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¿Hasta dónde fue capaz de llegar una esposa para ocultar su terrible secreto?

Fue el 6 de noviembre ver año 2000. Una llamada a los servicios de emergencia marcó el punto de inflexión. Una mujer visiblemente alterada repetía entre lágrimas que su esposo yacía en el suelo sin respirar. Se negaba a seguir las indicaciones del operador. Ni siquiera intentó reanimarlo. Cuando los paramédicos accedieron al apartamento, hallaron a Gregory de Bir tendido en la habitación principal, con el torso al descubierto y esparcidos a su alrededor pétalos de rosa.

Sobre la cama, unas fotografías de la boda hechas pedazos. Junto al cuerpo, frascos vacíos de analgésicos de alta potencia. Esa mujer se llamaba Christen Rossom. Era licenciada en química por la Universidad Estatal de San Diego, rubia, y con un porvenir que muchos calificarían de envidiable. Pero aquel futuro se desvaneció para siempre.

Hoy cumple una condena a cadena perpetua en el Centro Penitenciario de Mujeres de California Central, lejos de cualquier laboratorio. Para comprender cómo llegó a ese punto, es necesario remontarse varios años atrás. Sus padres, Ralph y Constance Rossom, habían entregado todo por sus tres hijos, colegios de élite, profesores particulares, actividades extracurriculares para pulir cada talento.

Pero Kristen, de carácter frágil e impulsivo, no logró soportar tanta exigencia. Comenzó mintiendo, faltando a clases, buscando cualquier rendija para escapar. El alcohol fue su primer refugio, esa falsa sensación de calma y olvido. Cuando el alcohol dejó de surtir efecto, dio el salto a la metanfetamina. Se trata de una de las sustancias ilegales más adictivas en Estados Unidos.

Genera paranoia, nubla el juicio, desata euforia y provoca alucinaciones. Sus padres notaron que algo andaba mal. Tras una conversación larga y tensa, la adolescente confesó que consumía desde el instituto. En una familia de profesionales universitarios, aquella revelación fue como un terremoto. Con 17 años, después de meses de peleas constantes en casa, Cristen huyó a México con unos amigos.

Allí, casi por azar, se topó con Gregory Devir. Él era 7 años mayor que ella, alto, atractivo. Parecía el ángel que había llegado para rescatarla. Y Greg se enamoró de aquella joven rebelde. Asumió el papel de protector, casi de padre. Gracias a él, Cristen consiguió trabajo como asistente en toxicología forense.

Su conocimiento impresionó a sus superiores y su adicción quedó durante un tiempo aparcada. Lo irónico del caso es que aquel empleo le daba acceso directo a las drogas que tanto la atraían. compaginó el trabajo con la universidad y se graduó con matrícula de honor. Recibió premios de profesores y empleadores, todos ajenos a la verdadera razón de su fascinación por esa profesión.

Su relación con Greg duró 5 años hasta que el 5 de junio de 1999 celebraron una boda de ensueño. Los padres de Kristen adoraban a su yerno. Por fin respiraban tranquilos. Su hija había dejado atrás el infierno de la dependencia. En marzo del año 2000 la contrataron como toxicóloga en la oficina del médico forense del condado de San Diego.

Su misión consistía en analizar fluidos corporales para detectar sustancias controladas. Mientras tanto, Gregory trabajaba en el sector de la biotecnología, pero la rutina acabó aburriendo a Kristen. Necesitaba emociones y las encontró en Michael Robertson, su nuevo jefe, también casado. Nació una atracción prohibida que no pudieron mantener en secreto por mucho tiempo.

Greg descubrió las cartas de amor entre los amantes. El matrimonio se hundió, pero él aún confiaba en poder salvarlo. Conocía las debilidades de su mujer y estaba dispuesto a intentarlo de nuevo. Solo que esta vez Kristen no quería que la rescataran, exigió el divorcio. La mañana del 6 de noviembre, Greg se encontraba enfermo y se quedó en casa.

Cristen, según relató después, lo notó extrañamente apagado y tranquilo. Llamó a su oficina para avisar de la ausencia. Incluso pasó al mediodía a verlo. Él dormía. Esa noche, a las 9:22 llegó la llamada a los servicios de emergencia. La versión de Kristen fue que su marido, desesperado por la separación, se había quitado la vida.

En un primer momento, las autoridades archivaron el caso como un suicidio. Ella misma firmó los papeles para la cremación, pero la familia y los amigos de Gregory no se rendieron. Nadie había notado cambios en su carácter. Él no hablaba de sus problemas personales y detestaba las drogas. Jamás las habría consumido por voluntad propia.

consiguieron detener la cremación a tiempo y exigieron una autopsia independiente. Aquello cambió por completo el rumbo de la historia. Los análisis toxicológicos mostraron una cantidad brutal de fentanilo en el cuerpo de Gregory. Ese analgésico es 150 veces más potente que la morfina. También aparecieron clonasepam y restos de oxicodona.

Los investigadores comenzaron a sospechar que alguien le había administrado la dosis letal mientras Greg ya se encontraba bajo los efectos de otras sustancias. Todas las miradas apuntaron a Kristen. El fentanilo no se consigue sin receta y ella tenía el conocimiento y el acceso perfectos. Cuando la citaron en comisaría, su aspecto demacrado y su comportamiento delaron su propia adicción, algo que ella terminó admitiendo.

Además, sus declaraciones aquel día estaban llenas de contradicciones. Primero dijo a los paramédicos que Greg no había tomado nada. Luego insinuó que quizás había consumido oxicodona. en el hospital, incluso comentó a una enfermera que su marido podría haberse intoxicado con esa sustancia. La policía barajó dos hipótesis sobre dosis accidental o suicidio.

Pero el 8 de noviembre un compañero de Kristen, Roslaw, llamó para contarles lo del Fer con Michael Robertson. Aquello reorientó la investigación. Encontraron correos electrónicos apasionados entre los amantes, archivos informáticos y artículos que demostraban que Robertson conocía a la perfección las propiedades del fentanilo.

Gregory se había convertido en una amenaza para la pareja. Sabía que Kristen consumía drogas de laboratorio y que Michael la encubría. Robertson confesó que estaba al tanto de la adicción de su amante. Al principio no hubo cargos, pero ambos fueron despedidos por violar las normas internas. La situación de Christen se complicó en enero cuando la policía registró su casa y halló restos de drogas y parafernalia.

Fue arrestada por primera vez, aunque salió bajo fianza. Mientras la investigación avanzaba, apareció su diario. Los investigadores notaron algo extraño. Parecía escrito pensando en un lector externo, como un intento de construir una cuartada perfecta. El mismo día de la muerte de su marido, Kristen compró una rosa y lencería sugerente, difícil de encajar con una esposa destrozada.

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