso CUT, una de las escuelas más importantes para actores en México. Pero tampoco llegó con la vida resuelta. Para mantenerse mientras estudiaba, incluso llegó a vender seguros.
Así que antes de ser Galaán, productor, actor de carácter y figura respetada de la televisión mexicana, Humberto Zurita fue seminarista, comerciante, vendedor de autos, dueño de una tienda de muebles, actor amateur y vendedor de seguros. Y ahí está lo interesante de su arranque. No fue una línea recta, fue una vida llena de vueltas.
del seminario al comercio, del comercio al teatro, del teatro amateur al CUT. Humberto no nació sabiendo que iba a ser actor. La vida lo fue empujando, jalando y corrigiendo hasta ponerlo donde tenía que estar. Y cuando finalmente llegó al escenario, ya traía encima mundo, dudas, fe, deseo, trabajo y una historia personal que después le daría mucho peso a cada personaje.
Como que él tenía miedo de que yo me fuera de ahí, ¿no? Pero finalmente me apoyan los dos. Amigos, hay un dicho que dice, “A quien a buen árbol se rima, buena sombra le cobija.” Pero cuando te rimas a un árbol y este te da sombra, no te pide nada a cambio. En cambio, cuando te arrimas a un ser humano para que te haga un favor, normalmente va a querer algo a cambio.
Aquí viene lo interesante, porque para entrar en la actuación, Humberto no se arrimó a una ramita, no, señores, se arrimó a un buen tronco, uno que dicen que les decía, “Órale, te voy a ayudar, pero tú flojito y cooperando.” El señor Ernesto Alonso. Ese don sí que no se andaba por las ramas.
Dicen que no daba fiado, era de cobrar y por adelantado. La periodista Claudia Icasa dijo que la mayoría de los galanes que trabajaron con este señor, sobre todo los galanes, tuvieron que pasar la prueba del amor y que si ella hablara se les caería el papel de garanes a muchos. Así que su salto a la fama llegó en 1979 y no llegó con pasito tímido, amigos.
llegó con empujón de los grandes. Fue Ernesto Alonso, nada menos que el señor telenovela, quien lo descubrió y le dio directamente su primer protagónico en Muchacha de barrio junto a Ana Martín. Encontré una notita que a lo mejor les va a gustar porque ya ven qué mentirositos son los actores.
No, no andamos. Amigos, en mi opinión esto está bien raro. Imagínate, la mayoría de los actores empiezan como extras, luego ya los ponen de chóer o en algún papel secundario, después los ponen como amigo del protagonista y más adelante, si les va bien, llegan a protagonistas, o sea, van creciendo poco a poco.
Pero imagínate nás que de buenas a primeras te pongan de protagonista, sin experiencia y sin trayectoria. Aquí hay gato encerrado. O Ernesto Alonso se enamoró de él a primera vista, o el papá de Humberto Zurita le pagó para que lo pusiera de protagonista, o Humberto pagó de otra manera. Amigos, dice el dicho, que no hay nada oculto bajo el sol y trabajar con Ernesto Alonso no era cualquier cosa, porque Ernesto no andaba regalando oportunidades así noás.
Eso lo saben todos en el medio artístico. Si ponía los ojos en alguien era porque primero le gustaba, segundo porque le veía madera, presencia y ese algo que la cámara no perdona cuando falta. Pero según algunas periodistas también había otra parte. ¿Qué tan accesible eras? y cuánto estabas dispuesto a sacrificar por tu carrera.
Y dicen que cuando alguien no accedía, don Ernesto les decía algo como, “Ah, entonces no eres lo que busco.” Y de ahí podían irse a trabajar de meseros o a buscar oportunidad en otro lado, pero si accedían, pues ahí estaba el protagónico. Es los encuentras revolcándose. Pero no, no andamos, eh, somos amigos. Estamos Humberto Zurita lo tenía.
No era el galán de carita dulce ni el muchachito fabricado para suspirar bonito. Traía otra cosa. Midada intensa, voz firme, presencia masculina y ese aire de hombre serio que podía ser noble, peligroso o misterioso dependiendo de cómo lo alumbraran. Desde ese primer golpe de suerte empezó a abrirse camino en la televisión mexicana como uno de esos actores que no solo llenaban la pantalla, sino que también parecían cargar secretos detrás de cada gesto.
