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ANABEL HERNÁNDEZ REVELA: KIMBERLY JOSELIN DESAPARECIÓ EN LA UNIVERSIDAD, SU EXNOVIO ESTÁ DETENIDO

El 20 de febrero de 2026, Kimberly Joselyine Ramos Beltrán, una joven de apenas 18 años, estudiante del segundo semestre de la Facultad de Contaduría, Administración e Informática de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, envió su último mensaje. Era un texto sencillo, tranquilizador, el tipo de mensaje que millones de estudiantes mandan a sus padres cada día.
Ya llegué a la universidad. Nadie imaginaba que esas cuatro palabras marcarían el inicio de una pesadilla que tardaría 11 días en terminar de la peor manera posible. Porque Kimberly nunca regresó a casa. Su teléfono dejó de responder. Sus pasos se perdieron dentro del campus Chamilpa de la Waem y lo que comenzó como una denuncia de desaparición se convirtió en un grito de dolor que retumbó por todo Morelos y sacudió los cimientos de una universidad que una vez más tuvo que enfrentar la realidad de que sus aulas no son un refugio seguro para las


mujeres. Este caso no es solo la tragedia de una familia destrozada, es la historia de un sistema que falló en todos los niveles. La evidencia de que la violencia feminicida en México no distingue espacios, no respeta instituciones educativas y no perdona cuando las autoridades voltean la mirada hacia otro lado.
Kimberly salió de su hogar la mañana del 20 de febrero rumbo al campus Chamilpa de la Waem en Cuernavaca. Abordó un autobús de la ruta uno como hacía todos los días. A las pocas horas les avisó a sus padres que había llegado a las instalaciones universitarias. Ese mensaje de confirmación que debía darles tranquilidad fue la última comunicación que tuvieron con su hija.
Las horas pasaron y Kimberly no respondía. Las llamadas entraban directo al buzón. Los mensajes quedaban sin leer, la preocupación se transformó en angustia y luego en pánico. La familia comenzó su propia búsqueda. Ernesto Ramos, tío de Kimberley, junto con otros familiares, recorrió hospitales, preguntó a compañeros, buscó cualquier rastro que pudiera llevarlos hasta ella.
La denuncia formal se presentó el 21 de febrero ante la Fiscalía General del Estado de Morelos y aquí es donde comienza la primera falla del sistema. Según el testimonio del tío de Kimberly, hubo dilación en la tensión. Un día completo se perdió antes de que la denuncia fuera ingresada formalmente. Un día que en casos de desaparición puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Mientras tanto, la familia no esperó. Iniciaron su propia campaña de búsqueda, pegaron carteles, difundieron su fotografía en redes sociales, tocaron puertas y dentro de la sus compañeros comenzaron a movilizarse porque ellos sabían algo que las autoridades parecían ignorar. Kimberly había llegado al campus. Las cámaras de seguridad lo confirmaban.
Había entrado a la universidad, pero nunca salió. El jueves 26 de febrero, 6 días después de la desaparición de Kimberly, algo se rompió dentro de la comunidad universitaria. La paciencia se agotó. La confianza en las autoridades tocó fondo y miles de estudiantes, compañeros, amigos y familiares salieron a las calles de Cuernavaca en una marcha masiva que exigía una sola cosa, que buscaran a Kimberly con la urgencia y los recursos que el caso merecía.
La marcha fue pacífica, pero contundente. Las consignas retumbaban por todo el centro de Cuernavaca. Los carteles con el rostro de Kimberly se multiplicaban en cada esquina y el mensaje era claro. No más omisiones, no más negligencia. No más indolencia institucional. Pero las protestas no se quedaron en las calles. Al día siguiente, el 27 de febrero, los estudiantes del campus Chamilpa tomaron una decisión radical.
Cerraron las puertas de la universidad. Durante más de 7 horas mantuvieron bloqueados los accesos paralizando las actividades académicas hasta que la rectora viidiana Aide León H

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