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Detienen a 24 INTEGRANTES de la UJ-40 ligada a LA UNIÓN TEPITO tras fiesta en Ecatepec

Casi unos niños, eso eran muchos de ellos, y aún así se grababan sosteniendo armas largas, convencidos de que nada ni nadie podría tocarlos. Esa misma grabación fue la que los hundió. Durante meses, un grupo de jóvenes presumió en redes sociales una vida que parecía guion de película. Armas sobre la cama, botellas que pasaban de mano en mano, gorras, lentes oscuros, miradas retadoras frente al teléfono que los grababa.
Querían que todos los vieran y todos los vieron. Lo que jamás calcularon es que esa misma vanidad, ese deseo enfermo de aparecer en pantalla, terminaría convertido en la prueba que los llevaría tras las rejas. En el centro de esta historia hay un nombre que se repite. Joan Gailen. En las calles le decían simplemente el Johan, apenas 18 años, originario de la colonia Morelos, ese rincón de la Ciudad de México que se extiende entre dos alcaldías y que durante años ha sido semillero de muchachos que entran al mundo del delito casi sin darse cuenta.
Antes de las esposas, Joan se vendía como otra cosa en Tedes y todas las esposas de terrenos atrabajados para que venía para estarme hablando a sus entrañas. Esta esperación, esta vecina para grabar a la otra. En venida a los atrobajeros, extravagadores y cabezadas expolsadas, tenéis más otras cosas.
Como cantante de trap, todavía circulan por internet sus videos musicales con la pose, el tono y la actitud de quien sueña con los reflectores. Decía querer fama, decía querer micrófonos y de cierta forma macabra la consiguió, aunque no por su música. Porque los reportes de las autoridades cuentan una versión muy distinta a la del artista.


De acuerdo con investigaciones periodísticas, Joan habría fundado una célula criminal cuando tenía apenas 17 años. una agrupación que tomó su propia inicial como estandarte, como si el delito fuera una marca personal que había que firmar. La bautizaron UJ40, tres caracteres que encierran un mensaje cifrado.
La letra U responde a la Unión Tepito, la organización a la que servían. La ja es por Joan y el número 40 corresponde a la unidad habitacional donde viven varios de sus integrantes, en ese mismo barrio que los vio nacer. Un nombre hecho de territorio, de pertenencia y sobre todo de ego. Y aquí viene lo más perturbador. No es solo lo que hacían, sino quiénes lo hacían.
La UJ40 está integrada, según las autoridades, por jóvenes de entre 15 y 20 años. Adoles que presuntamente operaban como distribuidores de droga y como soldados armados al servicio de una de las estructuras más temidas de la capital. Los investigadores tienen una frase para describirlos y es una frase que estremece.
La quinta generación del narco. Una generación que ya no se esconde en las sombras, que no le teme a la cámara, que confunde el delito con el espectáculo y la fama. Johan encarnaba esa contradicción mejor que nadie. Ya había pasado por el sistema de justicia para menores, ya había salido y había regresado a lo mismo casi de inmediato, como si todo lo vivido no hubiera dejado ninguna lección.
La pregunta que casi nadie se hacía todavía mientras los videos se viralizaban y los muchachos brindaban frente al lente era mucho más inquiet

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