Posted in

Asi FUE la LUJOSA VIDA CHARRA de PIPORRO – Ranchos, Caballos, Lujos

Hoy vamos a descubrir cómo fue la apasionante vida de Eulalio González, el hombre nacido los Herreras, Nuevo León, que creó a Piporro y con ese personaje se convirtió en uno de los iconos más queridos y más genuinos del cine mexicano. Bueno, dinosaurio chico, si antes se da al pobre animal si hay poco pasto.

El primer norteño en conquistar la pantalla grande nacional con su propia identidad intacta, sin disfraces ni afectaciones capitalinas, armado únicamente con su humor, sus botas y esa forma de ser que el norte de México reconocía como propia. Acompáñanos a conocer la fortuna que construyó, el estilo de vida que llevó, los secretos de su carrera y el legado que sigue vivo décadas después de su muerte.

Comencemos. Los orígenes del norteño que cambió el cine mexicano. Pero antes de adentrarnos en los secretos, las tragedias y los aspectos más íntimos de su vida, tenemos que hacer una pausa para rendir homenaje a la extraordinaria carrera que construyó. Eulalio González García nació el 16 de diciembre de 1921 en Los Herreras, un municipio pequeño del estado de Nuevo León, enclavado en ese norte mexicano que en los años 20 del siglo pasado vivía en condiciones muy diferentes a las de la capital del país. Los Herreras no era ninguna ciudad

importante ni ningún centro de poder cultural. Era un pueblo de gente trabajadora con raíces profundas en la tierra, en el ganado y en esa identidad norteña que combina la austeridad con el orgullo, la seriedad con el humor seco y la desconfianza ante los forasteros con la hospitalidad genuina hacia quienes se gana la confianza.

 Crecer en ese ambiente dejó en Eulalio González una marca que ningún éxito posterior logró borrar y que de hecho se convirtió en el material central de toda su carrera artística. Su familia pertenecía al contexto trabajador que dominaba la vida social de esa región del norte del país, sin lujos ni aspiraciones de clase alta, pero con la dignidad que da el trabajo honesto y la pertenencia a una comunidad con valores claros y tradiciones arraigadas.

 El México en que nació Eulalio González apenas estaba saliendo de la convulsión revolucionaria con todo lo que eso implicaba: inestabilidad política, reconstrucción social, búsqueda de una identidad nacional que pudiera unir a un país profundamente fragmentado entre sus regiones, sus clases sociales y sus herencias culturales tan diversas.

 En ese proceso de construcción de identidad nacional, el cine terminaría jugando un papel fundamental y Eulalio González terminaría siendo una pieza clave de ese proceso desde el lado del norte. El norte de México de los años 20 y 30 era también un territorio que vivía sus propias transformaciones específicas, distintas de las que experimentaba el centro del país.

Eulalio González “Piporro” hoy cumpliría 100 años - El Mexicano

 La cercanía con la frontera estadounidense hacía que la cultura del norte tuviera desde siempre una permeabilidad hacia el mundo anglosajón que el resto del país no tenía la misma medida. La música country y el western llegaban de manera natural. El inglés era una presencia cotidiana en muchos contextos comerciales y sociales.

Y la idea del norte como tierra de oportunidades y de hombres prácticos que resuelven sus problemas sin esperar que nadie del centro los ayude era parte integral de la identidad regional. Todo eso quedó impreso en Eulalio González desde su infancia y se convirtió en el sustrato cultural del que emergió Piporro.

 La industria del entretenimiento mexicano de los años 30 y 40 estaba absolutamente concentrada en la ciudad de México, lo que significaba que para un joven del norte con talento y con aspiraciones artísticas, el camino hacia cualquier tipo de visibilidad nacional pasaba inevitablemente por la capital. No era un camino fácil.

 La capital miraba con una mezcla de condescendencia y de curiosidad exótica a quienes venían del norte. Y la industria cinematográfica estaba dominada por figuras que proyectaban una imagen del mexicano que tenía mucho del charro jaliciense y del charrito tapatío, pero muy poco del ranchero norteño con su acento distinto, su vocabulario propio y su manera de ver el mundo que era genuinamente diferente a la del centro del país.

 El personaje de Piporro que Ulalio fue construyendo en esos años no surgió de la nada ni de un momento de inspiración repentina. fue el resultado de una observación larga y paciente de la gente del norte, de sus maneras de hablar, de sus reacciones ante situaciones que les resultaban ajenas o cómicas, de sus valores y de sus prejuicios, de todo lo que los hacía específicamente norteños y al mismo tiempo específicamente mexicanos.

 Esa capacidad de observación que producía un humor de reconocimiento y no de caricatura es lo que distingue a los grandes comediantes de los Simples imitadores. Y Eulalio González la tenía en una medida que muy pocos artistas de su época podían igualar. Eulalio González encontró en la radio su primer hogar artístico, el medio que en los años 40 era el más democrático y el más accesible de todos los que existían, el que permitía llegar a audiencias masivas sin la barrera del aspecto físico ni de la inversión en vestuario y en

producción que el cine requería. En la radio desarrolló el personaje de Piporro con una libertad que las restricciones del cine no siempre permitían. podía improvisar, podía explorar el vocabulario y los modismos del norte con toda su riqueza, podía construir situaciones cómicas que resonaban con la experiencia cotidiana de millones de mexicanos que se reconocían en ese personaje, aunque nunca hubieran pisado Nuevo León.

 La radio fue su escuela y su laboratorio, y lo que aprendió ahí sobre cómo conectar con el público popular le sirvió durante toda su carrera cinematográfica. El personaje de Piporro que Ulalio González fue construyendo en esos años de radio era algo genuinamente nuevo en el entretenimiento popular mexicano, un norteño sin disculpas, con su acento intacto, con su vocabulario regional, con sus referencias culturales específicas del norte, con su humor que dependía tanto del timín y de la entrega como del contenido de los chistes.

 No era el cómico que intentaba parecer capitalino, ni el que suavizaba su origen para hacerse más digerible para las audiencias del centro del país. era exactamente lo que era, con toda la particularidad que eso implicaba. Y esa autenticidad fue lo que el público terminó amando con una lealtad que el tiempo no fue capaz de erosionar.

 Pero, ¿de cuánto estamos hablando realmente cuando hablamos de su fortuna? ¿Cómo vivía el hombre que representaba al norte de México en las pantallas del país? Prepárate porque los detalles te van a sorprender. La fortuna de Piporro, lo que el cine, la radio y la música le dejaron. Eulalio González construyó su patrimonio a lo largo de más de cinco décadas de actividad ininterrumpida en tres frentes simultáneos: el cine, la radio y la música.

 Una diversificación de fuentes de ingresos que no era la norma entre los actores de su generación y que le proporcionaba una estabilidad económica más sólida que la de muchos de sus contemporáneos que dependían exclusivamente de los contratos cinematográficos. Para entender lo que eso significó en términos concretos, hay que comprender cómo funcionaba la economía del cine mexicano durante la época de oro y en las décadas siguientes.

Read More