50 hombres armados, nueve camionetas pintadas con las siglas del CJ ng, fusiles de guerra apuntando al cielo y ninguna autoridad en el horizonte. Lo que ocurrió en San Luis Potosí no fue un enfrentamiento, [música] no fue una balacera sorpresiva, fue un desfile. El cártel Jalisco Nueva Generación entró al municipio de Mesquitic de Carmona en formación.
tomó la plaza principal frente al palacio de gobierno y se paseó impune durante horas mientras los habitantes se encerraban en sus casas y las escuelas tomaban precauciones por si los sicarios decidían avanzar hacia los salones. posaron para fotos en las letras turísticas del pueblo con sus rifles. Esa imagen no es solo indignante, es una señal de algo mucho más profundo y mucho más peligroso.
El CJNG no solo quiere controlar San Luis Potosí, ya se comporta como si lo controlara, pero el Estado respondió y cuando respondió lo hizo con todo. Va un operativo coordinado entre el Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Guardia Civil Estatal. desmanteló las células que el cartel había infiltrado en el estado. El resultado 54 presuntos integrantes del CJ detenidos, narcoampamentos descubiertos en la sierra huasteca, rifles calibre50, vehículos blindados y un laboratorio clandestino de metanfetaminas ubicado en plena zona industrial de la capital del
estado asegurados. Hoy vamos a analizar exactamente qué está pasando en San Luis Potosí, por qué el CJNG eligió este estado para una de sus ofensivas de expansión más agresivas de los últimos años. ¿Qué encontraron las autoridades cuando finalmente entraron a los territorios que el cartel consideraba propios? ¿Y qué nos dice todo esto sobre el México que estamos construyendo o dejando de construir en materia de seguridad? Porque cuando 50 sicarios pueden tomarse una foto en la plaza de un municipio mexicano sin que nadie los detenga, el
problema no es solo del cartel, el problema también es nuestro. San Luis Potosí. No aparecen los titulares de seguridad con la misma frecuencia que Michoacán, Guanajuato, o Tamaulipas. Y precisamente por eso lo que está ocurriendo ahí es tan preocupante, porque el CJNG no elige sus nuevos territorios al azar, los estudia, los trabaja en silencio durante meses, ex a veces años, antes de mostrar su presencia públicamente.
Y cuando finalmente lo hace, cuando 50 hombres armados entran a la plaza principal de un municipio a plena luz del día, significa que ya llevan tiempo ahí, que ya tienen rutas, que ya tienen complicidades, que ya tienen control suficiente como para no tenerle miedo a nadie. San Luis Potosí es una pieza estratégica en el tablero del narcotráfico mexicano por razones muy concretas. Primero, la geografía. Fuaz.
El estado funciona como bisagra entre el norte y el centro del país. Por sus carreteras y autopistas pasan rutas que conectan los puertos del Pacífico con la frontera norte, las zonas de producción de drogas sintéticas en Jalisco y Michoacán con los mercados de distribución en Tamaulipas, Nuevo León y Texas, quien controla San Luis Potosí, controla uno de los corredores logísticos más importantes del narcotráfico mexicano.
Segundo, la economía. San Luis Potosí tiene una de las zonas industriales más importantes del vajío, con presencia de empresas automotrices internacionales y miles de transportistas moviéndose diariamente. Extorsión a transportistas, cobro de piso a empresas medianas y pequeñas, infiltración de estructuras de distribución logística para mover droga mezclada con mercancía legal.
El CJNG ya lo hace en Guanajuato y Jalisco. San Luis Potosí es el siguiente paso natural. Tercero y quizás lo más relevante en la disputa territorial activa San Luis Potosí no es territorio virgen, es territorio en disputa. El cártel del Golfo, el cártel del noreste y múltiples grupos locales llevan años operando en el estado.
La investigadora Samantha Pérez Dávila documentó que desde 2007 al menos 18 grupos delictivos distintos han tenido presencia activa en San Luis Potosí. En algunos municipios de la Auasteca y la Sierr
a, como el Naranjo y Silitla, e llegaron a coexistir hasta seis organizaciones criminales. Simultáneamente el CJ entró a ese escenario con una estrategia simple y brutal, desplazar a todos los demás.
Lo que vimos en Mexquitic de Carmona fue exactamente eso, un mensaje enviado no solo a las autoridades, sino a los grupos rivales que operan en la región. El CJNG ya está aquí, ya tiene suficiente músculo para pasearse en su plaza principal y no planea compartir el territorio. Lo que no esperaban era que el ejército ya también estaba escuchando.