Después vinieron telenovelas importantes como Soledad, El derecho de nacer y El Maleficio, donde fue consolidando su nombre. Y aquí está lo interesante. Humberto no se quedó en el papel de galán decorativo. Poco a poco se fue convirtiendo en un actor de peso, de esos que podían sostener drama, pasión, conflicto familiar y hasta historias oscuras sin verse fuera de lugar.
La televisión lo empezó a tratar como una apuesta segura. Pero su historia no puede contarse solo desde los foros, los libretos y los reflectores, porque más adelante aparecería una mujer que no solo le cambiaría la vida personal, sino también el rumbo profesional, Christian Bach. Y espérense tantito porque más adelante les voy a contar cómo llegó Cristian a su vida, cómo nació ese amor y por qué juntos terminaron formando una de las parejas más sólidas, poderosas y comentadas del espectáculo mexicano.
¿Ves? Yo también puedo ser cursy sentimental. Por ahora, lo importante es entender que junto a ella, Humberto no solo fue actor, también se convirtió en productor. Ambos fundaron Subapucciones, una compañía con la que empezaron a mover piezas grandes dentro de la televisión.
Y vaya que les fue bien, porque produjeron telenovelas exitosísimas como Bajo el mismo rostro y Cañaveral de Pasiones para Televisa. O sea, ya no estaban esperando a que alguien les diera trabajo. Ellos mismos estaban creando proyectos, armando historias y demostrando que podían estar detrás y delante de la cámara.
Durante años, Humberto Zita y Cristian Bach fueron considerados casi los hijos consentidos de Emilio el Tigre Azcárraga. Tenían contratos de exclusividad, privilegios fuertes y una posición envidiable dentro de Televisa. Y ya sabemos cómo era esa empresa en aquellos años. Cuando te quería te levantaba hasta las nubes, pero cuando te atravesabas mal también podías cerrarte puerta sin avisar.
En esa etapa ellos estaban arriba, bien colocados, con poder, con respaldo y con una imagen de pareja elegante, exitosa y casi intocable. Y ahí pues empezamos como una amistad, pero siempre se me hizo guapísima. Y cuando ella ya Humberto también se movió en espacios de representación artística. Entre 2001 y 2007 fue director de la ANDI, lo que confirma que no solo estaba interesado en actuar y producir, sino también en participar dentro de las estructuras del medio.
Con el paso de los años, acumuló más de 100 trabajos actorales entre teatro, cine y televisión. Una fasra que no se consigue con suerte ni con una sola telenovela pegada. Así que el muchacho que un día salió del seminario porque la sotana no era lo suyo y que después vendió autos, muebles y seguros para salir adelante, terminó convertido en uno de los nombres más sólidos de la televisión mexicana: actor, productor, dirigente, figura de poder y más adelante protagonista de una historia de amor que parecía blindada contra todo. Aunque como ya sabemos, en
la farándula, hasta las parejas más perfectas también esconden sus propios capítulos de drama. Y es eso que te digo que vivimos los actores, ¿no? Que alternamos nuestra realidad. En el amor, Humberto Zurita también tuvo sus vueltas, sus enredos y sus capítulos con sabor a telenovela. Porque aunque muchos lo recuerdan como el hombre serio, elegante y fiel que estuvo décadas junto a Christian Bach, antes de llegar a ese gran amor también hubo tropiezos, novias, desamores y una traición sentimental que le movió
el piso. En sus primeros años, cuando apenas intentaba abrirse camino en la Ciudad de México, Humberto todavía tenía una novia en Torreón. Y aquí se pone sabroso el asunto, porque esa relación a distancia se le atravesó justo cuando empezaba a intentar acercarse a Christian Bach, quien desde entonces ya le movía algo por dentro.
Según se cuenta, aquella novia llegó de sorpresa a la capital y, pues claro, le complicó bastante el panorama, porque una cosa es andar queriendo conquistar a una actriz como Cristian y otra muy distinta es que de pronto te caiga la novia formal desde tu tierra como recordatorio viviente de que todavía no estabas tan libre como querías aparentar.
