Un arma de uso exclusivo del ejército, un restaurante en una colonia residencial y el nombre de un hombre que llevaba meses en la lista de objetivos prioritarios del Gabinete de Seguridad de la República. Esos tres datos son el resumen más corto de lo que ocurrió el sábado 7 de junio de 2026 en Hermosillo, Sonora.
Hugo Guerrero en Cinas, alias el 01, jefe de plaza de los Salazar en Sonora y Chihuahua, cayó sin resistencia frente a un establecimiento de la colonia Sacramento Residencial. Las fuerzas federales coordinadas con la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora y con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana lo ubicaron, lo rodearon, lo detuvieron sin disparos, sin persecución, sin caos callejero.
El hombre que supervisaba los ataques con drones contra grupos rivales y contra integrantes de corporaciones de seguridad fue arrestado en plena tarde de un sábado en una ciudad que el año pasado registró 254 homicidios dolosos. El año más violento de su historia moderna. Piénsenlo un momento. El operador que ordenaba bombardeos aéreos con drones no estaba escondido en ninguna sierra.
Estaba en la capital del estado, en una colonia de uso residencial frente a un restaurante a las 2 de la tarde. Eso merece detenerse porque habla de algo mucho más profundo que un operativo policial. Habla de cómo funciona la guerra criminal en el norte de México en 2026, invisible durante meses, quieta como agua envenenada y después, sin aviso, el ejército asegura el arma y el hombre queda detenido en la acera.
sin que ninguno de los comensales del restaurante de al lado supiera con quién había estado compartiendo el aire durante quién sabe cuánto tiempo. ¿Quién es Hugo Guerrero en qué son los Salazar hoy después de la ruptura con los chapitos? Después de la creación del cártel independiente de Sonora, después de haberse negado a dejar el fentanilo cuando la orden llegó de arriba.
¿Por qué Hermosillo? Una ciudad con universidades, maquiladoras y turismo gastronómico, registró el peor año de sangre de su historia, precisamente cuando esta organización peleaba el territorio calle por calle. ¿Y cuántos operadores con el mismo perfil siguen sentados en restaurantes de Sonora y Chihuahua mientras esta conversación ocurre? Llevamos semanas reconstruyendo el contexto detrás de este operativo.
Lo que van a encontrar en este video no es solo la crónica de una captura, es un análisis de lo que los Salazar representan en el mapa del crimen organizado mexicano, de cómo llegaron a donde están y de por qué la caída de el 01 es importante, aunque no sea el fin de la organización, porque no lo es.
Y eso precisamente es lo que hay que entender. Para entender lo que pasó en Hermosillo el 7 de junio, hay que entender primero qué es Sonora dentro del mapa del crimen organizado mexicano y por qué su capital se convirtió en uno de los epicentros más violentos del país en los últimos 2 años. Sonora tiene 2.9 millones de habitantes repartidos en un territorio que abarca 17900 km².
Para quienes no lo tengan ubicado geográficamente, es el segundo estado más grande de México. Tiene desierto, tiene sierra, tiene costa en el Mar de Cortés y tiene algo que en el vocabulario del crimen organizado tiene un valor que ningún otro recurso natural puede igualar. Frontera, más de 580 km de frontera terrestre con el estado de Arizona.
Uno de los corredores de ingreso de drogas hacia Estados Unidos con mayor volumen documentado en la historia del narcotráfico continental. Las ciudades de Nogales, Aguaprieta, Sonoita y San Luis Río Colorado son puntos de cruce binacional con infraestructura establecida, aduanas, zonas industriales, flujo constante de camiones de carga legal.
Donde hay flujo legal, hay flujo ilegal superpuesto siempre, porque la lógica del tráfico de drogas no inventa nuevas rutas cuando puede usar las que ya existen. Se infiltra en lo ordinario, se esconde en el volumen, en el camión número 10, 00, que cruzó sin problema las 9,999 veces anteriores. Hermosillo, la capital del estado, no es una ciudad fronteriza en el sentido físico.
