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La FIFA se arrodilla ante Trump en el Mundial 2026

Acabo de leer que al árbitro somalí le han negado la entrada cada pocas horas. Es otra historia. Otra historia sobre aficionados, jugadores, oficiales y periodistas a los que se les niega la entrada. Ahora, los árbitros. ¿Sabes qué? Me río, pero no tiene gracia. De verdad que no. Hay que decirlo.

Entradas carísimas. Las entradas más caras de la historia. Alojamiento carísimo. Transporte por las nubes. Hay que decirlo, ¿sabes? ¿Así es como se comporta el anfitrión en el mejor partido, el mejor torneo del mundo? ¿Así es como se comporta el anfitrión? ¿No oímos nada más? ¿Vimos cómo se metió Qatar en problemas? ¿No oímos nada más? ¿Es este el espíritu del fútbol? ¿En serio? ¿Sabes por quién siento lástima? Siento lástima por los aficionados estadounidenses que están desesperados por esto.

Aficionados estadounidenses al fútbol que están desesperados por esto. Qué vergüenza deben sentir. Qué vergüenza debe ser para ellos. ¿Sabes qué? Esto es el Mundial. Este es un Mundial de caos. Quienquiera que gane esta Copa del Mundo tendrá que pasar por un caos muy serio para lograrlo. Espero que podamos hacerlo. [música] Faltan unas pocas horas para que el estadio Azteca dé inicio al mundial de fútbol de 2026, organizado por México, Estados Unidos y Canadá.