Pero antes de que Cristian se convirtiera en la gran mujer de su vida, hubo otro amor importante, Rebeca Jones. Durante las grabaciones de El maleficio, Humberto se enamoró de ella y no fue cualquier coqueteo de foro ni una aventura pasajera de camerino. La relación se formalizó y según se decía en el ambiente, todo parecía ir rumbo al matrimonio.
Eran jóvenes, atractivos, talentosos y estaban dentro de una producción fuerte, de esas donde la convivencia diaria termina mezclando escenas, miradas y emociones reales. Pero el romance no terminó como Humberto esperaba. Entre 1983 y 1984, Rebeca Jones lo dejó para iniciar una relación con Alejandro Camacho, quien además era amigo de Zurita.
Y ahí, amigos, el golpe tuvo doble filo porque no solo se le iba a la mujer que quería, sino que se iba con alguien cercano, alguien del mismo medio, alguien que no era un desconocido. Y bueno, pues ahí también el destino cambió mi vida. Ese tipo de ruptura no solo duele por amor, también pega en el orgullo, en la confianza y en la manera en que uno vuelve a pararse frente a los demás.
Después de esa ruptura, Humberto se fue acercando a quien ya era su amiga y según se ha contado también su amor platónico, Cristian Bach. Y aquí sí, espérense, porque la historia cambia de color. Cristian no era una mujer cualquiera. Era argentina, bella, fuerte, elegante, con carácter y con una presencia que no necesitaba pedir permiso.
De esas mujeres que no solo enamoran por la cara, sino porque traen una personalidad que impone. El romance terminó de estallar en 1985 durante la telenovela de Pura Sangre, después de un beso apasionado en escena. Y ya ven cómo es esto, amigos. Hay besos que se quedan en el libreto, pero hay otros que cruzan la pantalla y se meten directo en la vida real.
Ese beso fue como prenderle fuego a algo que ya venía calentándose desde antes. Y la propuesta de matrimonio fue tan rara como memorable. Nada de cena elegante, anillo escondido en una copa o serenata de película. No. Humberto le gritó a Cristian, “¿Te quieres casar conmigo?” de coche a coche mientras manejaban por el periférico.
Así, en pleno tráfico, entre ruido, carros y ciudad. Una propuesta medio loca, sí, pero también muy de ellos, intensa, inesperada y sin tanta curcilería prefabricada. Un gran humor negro. Entonces, todo eso eh hizo que me decidiera. Se casaron en una boda multitudinaria en Polanco, de esas que paralizan calles, llaman cámaras y se vuelven evento de farándula.
La boda fue televisada y tuvo todo el brillo de una pareja que en ese momento parecía destinada a convertirse en una de las más poderosas del espectáculo mexicano. Y para ponerle más lujo al asunto, uno de los regalos fue una luna de miel de 3 meses pagada por Emilio El tigre Azcárraga. Así de consentidos estaban en Televisa.
No cualquiera recibía ese tipo de gesto del hombre más poderoso de la televisión. De ese matrimonio nacieron sus hijos Sebastián y Emiliano y juntos construyeron una historia que duró hasta la muerte de Christian Bach en 2019. Y ahí está lo fuerte. En un medio donde los matrimonios muchas veces duran menos que una telenovela, ellos permanecieron juntos durante décadas con sus cosas, seguramente con sus pleitos, con sus silencios y sus batallas internas, pero juntos.
Cristian fue su pareja, su cómplice, su socia, su familia y una parte enorme de su vida pública y privada. Y le hemos pasado muy bien. Por eso no nos hemos separado y por eso nunca lo hemos pensado, ¿no? Después de la muerte de Cristian, Humberto quedó marcado por una ausencia fuerte, porque no se le murió solamente una esposa, se le fue la compañera con la que había construido familia, productora, proyectos, hijos.
y una vida entera. Y por eso, cuando años después volvió a abrirle la puerta al amor, también hubo comentarios. Desde mediados de 2022, Humberto mantiene una relación sentimental estable con Stefanie Salas, actriz y cantante, una mujer que también viene de una dinastía artística muy pesada.