Está a más de 280 km al sur de Nogales. Su importancia no es de cruce directo, su importancia es de comando. Hermosillo concentra el poder político y económico del Estado, los juzgados federales, las fiscalías, la inteligencia estatal, los mandos de la Guardia Nacional con base permanente en la entidad, los ministerios públicos que pueden frenar o acelerar cualquier investigación, los jueces que procesan cualquier detenido de alto perfil, las sedes de las instituciones que coordinan la seguridad de todo el Estado.
quien controla Hermosillo tiene influencia sobre la jugular administrativa de Sonora. Los grupos criminales lo entendieron hace 20 años y lo siguieron entendiendo mientras la ciudad creció, mientras la economía se diversificó, mientras el perfil de la capital sonorense modernizaba hacia afuera y la guerra por sus colonias continuaba hacia adentro.
La ciudad tiene una economía con varios ejes simultáneos. La industria automotriz tiene presencia fuerte con plantas de ensamblaje que generan decenas de miles de empleos directos e indirectos. La empresa Ford opera en Hermosillo desde 1986 con una planta que ha sido referencia industrial en el norte del país durante cuatro décadas.
El sector maquilador en general es uno de los mayores empleadores de la capital. El comercio fronterizo, aunque indirecto, irriga toda la economía de servicios. Hermosillo tiene hospitales de referencia regional, universidades con matrículas de más de 30 estudiantes en conjunto y un sector gastronómico que la convirtió en destino de turismo interno.
Es una ciudad con clase media consolidada, con colonias de alto nivel socioeconómico, con infraestructura de ciudad moderna del norte de México y tiene debajo de esa superficie de normalidad urbana una guerra de exterminio por el control de sus plazas, sus mercados ilegales y sus corredores logísticos hacia la frontera. La disonancia entre lo que se ve y lo que ocurre es el espacio donde organizaciones como los Salazar prosperan porque la guerra criminal no se instala en los lugares que parecen zonas de guerra. Se instala en las
colonias donde la gente cena el sábado por la noche y llega a casa sin que nadie le haya preguntado nada. En 2025, según datos del secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Sonora registró un 138 homicidios dolosos en total. Esa cifra representa una caída del 20% respecto al año anterior, cuando se contaron 1 417 asesinatos.
En el papel, el Estado mejoró, pero esa estadística esconde una fractura geográfica que cambia por completo el análisis. Si se lee municipio por municipio. Mientras la mayoría de los municipios de Sonora redujeron su violencia en 2025, Hermosillo hizo exactamente lo contrario. Pasó de 153 homicidios dolosos en 2024 a 254 en 2025.
Un incremento del 66% en un solo año. El año más violento de la historia moderna de la capital. El récord anterior era de 226 casos, registrado en 2019. En 2025 se rompió ese umbral por primera vez y se superó por casi 30 casos más. Para que la dimensión de ese dato quede clara, la tendencia de Hermosillo fue en dirección completamente opuesta a la del estado del que es capital.
Cuando Sonora en su conjunto bajó un 20%, Hermosillo subió un 66. Eso no es una variación estadística menor, es un patrón que señala hacia un conflicto territorial muy específico concentrado en la capital, mientras el resto del estado se estabilizaba relativamente. Cajeme, la ciudad de Obregón, terminó 2025 con 367 carpetas de investigación por homicidio doloso.
Dos de las cinco ciudades más violentas de México en ese año estaban dentro de un mismo estado y según los datos del Comité Ciudadano por la Seguridad Pública en Sonora, el 88% de las víctimas de homicidio doloso en el estado son hombres jóvenes de entre 20 y 26 años. El 94% de los casos están vinculados a disputas entre grupos criminales armados.
Esas no son cifras abstractas. son el perfil demográfico de las filas operativas de los cárteles, halcones, reclutadores, sicarios de nivel bajo, chóeres, mensajeros, jóvenes que en otro contexto estarían en la planta de Ford o en la universidad. En Hermosillo en 2025 estaban muriendo a razón de más de 20 por mes, mes tras mes, mientras la ciudad seguía abriendo restaurantes y centros comerciales y los análisis de inversión seguían recomendando el norte de México como destino de capital.
