En la era digital, la fama y la influencia se miden en clics, seguidores y lujos exhibidos a través de pantallas brillantes. Sin embargo, en la majestuosa y conflictiva región del Caribe colombiano, específicamente en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus playas paradisíacas, el concepto de “influencer” ha tomado un giro siniestro y aterrador. Lejos de promocionar marcas de moda o rutinas de ejercicio, los nuevos ídolos de las redes sociales en esta zona venden terror, extorsión y muerte. Sus nombres retumban con fuerza: alias Naín, también conocido como “El Menor”, y su implacable novia, “La Bebecita”.
Estos dos jóvenes, que a duras penas superan los 25 años de edad, no son pandilleros callejeros comunes. Hoy se erigen como los comandantes absolutos de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra (ACS), una organización criminal despiadada que tiene bajo su yugo a miles de ciudadanos. Su historia reciente no solo demuestra el poder corruptor del dinero manchado de sangre, sino que expone la fragilidad e ineficacia del sistema de justicia en Colombia, así como las controversias profundas que rodean las políticas de paz del actual gobierno.
Un arresto de papel y una libertad comprada a billetazos
El escandaloso episodio que ha desatado la indignación nacional y ha vuelto a poner a esta pareja en el ojo del huracán fue la reciente captura de “La Bebecita”. En un país acostumbrado a los titulares sensacionalistas, la detención de la poderosa compañera sentimental del máximo jefe paramilitar de la región prometía ser un golpe letal contra la estructura delincuencial. Pero la esperanza de justicia duró menos que una historia de Instagram.
Horas después de que las autoridades alardearan de su captura, “La Bebecita” volvió a las calles, respirando el aire libre y riéndose en la cara de las víctimas. ¿El precio de esta burla? Un soborno estimado en 200 millones de pesos en efectivo, acompañado de un fuerte componente de intimidación contra los encargados de su custodia y proceso. Demostraron que, en su reino, la ley no se obedece, se compra. Este hecho no solo es una bofetada a las instituciones democráticas, sino un mensaje claro y directo a la población: ellos son intocables.
El ascenso de “El Menor”: De gatillero a estrella de las redes
Para entender la magnitud del peligro, hay que observar de cerca a alias Naín. Hace apenas cinco años, este joven no era más que un sicario, un “gatillero” de bajo rango dispuesto a matar por unos cuantos pesos. Pero su sangre fría, su ambición desmedida y su falta de escrúpulos lo catapultaron rápidamente en la jerarquía del crimen organizado. Sustituyó a alias Camilo, el anterior líder de las autodefensas, y se consolidó como el amo y señor de la Sierra.
Hoy, Naín no se esconde en la selva. Conduce camionetas Toyota de último modelo, pasea en motos acuáticas por el exclusivo balneario de El Rodadero y exhibe fajos de billetes y joyas de oro macizo. Tiene canciones de narco-corridos compuestas en su honor, exaltando sus “hazañas” y advirtiendo a sus enemigos que “donde sea se nos da la cosecha completa”.
Paradójicamente, y de forma perturbadora, Naín es conocido como “el influencer del Magdalena y La Guajira”. A través de sus perfiles sociales, donde se expone rodeado de hombres fuertemente armados, ha logrado cultivar una comunidad virtual de jóvenes que lo idolatran. En los comentarios de sus publicaciones se lee la admiración ciega de adolescentes que ven en él no a un asesino, sino a un “dios” del éxito rápido, una figura de respeto. Este fenómeno sociológico expone el terrible fracaso social de una región donde el Estado no ha llegado con educación y oportunidades, permitiendo que las armas se conviertan en el único camino hacia el “estatus”.
Un imperio de 10.000 millones financiado por la extorsión
Pero detrás del brillo de las cadenas de oro y las motos de agua hay una maquinaria de terror meticulosamente estructurada. El gobierno nacional ya ha catalogado a las ACS como un Grupo Armado Organizado (GAO), reconociendo que cuentan con más de 1.000 hombres en armas, una jerarquía sólida, capacidad de sucesión y, lo más grave, un control absoluto y sistemático del territorio y la población civil.
El modelo de negocio de Naín y “La Bebecita” es tan lucrativo como sangriento. Los investigadores calculan que la organización recauda alrededor de 10.000 millones de pesos colombianos mensuales, producto principalmente de la extorsión generalizada. Lo que antes era una “vacuna” exclusiva para grandes comercios o gasolineras, se ha democratizado en su versión más perversa. Hoy, toda actividad turística, comercial o agrícola está gravada por las autodefensas.
El nivel de control logístico es abrumador. Tienen una red de más de 2.500 informantes. Si un restaurante vende cinco platos de comida y solo reporta cuatro al grupo armado para evadir parte de la extorsión, es inmediatamente convocado a “rendir cuentas”. Las multas por estas “evasiones” oscilan entre 1 y 5 millones de pesos. No permiten la más mínima competencia, ni siquiera en la economía de supervivencia: recientemente en el corregimiento de Gaira, un humilde vendedor de mariscos fue acribillado a tiros simplemente porque intentó hacer micropréstamos independientes de 5 millones de pesos. El monopolio del crédito usurero (gota a gota) les pertenece.

Tortura medieval en pleno siglo XXI
La extorsión se disfraza cínicamente bajo el eufemismo de “cobro por seguridad”. A cambio del pago, el grupo garantiza que los comercios no sean asaltados. El que roba sin autorización amanece muerto. Pero los métodos para imponer disciplina y castigar a los disidentes rayan en la barbarie medieval.
Las denuncias hablan de una conducta sistemática de tortura. Quienes infringen las reglas de las ACS o se retrasan en los pagos son sometidos a castigos físicos degradantes: cortes de cabello forzados, rasurado de cejas, exposición pública con carteles humillantes al estilo de “Las conquistadoras me perdonaron la vida”, e inmovilización en cepos. Una de las torturas psicológicas y físicas más brutales consiste en obligar a las víctimas a sumergirse en los ríos helados de la Sierra Nevada, a 3 grados centígrados, en plena madrugada. Es un régimen del terror puro, aplicado milimétricamente para que nadie se atreva a alzar la voz.
El oscuro manto de la “Paz Total” y la sombra de un monstruo
La impunidad con la que operan estos jóvenes cabecillas tiene un paraguas institucional que genera profunda controversia: el proyecto de “Paz Total” del presidente Gustavo Petro. Al ser reconocidos como un grupo armado con estatus político-militar para la negociación, líderes como alias Naín gozan de la suspensión de sus órdenes de captura. Esto crea un vacío jurídico escalofriante; mientras sigan sentados en una mesa de diálogo teórica, el Estado tiene las manos atadas, y los criminales pueden seguir cometiendo fechorías, consolidando su poderío militar e intimidando impunemente a la población civil.