Era la madrugada del 29 de septiembre cuando los reportes empezaron a llegar desde Mesquitic de Carmona, un municipio de poco más de 50,000 habitantes ubicado al noroeste de la capital Potosina, colindante con Zacatecas. Primero fueron mensajes de WhatsApp entre vecinos, camionetas desconocidas circulando por las calles principales, hombres con uniformes tácticos y cascos que nadie reconocía como policías.
Después eh los videos y con los videos el pánico. Nueve camionetas pickup pintadas con las siglas del CJ entraron al centro de Mexquitic en convoy. Decenas de hombres fuertemente armados descendieron de los vehículos y tomaron la plaza principal, el jardín central, el espacio que en cualquier municipio mexicano representa el corazón de la comunidad, el lugar donde los niños juegan y las familias se reúnen.
Los domingos. Esa noche era territorio del CJNG. Eh, los sicarios portaban equipo táctico militar completo. Cascos, chalecos balísticos, pasamontañas, fusiles de asalto. Algunos gritaban consignas. Aquí andamos patrullando en Mexitic. Puro cuatro letras, puro señor Mencho. Aquí andamos cuidando la plaza.
Uno de ellos tomó el micrófono improvisado de un video y leyó un arcomensaje dirigido al cártel de los alemanes, grupo rival con presencia en la capital potosina, advirtiéndoles que su tiempo en San Luis Potosí había terminado. En la capital y todo el estado ya tiene dueño y es el CJNG del señor Mencho, el futuro de San Luis Potosí.
Son cuatro letras, atentamente, operativa bélica. Al terminar el mensaje, los sicarios dispararon sus armas al aire y luego lo más perturbador de todo, algunos se acercaron a las letras turísticas del municipio, esas instalaciones que los gobiernos locales ponen para que los visitantes se fotografíen y posaron con sus rifles como si fueran turistas en un día de campo.
A toda la operación duró horas. El convoy se tomó todo el tiempo que quiso. Ninguna autoridad apareció mientras ocurría. Los habitantes cerraron puertas y ventanas. Algunas escuelas enviaron mensajes a los padres de familia pidiendo precaución. El municipio quedó paralizado por el miedo mientras el CJNG hacía gala de algo que es en muchos sentidos más peligroso que un enfrentamiento armado, la impunidad absoluta.
Cuando la Fiscalía de San Luis Potosí confirmó la veracidad de los videos horas después, ya era tarde para disimular lo que había ocurrido. abrió dos carpetas de investigación por delitos de delincuencia organizada, una respuesta institucional que comparada con la magnitud del evento sonó a poco, pero lo que ocurrió después fue diferente.
El desfile en Mexiic un acto espontáneo. fue la punta visible de una estructura que el CJNG llevaba tiempo construyendo en San Luis Potosí y que las autoridades una vez que decidieron buscarla encontraron en dimensiones que superaban incluso las estimaciones más pesimistas. El primer golpe mayor llegó desde la Huasteca Potosina en el municipio de Aquismón, uno de los más remotos y montañosos del estado.
Eh, conocido turísticamente por las cascadas de Tamul, pero ignorado durante demasiado tiempo por las fuerzas de seguridad como zona de operación criminal. La noche del 28 de marzo de 2025, el grupo de operaciones especiales de la Guardia Civil Estatal recibió una denuncia anónima. Había personas armadas moviéndose en la localidad de Tanchachín.
Los elementos se desplegaron y entraron a la zona. Lo que encontraron no era un grupo de tres o cuatro sicarios, era un narcoampamento activo instalado en una zona despoblada de la sierra con infraestructura para albergar a 15 o más hombres simultáneamente. Cuando los elementos se acercaron, los sicarios los recibieron a tiros, no con pistolas, con rifles calibre 50, las mismas armas que el ejército utiliza para perforar blindajes de vehículos militares.
El enfrentamiento duró varios minutos. Al término, tres sicarios habían sido abatidos y cinco detenidos. Entre los asegurados, 10 fusiles de asalto tipo cuerno de chivo y dos R15, cuatro rifles calibre50, dos armas tipo minimi de fuego continuo, una granada, equipo táctico completo y cinco vehículos, tres de ellos con blindaje artesanal.
Uno de los detenidos tenía 19 años y era originario de Matamoros, Tamaulipas. Lo que confirma algo que los analistas señalan constantemente. El CJ NG recluta solo localmente, mueve operadores entre estados a mezcla personal de distintas regiones para dificultar la identificación de sus redes y evitar que el conocimiento local permita desmantelar su estructura desde adentro.
