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Así vive hoy Granko Arteaga antes de entrar al penal: Vigilado y Temblando de Miedo

Hay un detalle que nadie esperaba ver. El 29 de mayo de 2026 en Puerto La Cruz, estado Anzuáegui, entre camionetas blindadas y escoltas que cerraban el perímetro del puerto pesquero, descendió una figura que muchos creían desaparecida del mapa. Una chaqueta naranja sin uniforme, sin barba, con un corte de cabello diferente al que todo el mundo tenía grabado en la memoria.

El hombre que durante años entró a las cámaras de la D Simro descubierto. Mientras sus subordinados se tapaban la cara, apareció ese jueves entre la multitud de un miting político como si nada hubiera ocurrido. Pero algo había ocurrido, algo había cambiado por completo. Antes de que terminemos este video, voy a mostrarte exactamente cómo vive Alexander Enrique Granco Arteaga hoy.

¿Qué perdió? ¿Quién lo está mirando? ¿Por qué cambió su cara? ¿Y qué dice ese cambio sobre el lugar en el que se encuentra ahora mismo? Y hay un detalle que guardo para más adelante, una decisión que tomó en las horas que siguieron a la captura de Nicolás Maduro. ¿Qué dice más sobre su esteo? estado mental actual que cualquier declaración que haya dado en su vida, quédate hasta el final.

Porque la historia de como alguien vigilado, temblando de miedo y cada vez más acorralado, intenta mantenerse de pie, es, en mucho sentido, más reveladora que cualquier operación que haya dirigido. Enero de 2026, la noche en que borró todo. Hay un momento en que el teléfono deja de sonar de la misma manera, no de golpe, gradualmente.

Las llamadas siguen, pero ya no tienen el mismo peso detrás. Granco todavía no lo sabía, todavía daba órdenes, todavía se movía por los mismos pasillos, pero algo ya había cambiado en la temperatura del aire a su alrededor. Para Alexander Granco Arteaga, ese momento fue a comienzos de enero de 2026. La noticia de la captura de Nicolás Maduro corrió por Caracas antes de que ningún medio lo confirmara oficialmente.

En las horas que siguieron, un hombre que hasta ese día administraba el miedo de otros tomó una decisión. cerró su cuenta de Instagram, borró todo, las fotos con granadas, los videos de operaciones especiales, los mensajes de amenaza a dirigentes opositores que había publicado las elecciones del 28 de julio de 2024 y que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos documentó en su informe anual de ese año.

Todo desapareció en cuestión de horas. La pantalla quedó en blanco y ese gesto tan pequeño, tan digital, tan silencioso es exactamente donde comienza la historia de su caída. Porque un hombre que durante años exhibió su poder ante cámaras, que grabó operaciones de la división de asuntos especiales como si fueran propaganda, que nunca se cubrió la cara mientras hacía lo que hacía, de repente quiso dejar de existir en el espacio donde más había existido.

¿Por qué? Eso es lo que vamos a explorar. El hombre que fue Alexander Enrique Granco Arteaga nació el 25 de marzo de 1981 en Puerto Cabello, estado Carabobo. Una ciudad portuaria calurosa con las instalaciones industriales y el olor salobre del Caribe venezolano pegados en cada calle. Ingresó a la Fuerza Armada Nacional en 1998 como cadete con 17 años y un año después entró a la Academia Militar de la Guardia Nacional Bolivariana, donde se graduó en 2003.

Y lo que ocurrió después se entiende mejor si se ve en línea recta. Granco comenzó su carrera ligado a labores de inteligencia y contrainteligencia dentro de la Guardia Nacional Bolivariana. En algún momento, durante ese primer periodo, formó parte de la Guardia de Honor Presidencial, donde estuvo en el tercer anillo de seguridad de Hugo Chávez durante 3 años.

Y según los periodistas venezolanos que han rastreado su trayectoria, fue el propio Chávez, quien a petición de Granco lo designó como oficial de seguridad de una de sus hijas. Eso es lo primero que hay que fijar en la mente. Antes de todo lo que vino después, antes de cada acusación y cada sanción internacional, este hombre estuvo lo suficientemente cerca del poder como para que el propio presidente de la República lo pusiera al cuidado de su familia.

Eso no ocurre por azar ni por currículum. Ocurre porque alguien en algún momento demostró que era capaz de hacer lo que otros preferían no hacer y que lo haría sin dejar registro escrito de haberlo hecho. periodista Joseph Polisucuk, fundador del medio de investigación venezolano Armando. Info y uno de los periodistas que más a fondo ha seguido la figura de Granco describe con precisión el momento en que su nombre apareció por primera vez en el radar público.

Fue en enero de 2018 durante la operación conocida como El Junquito, en la que fue abatido el expicía Óscar Pérez, que meses antes había sobrevolado el Tribunal Supremo de Justicia en un helicóptero lanzando granadas y repartiendo panfletos contra el gobierno de Jaduría Maduro. Pérez se había convertido en el símbolo más visible de la disidencia armada interna y su eliminación fue, según periodistas e investigadores, una operación en la que Granco tuvo participación directa.

A partir de ese momento, su ascenso fue constante. El primero de julio de 2020, Maduro lo ascendió de mayor ateniente coronel. El ascenso ocurrió cuando ya circulaban internacionalmente informes de la misión de determinación de los hechos de Naciones Unidas que documentaban torturas y detenciones arbitrarias en instalaciones venezolanas de inteligencia.

El 29 de agosto de 2022 fue ascendido nuevamente y pasó a ocupar la dirección del despacho en la sede central de la DG SIM en el complejo de Boleita. Pues en Caracas, una instalación de bloques de concreto y corredores y vigilados que los organismos de derechos humanos han calificado sistemáticamente como por lugar de reclusión de presos políticos.

Y en junio de 2024 fue ascendido a Coronel, el rango que ostenta oficialmente hasta hoy. Mira este arco un momento. Decadete en Puerto Cabello a coronel de guardia presidencial a jefe de la división de asuntos especiales de la DICM. de hombre anónimo a figura, cuyo nombre aparece 96 veces en un informe de 123 páginas elaborado por una misión especial de las Naciones Unidas.

96 menciones y ninguna de ellas habla bien de él. 96 veces, lo que la ONU no pudo ignorar. El nombre de Alexander Granco Arteaga, aparece 96 veces en el informe de 123 páginas sobre violaciones de derechos humanos en Venezuela. Elaborado por la Misión Internacional, independiente de determinación de los hechos de [música] Naciones Unidas, publicado en 2020.

El documento no es un resumen diplomático con lenguaje de distancia, es un expediente. Tiene nombres completos, tiene fechas, tiene descripciones de métodos que una persona tuvo que escuchar de otra persona para poder escribirlos. Uno de los más documentados es el del capitán Rafael Acosta Arévalo, un militar retirado al que el régimen acusaba de organizar un complot para derrocar a Maduro.

Acosta Arévalo murió bajo custodia estatal en 2019. Los testimonios recogidos por la misión de la ONU describen asfixia mecánica y palizas. Y la voz que los testigos identificaron en ese proceso, la que daba órdenes, la que supervisaba, la que propinaba golpes directamente, era la de Granco. Aquí es donde la historia se vuelve difícil de mirar y al mismo tiempo difícil de apartar porque uno de los patrones que documentó la misión de Naciones Unidas y que el Instituto Casla también recogió en su informe anual de 2024-2025 fue precisamente este. A diferencia de

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