Detrás de cada uno de esos 254 expedientes de homicidio abiertos en Hermosillo, hay un vecino, un padre, un hijo, un trabajador que un día no llegó a casa. Eso es lo que está detrás del dato siempre. Para comprender por qué los Salazar peleaban Hermosillo con esa intensidad, hay que conocer su historia desde el principio y entender lo que construyeron durante dos décadas de operaciones en el noroeste del país.
El grupo criminal Los Salazar nació a mediados de la década de los 2000 en las regiones de Chípas, Chihuahua y el norte de Sonora. Su fundador fue Adán Salazar Zamorano, alias Don Adán. La organización nació como brazo armado del cártel de Sinaloa en el noroeste del país. Don Adán era considerado uno de los socios más cercanos de Joaquín el Chapo Guzmán, pieza clave para asegurar las operaciones del cártel en la franja norte.
Bajo su mando, los Salazar controlaron rutas estratégicas de tráfico hacia Arizona. participaron activamente en la guerra contra el cártel de Juárez y contra la línea y desarrollaron una capacidad logística que los distinguió dentro de la estructura sinaloense desde sus primeros años. Esa capacidad tiene un nombre concreto, narcotúeles.

Los Salazar se especializaron en la ingeniería subterránea para el cruce de drogas hacia territorio estadounidense. En distintas épocas, autoridades mexicanas y agentes de la DEA documentaron túneles sofisticados en la frontera de Sonora con Arizona atribuidos a esta organización: ventilación mecánica, rieles de carga, iluminación eléctrica, refuerzo estructural para evitar derrumbes, capacidad para el movimiento de toneladas de cargamento en periodos cortos.
El fentanilo, la heroína, la cocaína cruzaban por debajo de la frontera más vigilada del hemisferio sin que los escáneres de la superficie detectaran nada. Hay que detenerse en ese dato. La ingeniería de un narcotel funcional requiere financiamiento, arquitectura, equipo de construcción, materiales específicos y la capacidad de ejecutar obras subterráneas en suelo urbano o semiurbano sin que nadie lo detecte durante meses.
Eso no es logística improvisada, es la misma clase de capacidad que tienen las empresas constructoras de infraestructura civil, aplicada con el propósito de evadir el aparato de seguridad más sofisticado de la frontera del continente. Esa es la escala de lo que los Salazar construyeron. Don Adán fue detenido en 2011. En 2023 fue extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos federales de narcotráfico.
Su hijo, conocido como el indio, fue asesinado en 2016. Otro integrante del núcleo familiar, Jesús Alfredo Salazar Ramírez, alias El Muñeco, fue detenido en 2012, golpe tras golpe. Pero la organización sobrevivió a cada descabezamiento. Las estructuras criminales consolidadas en décadas de operaciones no mueren con sus fundadores.
Mutan, redistribuyen el mando, identifican el siguiente nivel de la cadena y lo promueven. El mando de la estructura pasó, según investigaciones federales, al hermano del fundador José Crispín Salazar Zamorano, alias el tío. Señalado actualmente como el principal operador activo de la organización, es él quien lleva el timón de la estructura que su hermano construyó en el mismo territorio que los Salazar han llamado propio durante 20 años.
Hasta mediados de 2024, los Salazar operaban bajo la sombrilla histórica de los Chapitos, la facción del cártel de Sinaloa, liderada por los hijos de Joaquín el Chapo Guzmán, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar. La alianza venía de décadas atrás, de cuando don Adán era socio directo del padre.
Era una relación estructural, no solo táctica, un vínculo familiar por extensión del negocio construido durante los años de expansión del cártel de Sinaloa hacia el norte. Esa alianza se rompió por un motivo concreto y documentado, el fentanilo. Los chapitos, sometidos a presión política del gobierno de Estados Unidos por la crisis de sobredosis en suelo norteamericano comenzaron a emitir señales internas para contener la producción y el tráfico de fentanilo dentro de sus territorios y los de sus aliados.
La presión venía directamente de Washington. En algún momento entre 2023 y 2024, esa presión comenzó a traducirse en decisiones operativas dentro del cártel. Los Salazar se negaron a acatarlas. El fentanilo representaba demasiado dinero para abandonarlo. Para entender la escala del negocio, según analistas de seguridad especializada en el mercado de drogas sintéticas, el costo de manufactura de 1 kg de fentanilo en México oscila entre dos 00 y 400.