Y claro, el público no tardó en opinar, porque cuando un hombre que fue visto durante décadas al lado de una mujer tan fuerte como Christian Bach vuelve a enamorarse, siempre aparece quien compara, quien juzga y quien cree tener derecho a decir cuándo alguien puede volver a amar. Pero la vida sigue, amigos. Y Humberto, después de haber pasado por una novia en Torreón que le complicó el cortejo, un desamor fuerte con Rebeca Jones, una historia legendaria con Christian Bach y una viudez dolorosa, volvió a encontrar compañía porque el amor en su vida no
fue una línea recta, fue un camino con deseos, pérdidas, traiciones, propuestas locas en periférico, bodas televisadas, dueros profundos y una nueva oportunidad cuando muchos pensaban que ya no había espacio para nadie más. Eh, se rumoraba ya de nuestra relación. Y amigos, aunque Humberto Zurita siempre ha tenido esa imagen de hombre serio, elegante, profesional y hasta medio reservado, la verdad es que su vida tampoco ha estado libre de trancazos, vetos, rumores, silencios pesados y escándalos de esos que la farándula no
perdona tan fácil. Uno de los golpes más fuertes llegó con su guerra contra Televisa. Durante años, Humberto y Cristian Bach fueron prácticamente de los consentidos de la empresa. Tenían contratos, privilegios, proyectos, respaldo y una productora Suba que empezó a moverse con fuerza dentro de la televisora.
Pero todo cambió tras la muerte de Emilio, el tigre Azcárraga, en 1997. Con la llegada de Emilio Azcárragayin, las cosas ya no fueron iguales. Según se cuenta, Suba empezó a ser marginada, los presupuestos se redujeron y aquella posición privilegiada comenzó a resquebrajarse. Y entonces Humberto y Cristian hicieron lo que para Televisa sonaba casi como una traición.

Se fueron a TV Azteca, que en ese momento venía creciendo y buscando figuras fuertes para competirle a San Ángel. Y no se fueron solos, amigos, también se llevaron talento, ideas, equipo y esa experiencia que habían construido dentro de Televisa. Eso enfureció a varios ejecutivos que los habrían tachado de malagradecidos y vendidos.
El run decía que estaban vetados, que en Televisa ya no los querían ni ver pintados y que su nombre quedó marcado por haberle dado la espalda a la empresa que los había elevado. Ahí empezó una de esas historias clásicas del espectáculo mexicano. Cuando eres útil, eres familia. Cuando te vas con la competencia te conviertes en enemigo así y no le debo nada a nadie ni quiero debérselo.
Pero el escándalo no se quedó solo en lo profesional. Entre 2003 y 2004, una revista publicó fotos de Humberto Zurita con la actriz Lorena Rojas en la playa y ahí se armó la bomba. La prensa empezó a hablar de una supuesta infidelidad, de una cercanía sospechosa, de miradas, de convivencia y de todo lo que suele inventarse o exagerarse cuando dos figuras famosas aparecen juntas en un lugar donde no falta quien meta la cámara.
Y claro, la pregunta venenosa fue inmediata. ¿Qué iba a decir Cristian Bach? Pero Cristian no les dio el circo que muchos esperaban. No salió llorando, no hizo preito público, no se desgarró frente a los micrófonos. Al contrario, manejó el asunto como una gran dama, desacreditó los rumores, no le siguió el juego al escándalo y dejó claro que su matrimonio no iba a ser convertido en espectáculo barato por una revista.
Y quizá por eso mismo el tema hizo más ruido, porque donde muchos esperaban gritos, ella respondió con frialdad, elegancia y silencio estratégico, pero el chisme como siempre quedó sembrado. Importante tener personalidades como Cristian Bag en la pantalla para que el público realmente encuentre figuras de peso.
Luego vino el capítulo más delicado, más doloroso y más criticado, El hermetismo alrededor de la muerte de Christian Bach. Ella falleció el 26 de febrero de 2019, pero la familia no lo anunció de inmediato. Lo dieron a conocer tres días después, cuando los funerales ya habían concluido. Y eso, amigos, desató tipo de comentarios que por qué no avisaron.
que por qué tanto secreto, que de qué murió realmente, que estaban ocultando. Durante su enfermedad, la familia guardó absoluto silencio sobre su estado real. No hubo fotografías dramáticas, no hubo partes médicos para alimentar noticieros, no hubo reporteros persiguiendo a la familia en hospitales y fue hasta años después cuando Humberto confirmó que Cristian había muerto a causa de cáncer.
