En agosto de 2003, en un hospital de Yeda, Arabia Saudita, exhalaba su último aliento uno de los dictadores más sanguinarios de la historia moderna. Idi Amin Dada, conocido como el carnicero de Uganda, murió a los 75 años en un exilio dorado rodeado de lujos que pagaba la familia real Saudí, lejos de las víctimas que dejó atrás y de cualquier tribunal que pudiera juzgarlo por sus crímenes.
No hubo juicios, no hubo condena, ni nada que pudiéramos llamar justicia. Solo un hombre obeso y enfermo que se apagó en una cama de hospital protegido por un régimen que le permitió vivir en paz durante más de dos décadas, mientras medio millón de personas yacían en tumbas anónimas a causa de sus sanguinarias políticas de estado.
¿Cómo fue posible que uno de los tiranos más brutales del siglo XX terminara sus días así de tranquilo? ¿Qué sucedió en Uganda bajo su mando? Estas fueron las preguntas que el mundo entero se hizo el 16 de agosto del 2003, el día que murió Id Amind Dada. Si este tipo de videos les gusta y quieren que sigamos haciendo videos similares, escriban la palabra dictadores en los comentarios.
Si tenemos más de 1000 personas escribiendo dictadores, vamos a hacer un segundo video y voy a leer la sugerencia sobre qué personaje podríamos hablar. Recuerden que ya hay un montón de personajes de los cuales ya hablamos en este canal, pero no todos, no todos. Así que aceptamos sugerencias. Para comprender la muerte de Idi Amina, hay que entender al detalle cómo fue su llegada al poder. No surgió de la nada.
Fue un producto del colonialismo británico, un soldado entrenado por los mismos que después lo verían llenos de horror. Yamin nació en circunstancias confusas, probablemente en 1925 en Koboco o Campala. Su padre lo abandonó siendo niño y su madre, una herborista de la tribu Lugbara, lo crió sola en el noroeste de Uganda.
recibió apenas 4 años de educación formal antes de empezar a trabajar en varios empleos, hasta que un oficial británico lo reclutó para el ejército colonial. En 1946, Amini ingresó en los fusileros africanos del rey como de cocina. Era un hombre imponente, 1,93 de estatura, una complexión robusta y fuerza descomunal. llegó a defender el título de campeón de peso pesado de su país, pero la verdad es que era casi analfabeto.
Los británicos vieron en él un soldado perfecto para las tareas sucias del imperio. Lo enviaron a Kenya en 1952 para combatir la rebelión del Mauma Mau contra la colonia británica. Ahí dio muestras de una brutalidad que sus superiores consideraron efectiva. No era inteligente, según los oficiales británicos, pero sí obediente y no dudaba en ejercer cualquier grado de violencia cuando se lo ordenaban.
Así ascendió rápido en una estructura militar que limitaba los rangos superiores a los africanos. Se dice que en una ocasión fue enviado a una aldea con la misión de aplastar una revuelta menor. Se había producido un sabotaje y había que encontrar al culpable. Y Diam asumió el mando del operativo. Para eso reunió a nueve sospechosos dentro de una chosa y mientras dos soldados los mantenían encañonados, les ordenó que se bajaran los pantalones.
Hizo avanzar al primero de la fila, le obligó a apoyar su miembro sobre una mesa y le exigió que revelara quién había cometido el atentado. El hombre guardó silencio, tal vez más paralizado por el terror que por lealtad. Entonces sacó un cuchillo de su cinturón y le amputó el pene. Lo mismo hizo con un segundo rehén.
No hizo falta continuar. Los siete restantes comenzaron a gritar, a interrumpirse unos a otros y a acusarse mutuamente, desesperados por evitar que la mutilación siguiera. En 1959 alcanzó el grado de efendi, el más alto posible para una persona de color en el ejército colonial. En 1961, 2 años antes de la independencia de Uganda, fue ascendido a Teniente, convirtiéndose en uno de los dos primeros oficiales ugandeses del ejército británico.
La independencia de Uganda en 1962 fue el punto despegue para su carrera. El primer ministro Milton Obote lo promovió a capitán y después a comandante. Para 1965 era ya jefe del ejército, pero la relación de Aminio Bote iba más allá de lo institucional. Ambos estaban implicados en operaciones de contrabando de marfil y oro desde el Congo.