En el mercado de distribución en Estados Unidos, ese mismo kilogramo puede generar entre 800 y más de 200, dependiendo del nivel de dilución y la cadena de distribución. El margen de ganancia por kilogramo supera el 300% en los escenarios más favorables. Eso no se abandona por una instrucción política, no cuando se tiene la infraestructura, las rutas, los contactos y los compradores establecidos.
La ruptura con los chapitos también tuvo una dimensión territorial inmediata que convirtió a Hermosillo en uno de los frentes más calientes del enfrentamiento. Antes de la excisión, los Salazar y los Chapitos coexistían en Sonora bajo una lógica de división de plaza pactada. Cada grupo tenía sus corredores, sus rutas, sus puntos de cruce dentro de la alianza.
Cuando la alianza se rompió, esa división dejó de existir. Cada plaza que los Salazar controlaban se convirtió en objetivo para la facción rival y cada plaza que los chapitos tenían en Sonora se convirtió en objetivo para los Salazar. Hermosillo era dentro de esa ecuación la plaza de mayor valor estratégico, la capital, el nodo de comando, el lugar donde se gana o se pierde el control político y logístico del Estado.
Eso explica la concentración de violencia en la capital sonorense durante 2024 y 2025, mientras otros municipios del estado registraban tendencias a la baja. La guerra se concentró donde el premio era mayor. La desobediencia desató una guerra interna. Amenazas cruzadas, enfrentamientos armados en Sonora y en Sinaloa, disputa territorial que dejó muertos en ambos bandos.
Y finalmente la materialización de algo que no existía antes, el cártel independiente de Sonora, una nueva estructura integrada por los Salazar y otros grupos que también se habían separado del árbol sinalo una organización con territorio propio, agenda propia y enemigos propios que incluyen ahora, entre otros, a la facción que los cobijó durante 20 años.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos formalizó el reconocimiento de los Salazar como entidad criminal con sanciones o FAC a varios de sus integrantes. Cualquier empresa o individuo que realice transacciones financieras con personas en esa lista queda expuesto a sanciones secundarias del gobierno norteamericano.
Es la herramienta de presión financiera internacional más directa que tiene Washington y los Salazar están en esa lista. En enero de 2025, una narcomanta apareció en Hermosillo señalando al cantante Natanael Cano y a otros músicos del género de corridos como presuntos colaboradores financieros de los Salazar.
La acusación no fue comprobada por ninguna autoridad y los señalados la negaron categóricamente. Pero la aparición de esa manta en la capital del estado dice algo sobre la disposición de la organización a mostrar presencia territorial y a generar señales de control. sobre el espacio público. Es una declaración de existencia, una manera de decirle a la ciudad que siguen ahí.
Volvamos a los drones porque ese dato en el perfil de el 01 detalle menor. Es la marca más clara de la evolución tecnológica del conflicto criminal en el norte de México y merece explicarse con la extensión que su importancia requiere. El uso de drones armados o cargados con explosivos por parte de carteles mexicanos.
Está documentado desde 2020 cuando grupos operativos en Michoacán comenzaron a modificar aparatos de consumo masivo para lanzar artefactos explosivos improvisados contra rivales y contra comunidades bajo control de organizaciones enemigas. Las primeras imágenes y videos de esas tácticas circularon ese año en redes sociales y en reportes de agencias de inteligencia.
Desde entonces, la práctica se extendió hacia Jalisco, Sinaloa, Tamaulipas y con fuerza creciente hacia el corredor Chihuahua, Sonora. Las razones geográficas son obvias. El norte de México tiene terreno abierto, distancias largas entre puntos de operación, visibilidad clara en condiciones de baja luz y una respuesta defensiva terrestre que tarda en llegar cuando el objetivo está en zona montañosa o semidesértica.
El dron resuelve todos esos problemas operativos al mismo tiempo. Es móvil, es silencioso a distancia media, opera de noche con cámaras infrarrojas y puede lanzar un artefacto explosivo desde una altura donde la respuesta de un agente terrestre no alcanza en tiempo real. Pero el perfil de el 01 va más allá del dron contra rival.
