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Asi Fue la Lujosa Vida de Mayra Alejandra — La Leonela que Todo México Amó

Hoy vas a descubrir cómo vivió Mayira Alejandra, la actriz venezolana más admirada de su generación. La mujer que con un solo papel se convirtió en leyenda de la televisión latinoamericana, la protagonista de más de 18 telenovelas que ganó suficiente dinero para vivir con el lujo que la Venezuela petrolera de los años 80 podía ofrecer a sus estrellas más grandes.

¿Cuánto dinero generó Mayira Alejandra en 25 telenovelas, en películas de cine de autor y en décadas de trabajo teatral? ¿Cómo era el apartamento en Caracas donde vivió en la época de mayor gloria con los automóviles que sus fanáticos recordaban estacionados frente al canal, los vestidos de diseñador que usaba en las galas y el nivel de vida que correspondía a ser la protagonista más cotizada de la televisión venezolana? ¿Y qué pasó con ese patrimonio cuando la enfermedad llegó y cuando el hombre al que amó la abandonó

plantada en el altar el día de su propia boda? Porque la historia de Mayira Alejandra tiene todo. Tiene la fortuna, tiene el lujo, tiene el amor que terminó en humillación pública, tiene el hijo que nació de ese amor y que décadas después quedaría solo. Tiene la enfermedad que llegó cuando la carrera empezaba a encontrar su segunda vida.

Y tiene el final que ninguno de los millones de personas que la vieron en pantalla esperaba para una mujer que había demostrado que sobrevivía a todo. Quédense hasta el final porque la parte del patrimonio y de los conflictos viene después de conocer quién era realmente esta mujer. Caracas, Venezuela.

El 7 de mayo de 1958. Venezuela en ese año estaba en el umbral de un momento histórico. La dictadura de Marcos Pérez Jiménez había caído en enero y el país comenzaba la transición hacia la democracia que definiría las siguientes cuatro décadas de su historia. El petróleo fluía, la economía crecía.

Yucaracas, la capital que en los años 50 había sido transformada por la inversión petrolera en una de las ciudades más modernas de América Latina, era el lugar donde todo parecía posible para quienes tenían talento y disposición al trabajo. En ese contexto nació Mayira Alejandra Rodríguez Lesama y nació en el mejor hogar posible para quien quisiera dedicarse a las artes escénicas.

Su padre Charles Barry era humorista y uno de los miembros fundadores del programa Radio Rochela, el espacio de comedia que durante décadas sería el más influyente y más querido de la televisión venezolana. Un hombre que entendía el entretenimiento desde adentro, que conocía los códigos del medio, que sabía cómo se construía un personaje que el público adoptara y no quisiera soltar.

Su madre, Liia Lesama era guionista de telenovelas y actriz. Una profesional del otro lado de la pantalla, la que construye los mundos donde los actores habitan, la que escribe las palabras que se convierten en los diálogos que el público recuerda décadas después como si fueran propios. Crecer en esa casa era recibir cada día una educación en el oficio que no se aprende en ningún conservatorio.

Era entender desde niña que una escena que parece espontánea tiene detrás semanas de preparación, que el trabajo de un actor no termina cuando se apaga la cámara, que la diferencia entre un artista de primera y uno de segunda no está en el talento, sino en la disciplina con que ese talento se trabaja. lo absorbió todo y cuando llegó el momento de entrar al mundo al que siempre había pertenecido por herencia familiar, entró con una preparación que sus contemporáneos describían con respeto. El debut fue en la telenovela

Valentina en 1975, producida por Radio Caracas Televisión. Tenía 17 años. Un año después protagonizó Angélica en 1976, un personaje que su propia madre, Liia Lesama, escribió específicamente para ella. Esa decisión habla de dos cosas al mismo tiempo. Primero, del nivel de confianza que su madre tenía en el talento de su hija.

Una guionista de la trayectoria deige alama, no arriesga su credibilidad profesional en un proyecto mal calculado. Si eligió escribir el personaje principal de una telenovela para su hija adolescente, es porque sabía con absoluta certeza que esa hija podía cargarlo. Segundo, del tipo de presión que eso generaba. Cuando el personaje que interpretas fue escrito por tu madre, el fracaso no es solo tuyo, es familiar.

Y esa presión que hubiera podido aplastar a alguien de menor carácter en Mayira generó exactamente lo contrario. Una actuación que demostró que el talento era real y que la confianza de la madre estaba justificada. Angélica fue bien recibida y el nombre de Mayira Alejandra empezó a circular en los círculos de la televisión venezolana con el tipo de respeto que en esa industria precede a las oportunidades importantes.

Los años siguientes fueron los de la construcción sistemática de una carrera que en la televisión venezolana de esa época tenía un contexto muy específico. Venezuela en los años 70 y 80 vivía el periodo conocido como la Venezuela saudita. el momento de máxima prosperidad petrolera, donde el bolívar fuerte mantenía una paridad que permitía a los venezolanos consumir con un poder adquisitivo que ningún otro país latinoamericano podía igualar.

Y la televisión venezolana era, en ese contexto una industria que pagaba bien. Muy bien. Los canales venezolanos, especialmente Radio Caracas, Televisión y Benevisión, producían telenovelas que se exportaban a más de 100 países. Eran productos de exportación tan valiosos como el petróleo, aunque nadie los contabilizara de esa manera.

Y las actrices protagónicas de esas telenovelas, las mujeres cuyo nombre en el cartel garantizaba las ventas internacionales, negociaban sus contratos con el poder de quien sabe que es un activo escaso. Meira Alejandra, en el tránsito de los años 70 a los 80 se fue convirtiendo en una de esas actrices.

La hija de Juana Crespo en 1977, Luisana Mía en 1981. producciones que fueron construyendo la reputación de una actriz capaz de cargar con toda la responsabilidad narrativa de una historia en las espaldas sin que nadie notara el peso. Pero fue en 1983 cuando llegó lo que lo cambió todo. Leonela. La historia de Delia Fialo sobre una joven abogada que regresa a su país para casarse y que en la noche de su fiesta de compromiso es víctima de una violación que destruye su vida social y la deja embarazada sola y excluida de todo lo que había

construido. La propuesta de la historia era extraordinariamente audaz para la televisión latinoamericana de ese momento. Poner en pantalla el tema de la violación con la honestidad que la historia requería, sin los eufemismos con que la televisión de la época manejaba los temas incómodos, era un riesgo que el canal asumió apostando por la capacidad de Mayira para hacerlo real.

Y Mayira lo hizo real con una actuación que transmitía el conflicto interno de un personaje atrapado entre el trauma vivido, la injusticia social que ese trauma producía y la fortaleza que necesitaba para sobrevivir a ambos. Leonela fue el punto de quiebre de la carrera y de la vida económica de Mayira Alejandra.

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