El mapa del crimen organizado en el noroeste de México ha sufrido un sismo de magnitudes históricas. En una acción coordinada que demuestra el avance de la estrategia nacional de seguridad basada en trabajos de inteligencia, las fuerzas federales ejecutaron un megaoperativo simultáneo en nueve municipios del estado de Sinaloa. El resultado principal de esta ofensiva militar y policial fue la captura de Iván Raimundo Olivas Reyes, alias “El 24”, identificado como jefe de zona y pieza central en el engranaje logístico de la facción delictiva comandada por Fausto Isidro Meza Flores, el infame “Chapo Isidro”.
La importancia de esta detención radica en que “El 24” no operaba como un sicario común ni como un mando de nivel inferior. Los reportes del gabinete de seguridad lo ubicaban como el responsable directo de la distribución de drogas sintéticas, la gestión de precursores químicos y el control de rutas comerciales de alto valor estratégico hacia la frontera norte. Al momento de ser interceptado por las autoridades, el poder de fuego y la infraestructura bajo su mando quedaron al descubierto: un fusil Barret calibre 50, más de 35 armas de fuego de grueso calibre, miles de cartuchos útiles, artefactos explosivos improvisados y una red de laboratorios clandestinos. El impacto económico directo contra la organización delictiva se calcula en más de 110 millones de pesos, debilitando severamente sus arcas y su capacidad operativa en toda la región.
mprender el trasfondo político e histórico de este golpe, es necesario analizar las declaraciones recientes del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. Durante una de las conferencias de prensa matutinas junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, el funcionario federal ventiló detalles que antes solo circulaban en las mesas de inteligencia militar. Harfuch confirmó públicamente la existencia de alianzas estratégicas y flujos de financiamiento transregionales entre grupos que tradicionalmente se consideraban antagonistas.

De acuerdo con estos informes oficiales, la facción de los Beltrán Leyva, heredada y mantenida a flote por el “Chapo Isidro” en la zona serrana, modificó su postura operativa tras acontecimientos críticos en la estructura interna de otros grandes cárteles. Luego de operaciones de alto impacto que neutralizaron a liderazgos históricos en estados vecinos como Jalisco, el grupo de Meza Flores buscó un acercamiento y una alianza pragmática con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esta unión no se limitó a acuerdos de no agresión; implicó el envío de personal armado con entrenamiento táctico, el financiamiento de operaciones locales en Sinaloa y el intercambio de tecnología para la fabricación de armamento. Es bajo esta nueva bandera combinada que “El 24” asumió el rol de jefe de plaza, expandiendo su influencia territorial y consolidando bases de apoyo logístico en el sur y el centro de la entidad sinaloense.
Un despliegue milimétrico sin precedentes en nueve municipios
La captura de Olivas Reyes y el desmantelamiento de sus células de apoyo no fue producto del azar ni de un patrullaje rutinario. El domingo 15 de junio se activó un plan de intervención simultánea en el que participaron de forma conjunta la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la Secretaría de Marina (SEMAR), la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República (FGR) y corporaciones policiales del estado de Sinaloa. La geografía del operativo abarcó un territorio inmenso que incluyó los municipios de Culiacán, Mocorito, Concordia, El Rosario, Mazatlán, San Ignacio, Escuinapa, Elota y Cosalá.
La célula principal, donde se ocultaba “El 24”, fue localizada en los límites entre Culiacán y Mocorito. Junto al líder regional cayeron tres de sus hombres de mayor confianza en la estructura operativa: Patricio Albarrán Patiño, alias “El Pato”, Ezequiel Bueno Madero y Jorge Araujo Madriles. A este grupo compacto se le incautaron de manera inmediata armas largas, equipo táctico y vehículos con reporte de robo que utilizaban para evadir los controles carreteros de las autoridades.
Paralelamente, las irrupciones en otras localidades revelaron dinámicas delictivas sumamente preocupantes para los especialistas en seguridad pública. En el municipio de El Rosario, específicamente en el poblado de Las Habitas, el ejército detuvo a cuatro personas más, encontrando entre ellas a un menor de edad y a un ciudadano de nacionalidad extranjera. Este hallazgo documenta de forma fehaciente una tendencia delictiva global: la captación de menores de edad para tareas de alta peligrosidad y la inserción de operadores foráneos en las filas del narcotráfico local. En este punto geográfico se decomisó el fusil Barret calibre 50 y más de 150 cargadores, un arsenal preparado para sostener combates prolongados en zonas rurales.
Terrorismo rural: El peligroso hallazgo en San Ignacio y Mazatlán
Uno de los capítulos más alarmantes de la jornada federal ocurrió durante los reconocimientos terrestres en el municipio de San Ignacio. Las fuerzas de seguridad localizaron un depósito clandestino que contenía siete artefactos explosivos improvisados, listos para su detonación, complementados con decenas de estopines eléctricos y salchichas de material explosivo industrial. Este armamento dista por completo de las herramientas utilizadas para el tráfico convencional de estupefacientes; se asocia de manera directa con tácticas de guerra asimétrica diseñadas para emboscar a convoyes militares o sembrar el terror entre grupos delictivos antagónicos que disputan el control de las zonas mineras y madereras de la sierra.
Por otra parte, los operativos se trasladaron a los centros turísticos y comerciales del sur del estado. En Mazatlán, la presión gubernamental se centró en comunidades como La Noria y La Mole, donde las patrullas incautaron miles de cartuchos útiles y detuvieron a otro implicado de procedencia extranjera. El uso de tecnología e inteligencia geoespacial también permitió la ubicación e inhabilitación de campamentos clandestinos en Elota y el hallazgo de armas ocultas en instalaciones civiles, como una estación de control fitosanitario en Escuinapa, lo que demuestra la sofisticación en los métodos de camuflaje de este grupo delincuencial.

El golpe financiero: Seis narcolaboratorios destruidos
Más allá de las capturas individuales, el gabinete de seguridad nacional ha enfatizado que la desarticulación económica es la vía más efectiva para minar el poder de estas organizaciones criminales. En las zonas serranas y de difícil acceso de Culiacán y Cosalá, las fuerzas armadas ubicaron e inhabilitaron un complejo de seis áreas de concentración destinadas exclusivamente a la síntesis orgánica de metanfetaminas.
En dichos laboratorios se aseguraron reactores químicos industriales, más de 5,400 litros de sustancias químicas esenciales y un cuarto de tonelada de precursores puros listos para el proceso de cocinado. Al cortar esta cadena de suministro que abastecía principalmente el mercado de exportación hacia los Estados Unidos, el Estado mexicano frena un flujo constante de capital ilegal que posteriormente se utilizaba para corromper estructuras institucionales y adquirir armamento de última generación en el extranjero.
El balance que las autoridades presentan en el periodo reciente de gestión gubernamental arroja una tendencia a la baja en los índices de homicidio doloso a nivel nacional, registrando en los meses previos las cifras más bajas de violencia letal en la última década. El secretario Omar García Harfuch ha reiterado que estos números no significan el fin de la problemática, sino la validación de un método de trabajo que privilegia la precisión quirúrgica de la inteligencia policial y militar por encima de la confrontación abierta en las calles. La detención de Iván Raimundo Olivas Reyes, “El 24”, sin que se registrara un solo disparo en la zona de conflicto, es el ejemplo más claro de que el Estado mexicano busca recuperar el control de los territorios con estricto apego al orden legal y la efectividad táctica.