Las autoridades señalan que los Salazar, bajo la supervisión de Hugo Guerrero en Cas utilizaban drones para atacar tanto a grupos criminales competidores como a integrantes de corporaciones de seguridad del Estado mexicano, contra policías municipales, contra agentes estatales, contra federales. Atacar agentes del Estado con drones militarizados es una escalada cualitativa que merece llamarse por su nombre.
es llevar la guerra al terreno de la confrontación directa con la autoridad y hacerlo desde el aire, donde la respuesta convencional terrestre llega tarde o no llega. La cadena de mando que autoriza ese tipo de operaciones dentro de una organización criminal tiene que evaluar constantemente las consecuencias de cruzar ese umbral.
Atacar a un rival es negocio. Atacar a un agente federal es una declaración de guerra contra el Estado que produce respuestas de otro calibre. Que el 01 supervisara ambas dimensiones de los ataques con drones, contra rivales y contra corporaciones de seguridad. dice algo sobre el nivel de confrontación que los Salazar habían alcanzado en Sonora y Chihuahua y dice algo sobre el nivel de prioridad que su captura tenía dentro del gabinete de seguridad.
Hay que detenerse en ese dato. Cuando un operador criminal tiene la capacidad de hacer reconocimiento aéreo y ataque dirigido con drones, la naturaleza del operativo para capturarlo cambia. requiere más tiempo de vigilancia pasiva, más cruce de fuentes de inteligencia humana con fuentes electrónicas, más hermetismo para evitar filtraciones que alerten al objetivo.
La captura limpia que ocurrió en Sacramento Residencial el sábado 7 de junio no fue accidente. fue el resultado final de un proceso que las fuentes de seguridad describen como resultado de labores de inteligencia e investigación acumuladas por instituciones federales y estatales. Eso no se construye en una semana.
El sábado 7 de junio de 2026, alrededor de las 14 horas, Fuerzas del Gabinete de Seguridad de México en coordinación con la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora y elementos de la SSPC. ejecutaron la detención de Hugo Guerrero en Cas en la colonia Sacramento Residencial del municipio de Hermosillo.
El operativo fue confirmar una presencia ya ubicada. Los equipos sabían dónde estaba, sabían cuándo iba a estar. El margen de improvisación fue mínimo. El lugar importa tanto como el nombre. Sacramento residencial no es una colonia popular ni una zona periférica con marcadores visibles de conflicto urbano. Es un área de uso residencial en la capital del estado.
El tipo de entorno donde un vecino que ve a un hombre entrar al restaurante de la esquina no asocia nada fuera de lo ordinario. Esa es la lógica operativa que los Salazar y otros grupos criminales del norte han perfeccionado en los últimos años. No instalarse en los márgenes de la ciudad, sino en su tejido cotidiano, en las colonias residenciales donde la presencia no llama la atención, en los negocios de la economía formal que nadie revisa.
Hugo Guerrero Eninas no opuso resistencia. El operativo se ejecutó sin enfrentamientos, sin disparos, sin poner en riesgo a la población civil de la zona. Lo que portaba al momento de la detención fue un arma de fuego de uso exclusivo del ejército mexicano. Ese armamento fue asegurado y puesto junto con el detenido a disposición de las autoridades ministeriales para continuar las investigaciones correspondientes.
El gabinete de seguridad no informó sobre órdenes de aprensión adicionales relacionadas con el caso en su comunicado inicial, ni precisó si existe en curso alguna solicitud de extradición hacia los Estados Unidos. El perfil de los Salazar como organización sancionada por el Departamento del Tesoro Norteamericano hace que esa posibilidad esté sobre la mesa en cualquier captura de este nivel.
Pero hasta el momento de preparar este video, no hay información pública que confirme ese camino para Hugo Guerrero en Casas. Esta clase de coordinación entre fuerzas federales y fiscalía estatal es precisamente lo que distingue un operativo de alto impacto de un cateo aislado, porque el resultado no depende del volumen de fuerzas desplegadas, sino de la precisión de la inteligencia acumulada.