Y cuando el Parlamento exigió una investigación en 1966, el primer ministro dio un golpe de estado, suspendió la Constitución y se declaró presidente. Amín tuvo el papel central, siendo el brazo armado de ese golpe, dirigió el asalto al palacio del rey y lo forzó al exilio. Desde ese momento, Amín consolidó su control sobre el ejército, reclutando masivamente a miembros de su propia etnia.
Kacaua, de los Lukvara y de grupos del norte de Uganda y Sudán. Pero la relación entre Obote y Amín se deterioraba rápido. En octubre de 1970, Obote destituyó a Min del Comando General del Ejército y se nombró a sí mismo en su lugar. Y no se trataba solo de desplazarlo, sino de eliminarlo del panorama político. Preparó cargos por malversación de fondos militares y todo estaba listo para el golpe de gracia, pero Amin se enteró de las intenciones de Obote y actuó primero.
El 25 de enero de 1971, mientras Obote asistía a una cumbre de la Commonwealth en Singapur, Amin lanzó su propio golpe militar. Las tropas leales a él tomaron el aeropuerto de Ent, las estaciones de radio y el palacio presidencial. Campala fue asegurada en cuestión de horas. Radio Uganda anunció que Amin había tomado el poder para liberar al país de la corrupción de Obote.
Prometió elecciones libres y un gobierno de transición breve, un anuncio que la población recibió con entusiasmo. Después de todo, Amín era un hombre del pueblo de orígenes humildes que hablaba varios idiomas locales. Parecía un cambio positivo. Mientras Amín se hacía con el control del país, Obote, huyó a Tanzania, donde fue recibido por el presidente Julius Nierere.
Allí se le unieron 20,000 refugiados ugandeses. En septiembre de 1972, un grupo de exiliados intentó invadir Uganda desde Tanzania para derrocar a Min, pero el intento fracasó. Amin ya lo sabía todo de antemano y siempre parecía estar varios pasos por delante de sus rivales. Y este es, según donde coinciden la mayoría de los analistas, el punto en donde empezó la masacre.
El golpe de Amí no había sido recibido con alarma a nivel internacional. Al contrario, Gran Bretaña Israel apoyaron su ascenso al poder. Creían que sería más fácil de controlar que Obote, quien había mostrado tendencias socialistas durante la Guerra Fría. Fue un error de proporciones históricas.
Amim visitó Londres en julio de 1971 y almorzó en el palacio de Buckingham con la reina. Visitó Escocia, donde había sido entrenado en los años 50 y se lo recibió con honores. También viajó a Israel, donde pidió más armas para enfrentar a Tanzania, aunque esa solicitud fue rechazada. Amí carecía del menor tacto o sentido de la etiqueta.
Después de visitar a la reina, le envió una carta en la que la llamaba Lis en una muestra de informalidad casi insultante, considerando los protocolos reales, pero no se detuvo allí. En la misma carta invitaba a la reina Uganda si alguna vez quería conocer a un hombre de verdad, pero su falta de rose era el menor de sus defectos.
Ese mismo mes, mientras Sidamin cenaba con la realeza británica, dos estadounidenses, el periodista Nicolas Straw y el profesor Robert Seedle, fueron asesinados en Uganda cuando investigaban los primeros asesinatos políticos del régimen. Esas dos muertes fueron la primera señal de lo que vendría. Amin comenzó a purgar el ejército de soldados a Choli y Lango, las etnias que habían apoyado a Uote.
En julio de 1971, cientos fueron masacrados en los cuarteles de Yinha Barara. Para principios de 1972, al menos 5,000 militares y el doble de civiles de esas etnias habían desaparecido. Pero las víctimas no se limitaron a grupos étnicos específicos. Pronto incluyeron líderes religiosos, periodistas, artistas, jueces, abogados, homosexuales, estudiantes, intelectuales, empresarios y cualquiera que representara una amenaza al régimen o simplemente cualquiera que tuviera algo de lo que a mí o sus seguidores quisieran apropiarse. El arzobispo
anglicano Janani Lugun fue asesinado en febrero de 1977 después de presidir una conferencia religiosa que buscaba reducir las tensiones entre cristianos y musulmanes. Camil lo acusó de planear una insurrección armada, lo arrestó, lo exhibió ante los medios y al día siguiente anunció que había muerto en un accidente automovilístico.
Nadie creyó esa versión. Reportes posteriores sugieren que Amí le disparó personalmente. Benedicto Kiwanuca, antiguo primer ministro y presidente de la Corte Suprema, fue ejecutado en septiembre de 1972. Le cortaron las orejas, la nariz y los labios, lo castraron, lo destripon y le prendieron fuego al cuerpo. Su crimen haber criticado la expulsión de la comunidad asiática de Uganda.