Pero el golpe más revelador no fue en la sierra, fue en la ciudad. En abril de 2025, en plena zona industrial de San Luis Potosí, uno de los corredores empresariales más importantes del vajío, las autoridades descubrieron un narcolaboratorio activo, reactores químicos, torres de destilación, cinco tambos con metanfetaminas, 4 kg de pastillas con características de anfetaminas y los precursores químicos para producir más.
El CJ NY no estaba solo en los Cerros de la Aguasteca, estaba en la zona industrial de la capital del estado, a pocos kilómetros de empresas automotrices internacionales cocinando droga. Dos hombres fueron detenidos en ese operativo, pero la pregunta que quedó en el aire fue inevitable. ¿Cuánto tiempo llevaba ese laboratorio funcionando antes de que alguien lo encontrara? Los operativos continuaron en los meses siguientes en la colonia Doctores de la capital, en Santa María del Río, en municipios del norte colindantes con Zacatecas. Cada operativo sumaba
detenidos, cada cateo revelaba más armas, más droga, más equipo táctico, más chalecos con las siglas del CJNG. Al cierre de la ofensiva coordinada de las autoridades, el saldo acumulado llegó a 54 presuntos integrantes del cartel detenidos en distintos puntos del estado, no en un solo operativo espectacular y o sino en una campaña sostenida de inteligencia y acción que fue desmantelando, célula por célula estructura que el CJNG había construido en San Luis Potosí.
Hay un detalle en todo lo que ocurrió en San Luis Potosí. que merece detenerse y analizarse con más cuidado porque habla de una evolución en la forma en que el CJ opera, que va mucho más allá de los narcocampamentos en la sierra o los desfiles de sicarios en plazas municipales. con un laboratorio de metanfetaminas en la zona industrial de la capital del estado, no en un rancho perdido, no en una brecha de la huasteca, en una zona industrial rodeada de empresas formales, trabajadores, tráfico de camiones de carga, vigilancia privada de
corporaciones internacionales. Es audacia, no es casualidad, es una estrategia deliberada. El CJNG aprendió hace años que instalar sus laboratorios en zonas rurales remotas tiene una desventaja crítica. Son fácilmente identificables cuando las autoridades los buscan. Un rancho en la sierra con actividad inusual llama la atención.
Un local industrial en un corredor empresarial con tráfico constante de vehículos y personas se mimetiza con el entorno. La DA documentó en su evaluación de amenazas de drogas. 2025 que el CJNG opera laboratorios clandestinos con metanfetaminas de una pureza promedio del 97% utilizando precursores químicos importados de China e India.
El cartel tiene redes de abastecimiento de precursores que operan a escala transnacional y que usan estructuras financieras sofisticadas, incluyendo redes chinas de lavado de dinero, criptomonedas y empresas fantasma para mover el dinero sin dejar rastro. Eh, lo que se encontró en San Luis Potosí era parte de esa red y eso plantea una pregunta que incomoda profundamente a los analistas de seguridad.
Si el CJE pudo instalar un laboratorio activo en la zona industrial de una capital de estado, rodeado de empresas formales y con la infraestructura necesaria para producir toneladas de metanfetaminas, ¿cuántos laboratorios similares existen en otras zonas industriales del país que aún no han sido descubiertos? La respuesta honesta es que nadie lo sabe con certeza y esa incertidumbre es exactamente el tipo de ventaja que el CJ lleva años cultivando para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en San Luis Potosí. Hay que entender cómo
llegó el estado a esta situación, porque no ocurrió de la noche a la mañana, ocurrió en cámara lenta durante años, mientras la atención mediática y política estaba puesta en otros estados más explosivos. Durante décadas, eh San Luis Potosí fue un estado relativamente estable en términos de violencia organizada a gran escala.

Los grupos criminales que operaban ahí, principalmente células de los setas y del cártel del Golfo, mantenían un perfil relativamente bajo en comparación con las guerras abiertas que se libraban en Tamaulipas o en el norte del país. Había violencia, había extorsión, había trasciego de droga, pero no había los niveles de confrontación pública que convirtieron a otros estados en zonas de guerra reconocidas.