Una captura limpia, sin disparos, en pleno mediodía de un sábado es el final visible de un proceso invisible que pudo haber durado semanas o meses. El trabajo que no aparece en el comunicado oficial, el que se hace en silencio para que el final pueda hacerse en silencio. También parecía el fin de una cacería larga y en cierto sentido lo fue.
Pero la captura de el 01 cierra el archivo de los Salazar en Sonora. abre uno nuevo. La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora tendrá que procesar a Hugo Guerrero en Cinas con la solidez suficiente para sostener el caso en el sistema de justicia penal acusatorio. El peso de la evidencia reunida durante el periodo de vigilancia más el arma de uso exclusivo del ejército asegurada en su poder establece una base inicial sólida.

Lo que se construya sobre esa base en las próximas semanas definirá si la captura produce una condena firme o un proceso que se dilata. En México, la distancia entre detener a un objetivo prioritario y verlo condenado con firmeza en el sistema judicial no siempre es corta. Hay antecedentes en ambos sentidos.
¿Qué significa la captura de Hugo Guerrero en Cinas para la estructura de los Salazar? Hay que responder esa pregunta con cuidado, porque la historia del crimen organizado en México enseña que la captura de un jefe de plaza raramente destruye una organización, lo fragmenta temporalmente, lo obliga a reorganizarse y en algunos casos la reorganización produce estructuras más descentralizadas y más difíciles de descabezar que la original.
Los Salazar ya sobrevivieron la extradición de Donad Adán en 2023. Ya sobrevivieron el asesinato del indio en 2016, sobrevivieron la detención del muñeco en 2012, sobrevivieron la ruptura con los chapitos y la guerra territorial que siguió. El liderazgo de el tío Crispín Salazar Zamorano no fue tocado por este operativo.
Los corredores hacia Arizona siguen físicamente en pie. Los narcotúeles no desaparecen con la detención de un jefe de plaza. Los operadores con conocimiento técnico de los drones no desaparecen todos en una sola captura. Para poner eso en perspectiva, desde el inicio del gobierno de la presidenta Claudia Shainbaum, el gabinete de seguridad ha detenido a más de una docena de mandos de distintas facciones del cártel de Sinaloa y sus organizaciones aliadas, jefes de plaza, operadores logísticos, coordinadores de células armadas, jefes
de seguridad. La lista es larga, el esfuerzo es real y sin embargo la disputa territorial en el noroeste del país no se ha apagado. Hermosillo tuvo su año más violento en 2025 con todos esos operativos en marcha. Cajeme cerró ese año con 367 carpetas de homicidio. Nogales, Caborca, San Luis Río Colorado siguen en el mapa de alta incidencia.
Eso plantea preguntas que las autoridades tienen la obligación de responder. Si el número de detenciones de mandos va en aumento y la violencia en las ciudades no retrocede de forma sostenida, ¿qué dice eso sobre la arquitectura real de estas organizaciones? ¿Cuántos operadores con el perfil de el 01 existen dentro del cártel Independiente de Sonora? ¿La captura de un jefe de plaza retira capacidad operativa durable o simplemente abre una vacante que se cubre en semanas? Los Salazar operan bajo una arquitectura
más horizontal que los carteles de estructura piramidal clásica. La ruptura con los chapitos aceleró esa tendencia. Al separarse de una organización mayor y construir la suya propia, desarrollaron redundancias de mando. Varios operadores con capacidad de tomar decisiones de plaza en distintos puntos del territorio.
Un nodo que cae no colapsa la red completa. La captura de un jefe en Hermosillo no necesariamente paraliza las operaciones en Ciudad Juárez o en Chihuahua capital, ni interrumpe la ruta de suministro hacia Arizona. Pero algo sí cambia con la caída de el 01 y tiene que ver con los drones. El uso de drones armados para atacar agentes del estado es una capacidad técnica específica que requiere conocimiento operativo acumulado, equipamiento, protocolos de lanzamiento y un perfil de mando que sepa cuándo y cómo usarla.