Cristian siempre fue una persona muy congruente con su vida, una persona muy inteligente. Para muchos ese silencio fue extraño, para otros fue una decisión digna. Humberto siempre ha defendido que esa fue la última voluntad de Cristian. No quería ser vista deteriorada, no quería alimentar el morbo y no quería que el público la recordara en estado deplorable.
Y ahí la cosa se pone fuerte, porque la gente a veces siente que por haber visto a alguien en televisión tiene derecho a saberlo todo. La enfermedad, la agonía, el último día, el último suspiro. Pero Cristian decidió irse lejos de esa mirada y Humberto respetó esa decisión aunque le llovieran críticas y como si no hubiera cargado ya con suficiente, en agosto de 2024 volvió a estar en boca de todos por un video que se hizo viral.
Un paparaxi lo captó caminando por Polanco en evidente estado de ebriedad, tambaleándose junto al productor Gabriel Varela. Y ahí, amigos, la prensa amarillista se dio vuelo. En cuestión de horas empezaron los rumores que si estaba demasiado triste, que si tenía problemas de alcohol, que si estaba hundido en deudas millonarias, que si debía hasta medio millón de dólares.
Y hasta hubo quienes intentaron meter a Stefhanie Salas en el chisme insinuando que ella podía tener algo que ver. con sus supuestos problemas financieros. Humberto y Gabriel Varela desmintieron todo. Dijeron que no había tristeza, ni alcoholismo, ni ruina, ni drama escondido, que simplemente se habían pasado de copas celebrando un nuevo proyecto teatral.
O sea, sí hubo tragos, sí hubo tambaleo, sí hubo video incómodo, pero según ellos nada de esa tragedia financiera y emocional que algunos quisieron montar alrededor. Andaba bien pedo, perdónenme la verdad. Otro momento que le trajo críticas fue su respuesta sobre una posible participación en la bioserie de Cepillín.
Cuando la prensa le preguntó sobre el tema, Humberto respondió de una manera que muchos consideraron despectiva y eso no le cayó nada bien a la familia del payasito. Dijo, “Yo me baso mucho en los guiones, no hago cualquier cosa.” El hijo de Cepillín salió molesto, le exigió respeto públicamente y defendió la memoria de su padre.
Ahí el problema fue el tono, porque en la farándula, una frase mal acomodada puede sonar a desprecio, aunque la intención sea otra. Y cuando se habla de una figura querida por el público infantil, cualquier comentario frío se vuelve incendio. Humberto muy soberbio, muy muy soberbio. Yo. Y por supuesto, no podemos dejar fuera el capítulo actual, su relación con Stefhanie Salas.
Desde mediados de 2022, Humberto volvió a abrirle la puerta al amor, pero el público no se quedó callado. Ella es 16 años menor que él. Viene de una familia famosa. Es hija de Silvia Pasquel, nieta de Silvia Pinal, madre de Michel Salas. Y eso hizo que el romance tuviera reflectores desde el primer minuto.
Las críticas no tardaron, que si ya estaba muy grande, que si era muy pronto después de Cristian, que si Stephanie no era para él, que si la diferencia de edad, que si la memoria de su esposa, que si esto, que si aquello, como si la gente tuviera derecho a decidir cuándo un viudo puede volver a enamorarse y con quién.
Humberto terminó pidiendo un alto a los juicios públicos sobre su vida íntima, porque una cosa es ser figura pública y otra muy distinta es que el público quiera sentarse en la sala de tu casa a opinar sobre tus sentimientos. Así que Humberto Zurita no ha vivido una vida tan limpia ni tan tera como su imagen elegante podría hacer pensar.
Ha tenido poder, sí, ha tenido éxito también, pero también ha enfrentado vetos, traiciones empresariales, rumores de infidelidad. Críticas por guardar el duelo en silencio, videos incómodos, acusaciones de deudas, polémicas con familias de otros artistas y ataques por volver a enamorarse. Porque detrás del hombre serio, del actor respetado y del viudo que muchos quisieron congelar para siempre junto al recuerdo de Christian Bach, también hay un hombre de carne y hueso con errores, con copas de más, con decisiones cuestionadas, con secretos
familiares y con una vida sentimental que todavía sigue provocando comentarios. Sí, somos muy intensos al hablar. Eh, yo me lo he puesto a pensar cuando luego vamos a comer y así. Y ya sabemos, amigos, en este medio el que se mueve poquito sale en la foto, pero el que se mueve mucho acaba en el chisme.