El cejo ATNG cambió eso. Su expansión hacia San Luis Potosí comenzó a no hacerse visible alrededor de 2019 y 2020, cuando el cartel empezó a desplazar células rivales en Guanajuato y buscó nuevas rutas de distribución hacia el norte. Los primeros videos del CJ proclamando su llegada al estado circularon en esos años con hombres armados filmándose cerca de la autopista Lagos de Moreno a San Luis Potosí, lanzando advertencias al cártel del noreste y al cártel del Golfo.
Al mismo tiempo, la Guardia Nacional aseguró en la zona de Villa de Arriaga más de 300 kg de marihuana junto con armas, municiones y chalecos balísticos con las siglas del CJNG, ocultos bajo una lona junto a un camino de terracería. Una señal clara de que el cartel ya estaba moviendo material en el estado, no solo haciendo declaraciones de intención.
En los años siguientes, la escalada fue gradual constante. Narcomensajes dirigidos a grupos rivales y a policías. Ejecuciones con mensajes del CJNG. Campamentos de adiestramiento detectados en zonas serranas, operadores financieros arrestados con vínculos directos a la estructura del cartel. Y finalmente el episodio de Mesquitic, donde el CJ NG decidió que ya tenía suficiente control territorial para dejar de operar en las sombras.
Los datos de seguridad confirman la tendencia. En los primeros 2 meses de 2025 solamente San Luis Potosí registró 54 homicidios cometidos con arma de fuego. El Estado cerró 2024 con 377 homicidios dolosos, de los cuales 282 fueron con armas de fuego. Números que ubican a San Luis Potosí en una trayectoria de violencia que hace 10 años nadie hubiera imaginado para esa entidad.
Y en el trasfondo de todo esto, la disputa por la huasteca Potosina en esa región de Sierra y Selva baja en el oriente del estado que colinda con Veracruz, Hidalgo y Tamaulipas. La huasteca es una de las regiones más biodiversas y culturalmente ricas de México. Es también una de las más olvidadas por el Estado en términos de inversión, servicios públicos y presencia institucional efectiva.
Y cuando el Estado se ausenta, el crimen organizado ocupa el espacio. en municipios como Shilitla, el Naranjo y Aquismón, donde las comunicaciones son difíciles, donde la presencia policial ha sido históricamente mínima, donde las comunidades indígenas llevan generaciones resolviendo sus problemas sin que ningún gobierno llegue a ayudarles.
El CJNG encontró terreno fértil no solo para instalar campamentos, para reclutar, para ofrecer lo que el Estado no ofrece, dinero, pertenencia, una estructura que da identidad a jóvenes que no tienen nada más. Ese es el ciclo que San Luis Potosí necesita romper y que 54 detenidos, siendo un paso real y necesario, e no rompe por sí solo.
Todo lo que hemos narrado hasta aquí ocurre en el contexto de un cambio que trastocó el mapa del crimen organizado en México de una manera que no tiene precedente en décadas. El 22 de febrero de 2026, el ejército mexicano abatió a Nemesio Ceguera Cervantes, el Mencho en Tapalpa, Jalisco, el fundador del CJNG, en el hombre que construyó el cartel desde una célula regional hasta convertirlo en la organización criminal con presencia en más de 30 Estados de México y 40 países del mundo.
murió durante una operación de fuerzas especiales con inteligencia complementaria de los Estados Unidos. La reacción fue inmediata. Narcobloqueos en 16 estados simultáneamente. Más de 250 puntos de bloqueo documentados, 90 personas detenidas solo en las primeras horas. Vehículos quemados, negocios destruidos, una oleada de violencia reactiva que se extendió desde Jalisco hasta Quintana Raw en cuestión de horas.
San Luis Potosí no fue la excepción. Las autoridades educativas del estado suspendieron clases preventivamente ante los reportes de violencia. Se intensificaron los patrullajes en la frontera con Jalisco y en los puntos estratégicos de la autopista que conecta el estado con el Bajío. Pero la muerte del Mencho no resuelve el problema del CJNG en San Luis Potosí.
Lo complica porque ahora el cartel enfrenta una transición de liderazgo sin un sucesor claro y establecido. Los analistas de seguridad identifican varios candidatos para ocupar el vacío. el WR, el jardinero, el sapo, hombres con poder regional, con recursos, con estructuras de mando propias, hombres que durante años operaron bajo la autoridad del Mencho y que ahora compiten por heredar su legado.
en San Luis Potosí, donde el CJNG todavía está en proceso de consolidar su control territorial contra rivales activos como el Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste. Una disputa interna de sucesión no significa pausa en la violencia, significa escalada. Significa que las células locales del cartel en el estado recibirán instrucciones contradictorias de distintos mandos que se disputan la lealtad de los operadores regionales.