Cuando cae el operador que supervisaba esa dimensión de la estructura, cae con él ese núcleo de conocimiento práctico. Puede reconstruirse, puede delegarse a otro operador, pero hay un tiempo de reconstrucción y en ese tiempo la capacidad ofensiva aérea del grupo tiene un hueco. Hay una dimensión de esta historia que pocas coberturas abordan directamente.
No existen datos públicos sobre cuántos ataques con drones atribuidos a los Salazar se documentaron en los últimos dos años en Sonora y Chihuahua. Las fuentes de seguridad confirman que los casos se registran internamente, pero las cifras no aparecen en los comunicados oficiales del gabinete de seguridad. Eso por sí solo dice algo sobre la sensibilidad del tema.
El reconocimiento público de ataques sistemáticos con drones contra agentes del Estado implica reconocer una paridad de capacidad técnica que políticamente es difícil de sostener frente a la opinión pública. Volvamos al perfil completo de lo que se detuvo el 7 de junio, porque la suma de las partes tiene un peso mayor que cada dato por separado.
Un jefe de plaza con presencia documentada en dos estados simultáneamente. un operador señalado por el uso de drones en ataques contra rivales y contra agentes federales y estatales. Un integrante de una organización que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó formalmente por actividades de narcotráfico. Un hombre que portaba un arma de uso exclusivo del ejército en una colonia residencial de la capital de Sonora a las 2 de la tarde de un sábado.
Eso no es un operador de nivel logístico, eso es alguien con responsabilidad de comando territorial activa, con acceso a armamento restringido y con la supervisión de la táctica más escalada que el crimen organizado ha desplegado en el norte del país. La pregunta que este operativo deja abierta es la que los comunicados del gabinete de seguridad no responden y que los especialistas en seguridad llevan meses formulando, ¿tiene el Estado mexicano una respuesta tecnológica estandarizada ante el uso de drones militarizados por parte del
crimen organizado? O sigue respondiendo con operativos terrestres de inteligencia humana que funcionan, que producen capturas reales, pero que no abordan la dimensión tecnológica del conflicto de forma sistémica. La captura del 01 llegó por tierra. Agentes, trabajo de seguimiento, inteligencia acumulada, precisión táctica en el momento de la detención.
El método clásico del operativo de inteligencia bien ejecutado funcionó, pero la amenaza del dron armado sigue activa en el inventario de las organizaciones criminales del norte, Michoacán, Jalisco, Sinaloa, Sonora, Chihuahua. La práctica se está convirtiendo en estándar táctico, no en excepción. El ejército mexicano ha desarrollado capacidades de contramedida para drones en años recientes, según información disponible en reportes del sector defensa.
La adquisición de sistemas de inhibición de señal electrónica, el entrenamiento de unidades en detección de aeronaves de bajo perfil, la coordinación con la Fuerza Aérea para cobertura de zonas de alta incidencia. Son avances documentados, pero la brecha entre el dron artesanal modificado con explosivos y los sistemas de respuesta estatal en tiempo real sigue siendo un factor activo en el conflicto del norte de México, una brecha que no se cierra con una sola captura.
Hay algo más que merece decirse sobre la geografía de este operativo y tiene que ver con Chihuahua, el otro estado en el mapa de operaciones del 01. Chihuahua es el estado más grande de México con más de 24700 km². Su capital, Chihuahua ciudad y su zona norte, que incluye Ciudad Juárez, son territorios donde el crimen organizado lleva décadas construyendo infraestructura.
Juárez fue durante años la ciudad más violenta del mundo en la época de la guerra entre el cártel de Juárez y el cártel de Sinaloa, a finales de la primera década de los 2000. Esa guerra dejó más de 1000 muertos entre 2008 y 2012. Según distintas estimaciones de organizaciones de derechos humanos y del propio gobierno federal.
La ciudad sobrevivió, se recuperó parcialmente, pero la infraestructura criminal que se construyó durante ese periodo de guerra, las redes de distribución, los contactos institucionales corruptos, las rutas hacia el Paso, Texas, no desapareció con el fin del conflicto más visible. Los Salazar encontraron en ese territorio un espacio donde su experiencia en narcotúeles y en control de corredores fronterizos tenía valor directo.