Y junto con el partido inaugural, México se prepara para recibir 13 encuentros de un evento que sigue presentándose como fiesta popular, como celebración global, como comunión deportiva entre pueblos. [música] Todo muy bonito, todo muy emocionante, todo muy lleno de anuncios, camisetas, himnos y spots institucionales, pero la verdad es que este mundial llega con una pelota demasiado manchada y no hay suficiente jabón para lavarla.
Qué tristeza sentiría el Diego que acunió la mítica frase de “La pelota no se mancha” viendo todo esto? Porque aunque el fútbol insista una y otra vez en presentarse como un territorio supuestamente ajeno a la política, cuesta bastante sostener esa fantasía cuando la FIFA ha dedicado buena parte del año a ensalzar a Donald Trump hasta el punto de entregarle el premio de la paz en diciembre de 2025.
Sí, la FIFA, esa organización siempre tan preocupada por los valores universales, la fraternidad entre los pueblos y, por supuesto, las cuentas bancarias perfectamente saludables. Así que partamos de ahí. Tenemos un mundial cuyo principal anfitrión es un presidente que agrede al mundo just, que perpetúa un genocidio en Oriente Medio, que bombardea a Irán, que amenaza a América Latina y que manda a matones armados hasta los dientes a cazar migrantes o a gente que simplemente parece migrante.
Y todo esto, mientras el aparato futbolístico global nos pide que miremos hacia otro lado, que cantemos, que compremos, que celebremos, que disfrutemos la fiesta. Pero la fiesta todavía no empezó y ya empezaron los avisos. Nos enteramos de que agentes migratorios estadounidenses interrogaron durante 11 horas en una celda del aeropuerto de Miami al árbitro somalí Omar Abdulcadir Artán, considerado uno de los tres mejores de África antes de enviarlo de vuelta a Estambul.
También vimos los protocolos de seguridad aplicados a las selecciones de Senegal y Uzbekistán, tratadas más como amenaza potencial que como delegaciones deportivas. Subimos supimos que al delantero ir aquí Aimén Hussein casi no le permiten ingresar y casi lo deportan. Luego de varias horas sí que entró en el territorio de Estados Unidos.
Supimos también que la selección de Irán, que tiene partidos programados en territorio estadounidense, tendrá que pernoctar y entrenar en Tijuana, cruzar hacia Estados Unidos para jugar y volver después de hacerlo, porque la política exterior y migratoria del anfitrión convirtió la logística deportiva en una especie de operación fronteriza permanente.
Se ve que no les basta con bombardear su país, también tienen que humillarlos haciéndoles dormir en un país distinto de donde juegan y también expulsando a gran parte de su delegación. El nivel de odio manejado por esta administración parece incompatible con la organización de unos juegos internacionales mínimamente fraternales.
Y entonces la pregunta se impone solita, ¿qué clase de mundial es este? ¿Un mundial de fútbol o un mundial bajo régimen de excepción migratoria? una fiesta global o una vitrina del nuevo orden trampista. Habrá agentes de ice con porras a la salida de los estadios revisando pieles, acentos, pasaportes y apellidos. Habrá aficionados sospechosos de ser deportables por celebrar demasiado o por hablar español, por venir del sur, por tener cara de quienes el poder estadounidense decidió convertir en enemigo interno.
El próximo paso será transferir hinchas al SECOT para que la fiesta sea todavía más segura. Claro, nos dirán que no mezclemos fútbol y política, no politicen el deporte, por favor, nos dirán. El problema es que el deporte ya está politizado. La FIFA lo politizó cuando decidió que convertir a Trump en figura central de la narrativa mundialista era una excelente idea cuando expulsó a Rusia de todas sus competiciones, pero no hizo lo mismo con otros países que atacan a sus vecinos o a otros países que están muy lejos de ser sus vecinos. cuando cambió en el
último momento de sede un mundial sub20 porque el anfitrión mostró una postura propalestina. Estados Unidos también lo politizó cuando colocó sus políticas migratorias por encima del carácter universal del torneo. Los patrocinadores lo politizaron cuando aceptaron envolver en publicidad una estructura de violencia, pretendiendo que millones de personas miremos el espectáculo sin preguntarnos qué hay detrás del mismo más allá de las bambalinas.
Mañana empieza el Mundial y sí, rodará la pelota, habrá goles, cánticos, banderas, emoción y probablemente momentos hermosos. Pero también habrá una pregunta flotando sobre cada estadio. Podemos hablar de fiesta cuando la pelota está manchada. Hoy en la base de América Latina hablamos del Mundial de fútbol de 2026, de la FIFA arrodillada ante Trump, de la persecución migratoria, de los deportados, de las elecciones tratadas como amenaza y de un torneo que arranca con una contradicción enorme, celebrar la unión del mundo bajo
la sombra de uno de los gobiernos más violentos del planeta. Bienvenidos y bienvenidas. La base América Latina. Marco Terushi, sé que a pesar de todo lo que rodea este Mundial 2026, estás esperando con mucha ansiedad estos partidos, ¿verdad? [grito ahogado] Bueno, no vamos a dejar que Infantino y Donald Trump nos roben nuestra pasión, pero vamos a analizar punto por punto qué está pasando con este mundial, que la verdad se lo hicieron a medida para el presidente de los Estados Unidos y es bastante bastante vergonzoso.
Estefanía Veloz, como mexicana, ¿cómo se siente ser anfitriona de un evento tan importante? Dicen que el más importante en el mundo del deporte, el más importante, Ina, y el más caro hasta ahora en los eventos deportivos. Y ya vamos a dar una revisada sobre cómo cómo se está viviendo este mundial en México, también cómo está involucrada una televisora que de la mano de la FIFA están intentando lucrar hasta con el último peso porque nunca es suficiente dinero, ¿no? Ya lo vamos a ver como lo están documentando los medios. Y hoy nos
acompañará también Dani Claros, periodista colombiano, parte del colectivo Golpe de Estadio. Vamos a arrancar ya, Juanma. [música] Debí tirar más datos con Marco Terusi. Bueno, está pasando lo que sabíamos que iba a pasar. Es que la verdad, ¿a quién se le podía ocurrir que un mundial organizado en los Estados Unidos de Donald Trump podía salir bien, pero tampoco imaginamos que saldría tan mal? Y estamos hablando solo de la previa, como se dice, es decir, antes de que empiece el silvato inicial, que será este jueves 11 de junio a las 13 horas
de la tarde en la ciudad de México, en un partido que se podrá ver, tómenlo en cuenta, en las pantallas de los fanfest instaladas en el país por el gobierno. Y aclaremos un asunto desde el inicio. Sí, el mundial se juega en tres países, es un hecho, México, Estados Unidos y Canadá, pero fue organizado de una manera muy pero muy clara.
México sería como la banda telonera. Canadá, quien lleva las gaseosas y Estados Unidos, el centro del show. Esto puede verse, primero que nada, en los números de los partidos. Habrá 13 partidos en México, 13 partidos en Canadá y 78 en Estados Unidos, o sea, o sea, seis veces más partidos. Es decir, que ni siquiera está el intento de simular cierto equilibrio o repartición equitativa de los partidos, ¿no? Esto viene así de cara durismo, de hago lo que se me da la gana porque total tengo el poder y quién va a hacer qué cosa algo como la geopolítica
de estos tiempos, ¿no es así, querida Ina? Totalmente. Y que iba a hacer el mundial centralmente de Estados Unidos y su presidente se vio desde el momento en que el presidente de la FIFA, Janny Infantino, le inventó un premio a Trump. ¿Recuerdan? ¿No? En diciembre, cuando era la ceremonia de sorteos de grupos, Infantino le dio el premio de la paz de la FIFA, un premio que inventó solo para Donald Trump.
Tan evidente fue que ni siquiera armaron unas medallas o algo simbólico para la presidenta de México, Claudia Shane Bom, o para el primer ministro de Canadá, Mark Kney. Así sea para mostrar que no era todo tan evidente, pero no. Ya desde ahí quedó claro que era el Mundial del emperador Trump. Claro, eso no quita la importancia de las otras dos sedes, en particular México, que tiene, decía este jueves, el partido inaugural donde la selección mexicana se va a enfrentar a la de Sudáfrica.
Promete ser un buen partido, pero está claro que este es un mundial que fue hecho a medida de las necesidades del narcisismo de Trump. ¿Y qué puede salir mal? Bueno, ya varias cosas, así que arranquemos con el listado de escándalos que me da la impresión está solo en sus inicios. ¿Quién dijo escándalos? Porque voy a arrancar con el primero, Omar Artán.
¿Le suena el nombre? A ver, si no le suena. El año pasado fue nombrado mejor árbitro africano y también iba a ser el primer árbitro sualí en dirigir un partido mundialista. Imagínense todo lo que representaba para él y para el país. Bueno, pues al llegar al aeropuerto en Estados Unidos lo sometieron a una entrevista en inmigración de 11 horas y luego lo trasladaron a una celda de retención separada y lo expulsaron del país con destino a Turquía.
La FIFA obviamente se lavó las manos. La FIFA no está vinculada a los procesos migratorios del país anfitrión, incluyendo la adjudicación de visas, dijo la FIFA en un comunicado. Es

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