En agosto de 1972, Amina anunció la guerra económica, la expulsión de 80,000 asiáticos de Uganda en un plazo de 90 días. La mayoría eran de origen indio, habían nacido en Uganda y controlaban gran parte del comercio y la industria del país. Amí expropió sus negocios y propiedades y se los entregó a sus seguidores.
El resultado fue catastrófico. Los nuevos dueños no tenían conocimientos ni habilidades para manejar esas empresas. Las fábricas colapsaron, las máquinas agrícolas se dañaron y nunca fueron reparadas. Y como consecuencia la economía entró en caída libre. Hacia 1975, Uganda estaba al borde del colapso económico, pero la persecución y las matanzas continuaban a ritmo sostenido.
La oficina de investigación de Estado, dirigida por el británico Bob Hastels se convirtió en el brazo de terror del régimen. Bajo su dirección, miles de personas fueron secuestradas, torturadas y ejecutadas. Era común ver a personas forzadas dentro de los maleteros de autos en plena calle de Campala, que nunca eran vistas de nuevo.
Los cuerpos aparecían flotando en el Nilo. Otros eran encontrados mutilados en barrancos o enterrados en fosas comunes. Muchos simplemente desaparecían sin dejar rastro. Amin estableció cámaras de tortura en instalaciones militares. Las víctimas eran golpeadas, electrocutadas, quemadas y violadas. Una práctica común era obligarlas a matar a sus propios familiares.
Otras fueron desmembradas mientras aún vivían. El régimen también favoreció abiertamente a ciertos grupos étnicos y religiosos. Los kacua y nubios del norte fueron promovidos a puestos clave. Los musulmanes, que representaban apenas el 6% de la población, ocupaban más del 80% de los cargos militares y gubernamentales más altos para mediados de los años 70.
La cifra exacta de muertes durante el régimen de Amín es imposible de determinar con precisión. La Comisión Internacional de Juristas estimó al menos 80,000 muertos, pero otros analistas hablan de una cifra cercana a los 300,000. Amnistía Internacional elevó la cifra a medio millón. Algunas estimaciones basadas en datos sensales sugieren una disminución de la población de entre 420,000 y 800,000 personas.
Se dijo que guardaba los cráneos de sus enemigos en un salón de su palacio y que era caníbal, aunque algunos de sus seguidores decían que esto era una mentira porque aí la carne humana le parecía demasiado salada. Lo que es indudable es que Idam convirtió a Uganda en uno de los infiernos más terribles de la historia moderna.
En 1972, después de que Gran Bretaña e Israel rechazaran sus solicitudes de armamento, Amín rompió relaciones con ambos países y se volvió hacia nuevos aliados: Libia, la Unión Soviética y Alemania Oriental. El dictador libio Muamar el Gaddafi se convirtió en su principal patrocinador. Amin. Le había presentado una visión fantasiosa de Uganda como un país mayoritariamente musulmán.
Y Gaddafi no solo lo creyó, sino que le proporcionó ayuda financiera y militar a cambio de camín. Prometiera restringir las libertades religiosas de los cristianos. La Unión Soviética, deseosa de contar con aliados africanos ricos en materias primas durante la Guerra Fría, se convirtió en el mayor proveedor de armas de AMIM. Alemania Oriental entrenó y equipó a la Oficina de Investigación de Estado y a la Unidad de Seguridad Pública, las dos principales agencias responsables de la represión política y el terrorismo de estado. En 1973, el embajador
estadounidense Thomas Patrick Melody recomendó que Estados Unidos redujera su presencia en Uganda. Describió el régimen de Amín como racista, errático, impredecible, brutal, inepto, velicoso, irracional, ridículo y militarista. Estados Unidos cerró su embajada en Campala después. El comportamiento de Amin se volvió cada vez más delirante.
Envió un telegrama al secretario general de las Naciones Unidas alabando las acciones de Adolf Hitler y sugiriendo que el holocausto había sido justificado. Declaró que planeaba usar paracaidistas, bombarderos y escuadrones suicidas para atacar a Israel. En 1975 fue nombrado presidente de la Organización para la Unidad Africana, un grupo panafricano diseñado para promover la solidaridad entre los estados africanos.