La presencia de el 01 como jefe de plaza activo en Chihuahua, no solo en Sonora, habla de una organización con capacidad de proyección regional real, no un grupo que opera en un solo municipio o en una sola franja fronteriza. Una estructura con tentáculos simultáneos en dos de los estados más grandes del norte del país, con acceso a dos de los puntos de cruce más importantes hacia el mercado norteamericano.
Eso es lo que el gabinete de seguridad le quitó a Los Salazar el 7 de junio, un coordinador con visión de dos estados, un operador que podía tomar decisiones de plaza en Hermosillo y que al mismo tiempo mantenía operativa la presencia de la organización en Chihuahua. Esa clase de figura no se reemplaza con una llamada telefónica.
Hay una imagen que resume lo que pasó el 7 de junio en Hermosillo de una forma que ninguna estadística puede. Un hombre en una colonia residencial de una capital de estado frente a un restaurante al mediodía de un sábado con un arma del ejército debajo de la ropa a su alrededor, gente ordinaria viviendo una tarde, alguien pagando la cuenta, alguien esperando el pedido, alguien hablando por teléfono sin mirar a su alrededor, una ciudad de casi un millón de personas que no sabe y que al mismo tiempo lo sabe todo porque lleva 2 años
contando sus muertos y diciéndose que algo tiene que cambiar Detrás de los 254 homicidios de Hermosillo, en 2025 hay 254 familias que recibieron una llamada que nunca querían recibir. Detrás del 94% de esos casos vinculados a disputas criminales, hay vecinos que no pudieron abrir su negocio sin pagar derecho de piso.
Trabajadores que cambiaron sus rutas diarias para no pasar por ciertos tramos de ciertas calles a ciertas horas. Madres que esperan a sus hijos con el teléfono en la mano hasta que el portón suena. Eso es lo que está detrás del dato siempre. La captura de Hugo Guerrero en Cas es un golpe operativo real contra una estructura real.
El gabinete de seguridad, la Fiscalía de Sonora y la SSPC ejecutaron un operativo limpio que terminó con la detención de un objetivo prioritario, sin disparos, sin caos, sin víctimas civiles. Eso merece reconocerse. El trabajo de inteligencia detrás de ese resultado no es menor y casi nunca es visible antes del momento en que ocurre.
Y al mismo tiempo la pregunta sigue abierta. Los Salazar mantienen presencia activa en Sonora y en Chihuahua. El cártel independiente de Sonora no se disuelve con la caída de uno de sus jefes de plaza. Los corredores hacia Arizona siguen siendo los corredores hacia Arizona. Y en algún lugar del norte de México en este momento, hay alguien recibiendo instrucciones sobre cómo cubrir la vacante que el 01 dejó.
Eso no es pesimismo, es lectura de los datos. El Estado mexicano lleva 2 años ejecutando operativos que producen capturas reales, de mandos reales en organizaciones reales. La acumulación de golpes operativos tiene consecuencias. Genera presión sobre las estructuras. Obliga a la reorganización constante que consume recursos y atención.
Cada captura importa. Pero la pregunta estructural que las cifras de Hermosillo formulan con más claridad que cualquier análisis político es una sola. ¿En qué momento la acumulación de golpes operativos se convierte en la degradación sostenida de la capacidad criminal en el norte del país? ¿Cuándo bajan los 254? Cuando el vecino de Sacramento Residencial puede cenar en el restaurante de la esquina sin que a 50 m de él haya alguien con un arma del ejército en la cintura y una lista de objetivos en el teléfono.
Esta pregunta no la responde ningún comunicado del gabinete de seguridad, la responde el tiempo y el tiempo en Hermosillo, en Chihuahua, en cualquier ciudad del norte de México, donde la guerra del cártel independiente de Sonora sigue activa, corre en paralelo con una organización que ya aprendió a sobrevivir sin sus fundadores, sin sus herederos y ahora tendrá que aprender a operar sin su jefe de plaza en Sonora.
La pregunta de esta tarde no es si el 01 era importante, lo era. La pregunta es, ¿quién ocupa su lugar mañana? Y si las fuerzas del gabinete de seguridad ya tienen el nombre en su lista.