Posted in

Sasha Montenegro y López Portillo: el romance que sacudió al poder mexicano y terminó entre herencias, juicios y silencio

La vida de Sasha Montenegro parece construida con los ingredientes de una novela que México nunca dejó de leer: belleza, exilio, fama, cine popular, un romance prohibido, un expresidente, una familia dividida y una herencia rodeada de sospechas. Su nombre volvió a encender conversaciones después de que un video reciente retomara una de las historias más polémicas de la farándula y la política mexicana: la relación entre la actriz y vedette con José López Portillo, presidente de México entre 1976 y 1982.

Sasha Montenegro: Có 2 con với một vị tổng thống đã kết hôn và sau đó nhận được 28 triệu đô la từ chính phủ.

Pero reducir la historia a un simple escándalo sería injusto. Sasha Montenegro fue mucho más que “la mujer del expresidente”. Fue una figura poderosa del cine mexicano, una artista que llegó desde Europa y construyó una carrera en un país que la convirtió en símbolo de sensualidad, controversia y magnetismo. Su verdadero nombre era Aleksandra Aćimović Popović; nació en Italia el 20 de enero de 1946 y, según reportó Associated Press, provenía de una familia montenegrina marcada por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Más tarde emigró a América, vivió en Argentina y llegó a México a finales de los años sesenta, donde empezó como modelo, actriz de fotonovelas y después como vedette y actriz de cine.

En México, Sasha encontró el escenario que la convertiría en leyenda. Participó en películas como “Bellas de noche”, “Noches de cabaret” y “Pedro Navaja”, títulos que quedaron asociados al llamado cine de ficheras, un género criticado por unos y defendido por otros como retrato popular de una época. También apareció en producciones de lucha libre y televisión. Su imagen era imposible de ignorar: elegante, provocadora, segura de sí misma. En una industria dominada por miradas masculinas, Sasha logró convertirse en figura central, no solo en acompañante decorativa.

Sin embargo, su carrera artística quedó inevitablemente eclipsada por una relación que mezcló espectáculo y poder político. La historia que más se repite comienza en 1984, en Sevilla, España. Según recordó la propia actriz en entrevistas citadas por El Universal, ella se encontraba de gira con la obra “Nunca en domingo” y decidió caminar sola durante un descanso. En medio de las procesiones de Semana Santa, escuchó que alguien la llamaba por su nombre. Al girar, vio a José López Portillo. Él ya no era presidente, pero seguía siendo una figura enorme en la vida pública mexicana. También seguía casado con Carmen Romano, quien había sido primera dama y madre de tres de sus hijos.

Ese encuentro, casual o destinado a volverse mito, abrió una historia que pronto dejó de pertenecerles solo a ellos. Sasha diría después que no fue “amor a primera vista”, pero sí admitió que López Portillo la impresionó. Lo describió como un hombre de gran presencia, cultura y personalidad. La diferencia de edad era notable: él tenía más de sesenta años y ella estaba cerca de los cuarenta. Pero en una sociedad fascinada por el poder, el glamour y la moral pública, esa diferencia fue apenas uno de los muchos elementos que alimentaron el escándalo.

El romance creció en un terreno peligroso. López Portillo había dejado la presidencia dos años antes, pero cargaba el peso de un sexenio recordado por la crisis económica, la deuda, la nacionalización bancaria y la imagen de un poder presidencial casi absoluto. Sasha, por su parte, venía de un mundo totalmente distinto: el cine, la noche, la televisión, los reflectores. Cuando ambos mundos chocaron, México no miró hacia otro lado. Al contrario, observó cada detalle con una mezcla de morbo, juicio y fascinación.

La relación no tardó en tener consecuencias familiares. Antes de casarse, Sasha Montenegro y José López Portillo tuvieron dos hijos: Nabila y Alexander. De acuerdo con El Financiero y otros medios mexicanos, los hijos nacieron años antes del matrimonio, mientras el exmandatario aún atravesaba una complicada situación familiar y sentimental. López Portillo se divorció de Carmen Romano en 1991 y contrajo matrimonio civil con Sasha Montenegro en 1995.

Aquella unión no borró la polémica; la profundizó. Para un sector de la opinión pública, Sasha fue vista como la mujer que irrumpió en una familia presidencial. Para otros, fue una figura atacada por prejuicios de clase, moral y género: una vedette extranjera juzgada con más dureza que el hombre poderoso que también tomó decisiones dentro de esa relación. En el relato popular, ella cargó con buena parte del reproche, como si la responsabilidad de un romance correspondiera únicamente a la mujer.

