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🇲🇽🚨NUEVO LEÓN EN SHOCK: EJÉRCITO DESCUBRE CIUDAD ENTERA DEL CJNG BAJO ZONA INDUSTRIAL: 150 SICARIOS

Nuevo León, el estado que México vende al mundo como su vitrina industrial. Monterrey, la ciudad de las montañas, del acero, de las multinacionales, de los corporativos que brillan de noche contra el cerro de la silla, el estado que más PIB aporta fuera de la Ciudad de México, el que más presume de modernidad, de infraestructura, de orden.
Y debajo de todo eso, debajo de los parques industriales, de las bodegas de exportación, de las plantas de manufactura que surten a medio mundo, había otra cosa. Una ciudad, una ciudad completa, con calles trazadas, con luz eléctrica instalada, con espacios diferenciados para vivir, para operar, para almacenar, para comunicarse. subterránea, invisible desde arriba y con 150 sicarios del cártel Jalisco Nueva Generación Viviendo en ella. 150.
Eso no es una casa de seguridad, eso no es un túnel de cruce, eso es otra cosa completamente distinta. Y cuando termines de escuchar todo lo que encontró el ejército mexicano cuando bajó ahí adentro, vas a entender por qué este caso está siendo analizado en instancias de inteligencia que van mucho más allá de México.


Pero antes de llegar a lo que había en esa ciudad, necesito que entiendas cómo llegamos hasta aquí, porque la historia de cómo se construyó eso debajo de Nuevo León es tan perturbadora como lo que había dentro. Quédate. Lo que viene cambia la forma en que vas a mirar cualquier zona industrial del país. Nuevo León lleva años siendo un campo de disputa silenciosa entre el crimen organizado y el Estado.
Silenciosa en el sentido de que la narrativa pública del Estado es otra, la del desarrollo, la del trabajo, la de la inversión extranjera. Pero quienes viven en los municipios periféricos del área metropolitana, Apodaca, General Escobedo, Pesquería, García, saben que la realidad en ciertas zonas tiene una textura completamente diferente a la del discurso oficial.
El CJNG entró a Nuevo León con fuerza en los años posteriores a 2015, disputando territorio que históricamente había pertenecido a los ZTAS y en menor medida, al cártel del Golfo. La estrategia del Jalisco en este estado tuvo siempre una lógica muy clara, las zonas industriales. No porque el CJNG sea un cártel de manufactura, aunque su capacidad de producción de drogas sintéticas es formidable, sino porque las zonas industriales tienen características que para la logística criminal son de un valor incalculable.
Tráfico pesado constante que hace imposible detectar embarques irregulares. Bodegas que nadie cuestiona, accesos vehiculares amplios, trabajadores que entran y salen en turnos y a los que nadie los conoce de manera individual. y sobre todo subsuelo. Las zonas industriales del noreste mexicano tienen un subsuelo que en muchos puntos fue excavado o modificado durante décadas de desarrollo industrial y eso crea condiciones que alguien en algún momento decidió aprovechar de una manera que nadie había visto antes. Ahí te va algo. Según las
primeras informaciones que circulan en fuentes cercanas al operativo, la estructura subterránea que encontró el ejército no fue construida de un jalón. Lleva, calculan los ingenieros militares que la están evaluando. Entre 4 y 6 años de construcción progresiva, 4 a 6 años de excavar, reforzar, instalar servicios, ampliar pasillos, construir espacios nuevos, todo mientras arriba seguía funcionando un parque industrial con empresas reales, con trabajadores reales, con camiones de carga entrando y saliendo todos los días. Cuando llegues
a los detalles de cómo lograron eso, el estómago se te va a revolver un poco. Pero todavía no llegamos ahí. El operativo que destapó todo esto lo ejecutó el ejército mexicano con apoyo de elementos de la Marina y coordinación con la Fiscalía General de la República. La operación se preparó durante un periodo de inteligencia que las fuentes sitúan entre 6 y 8 meses, aunque hay indicios de que algunas pistas llevaban siendo evaluadas desde antes.
El detonador inmediato fue al parecer una intercepción de comunicaciones que dio coordenadas suficientemente precisas para justificar una operación de esta escala. ¿Cómo se entra a una ciudad subterránea? Esa es la pregunta que los militares tuvieron que responder antes del operativo. Y la respuesta, fíjate, no era obvia porque la estructura no tenía un acceso único.
Tenía varios distribuidos en diferentes puntos del parque industrial, camuflados de maneras distintas. Un acceso estaba dentro de una bodega de almacenamiento que en papel pertenecía a una empresa de logística con registro fiscal completo. Otro en el foso de una planta de mantenimiento de maquinaria pesada. Un tercero, conectado a lo que desde arriba parecía un sistema de alcantarillado ampliado, pero que en realidad era un corredor de más de 80 m con iluminación propia.
Ese detalle del alcantarillado me parece uno de los más reveladores de todo el caso y te explico por qué. Para instalar iluminación en un corredor subterráneo de 80 m que supuestamente es alcantarillado, necesitas electricistas. Para reforzar las paredes de ese corredor para que soporten el peso del tránsito constante, necesitas ingenieros o al menos trabajadores con ese conocimiento.
Para conectar ese corredor al sistema eléctrico sin que aparezca en los registros de la Comisión Federal de Electricidad o sin que aparezca de una manera que llame la atención, necesitas alguien que sepa cómo funciona ese sistema desde adentro. Estamos hablando de una operación de construcción que requirió conocimiento técnico especializado, mano de obra calificada y la capacidad de mover materiales de construcción hacia un subsuelo sin que nadie preguntara qué estaba pasando.
¿Cómo se logra eso? Esta es la pregunta que tiene a los investigadores trabajando en este momento y las respuestas que están emergiendo son incómodas porque no se hace solo con dinero, se hace con dinero más complicidad, más miedo. La combinación específica de esos tres ingredientes es difícil de cuantificar, pero fácil de identificar cuando ves el resultado.
Y aquí es donde hay que detenerse un momento, porque el mecanismo de construcción de esta ciudad subterránea revela cosas sobre cómo opera el CJNG en Nuevo León que van mucho más allá del caso específico. Los expertos que han analizado los primeros planos de la estructura coinciden en algo. No fue construida por un solo equipo de trabajadores que bajó al subsuelo y se quedó ahí durante meses.
La construcción fue modular. Primero se excavó y reforzó un corredor inicial. Después se amplió a zonas laterales. Después se profundizó el segundo nivel, después e

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