Durante la cumbre de la OA en Campala, Amin, se casó con Sara Kiolaba, una bailarina de 19 años en una boda que costó 2 millones de libras. El líder palestino Yer Arafat fue su padrino. Para dejar su firma siniestra en el evento, el novio anterior de Sara desapareció y nunca más nadie supo de él. Ni siquiera en la recapitulación de sus atrocidades lograron dar con él o con su cuerpo.
En junio de 1976 ocurrió el incidente que definió la imagen internacional de Amín, el secuestro del vuelo de Air France. Un avión con destino a París fue secuestrado por miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina y de las células revolucionarias alemanas. El avión aterrizó en el aeropuerto de Enteve en Uganda con el permiso y la complicidad de Amín.
Los secuestradores separaron a los pasajeros judíos del resto y exigieron la liberación de prisioneros palestinos detenidos en Israel. En la noche del 3 al 4 de julio, comandos israelíes ejecutaron la operación en TBE. Volaron desde Israel hasta Uganda. Tomaron el aeropuerto, liberaron a casi todos los rehenes y destruyeron la mayoría de los aviones de combate ugandeses.
La operación duró apenas 90 minutos. Tres rehenes murieron junto con los siete secuestradores y 45 soldados ugandeses. Un cuarto rehen, Dora Block, una anciana judía de 75 años que había sido llevada a un hospital en Campala antes del rescate, fue asesinada por orden de Amin en represalia. El incidente fue una humillación insoportable para Amín, que tomó la decisión de aislar todavía más a Uganda en el escenario internacional.
Gran Bretaña cerró su alto comisionado en el país, Kenya, que había facilitado el reabastecimiento de los comandos israelíes en Nairobi, se convirtió en enemigo del régimen. Amin. Ordenó que cientos, quizás miles de kenianos que vivían en Uganda fueran asesinados. Para 1977, Amin estaba aislado diplomáticamente y su economía colapsaba.

Declaró que había vencido a los británicos y añadió a su título las siglas CBE por conquistador del Imperio Británico. Su título completo era ahora su excelencia el presidente vitalicio, mariscal de Campo Alhadi, Dr. Idiamindada. Pero la realidad era que el régimen se estaba desmoronando por dentro. En 1978 el número de seguidores de Amín se había reducido drásticamente.
La economía estaba destruida y la infraestructura tecnológica institucional estaba irreparablemente colapsada. La disidencia crecía mientras varios ministros habían desertado o huído al exilio. En noviembre de 1978, el vicepresidente Mustafá Adriisi resultó herido en un accidente automovilístico. Las tropas leales a él se amotinaron, lo que hizo que Amin enviara soldados contra los rebeldes.
Algunos de ellos lograron huir a Tanzania. Fiel a su obsesiva tendencia al conflicto, Amin usó esto como excusa para acusar al presidente tanzano, Julius Neerere, de hacer la guerra contra Uganda. Ordenó la invasión de Tanzania y anexó formalmente una parte de la región de Caguera junto a la frontera. Fue un error fatal.
En enero de 1979, el presidente Nierere movilizó la fuerza de Defensa Popular de Tanzania y contraatacó junto con el Ejército de Liberación Nacional de Uganda compuesto por grupos de exiliados. El ejército de Amí, a pesar de recibir ayuda de Libia, no tuvo más opción que retirarse. El enfrentamiento decisivo ocurrió en la batalla de Lucaya al noroeste de Campala los días 10 y 11 de marzo de 1979.
Una fuerza de 2,000 soldados hugandeses y 1000 libios apoyados por 18 tanques fue superada por un ejército conjunto de tanzanos y exiliados hugandeses. A medida que las tropas enemigas se acercaban a Campala, muchos presionaron a Mim para que renunciara. Pero el dictador se mantuvo desafiante hasta el final, despidiendo a su jefe del Estado Mayor cuando este le sugirió que negociara.
Sin embargo, la evidencia era innegable y la situación desesperada. Sin seguidores y con las tropas enemigas acercándose al aeropuerto de Enéve Amin, finalmente huyó de Campala en helicóptero el 11 de abril de 1979. Su reinado del terror había terminado. Idamin huyó primero a Libia, donde su aliado Gaddafi le ofreció refugio temporal.
Pero en 1980 se trasladó a Arabia Saudita y allí la familia real le otorgó asilo oficial a cambio de que se mantuviera alejado de la política. El gobierno saudí le brindó un generoso subsidio y vivió durante años en las dos últimas plantas del hotel Novothel de Yeda. Más tarde se mudó a una villa de lujo en la misma ciudad.