Significa más violencia, más incertidumbre, más riesgo para la población. Y mientras esa disputa se desarrolla, San Luis Potosí es exactamente el tipo de territorio que los aspirantes a liderar, el CJNG, querrán controlar no porque sea el más grande ni el más rentable, sino porque ganar un estado que está en disputa activa envía un mensaje de poder al resto de la organización.
Las familias de Mexquitic, de Aquismón, de la zona industrial de la capital van a pagar el precio de esa disputa si el estado no llena el espacio con suficiente determinación y velocidad. ¿Qué nos enseña San Luis Potosí sobre México? nos enseña primero que ningún estado es inmune. Durante años, San Luis Potosí fue considerado un estado de tránsito, no de control en el mapa del crimen organizado, un lugar donde los cárteles movían droga, pero no se instalaban con la profundidad con la que lo hacen en sus bastiones históricos. Ese
diagnóstico resultó ser incorrecto o al menos incompleto. El CJNG no solo transitó por San Luis Potosí, echó raíces, construyó campamentos, instaló laboratorios, reclutó localmente, compró complicidades institucionales y llegó al punto en que 50 hombres armados pudieron tomarse una foto en la plaza de un municipio sin que nadie los detuviera.
Ningún estado puede relajarse. Ninguna autoridad estatal puede asumir que su entidad está protegida por su historia o su geografía. Michael C. Cota NG demostró repetidamente que puede expandirse a cualquier territorio donde encuentre condiciones para hacerlo. Nos enseña, segundo, que la inteligencia previa salva vidas.
Los operativos que resultaron en los 54 detenidos no fueron reacciones espontáneas a crisis visibles, fueron el resultado de trabajo de inteligencia acumulado, denuncias ciudadanas procesadas, seguimiento de comunicaciones, análisis de patrones de movimiento, identificación de estructuras de mando. Cuando ese trabajo se hace bien, cuando las instituciones funcionan con la dedicación que merece, los resultados hablan.
Narcocampamentos descubiertos antes de que se conviertan en bases de operaciones permanentes. Laboratorios desmantelados antes de que produzcan toneladas de droga que terminen en las calles de México y de Estados Unidos. nos enseña, tercero que el problema del reclutamiento no se resuelve con detenciones. En uno de los detenidos en Aquismón tenía 19 años y era de Tamaulipas.
Otro en la capital potosina tenía 25. El perfil se repite en cada operativo, en cada estado, en cada año. Jóvenes sin opciones reales, captados por el cartel con la única oferta que nadie más les hizo con tanta claridad. dinero, protección, identidad, detenerlos es necesario. Pero mientras las condiciones que los producen permanezcan intactas, AK el CJN, que reemplazará a cada uno de ellos con la misma eficiencia con la que un corporativo multinacional contratan a un nuevo empleado.
México necesita atacar el reclutamiento con la misma seriedad con la que ataca los campamentos. Eso significa inversión real en educación y opciones económicas en los municipios más vulnerables del país. No programas de imagen, no discursos, opciones concretas, medibles, que lleguen a los jóvenes antes de que el CJNG llegue primero y nos enseña cuarto a algo que el episodio de Mequitic dejó grabado en la memoria colectiva de San Luis Potosí, cuando 50 sicarios pueden desfilar impunemente por la plaza de un municipio, posar para fotos y disparar
al aire sin que ninguna autoridad intervenga. El mensaje que recibe la población no es solo de miedo, es de abandono. Es la confirmación de que el Estado no está ahí cuando se le necesita, que el cartel puede llegar antes, que darse más tiempo y marcharse cuando quiera. Ese abandono es el combustible que alimenta la impunidad del crimen organizado en México.
No la falta de leyes, no la falta de armamento, la ausencia del Estado en el momento y el lugar donde se le necesita. Los 54 detenidos en San Luis Potosí son un paso en la dirección correcta, un paso real que costó trabajo de inteligencia, riesgo de vidas en el campo y voluntad institucional de actuar.
Pero la plaza de Mexquitic de Carmona merece algo más que un operativo exitoso después del desfile e merece un estado que llegue antes de que el cartel decida hacer su próxima exhibición. Porque detrás de cada sicario que posa con su rifle frente a las letras turísticas de un municipio, hay una comunidad que todavía espera que alguien le diga que no está sola.
México tiene la capacidad de decirlo.