Actualmente, a sus 71 años, Humberto Zurita vive una etapa bastante distinta a la de aquellos años de pleitos con televisoras, vetos, rumores y tormentas familiares. Hoy se le ve más estable, más dueño de su camino y sobre todo lejos de cualquier idea de retiro. Porque si algo queda claro es que Humberto no está sentado esperando homenajes ni viviendo solamente del recuerdo de sus grandes telenovelas.
Sigue trabajando, produciendo y moviéndose como alguien que todavía tiene cuerda para rato. En teatro protagoniza y produce El Seductor, una obra que se encuentra en gira por México y que le permite mantenerse cerca del público en vivo. Ese público que no perdona, pero que también reconoce cuando un actor todavía tiene presencia y oficio.
Y eso tiene su mérito, porque a esta edad no cualquiera carga con una gira, con funciones, ensayos, viajes y la presión de sostener una obra frente a la gente. También se mantiene vigente en proyectos para cadenas internacionales. Recientemente trabajó en Velvet, el nuevo imperio de Telemundo, demostrando que su carrera no se quedó encerrada en la nostalgia de Televisa ni en las glorias de otra época.
Humberto supo cruzar etapas, empresas y estilos de producción, algo que muchos actores de su generación no lograron hacer con la misma fuerza. Y mientras sigue activo profesionalmente, también vive una etapa sentimental muy visible junto a Stefhanie Salas. Ya no se esconden ni juegan al misterio. Se muestran juntos tanto en lo personal como en lo laboral, enfrentando críticas, comparaciones y comentarios de quienes todavía lo siguen mirando a través del recuerdo de Christian Bach.
Claro, claro. Le pido su desayunito. Oye, Pedrito. Pero Humberto parece haber decidido algo muy claro. Su pasado lo honra, pero su presente también lo vive. Así que hoy Zita aparece como un hombre que sobrevivió al peso de la fama, al duelo, a los vetos, a los rumores y a los juicios del público.
No es el mismo galán que arrancó en Televisa, ni el productor consentido de otros tiempos. Es un actor veterano que aprendió a moverse en otra industria con otra vida y con otro amor, sin pedirle permiso a nadie para seguir adelante. Miren, Humberto Zurita tiene un legado artístico sólido y una historia de amor con Christian Bach que genuinamente emociona.
34 años juntos, dos hijos, una productora construida en equipo y una lealtad que duró hasta el último día. Eso es real y nadie se lo quita. Pero también es el mismo hombre que protagonizó un escándalo de infidelidad que su esposa tuvo que manejar con una elegancia que no debió haber necesitado. El mismo que ocultó la muerte de Bach durante 3 días, generando más preguntas que respuestas.
Y el mismo que a los 71 años todavía necesita salir a desmentir rumores de ebriedad y deudas millonarias. El galán de Torreón construyó mucho y también dejó algunas cosas sin resolver que el tiempo no ha terminado de aclarar. Vivimos primero 3 años juntos, luego decidimos tener hijos y nos casamos y duramos casados 34 años.
Y ahora sí, amigos, les toca a ustedes. ¿Qué opinan de Humberto Zurita? ¿Lo recuerdan como aquel galán serio de las telenovelas? Como el gran amor de Christian Bach o como un hombre que ha sabido levantarse después de vetos, rumores, pérdidas y críticas que no cualquiera aguanta. Los leo en los comentarios porque esta historia tuvo de todo.
Seminario, negocios, teatro, fama, una traición amorosa, una boda de película, pleitos con Televisa, Rumores de Infidelidad, El doloroso Hermetismo por la muerte de Cristian, videos polémicos y un nuevo amor con Stefhanie Salas que todavía sigue dando de qué hablar. Y si les gustó este recorrido por la vida de Humberto Zurita, no se les olvide suscribirse, activar la campanita y compartir este video con alguien que también recuerde esas telenovelas donde él imponía con pura mirada.
Porque aquí en Tutoriales Gerberí las historias no se cuentan a medias, se cuentan con todo y esas sombras que muchas veces quedan escondidas detrás del galán elegante, el viudo respetado y el actor que todavía no piensa bajarse del escenario. Go!