En 1980, el corresponsal de la BBC, Brian Barron, localizó a Amin y logró la primera entrevista con él desde su deposición. Amin sostuvo que Uganda lo necesitaba. Nunca expresó remordimiento alguno por la naturaleza de su régimen. En 1989 intentó regresar a Uganda. Voló a Quinay, Saire, ahora República Democrática del Congo, con la intención de liderar un grupo armado organizado por el coronel Juma Orris.
Pero el presidente Mobutu ese Seco, lo puso bajo arresto domiciliario. Las autoridades dijeron que había abusado de su hospitalidad. Estados Unidos y otros países presionaron para que no se le permitiera regresar a Uganda. Amin regresó a Arabia Saudita, donde el gobierno saudí presionado por los Estados Unidos, lo aceptó de nuevo.
Pero había una condición. Se le prohibió dar entrevistas y hablar con la prensa. Pasó el resto de su vida en Jeda. Sus días eran un ciclo interminable de eventos deportivos. sesiones en el gimnasio y salones de masaje. A menudo se le veía paseando en un Rush Rover o un Chevrolet Capricar el aeropuerto donde despachaba regularmente paquetes de yuca y otros alimentos de África Oriental.
Los aviones llenos de artículos de lujo que llegaban a Campala en los años 70 fueron reemplazados por paquetes de comida africana que llegaban a Jeda en los años 90. Amin se volvió a casar al menos una vez más. tuvo entre 30 y 45 hijos con sus múltiples esposas y concubinas. Su último descendiente conocido fue una hija llamada Imán, nacida en 1992.
Durante todos esos años hubo muy pocas demandas para que Amí fuera juzgado en algún tribunal internacional por sus crímenes de guerra. Arabia Saudita lo protegió hasta el final. El 20 de julio del 2003, Madina, una de las esposas de Amín, informó a la prensa que el ex dictador se encontraba en estado de coma en el Hospital Rey Faisal de Yeda.
Sufría de insuficiencia renal y su condición era irreversible. El final estaba próximo. Madina pidió al presidente ugandés Yeri Musebeni que permitiera a M regresar a Uganda para morir en su tierra natal. Museveni respondió que tendría que responder por sus pecados en cuanto estuviera de vuelta. Amín nunca regresó a Uganda. Murió en el hospital de Yeda el 16 de agosto del 2003.
Tenía 75 años o estaba cerca de esa edad. Fue enterrado en el cementerio rugis de la misma ciudad en una tumba discreta. No hubo grandes ceremonias, solo una pequeña cantidad de familiares asistieron al entierro. El hombre que había aterrorizado Uganda durante 8 años, que había sido responsable de la muerte de cientos de miles de personas, que había convertido su país en un matadero, murió tranquilo en una cama de hospital protegido por un régimen que le garantizó impunidad para su último aliento.
La muerte de Idio sin haber enfrentado jamás un tribunal internacional sigue siendo una de las grandes injusticias del siglo XX. Porque Arabia Saudita lo protegió durante 23 años. Oficialmente, por razones humanitarias y religiosas, Amin era musulmán y había pedido asilo. Pero la verdadera razón probablemente fue otra.
Arabia Saudita no quería involucrarse en un escándalo internacional ni sentar el precedente de entregar refugiados políticos. ¿Por qué la comunidad internacional no presionó más para que fuera juzgado? Porque para cuando Amín cayó en 1979, el mundo ya estaba enfocado en otros conflictos. La revolución iraní, la invasión soviética de Afganistán, la escalada de la Guerra Fría, Uganda era un país pequeño y pobre en África y Amín ya no era una amenaza.
Nadie quería gastar recursos políticos y económicos en perseguir a un dictador caído. Además, juzgar a habría expuesto la complicidad de Gran Bretaña, Israel y otros países occidentales en su ascenso al poder. habría revelado como el colonialismo y la Guerra Fría facilitaron el surgimiento de uno de los dictadores más brutales de la historia moderna.
Así que Amin vivió en paz, jugó al golf, nadó en su piscina privada y comió comida de su tierra natal y nunca pagó por sus crímenes. Uganda se recuperó lentamente después de 1979, pero las cicatrices del régimen de Amín permanecen hasta hoy. Y la impunidad de Amín envió un mensaje claro a futuros dictadores. Podés salirte con la tuya si sabés cómo jugar el juego geopolítico.
La pregunta que queda es inquietante. ¿Cuántos más como Ideamin están viviendo en el exilio en este momento protegidos por régimímenes que valoran la convivencia política por encima de la justicia?