Esa desigualdad en el juicio público es uno de los puntos más llamativos de esta historia. López Portillo era un adulto, exjefe de Estado, abogado, escritor y político experimentado. Sasha era una mujer famosa, sí, pero no tenía el mismo poder institucional ni la misma protección simbólica. Aun así, durante años fue retratada como la gran provocadora, la ambiciosa, la culpable. El escándalo funcionó como una ventana a la doble moral mexicana: el poder masculino podía ser explicado; la mujer que se acercaba a ese poder debía ser castigada.

La etapa final de la relación fue todavía más amarga. Con el paso de los años, López Portillo comenzó a enfrentar problemas graves de salud. Según reportes de prensa, el deterioro físico del expresidente avivó tensiones entre Sasha y parte de la familia de él. Surgieron señalamientos, pleitos y acusaciones que deterioraron por completo la imagen de una historia que alguna vez se presentó como romance. El Financiero reportó que llegaron a iniciar trámites de divorcio, pero el proceso no concluyó porque López Portillo murió el 17 de febrero de 2004.

La muerte del expresidente no cerró la historia. Al contrario, abrió otra etapa: la del patrimonio, las pensiones y la memoria pública. Associated Press recordó que la pareja había iniciado trámites de divorcio, pero no logró concretarlos antes del fallecimiento de López Portillo; por ello, Sasha quedó públicamente ligada a él como viuda.

Uno de los puntos que más alimentó la conversación fue la pensión que Sasha Montenegro recibió como viuda del expresidente. Infobae reportó que esa pensión comenzó tras la muerte de López Portillo y que fue cancelada dentro de la política de austeridad impulsada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Según ese medio, se estimó que hasta su cancelación habría acumulado más de 28 millones de pesos por ese beneficio.

También hubo atención sobre los bienes familiares. La revista Quién señaló que Nabila y Alexander heredaron la llamada “Colina del Perro”, una mansión asociada a José López Portillo y a Sasha Montenegro, que incluso fue utilizada como locación en producciones mexicanas antes de ser demolida en 2018 para dar paso a un desarrollo inmobiliario.

Pero el asunto de la herencia no puede contarse como si todo hubiera sido una victoria limpia y silenciosa para Sasha. Ella misma llegó a decir, según entrevistas retomadas por El Universal, que más que fortuna, esa relación le dejó problemas, juicios y una lucha de intereses. También afirmó que no conocía con claridad cuáles eran todos los bienes del expresidente. Esa declaración cambia el tono del relato: no se trata únicamente de una mujer que “heredó un imperio”, sino de alguien que quedó atrapada en una red de conflictos familiares, legales y mediáticos.

Ahí está el verdadero drama. Sasha Montenegro llegó a México buscando una carrera y terminó convertida en símbolo de una época. Su historia con López Portillo fue leída como romance, escándalo, ambición, amor tardío, traición familiar y batalla patrimonial. Cada quien eligió el ángulo que más le convenía. Para los fans, fue una mujer que enamoró a un hombre poderoso. Para sus críticos, fue la figura que rompió una familia. Para otros, fue una víctima de una maquinaria que nunca perdona a las mujeres que se acercan al poder sin pedir permiso.

Su muerte, ocurrida en febrero de 2024 a los 78 años, reabrió todas esas lecturas. La Filmoteca de la UNAM y la Asociación Nacional de Intérpretes informaron su fallecimiento, según AP, y con ello volvió la pregunta que rodeó buena parte de su vida pública: ¿quién fue realmente Sasha Montenegro? ¿La vedette provocadora? ¿La actriz de cine popular? ¿La viuda presidencial? ¿La mujer que cuidó a un hombre enfermo? ¿La heredera señalada? ¿La extranjera que encontró fama y condena en el mismo país?

Quizá fue todo eso a la vez. Y quizá por eso su historia sigue generando tanto interés. Porque no habla solo de ella. Habla de México, de su relación con el poder, de su obsesión por juzgar la vida privada de los personajes públicos y de la facilidad con la que una mujer puede ser reducida a un papel cómodo: culpable, seductora, intrusa o ambiciosa.

Sasha Montenegro y José López Portillo: Su controversial e intensa historia  de amor

Sasha Montenegro no fue una santa ni una villana de telenovela. Fue una mujer con decisiones, contradicciones, ambición profesional, afectos, errores y heridas. José López Portillo tampoco fue solo “el hombre conquistado”; fue un expresidente con poder, historia, familia y responsabilidades. Entre ambos construyeron una relación que nunca pudo escapar del ruido público.

Read More

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.