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La Triste Historia de Arturo Peniche | La Esposa Rompe el Silencio

¿Qué tal, amigos? Bienvenidos a un nuevo video de Tudiales Herberí. Pónganse cómodos porque hoy vamos a platicar de un actor que durante años fue vendido como galán, noble, correcto, familiar y de buenos sentimientos, pero cuya vida también ha tenido sus buenas curvas, sus golpes personales, sus pleitos, sus momentos incómodos y uno que otro capítulo bastante más fuerte de lo que muchos imaginan.
Hoy vamos a hablar de Arturo Peniche o mejor dicho de Arturo Delgadillo Peniche, un hombre que nació el 17 de mayo de 1962 en la Ciudad de México, de Iztapalapa para el mundo. Sí. para hacer una película que se llama Mi primera comunión, que va a ser Juliancito Bravo, el maestro Julián Bravo. Y miren nada más qué mezcla tan curiosa traía desde la cuna, porque no venía de una familia completamente ajena al espectáculo.
Al contrario, el escenario, la actuación y el riesgo ya andaban rondando su casa desde antes de que él soñara con aparecer en una telenovela. Su papá, Arturo Delgadillo, era actor, fundador de la Anda y además doble de acción de Jorge Negrete. O sea, no estamos hablando de cualquier señor que veía películas los domingos. Estamos hablando de alguien que conocía el medio por dentro con sus luces, sus trampas, sus sacrificios y esa parte peligrosa donde el aplauso no siempre paga las cuentas.


Y por el otro lado estaba su mamá, doña María, una mujer que llegó desde Mérida con el sueño de cantar opereta. Imagínense esa imagen. Una mujer yucateca con ilusiones grandes dejando su tierra para buscar una oportunidad en un mundo artístico que podía ser fascinante, pero también cruel, con quien no tenía padrinos, contactos o dinero suficiente para resistir los golpes.
Así que Arturo Peniche no salió de la nada. Creció respirando ese ambiente donde el arte era sueño, pero también sacrificio, donde la fama parecía bonita desde lejos, pero por dentro exigía aguante, disciplina y una piel bastante dura. Y quizá por eso cuando más adelante le tocó abrirse paso, no llegó completamente inocente.
Ya sabía, aunque fuera por herencia familiar, que el espectáculo puede levantar a alguien muy alto, pero también puede dejarlo tirado si no aprende a moverse. Audiciones para trabajar con la señora Irma Serrano en el teatro Frufru y entro a hacer con ella naná. Hoy vamos a recorrer su historia desde sus orígenes humildes, su entrada al mundo de las telenovelas, su fama como galán, sus amores, sus crisis familiares y esos momentos donde la imagen del hombre tranquilo se le empezó a cuartear frente al público. Así que sin más preámbulo,
vámonos a lo que te truje, Chencha. Y fíjense amigos que Arturo Peniche de niño no era precisamente un angelito de estampita, ¿no? Señores, desde chiquillo ya traía lo suyo. Esa mezcla de travesura, calle y carácter que después bien canalizada terminaría sirviéndole para sobrevivir en un medio tan difícil como la actuación.
Cuando tenía casi 7 años se le hizo fácil meter mano donde no debía. En la casa de su papá había una alcancía del santo niño de Atocha y al pequeño Arturo se le ocurrió robarse 10 pesos para comprar dulces e invitar a sus amigos del barrio. Una travesura, sí, pero también una falta que en su casa no iban a dejar pasar como si nada.
Su padre, que era un hombre estricto, y de los que creían que las lecciones entraban mejor con disciplina que con sermones bonitos, lo descubrió y en lugar de solo regañarlo, le fabricó un cajón de bolero, así como lo oyen. Le puso en las manos una forma de trabajar y le dejó claro que si había tomado dinero ajeno, ahora tenía que aprender lo que costaba ganarlo.
¿Me haces un cajón para bolear zapatos? ¿Cómo se puso frente a mí? ¿De cómo me habló? Durante 4 años, Arturo tuvo que zapatos para pagar esa deuda. Y miren, podrá sonar duro, pero también fue una de esas elecciones que lo marcaron porque desde niño entendió que la vida no regala nada, que los errores se pagan y que la honradez aprende en discursos, sino cuando te toca agacharte, cargar tu cajón y ganarte unas monedas con el sudor de la frente.
Pero esa no fue la única bronca de su infancia. En quinto de primaria lo corrieron de la escuela por un episodio bastante fuerte. Según se cuenta, un día pidió permiso para ir al baño y la maestra no lo dejó. La situación se tensó. Ella lo jaló de la patilla y a Arturo, con el carácter que ya traía, se le salió una grosería de esas que en aquellos tiempos podían costarte caro y le costó.
lo castigaron mandándolo durante todo un año a un internado guadalupano. O sea, entre el cajón de bolero y el internado, la infancia de Arturo tuvo bastante más disciplina que ternura. No fue ese niño cuidado entre algodones. Le tocó crecer aprendiendo a fuerza, con castigos duros y en un entorno donde equivocarse podía tener consecuencias pesadas.
Porque me metieron un internado. Estudié en un internado guadalupano. ¿Y cuánto tiempo estuviste en el internado guadalupano? Un año. Además, hay que recordar que Arturo creció en Itapalapa, en un barrio bravo donde la calle no siempre ofrece buenos caminos. Se juntó con una banda de amigos que con el paso del tiempo terminaron muy mal.
Algunos en la cárcel, otros perdiendo la vida. Y eso no es un detalle menor, amigos, porque cuando uno crece rodeado de esas posibilidades, cualquier decisión pequeña puede cambiarte el destino completo. El propio Arturo ha dicho que trabajar y acercarse a la actuación lo salvaron de terminar como delincuente. Y ahí está la clave de esta parte de su vida.
Peniche no se hizo actor no más porque quería salir bonita en pantalla. En cierto sentido, el trabajo y el escenario fueron su tabla de salvación. Lo sacaron de una ruta donde muchos de sus amigos se fueron quedando tirados. Tan importantes los que están detrás de nosotros, detrás de cámara, como tan impo

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